sábado, 2 de enero de 2016

SISTERS


                        Imagen de un montaje teatral de Yerma (Internet)

Sisters

Damián está cansado, ha sido un largo viaje desde su lejana ciudad de las luces, llega a la portería indicada en el mensaje, que va leyendo desde que bajó del taxi, que le ha traído del aeropuerto a esta ciudad de clima estival pegajoso.

Es un tipo alto, a pesar de su edad, se nota que sobrepasa los cincuenta, se le ve con aspecto deportivo, nada de barriga y del polo color malva, surgen unos brazos que tienen que haber hecho remo o algo por el estilo. Un poco paliducho para la época estival sí que está, lo cual no casa con una vida al aire libre, quizás debe ser un producto de gimnasio.

Mientras iba en el coche, recordaba su última estancia en la ciudad olímpica, donde un ligue nocturno en una fiesta de presentación comercial, dio pie a una semana loca con una de las azafatas. Recordaba  una urbe más animada que ahora, será cosa de la crisis.
Llama al piso indicado, tras varias insistencias, da por hecho que nadie le espera, entonces sigue las instrucciones, en caso de no estar, su amiga Sonia le emplaza a llamar a su vecina del ático, Maite, para que se pueda esperar allí, ella ya está avisada. Dicho y hecho, llama al ático.

-      ¿Maite?
-      ¿Sí, quién es?
-      Damián, el amigo de Sonia.
-      ¡Ah sí! ¿Ya estás aquí? ¡Sube!

Se oye el chasquido de la puerta al ser abierta, empuja cargando con la maleta de ruedas y la mochila a cuestas. Mientras sube en el ascensor se mira en el espejo, para deducir que su estado no es el más presentable, tiene la cara, muy  pálida para la época, va sin afeitar y lleva el pelo despeinado, con una combinación de polo y pantalón imposible de ser aceptada en la ciudad del diseño.

-      ¡Hola  Maite ¡
-      ¡Hola! … ¡Damián! …Me dijiste…  ¿No?

Mientras, se intercambian unos falsos besos en las mejillas, que apenas llegan a su destino, pues más bien sólo se encaran.

-      ¿Qué tal el viaje?
-      Bien… muy bien.
-      ¿Así que eres amigo de Sonia no?
-      Bueno, lo fuimos hace un montón de años y ahora que pasaba por aquí, pensé en venir a verla.
-      ¡Ya!
-      ¡Oye! ¿Hablas muy bien el español?
-      Bueno, mis padres lo son, son de Pamplona.
-      Ah vale, eres un gabacho de circunstancias.
-      Perdón ¿Soy qué?
-      A los vecinos del norte, les llamamos gabachos, no es nada.
-      Ah bien. ¡Vale!
-      Ven, pasa,  por aquí, ¿Quieres tomar algo?
-      No gracias, muchas gracias. Me gustaría ir al baño, a poder ser.
-      Si claro. es la última puerta a la derecha.

Se lo mira  mientras ve como se dirige al baño, tiene buena planta, le pasa una cabeza, tiene el tipo de hombre mayor, deportista sin barriga cervecera.

El entra muy decidido con cierto apremio y mientras tras la descarga aliviadora, se lava las manos y refresca la cara, observa a su alrededor. Todo pertenece a un ambiente femenino  de una sola persona.

Su anfitriona, cincuentona, morena, entrada en carnes, y muy maquillada, en busca de su último tren, que puede pasar en cualquier momento. Va con una camiseta de esas anchas que permitirían ver el sujetador en caso de que lo llevara y unos pantalones cortos, dos tallas inferiores a la que necesitaría.  Damián no ve el momento de salir corriendo.

-      ¿Tardará mucho Sonia?
-      Suele venir pasada la una, trabaja cerca.
-      ¡Vale! Cómo son las doce, mejor me voy a dar una vuelta y te dejo con tus cosas.
-      ¡No!... No me molestas, iba a preparar algo de comer, si quieres me ayudas.
-      Gracias, pero soy muy malo para eso, no soy del todo francés, ya sabes.
-      ¡Jajaja! ¡ Claro!...Como quieras.
-      Vale, volveré a la una, te dejo las maletas, ahí en la entrada
-      Ok. Tranquilo.

