jueves, 24 de septiembre de 2015

LA CHICA DE LA ESCALERA





La chica de la escalera

Estaba sentada en la escalera, entre dos rellanos, me pareció extraño pero seguí subiendo tras las buenas tardes de rigor.

Casualidades de la vida, me dio por subir andando, a pesar de que había ascensor y por eso la encontré a medio camino.

En el siguiente tramo de escalera, mire de reojo a través de la barandilla, me pareció que estaba llorando, al menos acercaba un pañuelo blanco con puntillas, a los ojos.

Dejé mi apresurado paso y acomode mi ascenso a un lento escalonado peldaño a peldaño, sin dejar de observar hasta que al llegar al piso superior perdí su visión, que no sus lamentos.

Estaba claro que  gimoteaba a través de ese pañuelo, que ora estaba en la boca ora en los ojos.

¿Habría perdido la llave?  ¿Estaba esperando a alguien que no llegaba?  ¿La habían echado de casa? ¿No se atrevía a entrar por miedo a alguna razón? para mi desconocida, por supuesto.

Me quede con la llave introducida en la cerradura sin acabar de abrir la puerta de mi apartamento, consideré más caballeroso, bajar el tramo de escaleras e interesarme por su situación, por sí podía hacer algo por ella.

Aunque no conocía a todos los habitantes del inmueble, sí a algunos de ellos y además era una casa tranquila en la que no había ningún piso dedicado a actividades comerciales o de consultas de cualquier tipo.

Era todo puramente de viviendas, con lo que aun sin conocerla, no estaba de más preocuparme por ella, en loor de la buena entente entre vecinos.

Así que inicié el descenso, igual de lentamente, para no alterarla en una bajada intempestiva, al estar a su altura observe como llevaba su melena recogida en una trenza con un inmenso lazo, caído sobre la espalda.

Baje un poco más para situarme a su altura y poder dirigirme a ella en un plano de igualdad físico.

Iba con unas faldas inmensas, de esas hasta los pies, que le daban un cierto aire hippie, pues lo de la trenza y las “faldillotas” no es que ahora se lleven mucho, o al menos a mi me lo parece.

Pero como todas las modas vuelven, pues no hay de que extrañarse, aunque sus zapatos si eran de lo más curioso, cerrados con una enorme hebilla decorativa y tacones de mediana altura, una autentica antigualla de mercadillo, eso seguro.

Intente llamar su atención, pero ella seguía ocultando su cara cabizbaja y lloriqueando.

Así y todo le pregunté si necesitaba algo, si quería algo, si estaba esperando a alguien, si quería subir a mi casa a descansar un poco o a llamar pidiendo ayuda.

En fin toda la batería de cosas que puedes ofrecer a alguien en una situación que supones es de apuro y puede necesitar una mano amiga y decidida en sus momentos de desasosiego.

Al no obtener ninguna respuesta, volví sobre mis pasos, escalera arriba sin entender su comportamiento, quizás no quería tratos con un desconocido, evidentemente.

Al entrar en mi piso y darle al interruptor de la luz, note como una ausencia, una sensación de que algo no estaba igual.

Deje las llaves sobre una bandeja de madera, preparada para tal efecto, junto con las monedas que se suelen llevar en el bolsillo.

Mientras avanzaba por el pasillo, la sensación de desasosiego, desamparo y abandono, seguía presente en mí de forma notable.

El vivir prácticamente solo, te hace sentir de forma diferente las alteraciones del orden casero, ni que sean propiciadas por la persona encargada en ayudar en las tareas de la limpieza, que se creen con la obligación de imponer un desacertado orden, en mis cosas y su peculiar desorden controlado.

Cuando llegue a la estancia principal, aquella en la que puedes sentarte en tu sillón, suspirar mientras dejas que los zapatos sigan en el suelo, mientras los dedos de los pies retozan con su libertad recuperada encima de la mesa de centro.

En estas eche un vistazo con desaprobación hacia el recibidor con su luz encendida, que al precio de oro con la que nos han rebajado en el inescrutable recibo, prefieres apagar todo lo que pueda representar un gasto desaconsejado.

Así que, descalzo y arrastrando mi cansancio, me acerque hacía allí con la sana intención de apagar la luz, entonces lo vi.

El cuadro que preside la entrada, con una bisabuela meritoria con su banda de ganadora de unos juegos florales de poesía, me ofrecía un vacío existencial con la orla colgando.

