domingo, 1 de noviembre de 2015

AL ALBA










Foto del autor


Al Alba

Hoy estreno estrella, luce como un  sol en la bocamanga, gracias a mis méritos y buena predisposición, he sido ascendido en un tiempo récord.

Normalmente, tendría que haber pasado por la academia un tiempo, pero estamos en tiempos convulsos y con mi breve experiencia universitaria, ha sido suficiente.

En cuanto me comentaron, que estaba propuesto y con muchas posibilidades, dados mis padrinazgos, encargué una chaqueta nueva, e incluso me hice hacer una foto, con la bandera del regimiento.

Asumir nuevas responsabilidades, está en el porvenir de mi nueva condición, siempre sujeta a las órdenes superiores.

El equipo que tengo a mi disposición, es bastante heterogéneo, desde los convencidos de que están en un estado superior que hay que hacer respetar, hasta los niños bien que sus familias quieren apartar de la dura y fea realidad del frente.

A mí me da igual, su procedencia y sus motivaciones, siempre que sean capaces de cumplir con su misión, de forma eficaz y entregada.

Hoy me he levantado más pronto de lo habitual, tengo un servicio al alba, en el cual me estrenaré, en mi nueva condición de mando.

Mientras desayuno unas tostadas con mantequilla, que junto con un huevo pasado por agua, de excelente calidad y frescura, escucho la radio, en la que están dando los partes de lo acontecido ayer y que nos beneficia notablemente.

Está claro que somos los dueños de la situación y la balanza cada vez se decanta más de nuestra parte. La victoria está próxima.

La moza del hostal, donde me encuentro provisionalmente, hasta que me faciliten una residencia, me trae un café de procedencia dudosa, a lo que no hay que hacer preguntas inconvenientes.

Me la miro, mientras noto como se ruboriza por ello, viste de una forma un tanto basta, pero supongo que cómoda  para su trabajo. Las medias de algodón blancas que lleva, apenas asoman por un vestido demasiado largo, para las modas que recuerdo de la capital.

La aparto de mí con un ligero gesto de mano, pues no me gusta que esté mariposeando a mí alrededor, como una perrilla esperando que le tire un hueso.

Aún no clarea el día, pero tengo que ir hacia el centro de internamiento, comprobar el estado de mis hombres con su equipamiento y presentarnos para la ceremonia.

Hace un frío que pela, a pesar de los guantes de cabritilla que me regaló Engracia, mi madrina, los dedos apenas los siento.

Se acerca el momento, empieza a verse con cierta normalidad y es mejor hacer las cosas cuanto antes, si no nos quedaremos tiesos y con riesgo de pillar una pulmonía como poco.

Ordeno al cabo que alinee a los hombres y estén listos a la orden, mientras el cura hace su labor de preparar aquel pobre desgraciado, que espera su turno ante la pared.

Cuando el padre se aparta, mirándonos para que sepamos dirigirnos bien hacia nuestro objetivo, doy la orden.

El estruendo de la salva, asusta a los pajarillos de un árbol cercano, que salen alocados, buscando refugio en un lugar más tranquilo.

La víctima cae primero de rodillas, como si los impactos no hubieran sido demasiado fuertes y luego sobre su costado derecho, dejando ver su chaqueta de pana agujereada por diversos sitios.

Mientras me acerco y desenfundo mi pistola reglamentaria, sus pies tiemblan acalambrados al no estar sujetos con cuerdas como los brazos.

Disparo a la cabeza, dándole el tiro de gracia que evite un sufrimiento excesivo para un hombre que no conozco y del que no quiero saber nada.

Empiezan a asomar unos tímidos rayos de sol, que permiten ver un cielo diáfano, de esos claros, que anuncian un frío día de otoño.

A medida que el sol se afianza, mi estrella se vuelve más rutilante.




sábado, 31 de octubre de 2015

UNO DE NOVIEMBRE

                             Foto C.C.G.


Tu vida se acabó,
cambió así la mía.

Que siendo otra cosa
aún no sé lo que es.

Así sin despedirnos
sin pensar que el final.
fuese  de este modo,
ni serlo tan pronto.

Realmente no quise
Imaginarlo nunca,
ni de ningún manera.
sabía que sería,
demasiado  trágico.

