domingo, 3 de mayo de 2026

EL VALLE






 El Valle

Llegaba mayo al valle, un lugar idílico en donde las flores acudían a la llamada de la primavera, la nieve se fundía y bajaba de las montañas regando los prados mientras se juntaban en arroyos que confluían en ese pequeño gran lago que abastecía de agua fresca para todo a los pocos habitantes de ese tranquilo lugar.

Luego, el sobrante de este saltaba por un pequeño dique hecho por castores de pronunciados dientes, que mantenían el nivel adecuado para todos, por eso los hombres del lugar, a pesar de sus ganas de fastidiar para pasar el rato, les permitían, dado que el río que nacía de allí permitía que, a su debido tiempo, llegaran las truchas dando al lugar una nota de vida aprovechable, culinariamente hablando.

Nadie de los actuales colonos, recordaba ysus familiares, abandonados cuando se lanzaron a la desesperada, tras huir de una de esas epidemias de peste, que arrasaba con la gente, como plaga bíblica de obligado sufrimiento, a la que sus antepasados, sin negar el derecho de el dios del burgo, optaron por tomar carros y carretas, cuatro enseres y trasladarse atravesando cordilleras con muchas dificultades, hasta llegar extenuados y ya sin medios de transporte a ese valle que les maravilló lo suficiente, como para quedarse. 

El jefe de la expedición, tras consulta con el consejo, que eran los varones mayores, sobrevivientes del largo éxodo, propuso asentarse en ese valle deshabitado de sombras humanas e instalarse ahí a pasar el tiempo suficiente, para saber si era habitable y proporcionaba recursos para poder vivir. 

A las mujeres no les dio tiempo de enterarse mucho, al tener unos días de descanso en cuanto al largo peregrinaje que arrastraban haciendo camino, que les permitía lavar la ropa, despiojar a las criaturas, ordeñar y dar forraje a las vacas, arreglar enseres, cocinar, estar al caso de la educación infantil. Con los adultos hicieron un intento, infructuoso, por cierto, tenían que herrar caballos, unos y cazar y explorar los otros. 

Los mayores siempre estaban reunidos, con sus pipas y sus tragos largos, discutiendo no se sabía bien qué, mientras esperaban noticias de los enviados a reconocer el territorio. Luego, ya decididos, tras el regreso al completo de los expedicionarios, se repartieron la propiedad del valle, entre todas las familias presentes. De este modo, tras una oración de gracias, en la explanada en la que estaban instalados, cada familia se dirigió hacia el lugar que le había tocado en suerte, tras el sorteo previamente efectuado. 

Evidentemente, no sabían que eran observados concienzudamente por unos individuos algo más primitivos, pero conocedores de sus tierras, que veían como los invasores dividían sus fuerzas, lo cual les facilitaba el neutralizarlos, familia por familia.

Terrassa, 3 mayo 2026