miércoles, 13 de abril de 2016

LA PRESENTACIÓN





La presentación

Día laborable,  jueves para más señas por que el personal que suele concurrir a este tipo de eventos, los viernes se va de fin de semana.

Mucha gente, la afluencia es notable y el éxito de público está garantizado, la oferta es atractiva y por ello aceptada.

La inauguración de un negocio, en tiempos azarosos, siempre es una buena noticia, hay quién cree en el futuro, apostando  por él  y creando nuevas expectativas de actividad empresarial o ampliando las que tenía inicialmente.

Un acto de estas características que se precie, tiene que tener el famosillo/a de turno que lo presente y anime al cotarro, así como figuras de la vida social, de la farándula, del deporte que se deje ver entre el público y le dé vidilla al asunto.





Tras recorrer las instalaciones, modernas e impecables, con la presentación de los objetos del deseo expuestos para ser envidiados por la mayoría, soñados por algunos y con posibilidades de los menos para  adquirirlos.

Vamos acudiendo a las mesas con diferentes muestras de la nueva gastronomía puesta a nuestro alcance. Ya saben, muestras de cocina sorprendente en pequeños receptáculos de diseño atrayente.

Hacía años que no acudía a uno de estos eventos, tan llamativo y cuidado en su presentación, no formo parte de la sociedad del consumo, no por falta de ganas en algunos aspectos, sino por lo mismo que no iba a estos actos.

Pero esta vez me pudo la curiosidad y acepté la invitación, ver como llegas y miran la lista en la cual estas con letra bien impresa y te dan el pase con la correspondiente sonrisa, mientras deniegan a otro por no estar, te da un plus de estúpida satisfacción envidiosa.





La música, en vivo y en directo, se ofrece en estilos diferentes en salas separadas, una más intimista ofrecida por una chica de aspecto afro, tocando una guitarra española y cantando con una voz sensual  muy agradable.

En otro lugar de amplio espacio, dividido en varias amplias salas, un grupo más de pop-rock hace lo que puede.

Los invitados deambulamos a la espera de la gran presentación por parte de una conocida presentadora de tv, de los gerifaltes de la empresa y estos de las novedades presentadas al mercado.

Vamos tomando copas de cava u otros brebajes que gentilmente una caterva de camareros van prodigando con presteza a la que el nivel de la copa te decae.
Con eso se mantiene el optimismo despierto y la sonrisa facilona presta ante cualquier comentario del vecino.

Al final llega el gran momento, somos reconducidos todos a la sala principal, donde sobre una tarima están convenientemente ocultados, los objetos del deseo de cualquier cliente de pro de la firma.




En ella la presentadora con palabra grácil y verbo suelto, que lee de una chuleta consensuada con el jefe de la cosa, nos introduce en las glorias pasadas de la empresa y sus conductores hacia un espléndido futuro.

Luego el gerente, el socio principal, y  el gran jefe comercial del producto estrella, nos muestran las excelencias del vehículo y de sus instalaciones, donde  poder hacerse con él y así mismo donde mantenerlo en perfectas condiciones hasta que nos vendan su sustituto.





Las tandas de aplausos se van alternando con las parrafadas, algunas de ellas en idioma extranjero, que por ser del imperio, tendríamos que conocer todos, aunque no sea así totalmente.

Llegado el momento se produce el clímax, unas bellas azafatas con la sonrisa puesta a juego con la minifalda, o el pantalón ceñido según el caso, descubren las telas que a modo de cortinas de inauguración nos dejan a la vista los dos productos estrella escogidos para el momento.





Aplausos generalizados y un discurrir de gente hacia la salida, donde los deportistas y demás gente retribuida por estar presentes ya hace rato han desfilado.
En la salida, algunos supongo que afortunados, somos obsequiados con un regalo por parte de uno de los sponsors del acto.




Todo muy bonito, muy bien presentado, con mucha atención por parte del personal y con todos los detalles cuidados al máximo. ¡Ni un pero!




Las fotos de mi autoría, dan fe de los artículos presentados y el ambiente vivido en el lugar, la noche de autos.




domingo, 10 de abril de 2016

WANTED


                                                  Foto del autor



WANTED


Esto es una súplica de ayuda a todos los amigos, lectores, críticos desalmados con las creaciones ajenas, conocidos, blogueros conocidos y desconocidos, personas de sensibilidad indeterminada y todo aquel a quién le pueda interesar la naturaleza humana.

