martes, 21 de abril de 2015

JUBILADO




JUBILACIÓN


Al fin llego el día, los compañeros a medida que van llegando, me van saludando con las bromas pertinentes, casi van cantando la cuenta atrás, para el momento final.

Los sentimientos personales son encontrados, por un lado, a nadie le gusta hacerse mayor y verse limitado para la realización de ciertas actividades, aunque de momento no sea el caso.

Pero por otro, el hecho de verte por delante, con toda una cantidad de tiempo para uso personal, que hasta ahora no era posible, es muy tentador.

A estas alturas, piensas que mientras tengas salud, más vale aprovecharla para poder hacer todas  aquellas pequeñas vocaciones, que han sido dejadas en la cuneta, por una manera pragmática de entender la vida.


Así que ahora estoy, en seguir en eso, que se le ha dado en llamar realización personal.

domingo, 19 de abril de 2015

Una vuelta por Sarria










Sarria

Con la llegada de la primavera, el resurgir del buen tiempo, el movimiento de las golondrinas, el despertar de las flores, se instala entre nosotros.

Esto nos da pie a una cierta sensación de satisfacción personal, por poder disfrutar de unos días más largos, que nos permiten hacer más cosas.

Una de ella puede ser un paseo por esta antigua villa de Sarria, anexionada a la gran Barcelona, pero que en su cogollo, mantiene su personalidad de pueblo tranquilo.




Las flores se manifiestan en múltiples rincones de las calles, teniendo para mi más valor, la de los mismos vecinos, con unas ventanas que son un gozo contemplar.


Hay unas que me son muy queridas, último regalo postrero, plantadas cuando nada hacía presagiar un no futuro, y que ahora al surgir hacen estallar en mí, los sentimientos escondidos.




Un paseo dominical te permite ver y conservar, imágenes sin apresuramientos vecinales, sólo algunos escasos transeúntes que se paran para dejarte hacer una foto.

A medida que el sol va arreciando, me protejo de sus efectos, tras las estrechas calles con sombra, contemplando antiguas casas que han sido restauradas o están camino de ello.




Hay unos pasajes, casi pasan desapercibidos para los no naturales del lugar, en los que se tiene la sensación de estar en una película italiana, bueno es una sensación muy personal.




Hay casas muy nobles y otras muy sencillas, pero que agradeces que hayan sido respetadas por la especulación inmobiliaria, pues hace el recorrido sumamente grato.








sábado, 18 de abril de 2015

PERFUME MUY PERSONAL VI







OPIUM (Parte VI)




Salieron del Gran Teatro, tan pronto acabó la función, mientras aún sonaban los aplausos de un público fiel, obsequiando a sus artistas con el calor de sus manos.

Cogidos del brazo, apenas recordando que era una situación impuesta por un trato comercial, Marta estaba entusiasmada con su acompañante.

Cruzaron La Rambla, y se adentraron por la calle Ferrán, cuando Ceferino le indicó su deseo de salir a dar un paseo por el Gótic, así que no se lo pensó dos veces, para aceptar.

Parecía un tipo con muchas cosas que contar y que no había tenido un exceso de compañía para poder hacerlo en los últimos años.

Se sorprendió de cómo habían cambiado los establecimientos que fueron referencia en su juventud, observando ahora todos como negocios de franquicias, con lo que daba igual estar en el centro de Barcelona, que en cualquier otra ciudad. No quedaba esencia de barrio que reconocer a través de ellos. Sólo contadas excepciones.




Pero las calles, siempre encharcadas en el centro, con el aroma de la vieja ciudad, esa humedad del mar, y aquellos pasos perdidos de los ciudadanos, permanecían en esencia iguales. Inalterables, atemporales, con personalidad de zona especial.

Acostumbrada a sonsacar información, tener al vejete a su disposición, con ganas de largar, le parecía fantástico, porque, además, lo que le contaba, entusiasmado por tener una bella oyente, era sumamente interesante.

Acabaron por bajar hasta la Plaça Reial, con las terrazas ocupadas por turistas, disfrutando de su estancia, ingiriendo enormes jarras de cerveza.

Siguieron su camino,  pasando por delante del Jamboree Jazz Cava, mítico local donde actuaba el añorado Tete Montoliu, lugar donde el abuelete aprovechó para indicarle a su partenaire, lo que representó aquel local en la Barcelona de los sesenta.

Nunca se hubiera imaginado  el hecho disfrutar por ir  con un hombre bastante mayor que ella, aunque hay que reconocer que con la presentación actual mejoraba mucho, quedando sorprendida de lo satisfactorio de ese paseo.

