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Empieza a caer el sol, el atardecer quita luz y cambia perspectivas, lo que vemos no es lo que pasa.
A medida que las sombras ganan espacio,
quedando las manchas de luz señaladas por las farolas, las diferencias parecen
menores, las distancias se acortan.
La referencia que marca el primero de la serie,
condiciona, guía y anima, a los perseguidores.
La adaptación al cambio de luz, no cae igual de
bien a todos, hay quién se adapta mejor y sabe sacar partido de la falta de
percepción, por parte del contrario, de donde están los límites de la pista.
Siempre he considerado más peligroso el cambio
contrario, pasar de la noche al clarear del día, también el cansancio hace más
mella y las distracciones son más recurrentes.
El ritmo de paso ha descendido, nada
preocupante, entra dentro de lo normal, dadas las condiciones ambientales.
El OK reina en la pizarra, donde marcamos los
tiempos realizados, de momento no nos preocupa las diferencias y sólo ponemos
posición y tiempo consumido por vuelta.
Una ligera inclinación de cabeza, nos indica la
conformidad por parte del piloto de que
sí, realmente todo esta OK.
Va pasando el tiempo, cuantificado en horas,
minutos, segundos, décimas. La oscuridad ambiental es total, las motos dejan
una estela coloreada al ser retratadas por los ávidos objetivos, deseosos de la
foto original.
Los plataneros, farolas, bordillos, se esconden
tras unas balas de paja, en los sitios más problemáticos, esos en los que una
caída, puede ser muy peligrosa.
Eso se sabe, pero nadie piensa en ello en voz
alta, vemos como se hunde la horquilla en la frenada y pensamos en que acelere
rápido.
A pesar de que todos saben lo que han de hacer,
siguen mi mirada por si hay algún cambio. Vienen momentos de tensión, en poco
tiempo se producirá un aprovisionamiento, una carga de gasolina a la máxima
presión, para reducir al mínimo la pérdida de tiempo en la parada, con cambio
de pilotos incluido.
Ya han avisado del relevo, el piloto se acerca
y mira los tiempos que tengo anotados y la posición en la que estamos. Le
comento cuatro obviedades necesarias para tranquilizarlo.
Sabe que correrá de
noche cerrada y hay que estar atentos a los despistes de los novatos, sobre
todo en el cambio de rasante y en la bajada del Grec.
En un momento, la parte delantera del box, está
saturada, mecánicos prestos para cualquier eventualidad, la gasolina es muy volátil
y caprichosa.
Ya han dado aviso en pista, para entrar en la
próxima vuelta. Todos expectantes a verlo aparecer y que vea bien la pizarra
con las indicaciones pertinentes.
Asiente, inclina la cabeza dos veces, una mueca
de satisfacción por el próximo descanso se dibuja en su cara.
En menos de dos minutos, el mundo, nuestro
mundo, se volverá loco, entrará la maquina humeante, parará en el box, se
bajará el piloto para dejar sitio a su relevo, pondrán combustible a tope,
comprobaran desgaste de ruedas, tensado de cadena, limpiaran óptica y cúpula, estarán
atentos a todos los sonidos procedentes del motor y luego, en menos de lo
que aquí se explica, saldrá a la pista
para una nueva tanda de vueltas, una hora y media por delante, de incógnitas
por desarrollar.
Los pilotos han tenido un brevísimo intercambio
de palabras para advertirse del estado de la pista y desearse suerte. Se
contagian el optimismo por estar bien situados en la tabla, la noche es larga y
puede deparar muchas sorpresas.
Veremos.
Los comisarios dan conformidad a la corrección
de toda la operación.
El autor,
en sus años mozos,
crono en mano.
Barcelona, 21 Abril 2017.