Ha podido salir en retirada, de una forma más o menos digna, pero se sentía acorralado, embriagado por aquel perfume que de tan potente, le estaba eliminando sus neuronas olfativas.

En casa de Maite, suena el teléfono, sale de la cocina.

-      ¿Sí?
-      ¿Maite, vendrás a comer a casa de mamá hoy?
-      No, tengo en casa un amigo de Sonia, un tipo muy majo. ¡Me quedo!
-      ¿Ah sí? ¿Cuéntame?
-      Bueno,  es un chico francés, guapetón, altote y fornido, un poco paliducho, pero nada fondón, debe de tener mi edad o poco más  y… ¡Sin barriga!, ¡Jajaja! Tendré que ponerme  a régimen enseguida.
-      ¡Jajaja! ¿Te ha hecho tilín eh?
-      Que va, yo ya paso de esas cosas, además es amigo de Sonía, supongo que habrá algo entre ellos.
-      Ya, ya,  cómo si eso fuera un inconveniente para ti.
-      ¿Qué quieres decir con esto?
-      Nada, nada, que si hay hambre, todo es pan, jJajaja!
-      Que tonta que eres. Ven a tomar café y si está por aquí, lo conoces, ahora ha salido, creo que le doy miedo, ¡Jajaja!
-      ¡Jajaja! ¡Lo ves! Vale como rápido y me paso.

Maite, empieza a trocear una cebolla, en la cocina, ha cambiado de planes, piensa que una triste ensalada será poco para un mozo también puesto, le prepara unos espaguetis, con una buena salsa boloñesa,  la Sonia tiene buen gusto, siempre ha tenido amigos interesantes y con dinero. Lamenta interiormente no haber entrado en la “pelu”, ayer al pasar por delante. Si es una historia antigua igual…
Suena otra vez su móvil,

-      ¿Sí?
-      ¡Maite! Soy Sonía, ¿Ha venido Damián?
-      Si ha estado aquí, pero se ha ido a dar una vuelta, solo debe querer estar contigo
-      No digas tonterías entre nosotros no hay nada, te llamo por qué tendrás que atenderlo tú, estoy en el hospital, a mi padre…le ha dado un infarto… y está muy grave, mucho…no saben seguro… si se saldrá (sollozos entrecortados).

   Tranquila chica, para eso estamos las amigas, cuando venga miraremos como instalarlo.
-      Pero tu ático, es muy pequeño, puedes venir a buscar las llaves de mi casa.
-      No te preocupes, atiende a tu padre estate por él y ya hablaremos, yo atenderé a tu turista.
-      Gracias Maite, te debo una.
-      No digas tonterías, no me debes nada, ahora vendrá Sandra y ya me echará una mano.
-      Estupendo. ¡Las hermanas al ataque! Te dejo.
-      Tranquila estate por tu padre y no sufras. Animo besos
-      ¡Besos!

Se oye cómo se cierra la puerta de entrada, de un sonoro portazo.

-      ¡Hola!
-      ¿Ya estás aquí?
-      Mujer, ver un chico extranjero con buena planta, te hace comer ligero y rápido.
-      ¿Por eso te pusiste mi vestido floreado?
-      A mí me queda mejor, te lo dejaste en casa.
-      ¡Ya! y mama como está.
-      Bien la he dejado en la cama, para que haga la siesta, ya le he dado las gotas. Pásate tú luego.
-      Vale, miraré de pasar antes de la noche. Ha llamado Sonia que no podrá venir, tendremos que colocar a su amigo, Su padre está grave en el hospital.
-      ¡Ostras, qué mal!
-      Si chica. Tengo que alojar a Damián
-      ¿ Dónde?... ¿Aquí?... ¿Cómo?... ¿Le harás dormir en el sofá? ¿Oh ya te lo llevas puesto a tu cama?
-      Como eres,
-      Mira ya está aquí. ¿Puedes abrirle?
-      Voy volando.