Me queda la imagen
con pétalos de rosa,
acariciando olas
hundiéndose contigo,

Guiándote por ese mar
tú patria más querida.

viernes, 30 de octubre de 2015

Hombre en la plaza



                                 Imagen de internet



Hombre en la plaza


Iba con la mochila al hombro, a paso vivo camino de la estación del ferrocarril, en mi trayecto atravieso una coqueta plaza de Sarria, que ahora es prácticamente peatonal.

Solo pasan los vehículos de la limpieza y los de los cuatro residentes que hay junto con los servicios para los comercios.

Quiero decir con ello que es un lugar muy tranquilo, donde siempre encuentras algún mayor leyendo el periódico aprovechando los rayos de sol otoñal.

Hoy al cruzarla he visto un grupo de alumnos de un colegio cercano, de esos que van uniformados en plan un tanto elitista, de colegio extranjero.
Estaban sentados en unos de los bancos, en los que caben tranquilamente cuatro o cinco personas de hechuras estrechas como las suyas y un par de pie.

Supongo que era la  hora del patio o estaban esperando haciendo tiempo, para la próxima clase, tenían delante a un viejo desaseado, explicándoles unas batallitas a las que no hacían ningún caso.

El hombre tenía necesidad de hablar y ellos ninguna de escucharle, entretenidos con sus pantallitas o sonriendo despectivamente de las historias del viejo de marras.

Iba con prisa, y no me he entretenido demasiado con la estampa, es habitual ver a los sin techo declarar sus principios a la gente joven, como descargándose de su situación social.

Han sido rechazados por los estamentos sociales, han perdido la conexión con el mundo real y deambulan sin rumbo fijo por toda la ciudad, viviendo en plazas con fuente y durmiendo en cajeros o soportales más o menos cálidos.

Al proseguir mi camino, en un banco en el otro extremo de la plaza, estaban las pertenencias del vagabundo, entre un viejo carrito de la compra, una manta con todas las manchas posibles de productos diversos, un cartón de vino y periódicos viejos, me ha llamado la atención un cochecito.

Concretamente, una reproducción, de esas a escala 1/32, de una vieja furgoneta con grúa, parecía un modelo de los años cincuenta, una vieja camioneta Chevy, Gmc o Ford.

Mientras seguía hacia la estación, me he quedado con esa imagen. Por qué formaba parte de sus pertenencias, una cosa tan fuera de contexto, en un desheredado de la fortuna.

¿La había encontrado y la guardaba para algún nieto? ¿Había sido gruista en un pasado incierto? ¿Era su última conexión con un mundo apacible, antes de darse a la bebida? ¿Se trataba de una suerte de amuleto?

Podía seguir preguntándome cosas, sin llegar a saberlo nunca, ni tan siquiera deducir la razón real de aquella pieza en su ajuar personal.

Por lo visto a distancia, era una pieza más de colección que de juego infantil, con lo que no parecía que se lo hubiera encontrado en la plaza abandonado por un niño, ahora lloroso por su pérdida.


Estando en estas cuitas, he regresado presto para preguntárselo, pero ya no estaba.

martes, 27 de octubre de 2015

PASO DEL TIEMPO






                            Foto del autor



Salpicado de segundos,
perdía a los minutos
tras unas quimeras horas.

Que  me llevaban los días
sin cumplir con las semanas.

Esperando, que los meses
al fin me llevaran siempre
a  sumar un  nuevo año.

domingo, 25 de octubre de 2015

MAQUINA DEL TIEMPO








Fotos del autor

Máquina del tiempo

La máquina, inexorablemente, iba marcando el rito del transcurrir del tiempo, en aquel tranquilo pueblo.

Los lugareños se fiaban totalmente y escuchaban sus campanas, para ordenar las labores diarias.

La máquina tenaz y sin descanso, generación tras generación, abría y cerraba la jornada, solo los animales parecían indiferentes a su ritmo, fiándose más del sol.

Un viejo sacristán, se encargaba periódicamente de su cuidado, armado con su aceitera, le daba la gota justa de lubricante, para que cada ruedecilla se deslizase con suavidad en su imprescindible función para que el artefacto moviera la maquinaria.

