sábado, 10 de octubre de 2015

LA HABITACION


                    Imagen obtenida de Internet



La habitación era todo lo aséptica que se esperaba en un hospital, una decoración, que sin tener la rigurosa simplicidad decorativa y funcional de un diseño de Alvar Aalto. Era todo lo minimalista y sencilla que los tiempos requerían.

Frente a la  cama, puesta en lo alto, dominando la escena como antiguamente los santos cristos de rigor, una televisión de prepago reina en la estancia, marcando el paso del tiempo, cual reloj de cuco ofreciendo su espectáculo.

Cuando se acaba el depósito de dinero, vía cargo en cuenta por tarjeta de crédito, enmudece sin dar ningún tipo de explicación, dejándote en medio de un sesudo dialogo entre un presentador endiosado tras conocerse a sí mismo, en una noche orgiástica en que le han reído todas las gracias y una actriz presentando su último trabajo, a base de reír todas las estúpidas bromas que se le ocurran a la estrella rutilante.

Lo cual más de una vez no deja de ser un sabotaje que se agradece, pero cuando estás tumbada en la cama, viendo pasar el tiempo contando las botellas de suero que te van cambiando, cualquier cosa es una buena distracción, aunque prácticamente no la mires.

Por ello con la sensación de que estés más acompañada, te dejan con la tele puesta y se van con la conciencia más tranquila, cuando se ausentan para los múltiples recados que la vida cotidiana exige.

Sin fuerzas para apagarla si se queda encendida, voy aguantando todo lo que  va vomitando hora tras hora, todo el día y la noche, a veces puedo quitar el volumen gracias a la ayuda de una enfermera  magnánima.

Intentando leer, soportar el libro en mis débiles manos es difícil y tampoco se tiene en según qué circunstancia, el poder de concentración necesario para poder seguir la lectura con cierta comprensión.

Así, tenerla encendida, viendo a un señor exponiendo las noticias, enseñando las crueles imágenes de todas las desgracias más importantes acontecidas durante el día, pero no escuchándolo, le quita el tremendismo de la palabra y se puede suavizar en parte las malas noticias.

Lo que no podía imaginar es que esto no le gustara al presentador estrella de la cadena, que presentaba un programa de noticias con su inevitable tertulia orquestada  a su gusto, en horario de máxima audiencia.
Con lo 
que estando adormecida por los calmantes y sedantes administrados por todas las vías posibles, casi no se percato que el susodicho, abandonado su ventanica, se instalo sentado a los pies de la cama para declamarle de viva voz todo lo que me había perdido por no escucharle.

Con los pies aprisionados por el ego del sujeto en cuestión, sintiéndose invadida en mi más intimo espacio vital. Tuve que escuchar su verborrea imparable, contándome todo tipo de circunstancias desagradables, que no mejoraban en nada mi restablecimiento.

El tipo, como buen creído de su capacidad de síntesis de los acontecimientos más importantes que nuestro fantástico mundo era capaz de ofrecernos, no se quedaba tranquilo, si no oía un comentario elogioso a su vasto quehacer periodístico.

Aun estando en las brumas de una conciencia aguda, si estaba lo suficientemente consciente como para saber, de que ese tipo se estaba extralimitando en sus ganas de hacerse escuchar.

Deseando que se acabara el saldo del aparato y el elemento en cuestión fuera reabsorbido por el sistema, pero eso no ocurría tras muchos esfuerzos conseguí hacerme con el mando que estaba en la mesita de noche y apretar con mis escasas fuerzas el volumen, hasta la última raya donde se encontraba el cero.

Desesperado el presentador estrella se llevaba las manos a la garganta de donde habían empezado a desaparecer los vocablos hermosos y bien declamados, con los que solía engatusar a la audiencia.

Mientras llamaba con insistencia a la enfermera del turno de noche, para pedirle auxilio y que se lo llevara, seguía intentando apagar la televisión, pero él intentaba impedírmelo a base de tapar el sensor del aparato para que no recibiera la señal luminosa, que acabaría con su reinado.


