jueves, 3 de mayo de 2012

PASEO

                                                    Foto del autor





Tras el encuentro en el lugar acordado, darse el abrazo y los besos de bienvenida, echarse mutuamente piropos por el estado de salud mostrado en sus caras.

Intercambian opiniones por donde deben dirigir sus pasos, optando por lo más obvio, descender por el gran paseo, una de las avenidas más señoriales de la ciudad, en la cual están todas las marcas que quieren ser algo en el ideario consumista, ya sea el elitista como el populista, conviven en plena armonía sin molestarse.

Iniciado el trayecto, empieza una charla en la que se ponen al día sobre las últimas noticias de sus vidas respectivas, aderezado por anotaciones sobre sus diferentes experiencias relacionadas  con el tradicional Paseo.

Los locales amplios y lujosos, anteriormente ocupados por entidades bancarias y centros corporativos de las principales empresas del país, han dado paso a centros de moda, instalaciones de cadenas gastronómicas, tiendas de lujo y joyerías no menos exclusivas, visitadas por turistas sin presupuesto cerrado.

Su charla no decae en ningún momento, y en situaciones de punto muerto sacan a relucir algún trapicheo del político de turno, para reanudar sin problemas hasta iniciar un nuevo tema.
La avenida está en pleno apogeo, es difícil caminar en ella, estamos en fecha de puente laboral, y los conservan su puesto de trabajo bien remunerado, circulan por las tiendas viendo lo último para ponerse en la temporada estival qué se avecina.

A medida que descendemos, el tránsito humano se va espesando, vemos las largas colas para entrar en edificios emblemáticos, que son enseñados cómo obras de arte en sí mismos. Sin la vida interior para la que fueron construidos.

En ocasiones nos vemos separados por el gentío en sentido ascendente, para las autoridades municipales, en una muestra del éxito turístico, del reclamo bien hecho por ellos atrayendo público. Para los centros comerciales un problema de control ante tanta avalancha que solo suele mirar y toquetear las mercancías.

Los bares y restaurantes, perdieron su inicial actividad, para reconvertirse en centros de acogida para descanso de masas con derecho a consumición, sin preguntar por su composición y menos por el precio.

Entramos en alguna tienda, para lo cual solo has de dejarte llevar, y tras observar, comparar y cotejar, salimos con alguna adquisición.

Ya con bolsas, nos sentimos más copartícipes de la energía que envuelve a los paseantes, parece que nos incorporamos a la corriente humana con más derechos.

Esta se incrementa por momentos hasta llegar a la gran plaza, centro grácil de la urbe, donde gracias a su amplitud te permite un respiro vital.

Otros centros comerciales nos acogen para intentar exprimir nuestro deseo de realización personal, uno de ellos con la coartada cultural, música, películas, ordenadores, tabletas, incluso libros.

Con uno bajo el brazo nos incorporamos al río humano que desciende por la rambla, esquivando trileros, estatuas humanas, puestos de avituallamiento rápido y un sinfín de obstáculos para el paseo sereno y tranquilo.

Llegamos a una de las antiguas calles comerciales que nos lleva al centro de decisiones, tanto de la ciudad cómo del país.

En uno de sus locales, nos aprovisionamos de unas galletas excelentes, hechas al estilo tradicional del norte del país vecino, de mantequilla y con rellenos de fruta o chocolate, estupendas para la dieta.

Cuando llegamos a la plaza, donde están las oficinas del tramado administrativo del municipio, nos embelesamos con la extraordinaria escultura, puesta por el excelentísimo ayuntamiento, para disfrute de nuestros ojos, achicados por tanta magnificencia, en recuerdo de una tradición secular, de subirse unos encima de otros para llegar al balcón de las autoridades.

Pasamos de la plaza chica a la más noble, centro político de la nación sin estado, estado sin nación, donde sorteando los grupos de aficionados al abucheo, en espera del político destacado del día, para reírle las gracias.

En una de sus esquinas, superando el paso del tiempo, con la dignidad del trabajo bien hecho, nos espera un tradicional local, cuyos bocadillos, han hecho las delicias de miles de ciudadanos anónimos.

Acabado el trayecto, retornamos a la parte anónima de la ciudad, cogiendo un autobús que nos traslade, cansados y satisfechos, hacia las faldas de la montaña que delimitan la gran urbe.

jueves, 26 de abril de 2012

REENCUENTRO


Foto de A.C.P. 