Se dirige corriendo por el pasillo, con su morena melena suelta, haciendo bailar su mini vestido del que asoman sus torneadas y tostadas piernas.

-      ¡Hola!
-      ¡Hola! Soy Damián,
-      ¡Si hola! Soy Sandra la hermana de Maite, amiga de Sonía.
-      Caramba cuanta mujer suelta,
-      Si ya ves, y todas disponibles.
-      ¡Heps! sí claro, pero porque queréis. ¡ Claro!.
-      Pasa,  pasa.

Sandra observa mientras lo tiene por delante, admira su trasero bien ajustado, en unos vaqueros de marca, es una manzana muy apetecible.

-      Hola Damián, hay malas noticias, Sonía está en el hospital, tiene a su padre ingresado y no puede venir y no tenemos las llaves de su casa, tendrás que quedarte aquí.
-      ¿Qué dices? ¿Es grave?
-      No lo  sabemos, algo de un infarto.

Da una rápida mirada, a su alrededor, donde entre su estancia anterior y su observación actual, es fácil deducir que es un piso de un solo ambiente con una habitación y un baño.

-      ¡Ostras! Pues me iré a buscar un hotel no hay problema, solo vine aquí porque ella insistió mucho, pero no pasa nada, de verdad tranquilas, yo me espabilo, ya conozco la ciudad.

Rápida de reflejos Sandra interviene.

-      No te preocupes, en casa tengo sitio de sobras, tendrás una habitación con baño para ti solo y mañana podrás hablar con Sonía y todo arreglado. Venga te llevo,  que tengo el coche abajo, te podrás dar una ducha y todo, y cuando salga del trabajo quedamos.

El cruce de su miradas verde con gris combinan perfectamente. Damián ve una puerta abierta para escaparse, además muy atractiva, así que no se lo piensa dos veces.

-      Ok me parece muy bien, cojo mis cosas y bajo contigo, a si no molesto más. ¡Gracias por todo Maite,  ya nos veremos!

Le va a dar un beso cuando se encuentra con una mano estirada y una fría mirada. Damián sigue los pasos de Sandra, que parece balancearse más de lo natural.

-      ¡Adiós Maite! Dale besitos a mama de mi parte está tarde, cuando vayas
-      ¿No te pasarás?
-      ¡No! Esta tarde cuando salga estaré ocupada, le enseñare todo esto a Damián.

Aguanta la mirada gélida de su hermana, cuando se lleva la  presa a su redil.  Mientras esta se deja hacer, cargando con su maleta con ruedas y su mochila al hombro.

Maite rencorosa, con la mirada perdida. No oye el pitido del tren, que se aleja de su estación.





jueves, 31 de diciembre de 2015

FIESTA DE FIN DE AÑO

                                    Imagen obtenida de Internet




Fin de año

La fiesta estaba preparada con todo detalle, se esperaba una buena presencia, era el día más esperado del año.

Se revisaba todo convenientemente, los camareros con sus uniformes de gala, impecables, corrían presurosos a las órdenes que les impartía el jefe de sala, según indicaciones del maestro de ceremonias.

Los músicos ensayaban una y otra vez, las melodías escogidas por un director, con sonrisa de oreja a oreja, estaba operado, y con un foulard blanco impoluto, en el que resaltaba una aguja de brillantes, coronada por una perla suavemente rosa. 

Evidentemente, lo que más sonaba eran valses para el baile y unas polcas para animar a los invitados si estos desfallecían, víctimas del ágape y los licores.

La noche se presentaba espléndida, aquel año los astros estaban a favor de que la luna luciera en todo su esplendor a pesar de lo tardía de la fecha.

El clima, debido a una teoría aciaga, de los que ven el vaso medio vacío, se preveía suave, no acorde con la época estacional del hemisferio.

Pero todo ello, en vez de desanimar a los organizadores, los acicateaba a poner mesas en el jardín, esperando más afluencia de la prevista en un principio.
Los camerinos para las grandes estrellas del evento estaban totalmente decorados con ramos de flores de todos los colores del arco iris, la cubeta de hielo y el champagne más exquisito.