Siempre se había inclinado por parejas de su edad o más jóvenes que ella, y de aspecto atlético, mente brillante y ambición desmesurada, que les hacía perfectos pues se iban sin molestar demasiado. Este paseo rompía sus esquemas.

Abandonaron la Plaza Real y dirigieron sus pasos, por calles oscuras donde sus palabras resonaban en  la noche, hacia la calle Avinyó, donde Picasso pintó, unas señoritas de compañía.

En nada, casi sin darse cuenta, se encontraron en la Plaça de Sant Jaume, donde está todo el poder de la ciudad, el Palau de La Generalitat y el Excmo. Ajuntament, con su guardia impertérrita a las puertas, guardando a las máximas autoridades. Vigilando tal vez los ritmos de los ciudadanos.

Aprovecharon para chotearse de unos y de otros, pues el derrumbe de la honorabilidad de los políticos, era una extensa base para los caricatos.

Sus pasos eran decididos sin ser sonoros, y les llevaban con una cierta rapidez compartida con el ritmo de la charla, que era muy fluida, hacia la Vía Layetana por Llibretería, no sin antes desviarse un poco para contemplar la Plaça del Rei.

La noche por Barcelona dejaba a la luna colgando de una farola, vestida de paseo por no olvidar.


                                           Imagenes tomadas de internet

jueves, 16 de abril de 2015

EL PATINETE

                                 Foto obtenida de internet 
( Se cree, aunque no está confirmado oficialmente, que fue utilizado por John  "el pecas" y Roberto " el dumbo", en su huida tras el asalto a la granja de la Loli, con un botín, de un gran saco de chuches).




EL PATINETE

Ver esta imagen de un artilugio de fabricación casera, para el traslado rápido de una criatura, me hace pensar evidentemente en la infancia, la mía personal y la de mi generación.

Podría poner una retahíla de cosas, objetos y situaciones. Como los que corren por las redes sociales, para jugando con la nostalgia soltar un ¿Te acuerdas cuando?...

Pero ya tenemos una edad y, no estamos para recuperar imágenes, que el paso del tiempo con su barniz edulcorante ha ido mejorando.

Es ahora, cuando me estaba replanteando la idoneidad de mi continuación en esto de mostrar palabra tras palabra, mi visión del mundo que me rodea y la plasmación de mi imaginación, que es cuando surge el reto ante un regalo inocente y beatífico, de mostrar mi rastro más humano y dar pie a mostrarme algo mejor.

En la infancia todos somos bastante iguales, se forma la pandilla y a trotar por la calle el parque, o el territorio que se nos asignara, con pequeñas incursiones hacia lo desconocido con la participación de los más audaces.

El que ponía la pelota, escogía equipo y era capitán, eso fijo. Los demás a esperar ser elegidos y poder participar en el partido, las niñas a sus cosas.

Ver una horda polvorienta, persiguiendo todos a una para hacerse con la pelota, sin tácticas de equipo alguna, con los porteros desgañitándose ante su soledad manifiesta, tenía que ser bien curioso.

Dada mi rapidez en pasar de un campo a otro, en escapadas no siempre recompensadas, a parte del consabido puntapié en el tobillo, de tanto en tanto descansaba charlando con el portero,  si estaba en situación libre de angustias defensivas.

En ocasiones en que no se disponía de pelota, o demasiado tiempo, o faltaba gente, unas canicas ayudaban a hacer la tarde más llevadera, con las discusiones de rigor en cuanto a la validez de la jugada.

Estábamos en ocasiones bajo la supervisión de algunas hermanas mayores, sentadas en escaleras o pretiles de piedra, cogiendo práctica estirándose la falda, en imitación de las madres que no querían enseñar las rodillas o algo más íntimo.

De todas formas poder decir que las de Pepi eran blancas y las de Mamen rosas, era todo un triunfo.

Otra cosa que gozaba de gran predicamento eran las excursiones en bicis y patinetes, de lo cual  sólo los más afortunados solían disponer.

El resto, solía fabricarse  con ayuda de hermanos o parientes mayores, en la ignorancia de madres amantisimas, aquellos artilugios que gozaban de una rapidez  inusual, con los cojinetes bien engrasados obtenidos del taller, en el que se reparaba cualquier cosa con ruedas.

Utilizados  en descensos y pistas no señalizadas, esos patinetes eran el pavor en las calles descendentes, en que no siempre las abuelas eran lo suficientemente veloces como para apartarse a tiempo.

Motivo de confiscación de un bien tan preciado con colleja segura por parte de la tendera que recogía a la víctima y le devolvía su cesto más o menos recompuesto.