Sting - Shape of my heart 


Reencuentro

Los años, la vida, como se dice, nos habían distanciado; de ser una persona fundamental, en el día a día de mi existencia, a no ser nada más qué un grato recuerdo lejano, de muchas acciones en el devenir de la vida adolescente a la adulta.

Gracias a estas acciones, seguía presente en la particular memoria histórica, la que se hace de momentos breves, cargados de contenido emocional.

En un mundo donde se impone el ritmo de vida rápido, la inmediatez de las soluciones al instante, de enfrentamiento diario a un trabajo donde prima el tiempo sobre el resultado; los recuerdos son dejados de lado para seguir con lo que tienes, sin recuperar lo perdido.

Sin saber bien por qué, un paso diferente, trunca un camino compartido, desviándonos en nuestro avance por senderos divergentes, sin coincidir en nuestra aventura personal.

Por ello, en tiempo de vida reflexiva, de actividad pausada, de mirada a los recuerdos, de la necesidad de fijar nuestros puntos de referencia; nos llevan a mirar, con curiosidad, en las llamadas redes sociales.

Donde extraemos, con sumo cuidado, aquel archivo de nuestra memoria personal sin actualizar, aquella amistad recurrente que nos anima a recuperar tiempos pasados.

Tras el descubrimiento; la sorpresa, el intercambio, la constatación del largo tiempo transcurrido sin ningún punto de acción común, la necesidad del intercambio de noticias personalmente, sin la frialdad del teclado.

Al fin el reencuentro, de dos muchachos a directamente dos mayores, con gran parte de las acciones vitales ya hechas.

La puesta al día, de situaciones familiares, de trabajos realizados, amistades tenidas, conocimientos adquiridos, desengaños vitales, desencuentros espirituales, desafíos personales enfrentados, superados o no, aficiones perseguidas, lecturas satisfechas, desencantos ante la vida política, en fin el sentirse integrantes de un compendio de cosas comunes a una generación.

La entrevista, reafirma a sensación de un paréntesis, los años transcurridos separados, no impiden continuar la amistad en los siguientes.





lunes, 23 de abril de 2012

Rosa

 





La veo, admiro y deseo, reluce impresionando mis ojos con su belleza.

Es tanta que quiero guardarla para mi, llevármela y tenerla conmigo.

Para poder verla siempre que quiera.

Pero fuera de su  planta, de su tierra, se marchitara y lucirá poco tiempo.

Puedo prolongar su estado lozano, poniéndola en un jarro de agua bien fresca, aunque morirá.

Más lentamente, pero morirá, ofreciéndome su belleza en sacrificio, añorando las abejas que la visitaban .

Si la dejo en su sitio, el viento se llevara sus pétalos, desnudando su hermosura, y se secara al sol.

Si la cubro para  protegerlas, perderá los besos del rocío y el calor del sol, quedará triste y apagada. 

Sin la compañía de sus amigas, su belleza será en vano, se perderá.

Tengo que dejarla donde está, en su naturaleza, para admiración de los paseantes, mientras esté entre nosotros, ofreciendo su belleza, estará viva.

martes, 17 de abril de 2012

ASCENSOR

                                                                        Imagen de Internet


Servicio de emergencia, ¡dígame!

¡Hola! ¡Soy yo!

¡Buenos días! Explíquenos cuál es el problema.

¡Buenos días! Estoy solo.

Perdón Sr. indíquenos que le ocurre.

Se lo estoy diciendo, estoy solo.

Bien Sr. pero que le sucede.

No tengo con quién hablar. ¡Estoy solo!

Sr. esto es un servicio de urgencias para atender una emergencia en el ascensor.  Si no le ocurre nada ni a Ud. ni al aparato, deje la línea libre. ¡Gracias!

Pero Ud. no lo entiende, estoy solo, no hay nadie en el edificio, no puedo hablar con nadie.

Señor, por favor, explíquenos el problema o retírese. ¡Gracias!

Se lo estoy explicando, este edificio se ha convertido todo en oficinas, el personal siempre me ignoran, pero a veces alguien me saluda, pero los festivos no, estoy solo.

Sr. esto no es el teléfono de la esperanza, cuelgue por favor.

No, yo no conozco ninguna Esperanza, me da igual hablar con Ud. ¡Entiéndalo! Llevo toda la Semana Santa solo.



viernes, 13 de abril de 2012

VIERNES/TRECE

Foto del A.C.P.



No soy nada supersticioso, no me fijo para nada en el calendario, y me da igual la fecha o el día de la semana, actuó sin tenerlo en cuenta, la verdad es que no me fijo.