Ese daguerrotipo había presidido la llegada y la despedida de nuestras idas y venidas a casa, desde tiempo inmemorial y ahora así de golpe, estaba sin su ocupante.

No podía ser, algo en mi cabeza no estaba bien, un cuadro no se vacía así porque sí, me quede mirando con cara de pánico.

Lo más impresionante era que el fondo del cuadro estaba, la banqueta donde estaba sentada también y las flores que llevaba cogidas sobre el regazo, estaban sobre la alfombra que hasta entonces arropaban sus pies.

Apagué y encendí la luz, varias veces en un intento absurdo de recuperar el aspecto original del cuadro, hasta que harto de mi desconcierto, me fui a lavar la cara con agua fresca y pensé en prepararme un té, para poderme centrar o al menos tranquilizarme un poco.

Mientras me secaba la cara, recordé los zapatos de la chica de la escalera, esa hebilla, ese vestido tan kitsch, ese peinado fuera de época…salí corriendo de casa, escaleras abajo, pero no estaba, bajé hasta la portería, me asomé a la calle, pregunté a los transeúntes pero nadie me supo dar razón.

Regresé otra vez para casa, totalmente desconcertado, para animar el retorno me encontré con la puerta cerrada, lógico y normal, pero con las llaves en su interior, dada la premura con la que salí en busca de mi quería bisabuela.

Así que esperando al cerrajero, fui pensando que podía haber ocurrido para el hecho de que optara por abandonar su sitio y saliera de casa.

Además no me contestó, a mis suplicas de ofrecerle ayuda, cuando estaba sentada en las escaleras.

Pensé en ir a la comisaría para denunciar lo acontecido y manifestar la necesidad de ponerla en la lista de personas desaparecidas.

Pero imaginé la cara alucinada de los agentes al manifestar mi súplica de ayuda para recuperar un personaje de un cuadro.

Mejor la buscaba por internet, así que una vez vino el cerrajero y me abrió la puerta, me fui directo al ordenador y empecé a conectarme a las redes sociales esas, tan mencionadas como fuentes de todo.




16 comentarios:

  1. Impresionante tu texto, Alfred, he ido imaginando la escena, cada frase que iba leyendo, casi sin pestañear, imaginando todo, con ganas de llegar al final a ver cómo terminaba.

    Mi admiración por tu manera de transmitir el relato, y un beso dulce de seda.

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    1. Gracias! Te confieso que yo tampoco podía pestañear mientras lo escribía.
      Un beso con misterio.

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  2. Qué bueno Alfred!

    No he ni pestañeado hasta terminarlo!

    =)))

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    1. Muchas gracias Liliana, imaginar y escribirlo me ha dejado sin aliento, ni te digo lo de pestañear.
      :D

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  3. Me has tenido en tensión todo el tiempo que he estado leyendo tu entrada, magnifica entrada con un magnifico final, lo que menos me esperaba es el fian que le has dado, me ha encantado, felicidades, es muy bueno tu relato.
    Unabrazo, feliz fin de semana.

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    1. Muchas gracias Demofila, que sepas que me ha tenido intrigado hasta el final, no tenía ni idea de como iba a acabar, ha sido una sorpresa.
      Feliz finde.
      Un abrazo.

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  4. Fantástica historia de una huida entre bastidor y escalera que me ha dejado sin resuello.

    Fantástico relato. Un beso

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    1. Fantástico comentario que me ha dejado con el rubor puesto, las zapatillas caídas y el parpadeo congelado.
      Un beso!

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  5. Original encuentro en las escaleras, mayúsculo susto al notar la desaparición del personaje y pavor al saber que era la dama de la escalera. Para no dormir. Menos mal que no fue a la policía.
    Muy bien escrito.

    Una forta encaixada de mans.

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    1. Gracias! Y todo esto sin llevar en la cabeza, una redecilla para recogerse el pelo, como buena pubilla,
      Molt forta!!!

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  6. Una historia de esas para contar de noche alrededor de un fuego....
    Muy buena.

    Saludos.

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    1. Con una buena copa y compañía adecuada.
      Muchas gracias!
      Saludos.

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  7. Uf..., qué bueno, Alfred. Pero yo esperaba que al regresar a casa, la vieras de nuevo en el retrato sentada, jeje..., me gustan los finales felices.

    Un abrazo, amigo.

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    1. Hola Geles, veremos si tiene suerte y puede contactar con ella en eso que llamamos redes sociales...
      Un abrazo, amiga!

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