De paso se vengaban, por la sustracción en el colmado, granja o mercería de turno, de los ganchitos que formaban esas cortinillas metálicas anti moscas, de los establecimientos en las época estival, utilizados como artillería con gomas de los yogures.

En las esperas en los establecimientos, disimuladamente, íbamos cercenado la longitud de las tiras, mientras estábamos embriagados por la mezcla de olores que desprendía la fruta, pues la fruta venía con su perfume puesto, ya fueran melocotones, nísperos, higos, cerezas o lo que tocase en cada momento, pues también tenían su época del año.

No conseguí tener ninguno propio de estos artilugios, pero sí que los utilicé y me permitió que a la larga, me regalaran uno de verdad, pero que corría mucho menos, las autoridades regias de mi época así lo imponían.

Pero pasear con aquel patinete, todo metálico con sus ruedas grandes de goma, con su manillar bien cogido y dándole que te pego con la pierna buena para avanzar raudo, no tenía precio.

Me permitía seguir a las bicis atajando por las aceras, esquivar a las señoras con los cestos de compra,  deslizarme por bajadas que no siempre eran las más adecuadas.

Me pelé lo suficiente las rodillas, como para que no me riñeran demasiado, pues lo primero era atenderme.

Lo malo del asunto, era cuando la enfermera de turno era la madre de alguno de la pandilla, el amigo en cuestión se llevaba la reprimenda por osado, a mí me curaban, pero no me libraba del consabido pellizco en las mejillas, y el ¡Que mono! Y ¡A ver si nos portamos bien! De rigor.

Pasando inmediatamente a pasarnos la lección, con terror manifiesto y pasmo, acompañado de miradas asesinas con el compadre víctima de aquella madre.

De todos aquellos acontecimientos, no queda testamento gráfico, no se solían hacer muchas fotos, sólo esporádicamente un padre aficionado sacaba alguna con los modelos totalmente encuadrados y en un posado solemne.

Las señoras de un vivir más alegre, se tapaban como podían, pañuelos y mantones, unas delanteras que no podían pasar a la posteridad, para críticas de parientes de cualquier calaña.

La infancia se acaba un buen día, en que descubres que todo son obligaciones.

Y que la vida tiene otras distracciones, algunas de ellas compartidas de otra manera.




lunes, 6 de abril de 2015

FELIZ LUNES DE PASCUA





FELIZ LUNES DE PASCUA

La vida nos da quiebros cuando menos nos lo esperamos, cambiándonos las reglas del  juego con la partida empezada.

Eso vale absolutamente para todo, incluso de aquello que se esté absolutamente seguro, en un momento desaparece y se transforma en algo que nos es desconocido, o simplemente se esfuma sin más.

Amores eternos que acaban al finalizar un verano y otros que empiezan con un fin de semana que no finaliza  nunca.

Compañeros del alma, fieles amigos ante todas las adversidades y testigos de tus felicidades, se esfuman sin avisar, en una noche de verano sin luna.

Otros aparecen tras años perdidos por otros rumbos, aunque estuvieran en el mismo mar.

Aprecias por igual, a todos lo que han ido siendo testigos de este pequeño tránsito, que es el vivir.

El tiempo compartido no es determinante, pero ayuda cuanto mayor pueda ser.

Sin embargo a veces con poco, te haces con una auténtica amistad, imprescindible para seguir.

Aunque también pueda ser que la compañía ofrecida, sea un freno para que puedan desarrollarse convenientemente.

Nunca llegas a saber qué es lo más adecuado en las relaciones humanas, si te das poco o si eres un metomentodo.

En cualquier caso, con todo el cariño del mundo, deseo a todos los amigos, conocidos, familiares y saludados una muy

¡Feliz Pascua!



domingo, 5 de abril de 2015

BEGUR, COSTA BRAVA












Begur, Costa Brava , vista del Castell y Las Medas





Pasear por tan bello pueblo de la costa Brava, en Girona, Catalunya, es siempre una buena actividad para un día festivo.

Aunque eso lo piensen una multitud de gente y te encuentres pidiendo permiso para poder avanzar por una calle.

Es lo que tiene la globalización  galopante que nos invade, todos lo compartimos todo.

Es una villa, en la que los indianos, señores que emigraron a las Américas, hicieron fortuna allí y regresaron a su pueblo, manifestando tal hecho, construyendo mansiones de auténtico lujo.

La mayoría han están en buen estado, o bien han sido restauradas, o están en ello.

Son palacetes, se podría decir, que actualmente están dedicados a actividades lúdicas, hoteles y restaurantes, principalmente.

Todos ellos están documentados, con unas placas informativas, explicando sus características y las de sus propietarios originales.

