miércoles, 19 de octubre de 2022

UN FUNERAL


No tiene nada que ver con las salas de un tanatorio, 
pero es que son muy deprimentes comparadas con esto
Foto del Autor 



PINK FLOYD  

 Shine on you crazy diamond 




Funeral 



Cada vez me toca más ir a estas ceremonias de despedida hasta que me toque la mía, la cual espero que aun tarde un poco más, no sé por qué, pero no tengo ninguna prisa por celebrarla, o mejor dicho que me la celebren.

 

Pero una vez estás en una de ellas, solo toca estar comedido, hablar bien del que se va, en caso de conocerlo, acompañar a la familia del ser finado siendo un punto de apoyo, para estos momentos tristes por poco aprecio que se tenga al que se va.

 

Varía mucho evidentemente el estado emocional de los presentes, en función de la edad y los motivos que han producido el deceso del protagonista del acto. 


Mientras contemplamos el ataúd, cada cual dejará correr su imaginación, mientras oye la salmodia del celebrante del oficio, civil o religioso que ahora se puede escoger, como la música que va subrayando las diversas partes del acto, la mayoría de las veces repetida una y otra vez, lo cual hace que muchas piezas ya solo se asocien a ceremonias de despedida, cuando su composición se correspondía a cosas más vitalistas, aunque pudieran tener un toque nostálgico. 


Hay fallecimientos cuyo desenlace ha sido una liberación para todos sus allegados y para él mismo, esos casos de deterioro tan acusado y sin recuperación posible, que no hacen sino alargar la llegada de un final mucho más humano. 


En otras, la juventud o incluso una más cercana edad a la nuestra, suele ofrecer una actitud más compungida. 


A medida que nos hacemos mayores y sabemos que nos queda mucho más pasado que posible futuro, estas celebraciones te ponen delante en cómo afrontarás ese último paso hacia el “Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris 


Oímos las loas de los oficiantes voluntarios que se animan a leerlas desde el pulpito, glosando la vida y milagros del ser que se despide, con anécdotas varias de carácter alegre para dar ese toque agridulce a un acto de por sí triste.

 

Luego solo queda despedirse de los familiares más o menos compungidos que se esperan a la salida de la capilla o sala de ceremonias y desaparecer con los propios pensamientos que en este tipo de actos, es de agradecer el hecho de pertenecer a los vivos. 


Simples divagaciones a vuela pluma del camino de regreso a casa.


 

Barcelona, 19 octubre 2022 

 

 

 


miércoles, 12 de octubre de 2022

PERROS

 


Fotos del Autor


                                    Ain't Got No, I Got Life

Nina Simone 

PERROS 


 

Por aquel entonces a los perros se les soltaba por calles y campos para que se buscasen su propio sustento. 


Nadie lo consideraba un abandono de responsabilidades, eran muy hábiles para poder conseguírselo.  


Eran tiempos difíciles y era muy raro que hubiera sobras de comida, en ninguna de las casas que conformaban el pueblo. 


Los gatos corrían la misma suerte alimenticia, con el agravante de tener que correr cuando aparecía un perro hambriento o no, por su zona de paso, de ahí que aparecían los justo para cazar algún ratón o alimaña y regresaban a tejados y alturas diversas después de rastrear sus zonas de control. 


Los perros que no tenían pertenencia a alguna familia determinada, esa que les daba alguna posibilidad de resguardarse en algún cobertizo y a veces incluso pillar algo comestible, solían agruparse acatando las órdenes del más fuerte, paseando así en plan manada, con lo cual era más fácil asegurase un acierto al tirarles alguna pedrada, por parte de los muchachos aburridos que salían de la escuela. 


Si salían de esta guisa por el campo, a las afueras del pueblo podían recibir una perdigonada, a la mínima que estropeasen un huerto o una zona de labranza. 


Es por ello que los perros acogidos, es un decir, al amparo de una masía, no se juntaba con los desheredaros, aunque eso oliese a libertad y estilizada figura. 


Aunque también lo tenían crudo, su supervivencia estaba en ser diestros en la localización de ovejas perdidas, olfateo de peligros inminentes y defensa a ultranza del clan familiar. 


Aun así, su vida era una pura lotería, el simple hecho de sobrevivir a la camada era caer bien a la dueña que seleccionaba normalmente a uno con pinta de espabilado y el resto iba dentro de un saco, al río más cercano y con un caudal generoso. No había contemplaciones, no había sitio para todos y se funcionaba así.

 

En las ciudades diferían un poco, como todo en general, pero no estaba todavía de moda la proliferación de mascotas, aparte de los amantes de la caza y los que se lo podían permitir.  


En un piso se permitía más a los gatos, pero esos son cosa aparte. 

En las calles los perros sin amo lo tienen más chungo, suelen caer bajo la trampa de un lazo y esperar con unos días de gracia su destino fatal. 


Por muchos territorios que hayan marcado, no tienen futuro, los tiempos van en otra dirección. 




 

Barcelona, 12 octubre 2022