“He perdido un personaje”

Dicho así parece una tontería a lo "Seis personajes en busca de autor", pero ya me gustaría a mí ser un escritor como Pirandello.

La cuestión es aquí estoy frente al teclado, buscando por el ordenador, en otros borradores, me he paseado por la red, para ver si se había instalado en otro blog, puede que esté en celo y haya salido en busca de aventuras amorosas.

A lo mejor está intentando comprender las interioridades mentales, si es que las hay, de nuestro querido presidente de gobierno en funciones.

No lo sé, pero es un tema que me tiene muy preocupado, estando de lleno metido en la elaboración de mi magna obra literaria, muchas veces aplazada por nimiedades varias a cual más fútil.

Encontrarte que desaparece el personaje vital para el desarrollo del texto, como es el narrador del mismo me pone de los nervios.

Y eso de soy de natural pausado con tendencias introspectivas y poco dado a la histeria privada o colectiva.

He paseado por calles, plazas, paseos, bares, museos, andenes, trenes y ramblas, con resultado negativo.

Incluso hablé con mi musa particular, que no supo darme ninguna orientación al respecto, culpándome encima de negligencia por su perdida.

Pregunté a los gorriones que picotean las sobras de los desayunos en el jardín del Ateneu, pero se limitaron a verme de soslayo, con esa mirada entre pícara y burlona que se da entre especies diferentes, en las cuales una es muy superior éticamente hablando que la otra.

Es algo verdaderamente humillante, sentir que tienes mil cosas por decir, a cual más brillante y la voz, tú voz en los papeles, desaparece sin dejar pistas, sin despedirse, sin una pequeña nota, terrible.

En mi desesperación estoy pensando en crear otro, pero no es tarea fácil, ya me había encariñado y además del personal aprecio estaba la facilidad de conocernos para poder trabajar juntos.


Por eso opto ahora, en plan última oportunidad, de dirigirme a todos aquellos con los que pueda mediar un conocimiento literario común, ya sé que queda un poco petulante pero es lo que hay, para ver si entre todos podemos saber del destino de tan desagradecido personaje que ha renunciado a su autor sin mediar palabra alguna.

martes, 5 de abril de 2016

DÍA LLUVIOSO

                                                         Edward Hopper


Día lluvioso

Está siendo un día lluvioso, propio de esas jornadas primaverales en el mes de abril, aquí a orillas del Mediterráneo, sin necesidad de escuchar a Serrat.

Me he refugiado en una cafetería, tomando un brebaje infecto al que han tenido la desvergüenza de denominar café.

Al ser un día de poca apetencia paseadora, si nos es por una necesidad perentoria por cuestione de trabajo o familiares ineludibles, hace que el local esté lleno hasta los topes.

Por suerte he sido afortunado y me he podido instalar en una mesa con vistas a la calle, lo cual me proporciona una distracción extra.

Pues los diarios que suelen tener colgados en un extremo de la barra, están todos ocupados, por lerdos que difícilmente se podrán enterar de lo que realmente está pasando en el mundo. Se les ve en la cara.

Como no tengo una ocupación definida, puedo estarme el rato que considere oportuno, aunque los muy zopencos no suelten los periódicos ni a tiros y eso me fastidia un montón.

Así que me dedico a mirar ora al exterior, viendo como corren tras el autobús esquivando los charcos que se forman en la acera, justo donde está la marquesina de la parada. Ora al interior, donde un público heterogéneo, ocupa prácticamente todos los espacios posibles para ubicarse.

Ha entrado una mujer de mediana edad, o sea menor que yo, con uno de esos paraguas tamaño camping, puedes dormir resguardado por uno, una especie de gorro de lana muy coloreado, casi tanto como sus mejillas, fruto de azoramiento al encontrarse sin sitio donde instalarse y con la posible decepción de irse a otro local.