Cuando al fin se presentó la enfermera de guardia, tras haberlo anunciado una hora antes por el  interfono, el presentador estrella había sido engullido por las ondas hercianas, dejando encima de la cama, a parte de la huella de sus posaderas, un montón de palabras inpronunciadas.

27 comentarios:

  1. Nunca he vivido len primera persona imagen que recreas pero sí lo he presenciado ylel hecho de estar en una habitación con una tv de esas de prepago en el hospital con un enfermo y tener que presenciar noticias desagradables, la verdad es que a mi no me gusta la tv, pero imagino que a un enfermo que esta aburrido de estar en un hospital debe sentirse acompañado.

    Me gustan tus relatos.

    Un beso dulce de seda.

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    1. Bueno aquí me planteo el hecho de dejarle como única alternativa a su soledad, la compañía no deseada de un aparato que no deja de ofrecer sin sentidos, ofrecidos por el charlatán de turno.
      Los enfermos necesitan otro tipo de atención, como el calor humano, aunque sea en silencio.
      Un beso.

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  2. La soledad en un hospital es muy triste y más con una televisión que solo suelta paparruchas y malas noticias que han pasado durante el día, lo del presentador en los píes de la cama debe ser una alucinación del enfermo que citas en tu magnifico relato, me ha encantado, es bueno y original.
    Besos, feliz semana.

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    1. Alucinaciones o no, los hay que son muy pesados y más si eres un pobre enfermo solitario.
      Besos, feliz finde!

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  3. La soledad es la eterna compañera y con ella la estancia en un hospital se hace muy dura, sobre todo si es larga.

    Me ha encantado.
    Besos Alfred!

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    1. La soledad del enfermo, con sus limitaciones por el internamiento, pueden ser muy desesperanzadoras.
      Muchas gracias.
      Besos Sofya.

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  4. Me fascina tu capacidad para urdir historias de cosas cotidianas. Muy buen post

    Un beso

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    1. Mirando a nuestro alrededor, están todas las historias posibles, incluidas las más épicas.
      Un beso.

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  5. no me gusta la TV pero creo que en este caso ayuda.

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    1. Si supongo que si, pero son tan pesados, que imagino su compañía en una situación así y se me eriza el vello.
      Saludos.

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  6. Dios que agobiooooooooooooooo

    Uffffffffffffff

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  7. Alguien o algo que te haga compañía acostumbra a ser bueno. Tu relato es muy original. Semejante al de señora del cuadro pero en el caso del locutor, abres un abanico de posibilidades, todas ellas dignas de ser relatadas.

    Una ligera inclinación de cabeza.

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    1. Bueno, la mejor compañía es la personal, hemos de atender con nuestra presencia, los aparatos no valen para paliar la soledad del enfermo.
      Muchas gracias.
      Inclino me cabeza ante la suya.

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  8. Triste soledad la del enfermo...Que tu magistralmente a sabido plasmar en este post. Mis felicitaciones amigo!! Un gran abrazo

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    1. Muchas gracias Enca, por ellos y por una tele menos plasta y más digna.
      Un hermoso abrazo.

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  9. es mejor una television de gente que viene y habla y habla de tonteras en vez de respetar el momento del que esta ahi.Interesante tu relato

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    1. No creo que haya que darle un excesivo protagonismo a la televisión.
      Un saludo.

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  10. Un relato que me ha tenido enganchada asta el final. Seguro que el enfermoaguantaria mejor las visita incomodas, que al presentador sentado en su cama.
    Muchos besitos.

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  11. Los programas actuales de televisión no son nada buenos en su mayoría.

    Las largas horas en un hospital se hacen eternas. Quizás sea el momento de que te sirva un poquito de distracción.
    Un buen relato.
    Un abrazo.

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    1. La estancia en los hospitales siempre es muy pesada.
      Muchas gracias!
      Un abrazo.

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  12. Creo que los enfermos en general necesitan silencio. Besos.

    Me gustó tu relato y la forma tan expresiva en la que enlazas las palabras.

    Buen domingo.

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  13. Los enfermos necesita tranquilidad y compañía.
    Muchas gracias.
    Feliz día!

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