OPERA PRIMA

 

Foto y composición G.C.G. 


Aleluya de G.F.Händel 

 


 

OPERA PRIMA 

 

Empiezas, una vez descubierto lo de las palabras escritas y el mundo que encierran, por leer todo lo que pillas por casa.  

Acabas por ser el que mejor lo hace de corrido en clase, siendo una especie de lector preferente para algún maestro. 

Luego viene el hecho de ser un buen inventor de historias, de modificar ajenas en plan cómico o dramático según el estado de humor del día. Incluso cambiarles el final sí era preciso a las ya conocidas por los compis. 

Entonces escribes porque te gusta. Ves que es un medio de decir cosas que, la timidez, vergüenza o falta de interlocutores te impide decir a viva voz.  

Luego lo das a leer a algún amigo, pariente o compañero, les gusta y te dicen que muy bien. Más tarde te animas y tus redacciones son bien valoradas a nivel escolar. Por ello te escogen en el cole para poner algo en la típica revista del centro. 

Más tarde te olvidas de todo ello y te dedicas a trabajar, pero te sale la vena en algún comunicado interno, lo cual hace que te pidan un discurso para el jefe. 

Entonces un buen día mandas una carta al director de un diario y te la publican, rápidamente paseas el periódico ante familiares, amigos, conocidos, compañeros, la dependienta de la panadería y el barman que te sirve el cortado de media mañana.  

Todos te recuerdan que tú eres un tipo que escribe bien, es decir sabe expresarse por escrito, se ve que no todo el mundo sabe hacerlo. 

Te publican alguna más hasta que en una te recortan algo y no te gusta. Surge la necesidad de ser leído, ya no basta con disfrutar juntando palabras sobre un papel, necesitas un público. Surge el blog, creas complicidades con gente que te entiende y está en las mismas. 

Evidentemente con algunos más que con otros, cuestión de afinidades y buen humor por en medio. Unos pocos te animan más e incluso te insinúan que lo tuyo puede ser un relato largo, más completo, un libro. 

Entonces tu ego se infla un poco más y te dices:  

¡Oh! ¡Una novela! ¿Por qué no? Imaginación he demostrado que tengo. Pero... 

Cuando surgen los peros y ves lo arduo que puede llegar a ser, te viene una mano amiga y te dice: ¿nos apuntamos a un curso de narrativa? 

Entramos en el centro y nos matriculamos, así a lo vivo y sin anestesia. Allí te enseñan todo eso fundamental para poder ir por la vida escrita. Evidentemente lo olvidas enseguida pues ya hay muchos haciendo lo mismo y quieres ser diferente, único, genial y propio. 

Entonces te pones a ello, tienes una somera idea del argumento y unos personajes que son lo suficientemente buenos para saber ir a su bola. 

Pero no es tan fácil, hay personajes que se rebelan y no están de acuerdo con el trato que se les da. Lo que provoca ciertas dudas, los afines lo encuentran divertido, pero sabes que no es normal. Su obligación es hacer y decir lo que les indico. 

Años después, con muchas dejadas en el cajón de los olvidos y alguna salida en plan ¿Y sí lo envío a un concurso? Evidentemente ni te contestan.  

  • ¡Sí ya lo decía yo! 

  • Qué no, qué es bueno, me lo he pasado súper bien. 

  • Ok, paso de todo, lo publicaré por mi cuenta. 

  • Es lo mejor que puedes hacer. 

Se retoma el ya viejo proyecto y se le da un buen repaso, se aceptan sugerencias, correcciones y puestas apunto necesarias, incluido algún lifting y, con una cara nueva y portada actualizada, se presta a vestirse de largo y salir a la calle. 

Ya tenemos Libro, es una novela: 

“El Libro de la Masía” 

 

 

Barcelona, 11 mayo 2022 

 



 




LA FUENTE

 


Foto del Autor 



Johann Sebastian Bach  

Orchestral Suite No. 3 D-dur (BWV 1068) 

 

 



LA FUENTE 

 

Aquel día estaba exhausto, llevaba mucho tiempo sin salir por razones diversas y, estaba más desentrenado de lo que me pensaba, con lo cual no llegué a subir hasta donde tenía previsto, descendí por la vía más cómoda sin ser la más rápida.  

Me dolía el cuello y la espalda, notaba las piernas cansadas, con lo cual me paré en una de las fuentes que hay en el camino. Mientras me refrescaba la cara, cabeza, masajeaba el cuello y echaba un trago, lo vi, era un anciano de rostro bondadoso de esos que parecen llevar un tratado de filosofía aplica en su interior. Digo anciano porque saltaba a la vista que era mayor que yo, que no soy precisamente un chaval a pesar de ir con la bici de forma solvente. 

Le salude al percatarme de su presencia, parecía de los típicos que se mantienen al margen para no molestar. 

--¡Buenos días! 

--Buenos días, me respondió con voz suave y clara. 

-- Parece que ya empieza el calor 

--Sí, cada vez empieza antes, mira como ya ha brotado todo. 

--Ni que lo diga, ya sé que cada vez más, pasamos del invierno a casi el verano sin pausa, la naturaleza hace lo que puede y los animales andan desorientados. 

-- Le veo cansado, aunque sea más joven que yo, sus fuerzas parecen menguar, es mejor que descanse un rato. 

No crea, enseguida me recompongo y me voy. 

El campo era una explosión de color amarillo, la ginesta invadía los márgenes junto al hinojo, su perfume dominaba la atmósfera, era imposible ignorar se agradable vecindad. 

El abuelete, tenía una mirada socarrona, un hablar claro y parco, pero lo observaba todo y me levantaba la cara cada vez que contestaba para ver mis ojos. 

Me extrañó ver solo, allí sentado sin aparentemente ir a ningún sitio, simplemente estaba dejando pasar el tiempo. 

-- ¿Ha subido andando? 

-- No, yo vivo aquí. 

-- ¡Ah! ¡Es de alguna de esas casas que están por ahí abajo? 

-- No, no, Aquí, en la fuente, siempre estoy aquí 

-- Pero paso a menudo por aquí y nunca lo había visto. 

-- Es que cuando me ven ya es tarde, sonrió con beatitud. 

Me quede algo sorprendido con la respuesta y me entraron unas ganas locas de proseguir la ruta, me esperaban para comer y ya no me dolía nada. Lo que es nada de nada. Y tenía mucha hambre. 

Ahora recuerdo que ni siquiera me despedí. 

 

 

Barcelona, 14 mayo 2022