Me entero por las típicas bromitas en plan adolescente, que se hacen en el trabajo. Lo de mañana ¡ojo!, que es viernes y trece, cuidado con los correos, mirar tras las puertas, y cosas así.

Cuando salí esta mañana de casa, me encontré con la mujer que limpia la escalera, me puso mala cara por qué pisé lo qué estaba fregado, todavía estaba mojado y no quise esperar,  no me gustó su actitud  reprobatoria.

La dejé junto con el cubo y la fregona en el cuarto que hay debajo del ascensor, donde están los contadores, se revolvió un poco, pero fue presa fácil, y os aseguro que le quite su cara de recriminación.

Eso me entretuvo, y no cogí el autobús habitual, me fastidia un poco cambiar de costumbres, pero hoy estaba justificado.

El conductor, en realidad no era tal, sino una mujer, con el pelo oxigenado, masticando un chicle con la boca abierta, iba escuchando una radio puesta a todo trapo, como si a los demás pasajeros nos importasen los chismorreos que estaba escuchando, encima pegó un par de frenazos, por no estar atenta al tráfico matutino.

Cuando llegamos al final del trayecto, en el polígono, tienen una pequeña garita con un baño, la deje ahí, con su ridículo pañuelo lila metido en la boca, junto con el chicle.

Fui a trabajar eufórico, me sentía como más ligero, le dedique una de mis mejores sonrisas a la recepcionista, la que tiene un lunar a la izquierda.

Por lo demás, fue un día de lo más normal, el ordenador funcionó perfectamente, y estuve en contacto con una empresa alemana para concretar las condiciones de una entrega.

Son gente seria y es fácil negociar con ellos, en fin que lo de viernes y trece, es una tontería, para los que no tienen de qué hablar.

jueves, 12 de abril de 2012

LEÑADOR




La firma en blanco  (1965), de René Magritte


Hacía años que el bosque se le había hecho pequeño, tanto talar, tanto talar, lo logró.

Luego su distracción fue asustar a las paseantes con caperuza, cuyas abuelas no las aguantaban, todo el día acosándolas con sus preguntas, y las mandaban a la caza del lobo.

Aunque el ya había hecho también de las suyas al respecto, mejor no entrar en detalles escabrosos.

Pero las nuevas senderistas no se atemorizaban por nada y reían con voz estridente ante cualquier novedad que se les presentara.

Se quedaban a ver y preguntar como le iba por el bosque enano, y él se escondía detrás de un bonsái, con la cabeza metida en su camisa a cuadros para no ver.

Ahora era él, el asustado.

miércoles, 11 de abril de 2012

El PUNTO


Foto del autor

Era un tipo muy metódico, puntilloso, no empezaba un libro hasta no haber acabado el que tenía entre manos.

Por eso lo llevaba a todas partes, hojeándolo en los trayectos en bus y en las comidas; le gustaba comer solo, los compañeros de trabajo con su cháchara inconsistente, le ponían malo. 

Él y su libro eran inseparables, le hacían bromas al respecto, pero no le importaba, incluso se sentía superior, no sabía en qué, pero superior. 

Le regalaron un punto, una de esas cartulinas decoradas como recuerdo de un viaje. 

A partir de entonces, dejó de doblar la esquina de la hoja en la que se quedaba. Lo malo para él, es que no había marcas de lo que había ido leyendo los días anteriores. 

Claro que era mejor no dejar señales, a veces eran libros prestados y quedaba feo. 

Es que era muy despistado y encima le costaba recordar lo anteriormente leído. 

Cuando llegaba a casa, lo depositaba en el mueble de la entrada junto a las llaves y el teléfono, cosas importantes que no podía olvidarse. 

Por ello, al ir a salir y encontrarse el punto en el suelo, le entró pánico, un cierto temblor en la mano le hizo que se le volviera a caer al recogerlo. 

Tendría que volver a empezar el libro, y era nada menos que el Ulises de Joyce, versión comentada, por un prestigioso filólogo inglés y, traducida por un importante intelectual, de esos que se exiliaron y, se repartieron por todas las universidades del mundo civilizado.

Cogió el libro, el punto, las llaves y el teléfono y salió como en trance, se quedó un rato delante del ascensor, que ya estaba en la planta, se lo quitaron, tuvo que volver a llamarlo. 

En el autobús, no saludo al entrar y, se quedó quieto totalmente rígido cogido a una barra, le daba miedo sentarse y tener que empezar el libro otra vez.  

 ¡Desde el principio!