Las cortinas relucían almidonadas, con sus puntillas preparadas para dejar ver, las parejas que intentasen esconderse en rincones discretos.

Las lámparas de cristal, con sus lágrimas brillando en todo su esplendor, refulgían para competir con los decorados cuellos de las damas.

El reloj puesto ex profeso sobre una aterciopelada tarima roja, lucía con su lema “Tempus Fugit”, esperando ese momento, de con sus campanadas, obligar a todos los participantes a levantar sus copas en un brindis multitudinario, dando entrada al recién nacido nuevo año.

Mientras, en el transcurso de la fiesta, un desolado año viejo, sería despedido con los honores debidos al fin de un reinado, intenso pero no del gusto de todos.

Se harían menciones a sus logros y  recuerdos de su paso por la vida de todos los presentes, con una exposición de imágenes retrospectivas.

Y luego desaparecería tras el telón de la vida, dando paso a la esperada e ilusionante llegada de un Año Nuevo, que tenía todas las expectativas de ser espectacular.

En un intento de tenerlo todo controlado hasta el último detalle, el maestro de ceremonias acudió al camerino para visualizar el impecable estado  de los protagonistas.

Aterrado, salió al pasillo, pálido como un muerto, desolado y sin fuerzas para hacer salir palabras inteligibles de su boca.

El año viejo se mostraba impúdico, colgado de una lámpara, de esas con ventilador incorporado, girando rítmicamente, mostrando  su palidez y sacando la lengua, con la nula intención de asistir a su funeral, anticipando los tiempos en su despedida.

Enterado de la noticia, un bebe mocoso y altanero, se negaba a salir al espectáculo, si no era el rey del mismo, teniendo por contrato de protagonista que ser el último en actuar, en el festejo.

P.D.

¡Feliz fin de año y venturoso Año Nuevo!




sábado, 26 de diciembre de 2015

UNA VENTANA




                          Foto del autor

La Ventana

Estaba cerrada, los últimos suspiros había emigrado a la ciudad, junto con los trinos tardíos que anunciaban el fin del estío.

Muchas miradas a través de ella, habían cerciorado el estado del tiempo, la naturaleza embravecida, las visitas intempestivas, la admiración del paisaje, la luna misteriosa o el salir del sol majestuoso.

El susurro de la mies al brotar, apaga los pasos que la formación de hormigas, siempre disciplinadas, ejecutan con la marcialidad a la que están acostumbradas.

Pero tras ella, todo eso no importa, tal como está, prescinde de los sonidos del campo, aísla de las inclemencias y no presta atención a las tormentas, incluso es ajena a los cantos de los niños, persiguiendo patos.

Cuando la tormenta de piedra aporreo su madera, se forma una música que inunda la pared de un tintineo  sordo que los pájaros ausentes hubieran aleteado.

Pero la ventana está sorda, no oye a los pobres diablos, que a sus pies se posan, a pedir un poco de cobijo, perdidos por caminos enfangados, intentan llegar a la salvación de una casa, que les proteja.

No hay nadie para escuchar peticiones de ayuda, y si lo hubiera, la ventana está cerrada.

Una pareja joven, ansía la protección que tras una ventana pueda haber, para el hijo que esperan. 

Pero no tienen una paloma que les hable, una estrella que les guíe ni unos pastores que les alimenten.

La ventana está cerrada.   


martes, 22 de diciembre de 2015

QUIERO


                      Imagen de Internet


Quiero.

¿Quizás?

Una silueta perdida en un horizonte desierto.

Un lunar encontrado en una piel querida.

Un brindis entusiasta en una noche loca.

Todos los colores de un arco iris encontrado,
para pintar un cielo que te guste.

Y lejos, allá distante, una cumbre nevada,
qué nos recuerde, donde está el invierno.

Vendrán lluvias que borren los colores del cielo,
fundan las nieves de las montañas.
disuelvan la alegría de nuestros brindis,
y se sequen al llegar al desierto.

