UNA RAZÓN DE PESO

 

Foto del autor

 

The Boxer (Simon & Garfunkel


- Quizás sea mejor no llevarles la contraria.

- ¡Pero aquí no hay pinos! ¿Cómo vamos a encontrar algún robellón, ni siquiera uno?

- Ya sabes lo mucho que aprecian este sitio.

- A mí eso me da igual, aquí hemos venido a recolectar setas y no vamos a pillar ni una.

- Perdona, son mis padres y, a estas alturas no les puedo contradecir, con todo lo que han hecho por nosotros. Además papá tiene la tensión muy alta.

- ¡Ya estamos! Como el señor está delicado, nos hemos de pasar todo el día dando vueltas por aquí, sin ton ni son para nada.

- Él cree que por aquí, tiene que estar el abuelo.


 Para "Relatos en Cadena" de la Ser

UNA MALETA ABANDONADA

 

Foto del autor




Una maleta abandonada

 

 

Ahí estaba, junto a los contenedores de la basura que había en nuestra calle.

 

En el breve espacio de tiempo que había entre mirar tras los visillos que tiempo hacía, ducharse, tomar un café y volver a mirar para asegurar si usar paraguas o no, apareció esa enorme maleta en mi campo de visión.

 

La gente deja las cosas más variopintas en la calle, sin buscar el contenedor correcto para desprenderse de ellas, pero claro una maleta no cabe. Pero a  me molestaba ver cosas fuera de sitio.

 

Al salir a fuera, crucé la calle y me acerqué, mientras tiraba mi basura diaria al contenedor gris, observé la maleta que era un modelo bastante popular, estaba en muy buen estado, la sospesé y aprecié que pesaba lo suyo, con lo cual cabía pensar que estaba muy llena.

  

A veces es una lástima ser tan precavido, siendo de los que siempre salen con tiempo de sobras para ir al trabajo, porque tienes tiempo para perderlo en cosa como esta de intentar averiguar el contenido de una maleta abandonada.

 

La cogí y me la llevé hasta el coche, la metí en el maletero y a la vuelta ya miraría su contenido.

 

Tras una larga, pesada y poco fructífera jornada, regresé al hogar dulce hogar, compartido con una araña muy poco considerada, al no esperarme nunca para cenar. 


Puse la maleta sobre la mesa del comedor, pesaba demasiado para depositarla en ningún otro lugar si no era en el suelo, pero es más cómodo tenerla en alto, uno no está para estar agachado en una mala postura que repercutiría en mi dolorida espalda.

 

Así las cosas, me entretuve en intentar abrir la maleta. ¿Para qué la cierran con toda la seguridad posible y luego la abandonan? Hay cosas que no tienen ningún sentido, pero se supone que son cosas de las rutinas de cada uno.

 

Tras la pelea consiguiente, la cerradura pese a su oposición, cedió a mi insistencia y con ello a mis intereses.

 

No tenía que haberlo hecho, lo que encontré dentro no fue de mi agrado, es más lo encontré altamente desagradable.

 

Envuelto en bolsas, más o menos todas del mismo y tamaño y peso, había los restos de un cuerpo humano debidamente descuartizado. Me acababa de meter en un enorme lío.

 

Cómo iba a explicarles a las autoridades, que no tenía nada que ver con ella, salvo haberla cogido de la calle, pasearla todo un día por la ciudad en mi coche y luego encima meterla en mi casa y abrirla para comprobar su contenido. 


Encima ni siquiera sabía de quien podía tratarse, puesto que entre los paquetitos no estaba el correspondiente a la cabeza.

 

Pensé que siempre podría volver sobre mis pasos y dejarla otra vez en su sitio y olvidarme de ella. Pero tendría que limpiarla a conciencia, por eso de las huellas, rezar para que nadie me viera y pudiera dar razón de mí, contando mis idas y venidas con la maleta de marras.

 

¿Cómo podía haber gente tan desconsiderada, dejando este tipo de cosas en la calle? La verdad es hay gente muy dejada.

 

Estando así las cosas y teniendo al día siguiente una entrevista para la cual tenía que estar más bien fresco, opté por irme a dormir y tener otro sueño que fuera menos angustioso.

 

 

Barcelona, 25 octubre 2021 

 

 

ALHAMBRA, OTRA MIRADA

 

 


                   La Alhambra tiene algo que enamora, 

                           será por sus cantares, sus flores o sus palacios. 

 

Recuerdos de la Alhambra


Ahora nos queda esa otra mirada, la nuestra, 

la que nos permite entrever sus gracias, 

esquivando esos miles de visitantes 

que no cesan en copar todos sus rincones. 



Asombrarse con esas barandillas,  

por donde el agua circula libremente. 




Con sus muchos paseantes 

todos embelesados ante tanta belleza 

 que no se esconde ni duerme. 



Asomarse por unos arcos 

para dejarse acariciar por el sol.  



Esos edificios de espacios abiertos 

con patios a la sombra donde canta el agua. 



Cuesta asimilar lo que debió ser  

en sus tiempos de máximo esplendor, 

estar entre sus muros, vivir en semejante lugar. 


Es de esos lugares que entristece abandonar 

y continúas admirándolo en la distancia, 

mientras te alejas esperando el regreso.



Octubre 2021