No estaba previsto poder pararla, el tiempo no se atura nunca, su paso metódico no tiene ni pausa ni fin.

Por eso, cuando llegó la orden, de atrasar el tiempo en una hora, las autoridades del pueblo, se echaron las manos a la cabeza. ¿Cómo vamos a parar el reloj? Se decían unos a otros, el alcalde, con el secretario del consistorio, con el cura párroco, el médico y el farmacéutico. Don Blas no, que estaba en la capital, donde también tiene casa.

Al maestro no le preguntaban por qué era algo rojillo y siempre llevaba la contraria en todo, lo ponía en duda todo y no sabía nada de nada, siempre estaba cuestionándose las cosas, hasta la existencia de Dios ponía en entredicho, el muy sinvergüenza.

Pero la orden era de obligado cumplimiento, provenía de la capital del reino y hacía mención, según indicaba el gobernador, de un acuerdo por el que se tendría, a partir de ahora, que tener el horario de Berlín.

Así pues, se le dio la orden tajante al pobre Venancio, de atrasar el reloj o pararlo. Este, con lágrimas en los ojos, como si sacrificara a un hijo, intentó mover las agujas, pero no pudo, optó por bloquear el mecanismo y controlarlo una hora con su viejo aparato de bolsillo, única herencia de su padre, a su fallecimiento.

Cuando pasara la hora, quitó el pasador de madera con el que había obstaculizado la rueda principal, esta no se inmutó.

Siguió quieto parado, sin desplazarse, ni un asomo de vida, la vieja maquinaria se negaba a reemprender su cansado caminar.

El burro del tío Pancracio, se extrañó al ver las manecillas del Reloj sin moverse, pero sus sensaciones eran de volver a la cuadra.

Tancredo bajaba por la calle del torrente, con sus vacas cargadas y listas para ser ordeñadas, cuando vio que aún no era la hora, se rasco la cabeza sin sacarse la boina y sin saber qué hacer, hasta que las mismas vacas le empujaron hacia el corral.

Cuando al cabo de unos días el desbarajuste empezó a ser notable, se convocó una reunión de urgencia en el ayuntamiento, para tomar las medidas pertinentes.

Además, había llegado un telegrama, vía motorista de gobernación, donde se conminaba al Excmo. Sr. Alcalde, que si en un plazo de 24 horas, no solucionaba su problema, sería destituido del cargo, enviando a una autoridad para hacerse cargo del municipio.

Asustado el alcalde, al no tener tiempo de arreglar sus asuntos, debido a un pequeño trapicheo con las obras de mejora y ampliación del puente que daba  acceso a la localidad, la primera medida que tomo fue hacer destituir por el párroco, al pobre Venancio, el cual desesperado se ahorcó con la cadenilla de su reloj de bolsillo. (Marca alemana de muy buena calidad).




El maestro fue convocado,  a pesar de las pocas simpatías que despertaba entre las fuerzas vivas del pueblo, pero reconociendo que su aportación como hombre de ciencia y cultura podía ser vital.

Se hizo un bando municipal, en el que se indicaba a la población, que lo tuviera, atrasara su reloj una hora, al cual dio voz por todo el pueblo, Antonio, el pregonero, algo corto de luces, el pobre) había que avisarle, cuando era de noche, para que parase de dar la tabarra.

Pero el reloj seguía parado y la pareja de la guardia civil, se ocupó de trasladar al ex Excmo. Sr. Alcalde, ahora Paco, el de casa Amelia, por desobediencia, con afán de perjudicar el buen funcionamiento de las órdenes superiores, a los lóbregos calabozos, del cuartelillo.



El párroco fue llamado a capítulo por el obispo de la diócesis, y ya no regreso nunca más.

El médico optó, de una forma sibilina, cambiar su puesto en el pueblo por una estancia en el balneario cuidando ricachonas artríticas.

El farmacéutico, tras encontrar la fórmula de la felicidad, al estar trabajando sin fin en la botica con su mancebo, por falta de horario final de jornada, se olvidó del tiempo.

El secretario sigue escribiendo las actas, en las que se reconoce la incapacidad del consistorio para dar una respuesta eficaz a la demanda del señor gobernador.