Dado que son edificios caros de mantener, sus paredes están decoradas con bellos frescos, algunas galerías, abiertas al exterior en unas arcadas, permiten verlas desde las calles posteriores.

Pasear contemplando esas fachadas, puertas artesonadas, barandillas en los balcones con motivos forjados, es un deleite para la vista.

Si tienes la suerte, de ser acompañado por unos buenos amigos haciendo de cicerones, la visita es súper agradable.


Foto de C.H.

Lo cual no quita , que el hecho de hacerte subir hasta un torreón de vigilancia, que domina todo el pueblo y que ofrece unas vistas espectaculares, le pueda quitar tal trato por llegar desfondado, con un palmo de lengua fuera como un vulgar can.

Recuperado el aliento, agradeces la excursión y reconoces entre dientes que ha valido la pena, aunque las Islas Medas, las veas igual de lejos que cien metros más abajo.

El descenso, por calles escalonadas, hasta la plaza del ayuntamiento, por calles recovecas, con pequeños jardines, imposibles de imaginar sin haber sido vistos en estas casas digamos normales, en las que cada una tiene un encanto particular, fruto del deseo de sus dueños.

En la población existen cantidad de buenos establecimientos, dedicados a la gastronomía con buen hacer y distintos presupuestos.

Nos acogimos en uno, de reciente inauguración, en un caserón en vías de rehabilitación, en el que se conservaban, las diferentes estancias con sus pinturas originales, algunas protegidas con cristal del posible roce de los comensales.

Con una atención jovial, pero no carente de profesionalidad, fuimos atendidos a las mil maravillas, de lo cual dejo fe y constancia.

Convenientemente reconfortados en el aspecto de la ingesta alimentaria, acompañados por una luna en todo su esplendor, salimos de la localidad, sabiendo de nuestro regreso en futuras ocasiones.


                                 


                                                     Foto del autor

jueves, 2 de abril de 2015

PASEANDO

                        Foto sugerida Mª P.



Paseando

Quedamos al pie de un monumento, conocido por un topónimo popular, que no tiene nada que ve con el suyo oficial.

Son las cosas que mantienen viva a una ciudad, las denominaciones de las cosas, no siguen los parámetros de los que cortan la cinta.

Tras abrazos, besos, preguntas por familiares directos y demás parafernalia en un encuentro amistoso, iniciamos paso a paso, un recorrido no previsto hacia el centro.

A través de una avenida muy concurrida, de amplias aceras, con edificios curiosamente salvados de la piqueta, a pesar de su belleza intrínseca.

La conversación toma derroteros que nada tienen que ver, con la rectilínea calle por la que se mueven, pues en círculos concéntricos va asfixiando lenta pero inexorablemente aquello ajeno que no les es grato.

La bajada al centro implica irse encontrando cada vez con más gente, todos moviéndose hacia un mismo destino aunque no sea universal.

Qué pueden llegar a decirse dos personas,, mientras andan no buscando nada, pues todo aquello que les motiva y satisface.

Adentrados por lo que en tiempo fue la principal arteria de la ciudad, se unen a la riada ya convertida en marea humana, que se desparrama por las calles adyacentes, con múltiples establecimientos ofreciendo sus mercancías.

Sin aflojar el paso ni dejarse tentar por dichos ofrecimientos, quedan al fin detenidos ante la catedral, no por sus encantos, sino por un saxo acompañando una bella melodía, entonada por un cantante callejero, que no desmerece la de una voz acostumbrada al interior acogedor de un bello escenario.

Sentados en la escalinata, disfrutan de un descanso merecido por esos andares apalabrados, mientras escuchan con atención devota, por el lugar de la música ofrecida.

En su reinicio, las piernas les llevan, sin orden alguna por un claustro abarrotado, donde nadie se fija en las lápidas que yacen a sus pies.

Pasando por calles, en las que los antiguos y venerados negocios inician la retirada ante la llegada de las franquicias tan del gusto de nuestros visitantes.

Allí donde se amplía un poco el espacio, otros grupos ofrecen sus actuaciones, cada uno con su corrillo.

Llegamos, recordando lo que aquellas calles nos ofrecieron en nuestro pasado personal, ante la basílica, entre cuyas piedras, mil notas nos ofrecieron el paso del tiempo.

Sin ser desconsiderados con los héroes de tiempos pasados, pero tampoco fieles acólitos de presentes inciertos, nos dirigimos hambrientos a un local que ofrece la pitanza de una forma gallarda.


Puedes en ese lapso de tiempo, decírtelo todo, Evidentemente no.


  
                     Foto de Mº P. G. B.