martes, 29 de septiembre de 2015

AMANECER

                     Imagen obtenida de internet


Amanecer

Le habían dicho que tras la oscuridad de la noche, aquel espeso manto que le impedía ver convenientemente, siempre salía un sol radiante.

Era cuestión de tener paciencia, en unas pocas horas de espera, el gran astro emergía tras las montañas, iluminando su espléndido valle.
Así que se sentó en una silla de mimbre, más bien bajita, a la puerta de su casa, provisto de una botella de ron, para atemperar el cuerpo en aquellas horas previstas de espera.

Al principio estuvo imaginando como sería la aparición de aquel sol, que decía que quemaba todo lo que tocaba y al cual no podía ni siquiera acercarte, sin quedarte como mínimo ciego.

Por lógica, cuando asomara por la parte superior de la montaña, quemaría algún árbol.

Pero no recordaba ningún incendio desde hacía muchos años y no fue culpa del sol, sino del tío Mateo, que quería dedicar una zona del bosque para cultivar forraje para las vacas y montó una buena.
Lo encerraron unos días en el calabozo del pueblo, como  fue cosa de poco tiempo, hasta que pagaron la multa, ni siquiera  quitaron las gallinas que el cabo tenía en el.

Iba pasando el rato, dando tragos cortos, para hacer durar la botella hasta el amanecer, que se retrasaba y hacía prever que la botella no aguantaría tan larga espera.

De tanto en tanto, un búho caprichoso le dedicaba uno de sus exabruptos, desde uno de las encinas más cercanas a la casa.

Aquello empezaba a ser un poco pesado, la postura en la silla la había cambiados decenas de veces, incluso apoyándola sobre las patas traseras sobre la pared haciendo un poco de balancín.

El hecho era que la botella había menguado considerablemente y no aguantaría hasta el final, ni siquiera restringiendo los tragos al máximo y alargándolos más en el tiempo.

Claro que podía ir a buscar otra botella, pero con la mala suerte que siempre tenía, seguro qué en cuanto se levantara para ir a buscarla y entrara en su casa, el sol se plantaría ahí delante sin avisar y dejándole con un par de narices.

Terrible decisión la suya, estaba harto de ver el sol en lo alto sin conseguir saber cómo se asomaba, por aquellas montañas tan altas, pues le habían llevado más de tres horas subirlas, un día que quiso saber que había al otro lado.

Lo tuvo que hacer a escondidas, pues no le dejaban salir solo de correrías por ahí, decían que era peligroso.

Total por una vez que se encontró con un cazador de jabalíes, una mala bestia que se había cargado a una marrana y pretendía hacer luego puntería con los pequeños jabatos que se acercaban a su madre muerta, la cosa le molestó y con su propia escopeta, la del cazador, al que se la quitó de un manotazo, le pego un perdigonazo por la parte trasera, que le obligaría a parecer un colador a la hora de sus evacuaciones.

Eso hizo que nunca le dejaran coger la escopeta de padre, ni salir solo a pasear por el bosque, ni siquiera ir a un pueblo cercano, donde estaba la escuela.
Total un día el maestro, harto de repetirle las cosas varias veces le pegó con una regla en los nudillos de las manos, entonces también se enfado mucho y lo tiró dentro del estanque de la fuente que había en medio de la plaza, por aquella época no había tanta sequía y por suerte estaba llena de agua.

Los compañeros del aula, aplaudieron a rabiar por su puntería y por quitarles de en medio un tipo con tan malas pulgas. No era fácil acertar desde el piso de arriba hasta en centro de la plaza, algunos de los que jugaban al baloncesto no lo conseguían siempre.

Luego vino una maestra, muy joven y moderna, que les explicaba las cosas de la vida, como si ellos no estuvieran al corriente, pues quien más quien menos, allí todos vivían con animales de granja. Y estaban al corriente de la semillita y las abejas y todo eso.

Por una vez no fue él, quién se metió en un lío al colarse en la habitación que tenía Prudencia, se llamaba así la pobre chica que habían enviado de la capital, para enseñarle en vivo y en directo como funcionaba la cosa esa de la reproducción animal. Un poco animal si era el protagonista.

Don Genaro, el alcalde se enfadó muchísimo, pues la chica quiso irse, pero cobrando una indemnización de aquí te espero.

Por suerte el padre Jacinto lo arreglo todo, al decir que la chica iba provocando con esas faldas tan cortas y esos escotes tan generosos y ya se sabe que la gente de campo, es un tanto impetuosa. Así que un poco más y le hacen pagar a ella el disgusto.

Sea como fuere, allí estaba él, con una botella vacía, sin ron, bajo las estrellas por cierto ¿Dónde se habían metido? Y esperando un sol que no salía nunca de su escondite.


Cuando empezó a llover, no se lo pudo creer, agarró la botella y la estampó contra la pared, le pegó un puntapié a la silla y entró en la casa.

12 comentarios:

  1. Jajajajajaja muy buena Alfred, me he divertido mucho con tus ocurrencias!!
    =))))

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    1. Gracias Liliana, ya ves las cosas que le pasan a uno por la cabezota.
      :D

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  2. Aquí podemos aplicar el refrán aquel que dice" el que espera desespera " y en tal desesperación consumió el tiempo de la espera para descubrir que lo que esperaba al final no apareció.
    Besos Alfred,
    Puri

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    1. Una buena lectura, que hago mía, gracias Puri!
      Besos.

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  3. Entrañable aunque bestia el tipejo, eso de no haber visto salir el sol...es señal de que madrugaba poco :-)

    Que pueda ver un día salir al astro, que es bonito, hombre pordios!. Buen texto Alfred. Muy divertido el ritmo. Un beso

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    1. Hay gente para todo, el bruto del campo no estaba para muchas contemplaciones, por lo que parece.
      Creo que al final se quedó como alcalde, pero no me hagas mucho caso.
      Besos.

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  4. Un buen relato que hace reir.
    Hay que reconocer que el protagonista es un tanto bruto y especial. Lo del búho caprichoso está muy bien y el final, genial.

    Un saludo, escuhando el exabrupto del búho caprichoso.

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    1. Hola Enric, es como una crónica de un pueblo, de esos tan felices que nos querían hacer creer, cuando nos vendían lo de una , grande y libre.
      Un búho escéptico y caprichoso te envía saludos.

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  5. Al padre Jacinto habría que disecarlo...

    Saludos.

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  6. Este relato me metió en la escena, cosa que no es común, o que cada vez es menos común, eso se agradece.
    Me gusta este tipo de narraciones, son los "verdaderos" relatos y no esas parafernalias que aparecen por allí.
    Un abrazo grande.
    HD

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    1. Gracias maestro! Un placer verte por aquí
      Uno grande para ti.

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