En esto, debido a mi ignotas condiciones de  educación y buen hacer en cuestiones de comportamiento social, he levantado la mano para hacerme ver y señalarle la posibilidad de sentarse en mi mesa, a lo que ha correspondido con una sonrisa franca de alivio, acercándose presta antes de que me pudiera arrepentir de mi ofrecimiento, tengo pinta de cascarrabias, lo sé.

Me he presentado, levantándome un poco del asiento, a lo que me ha ofrecido su mano y dándome las gracias, ha contestado con su nombre: Alba.

Bello nombre he pensado, inicio del día, amanecer, iluminación tras la noche, no se lo he dicho para no parecer el típico señor mayor, pedante y con ganas de hacer gracia a una mujer joven y atractiva. Me he limitado a decir: Bonito nombre, eso sí, sonriendo.

Rápidamente me ha puesto al corriente de su vida, sin preguntarle nada, enseguida he sabido que trabajaba de profesora en un colegio concertado que estaba ahí cerca, que había perdido el autobús que le llevaba a su casa, que el próximo tardaba veintiocho minutos según la pantalla más los diez de propina por ser día lluvioso y con mucho tráfico que la agregaba ella.

El ruido propio de un local abarrotado, más los gritos de las camareras intentando hacerse oír por el barman de la barra, el sonido de la cafetera, el exprimidor, el extractor sobre el crepitar de la plancha en plena humareda de los huevos friéndose, me dificultaba la audición, pero aun así me he ido enterando de su vida.

Que vivía sola, bueno tenía un gato al que llamó Tom, por los dibujos. Un pedazo de ser bastante egoísta y narcisista, que no se diferenciaba en nada de las parejas humanas con las que había intentado montar una convivencia, más o menos cariñosa y altruista.

Dos hombres, uno detrás de otro, en épocas diferenciadas con duelo de por medio en el primer caso, no os vayáis creer tríos desvergonzados.

Pero tíos más preocupados por la cilindrada de la moto y sus prestaciones y las de las suyas propias en noches inacabables en las que el hecho de  no trabajar fijo, les permitía dormir durante el día, que por el estado anímico de mi interlocutora, en realidad monologuista.

Luego una compañera, por aquello de probar y saber que no fuera su naturaleza escondida, pero encontró que era más guarra que los mismos tíos, razón por la que acabó echando.

Ahora estaba angustiada, porque pagaba la hipoteca sola y con los nuevos planes escolares, su trabajo estaba en el alero, las humanidades corrían hacia un futuro incierto tirando a negro.


Me dio tanta pena que le pague el té que pidió y no me la llevé a casa para hacerle un traje de madera a medida, bastante tenía ya con lo suyo. 

Tengo candidatas de sobra.

lunes, 4 de abril de 2016

EL VERANEANTE


                                       Foto del autor



Todas aquellas casas me llamaban, de forma sutil y casi oscura, pero con gran insistencia, muy apremiantes en sus ganas de conocerme.

Y me preguntaba que hacía yo allí, asombrado ante sus secretos, que no siempre querían contarme, pero el hechizo ya estaba formulado.

Me había paseado por todo el barrio preguntando curioso por todo a todos sus moradores, me refiero a los  de verdad, los que estaban todo el año.

En realidad no sabía que buscaba, me limitaba a hacer preguntas, de cómo vivían, que hacían, como se ganaban la vida, cosas prosaicas pero no todas con respuesta, aún existía el miedo al forastero.

Algunas casas tenían sus recuerdos, las que formaban parte del pueblo, barro y cal sacado de su tierra, con sus tejas enmohecidas por mil lluvias recogidas en el río.

Las otras no, eran villas hechas en la opulencia de quienes tenían un capricho. Aunque me facilitaban mejor la entrada por ser uno de ellos.

Pero no tenían historias que contarme y eso que en la mayoría, el paso de habitantes había sido mucho mayor por la temporalidad de sus estancias.

Recorridas algunas a escondidas, otras conocidas antes que sus residentes del momento, les faltaba esa patina del tiempo necesaria para formar un hechizo.

Mientras, cruzaba la corriente de agua, de un río sin gran vocación de serlo, saltando de piedra en piedra, debido a la mengua estival de caudal, que nos facilitaba el paso directo sin necesidad de dar un inmenso rodeo hasta el puente, justo al otro lado de mi lugar de residencia.