Pero tu silueta y tu sonrisa,
prendidas de una nube, 
brillaran en nuestro cielo,
cual lunar luminoso.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Cena de empresa



                                          Foto gentileza de Internet



Cena de empresa

Como cada año por estas fechas, viene la consabida cena de compañeros de trabajo, esas en las que celebramos el hecho de amargarnos la vida diaria en equipo.

Vienen fiestas de guardar y de buena voluntad y hemos de estar todos disponibles, para compartir estos momentos en lo que nos sentimos más solidarios de lo normal y no nos importa compartir un plato con nuestro enemigo más preciado, el jefe de recursos humanos.

A medida que la crisis se fue afianzando en el mundo global de las empresas, las atenciones para con el personal fueron menguando, empezando por los lotes navideños, en que con unos turrones, cavas y otras chucherías gastronómicas, se contentaba al empleado, antes del reparto de aguinaldos entre los elegidos más fieles a la cúpula de decisión empresarial.

Más tarde, las llamadas cenas de empresa, en las que el jefe rodeado de sus empleados súbditos, obligados a reírle  las gracias, permitían ver la autentica forma de ser, del envarado señor que a última hora de la tarde, siempre necesitaba un dato que era incapaz de buscar y que ahora se reía a carcajadas de su incapacidad de llenar un vaso. 

También desaparecieron, al menos en su formato inicial, quedando algunas como un acto de compañerismo, en que los mismos empleados se las organizan y disfrutan. ¡Sin jefes claro!

Ahora todas estas cenas de compañeros de trabajo, se han convertido en eventos sociales de compañerismo de empresa, en la que se entrelazan sinergias entre los diferentes departamentos, para mejorar la conectividad y la idea de trabajo en equipo, tan deportiva ella.

Incluso algunas han recuperado el manto protector de la gerencia y con ello se ha profesionalizado a nivel de buscar lugares específicos, en donde se realizan diversos tipos de entretenimiento, para mantener al personal distraído y jocoso, incluso motivado para ser exprimido un par de vueltas más.

Es el día en el que la gorda de administración se siente reina de la fiesta cuando la sacan a bailar un cha cha cha, el animador de turno, previa propina de los compañeros guasones, para ver como se le mueven los refajos.

O incluso la gritona animadora, con el micro en ristre, persigue al tímido administrativo, que solo tenía ojos para la rubia de compras, para que salga a mover el esqueleto aguantándose el peluquín con la mano izquierda, mientras la derecha sigue las instrucciones de la presentadora, intentando acertar en la diana de la suerte, mientras baila.

Y no digamos la gracia de los almaceneros rimbombantes, formando una piña, subidos unos a otros intentando hacer una canasta imposible a cuatro manos.

Como siempre el paso del tiempo, hace que el aspecto culinario de la cena, pierda importancia, ante el avance de la influencia alcohólica, que derrumba las barreras del conformismo y del comportamiento controlado.

Luego llega el momento de las deserciones, por impepinable orden de edad, los mayores suelen retirarse antes, con el beneplácito del jefe.

Los comerciales, hombres de mundo en sus múltiples facetas, tiran del carro marchoso, en la mayoría de ocasiones, siendo capaces de contar chistes, bailar un tango con la morenaza de facturación y reírle los chistes al director comercial, que ni está ni se le espera, por coma etílico agudo.

Las chicas, todas y cada una de ellas, vestidas para impresionar, a los compañeros, los jefes, la competencia en el local y sobre todo para berrinche de las otras compañeras, que no se han puesto tan monas.

Como es de rigor, toda cena concluye con unas vueltas al ritmo de la conga, en que los más lanzados requieren la unión, de los que aun están sentados, comentando el próximo plan quinquenal de ventas imposibles, así todos juntos inician la escapada buscando la salida, para dirigirse a otros locales fuera de la disciplina del jefe de turno.

Acabar a las tantas de la madrugada, confesándose los múltiples sueños, a los que una vida disipada han ido haciendo añicos, para desespero de familiares hartos de aguantarles confidencias que no conducen a ningún sitio conocido.

Así hasta el año que viene, en que los novatos tomaran el relevo a los que se han marchado o han sido invitados a irse, para que puedan desarrollar su gran capacidad creadora en otro lugar.