El maestro se sabe que está encerrado en la torre del reloj, por los aullidos en noches de luna llena.

Las mujeres del pueblo, estaban encantadas, de la primera a la última, de no envejecer jamás.

A todo esto, al sol no le habían dicho nada y seguía saliendo a su bola, como cada día.












sábado, 24 de octubre de 2015

UN TIPO NORMAL


                                   Foto de A.C.P.

Un tipo normal

Me he entretenido un poco en la estación, ayudando a una mamá primeriza, en colocar el cochecito en la escalera mecánica, eso ha hecho que perdiera el primer tren y llegara tarde a la clase.

Para no molestar, interrumpiendo el desarrollo de la misma, he decidido esperar hasta el descanso, tomando algo en el bar.

Ante la barra, he esperado mi turno, hasta que una chica con el pelo revuelto y sin dejar de prepara otros pedidos, afirmaba con la cabeza mi petición.

Tenía un aspecto malcarado, como si cada mañana le cerraran una puerta en sus narices. A pesar de ello  ha atendido con presteza, mi solicitud  de un café solo, con azúcar, a poder ser moreno.

Me lo he ido a tomar a las mesas repartidas por el patio interior ajardinado y con estanques habitados por unos peces rojo desvaído, que no se han dignado a mirarme.

Acompañado del murmullo de los surtidores y del leve rumor de conversaciones ajenas en mesas alejadas, me he tomado el oloroso brebaje, mientras leía la prensa del día.

Como aun tenía tiempo, he subido a la biblioteca, respirando ese aroma de papel  enmohecido, envejeciendo en antiguos anaqueles de maderas  nobles. Y he empezado a vislumbrar mi plan, aplazado por las circunstancias.

Instalado discretamente en un sitio, apartado de los demás para poder observarlos mejor, he admirado los altos techos decorados y las diagonales del suelo ajedrezado,  que han trasladado  mi vista hacia una mesa, en cuyos bajos  unas esbeltas piernas, enfundadas en unas medias color tabaco muy apropiadas para el otoño,  me han distraído de mi objetivo.

Para subir a la tercera planta, donde están las aulas, he optado por tomar el viejo elevador, con sus puertas correderas y banqueta acolchada, mientras en mis auriculares sonaba la trompeta de Miles Davis, interpretando precisamente “Un ascensor para el cadalso”.
Era lo más apropiado para mentalizarme y estar preparado para la realización plenamente satisfactoria de ejecutar a mi víctima, al final de la clase.

Gracias a mi actual caracterización, he pasado totalmente desapercibido en secretaría y en el aula.

Ahora es el momento de eliminar aquella profesora que permitió, y alentó, las risas contra mi gran obra en microrrelatos. “Sacó el cuchillo, la mató”. Donde tras un gran esfuerzo de síntesis, conseguí expresar en tal maravilla, no aceptada por los compañeros y su guía, todo lo que se había necesitado con cientos de páginas en “Crimen y castigo”

Me habían ensombrecido el ánimo, mi carrera emergente como literato, puesta en duda por aquella pandilla, merecían un castigo y para ella el más apropiado era una ejecución inmediata.

Así que tras solicitar una entrevista privada después de clase, para enseñarle un trabajo especial y recabar su atinado juicio sobre él, estoy acariciando el cuchillo, con un cierto placer sádico, mientras imagino su cara asustada ante su próximo fin.

Distraído en mis cosas, no he visto como tras contestar un mensaje de teléfono, comentaba que tenía que irse apresuradamente, dejándome con la palabra en la boca, se ha despedido con prisas.

Lo intentaré mañana.


viernes, 16 de octubre de 2015

LA PUERTA



                         Foto del autor



La puerta

Se abre una puerta
que no es una vida.

Traspasándola, nada
volverá a ser igual.

Ligeros sin mochilas
andamos mucho mejor.

Envueltos de espacio
más libres nos sentimos.

Sin saber si es nuestro
nos adentramos en él.

Muy agitados vientos
dificultan los pasos
que pretendemos andar,
esperando no perder
caminos iniciados.

Sin guía  que oriente
ni estrella nos vea.
perderse es tarea
que no debemos obviar.

Pues en esa pérdida
se halla nuestra razón.

Esa que olvidamos
saliendo alocados