Así observaba  las torres que me daban la espalda, la verdad es que nunca entendí muy bien por qué una carretera era mejor panorámica que una  fluida y refrescante agua, transitando eso sí, con mayor o menor caudal en función de la época estacional.

Cuando pasaba por ahí, me sorprendía una inmensa nave, con un persistente sonido de telares faenando sin descanso, en el que unas mujeres tejían las telas con las que confeccionar prendas de ajuares.

Al ser de ascendencia algodonera, aun sin haber estado nunca en una fábrica de tejidos, me sentía ligado a aquella ruidosa nave, escondida del pueblo y saludaba con educación a sus habitantes.

Pues el dueño, gerente o mayordomo, vivía con su inmensa prole en una casa anexa con pinta más de masía que de torre veraniega, en donde las gallinas paseaban a su aire, los conejos miraban desde sus jaulas y los perros dormitaban en la entrada.

Al ser una familia numerosa, en esa época se premiaba tener mucha descendencia, tenían miembros de todas las edades, incluida  la mía, un chico pelirrojo que solía estar solo.

Tanto por delante como por detrás tenía hermanas y no era muy de su gusto jugar con ellas; así que saludando al pasar, luego preguntando y más tarde acompañándome un trozo en mi camino, fui sabiendo de su vida.

A pesar de ser del pueblo, no se hacía con sus habitantes, con los chicos por una cuestión de clase, el estudiaba en un internado y no era considerado de ellos.

Por otra parte los que como yo estábamos considerados colonia, es decir veraneantes de paso, aunque llevásemos la mayoría, un montón de años yendo a pasar los veranos; tampoco le contemplábamos como uno de los nuestros, pues era del pueblo.

Así que el pobre estaba en tierra de nadie, gracias a mi pudo tener compañía y a mí me puso al día de todas las casas y sus habitantes.

Estaba bien informado y además entendía que fuera llamado por ellas, no se burlaba como otros compañeros  a quienes empecé a contar mis curiosas experiencias.

De todas formas no quiso acompañarme en mis indagaciones, prefería mantenerse al margen de ellas, por cuestión de buena vecindad supongo, el no molestar, no parecer chafardero de las cuitas ajenas, esas cosas.

Por eso fue él, quién al cabo de unos días desaparecido, pudo orientar en mi búsqueda; fui encontrado en un viejo e inmenso caserón en forma de castillo, en el que me había introducido por escalando por un desagüe, hasta introducirme por un balcón.

Una vez dentro, una barandilla carcomida cedió, quedando en el hall de entrada con las piernas rotas y el cuello desnucado.

Ahora soy yo quién le acompaña en su camino, pero no suele enterarse, prefiere escuchar las risas de su compañera de turno.




lunes, 28 de marzo de 2016

CUMPLEAÑOS

                   El Ángelus de J-F. Millet 1859




Tus fechas se convirtieron en mis fechas, cada minuto tuyo era disfrutado plenamente por todo mi ser.

Y ahora forman parte de mi calendario, sin ningunas ganas de prescindir de ellas, sino tenerlas bien presentes para recordarte mejor.

Han caído muchas lluvias y hojas y vuelve a reinar otra primavera, tu estación, la que marcaba tus ciclos vitales.

Solo que ahora, en tu ausencia, me queda únicamente recordar, disfrutar de cada uno de los momentos pasados juntos, una vez hecho el esfuerzo, imposible de conseguir, borrar el último.

Irán pasando los años, con sus fechas onomásticas como esta y mi reacción será similar, mirar la luna y recordarte.

Con esa gracia que tiene de decantar solo los buenos recuerdos, que los malos, poco si hubo, se perdieron en el olvido de los desencuentros.

Hablaremos de ti, de tu vitalidad, energía, exigencia, pasión, que ponías en cada una de las cosas que hacías, con las que disfrutabas.

Cada año tus logros los magnificamos más porque te echamos de menos, son más las necesidades de ti, de tu compañía, por tiempo que pase, o quizás por su culpa.

Es lo que tienen las cosas familiares, recordar lo que dirías o harías ante las cosas que se suceden ahora, porque sigues participando con nosotros de ellas.

Contemplaré las flores que empiezan a surgir, con una mirada más intensa, pues ahora las aprecio mejor, son tus compañeras.

martes, 22 de marzo de 2016

ENCUENTRO



                      Francis Bacon / El Greco


Cruzó la calle como siempre, apresurada, sin mirar y con las prisas puestas por llegar a su casa, donde todavía tenía más tareas que hacer, en aquel inacabable día.

Las farolas de la calle ya ganaban a la luz natural, momento idóneo donde se mezclan las sombras.

Ella no vio el coche por qué no miraba, estaba intentando enviar un mensaje mientras andaba o mejor corría.

El conductor del vehículo no la vio por estar intentando ver el mensaje, en lo que por fin parecía ser la confirmación de un posible encuentro.

Tenían una cita pendiente, desde aquel encuentro casual, en la presentación de una exposición sobre la influencia del Greco en la pintura moderna. Que acabó con una presentación de desnudos propios, en los reservados de un local de cierre tardío.

Tanto tiempo hacía de aquella posible y deseada búsqueda, que en vez de enfriarse, su deseo de realizarlo se avivaba cada vez más,


Sus besos no entendían de trabajos, sus abrazos de obligaciones, sus deseos de lejanías y sus te quiero de añoranzas.

Empezando por pensar en dejar de lado alguna de las múltiples obligaciones contraídas, a pesar de lo altamente interesadas que podían ser.


Los tambores de guerra se habían desplegado, la primavera llegaba imponiendo su olor, su perfume embriagaba por igual, sin distinguir entre animales racionales o personas humanas. 


La necesidad de verse era tan acuciante como el destino del río que sólo piensa en llegar al mar cuanto antes.

Por eso, ese encuentro no programado, les destrozó un posible futuro en común.

jueves, 17 de marzo de 2016

LA PIQUETA



                                                                Foto del autor

La Piqueta

Dícese qué cuando una casa está en manos de ella, es que ha empezado su demolición, triste o gozosa, dependiendo de los criterios de en quién esté el juicio.
Ahora para mí es triste, por estar sucediendo  en mi barrio, una casa ante la que prácticamente pasaba cada día. Siempre la había visto deshabitada, no llevo mucho viviendo aquí, pero estaba convencido de que el letrero puesto por una empresa, auguraba una rehabilitación, no una demolición como está sucediendo.
Sin ser una construcción con méritos para estar en un catálogo, si por falta de edificios semejantes a su alrededor y como testimonio de una forma de hacer las casas y por lo mismo de vivir, merecía ser respetada.
Tenía una fachada digna y auspiciaba mantener en su interior una pequeña zona ajardinada, era una casa definida en terminología actual, unifamiliar.
Me había acostumbrado al verla, en pensar en los tiempos pasados, cuando por delante pasaba un tranvía y los niños debían salir al balcón a saludar al conductor.
Cuando la puerta de la calle se ajustaba. Indicando que era horas de comidas o recogimiento y no se recibían visitas.
Y también con los batientes abiertos de par en par, dejando la intimidad resguardada, tras una puerta de vidriería modernista, en que sí se aceptaban encuentros con las amistades y parientes.
Las formas de hacer y relacionarse han cambiado, ahora todo son mensajes y llamadas personales, pues cada uno tiene su teléfono. Y esta casa corresponde cuando el teléfono solo lo tenían los muy burgueses y los médicos que los atendían.
Me gusta imaginarme a las señoras de la casa, con sus largas faldas, sus sombreros cogidos con agujas y veinte piezas más de ropa que lo estilado hoy en día.
Las chicas del servicio hablando entre ellas por los patios, comentando el último baile de moda y los atrevimientos de los mozos en el cine.
Cuantos suspiros se habrán expelido entre esas paredes, cuantas risas tras las persianas y cuantos sollozos ahogados por las cortinas.
Todas las vidas acaecidas en ese lugar, aireadas ahora tras el derribo de la fachada, al cual irán siguiendo las estancias, escaleras y demás piezas que conformaron la casa.
Construirán otra vivienda, para más familias, pero no me pararé para mirar la fachada, ni me dará por imaginarme como viven, ni crearé ninguna historia sobre ella seguramente, pues le faltará el encanto de una cosa única.


Sarria, marzo 2016.