Santo Domingo

El día de Santo Domingo, fiesta mayor en Argentona, se celebra la "Fira Internacional de cerámina i terrissa", con una gran muestra ofrecida por participantes venidos de múltiples poblaciones.
Cada edición se presenta una pieza como representación. Con la elección de un botijo, para rememorar el año. Del que se hacen una producción presentada a la venta, durante la feria.
En está ocasión, ha sido elegido, el cantir de pescador o de barca, de las Balears.


Calle de Argentona, con muestras. (foto del autor).

Las calles del centro, es una serpiente sin fin de tenderetes de todo tipo, conteniendo una exposición de trabajos en cerámica y barro, venidos de distintos poblaciones y países.
Puedes comprar una inmensa variedad de artículos artesanos, a cual más interesante. Se unen a la fiesta los diversos expositores de otras artesanía,, como la cestería, pintura o confección.
Sin olvidarnos de productos alimenticios de todo tipo y variedad, chacinería, huerta, quesos, frutos secos, miel, etc,etc.
Ascendiendo por sus calles, pasando por la que fue casa del maestro Puig y Cadafalch, en estado de preocupante dejadez. ( Parece que la actual propietaria y el Ayuntamiento, han establecido un acuerdo).
Llegamos a la plaza de la iglesia, donde se halla el museo del cantir, donde están todas las variedades, que se usaron en nuestra piel de toro, incluyendo las más decorativas y ornamentales del levante.



Artesanía castellana hecha con barro. (foto autor).

COPAGO






Cliente-Buenos días,
Farmacéutica-Buenos días Sr. Ud. dirá.
Cl-Vengo a por mis medicinas, (Entrega una receta en la que constan los medicamentos prescritos por el facultativo).
Fa-Cuales necesita.
Cl-Todas, las tres, hay dos que se acabarán hoy.
Fa- Ya veo, observa la receta, con cara de preocupación. (Está claro que las nuevas normativas no han sido hechas para facilitarles el trabajo).
Cl.- Intuyo que esto de la nuevas normas trae cola.
Fa- Si, la verdad es que si, cada atención es uno. ( Mientras intenta pasar un lector de códigos por la receta).
Cl- Que ocurre, no puede servirlo por las fechas, hay uno de los medicamentos que aún me queda algo.
Fa- No, no es eso, es que tengo que darle el genérico más barato del mercado, si no aunque lo tenga en otra marca, no puedo facilitárselo, la máquina lo deniega. ( Ahora los ordenadores, tienen voluntad y capacidad de decisión).
Cl- Vaya, debe de ser una cantidad importante.
Fa- Son 4 cts., voy a consultar. ( se va a la rebotica, y hace una llamada telefónica).
Fa2- Las nuevas normativas son un problema continuo, ( mientras recorta los cartoncillos de la caja, en las que están los datos para entregar a la SS.SS. y pegarlos con un celo a una hoja de papel, habilitada primorosamente  para dicha función, para eso la máquina no vale y se efectúa a la vieja usanza, o sea la del siglo pasado).
Fa- Ya está, dice con cara de triunfo de haber salvado un cliente de verse a las puertas de un desfallecimiento por falta de atención farmacéutica-sanitaria-
Cl- que bien, me lo podré llevar todo?
Fa- Si todo, mientras añade una caja a la bolsa, previo recorte y pegado del código de barras.
Cl- Abona el importe de los medicamentos, más una tasa de un euro por  medicina. (Comenta extrañado, porqué si están en una receta, ha de pagar por cada uno).
Fa- Eso está pensado para un medicamento por receta, como antes, aunque ahora los crónicos tienen una sola receta con los medicamentos.
Cl- Bueno, un poco lento y  laborioso, pero saldré con todo. (solamente lleva 1/2 hora en la farmacia).




INDIFERENCIA

                                                          Foto obtenida de Internet



En un revuelo,  te vi, con toda tu decisión por tomar, sin dejarme explicar, con toda sinceridad, el motivo de mi ausencia.

Pudieron más las sombras del pasado que las luces actuales, y en mi desespero, tu negación oscurece mi pensamiento.

Ausente en el planteamiento, cualquier muestra afectiva, tira de la sinrazón para acorralar la respuesta, la motivación primera de tan preciado encuentro, perdido como arena fina entre las manos, en la playa del olvido.

Esa en la que no queremos desembarcar.

LA VENTANA

Foto del autor





Como cada atardecer, desde hacía ya tres meses, al llegar a casa, subía las persianas y dejaba la ventana entornada, para que entrara todo el fresco y así airear la casa, para quitar el olor propio de estar cerrada durante todo el día.
Se daba una ducha, con el cabezal en posición masaje,  para recomponer el cuerpo, tras una dura jornada laboral, de esas  que le parecía interminable. 

Era su momento, el de plena dedicación a su cuerpo, ojeó por la puerta entreabierta, pero no vio la luz al otro lado del patio.
Normalmente a esas horas ya estaba en su casa, se sabía sus horarios de memoria, a última hora de la tarde se sentaba con una taza de humeante té,  dejada en reposo sobre el escritorio y abría el portátil.
Cuando hacía su aparición en su casa, subiendo la persiana y abriendo la ventana, lo tenía enfrente, veía su sombra tras las cortinas, que descorría un poco, de una forma como desmayada para poder ver su piso, bueno en realidad ver su persona.
Entonces iniciaba el ritual de ponerse crema hidratante por toda la piel, en la cual se apreciaba las marcas de las zonas no autorizadas para la vista en  una piscina, con una toalla anudada a la cabeza como toda vestimenta.
Le encantaba imaginar la excitación al otro lado de esa cortina , que se abría y cerraba en oleadas, le hacía sentirse bien, e insistir en la dedicación a su cuerpo, que sin desmerecer, consideraba escultural.
Pero esa noche no estaba su fiel espectador, con lo que dejo de hacer su función diaria, se quedo triste, sentada en un taburete, sin saber qué hacer.

Hasta qué se encendió una luz, en su oscuridad la sintió cegadora, miro hacía el frente, observando còmo eran las evoluciones de su "voyeur", no llevaba taza humeante en la mano, ni abría el portátil, ni se levantaba ensimismado para apreciar su figura.

Estaba haciendo ejercicios gimnásticos desnudo, sólo con una pequeña toalla por encima de los hombros, concentrado en sus ejercicios y ausente a su entorno.


Se fue acercando a la ventana, corrió las cortinas del todo, y se quedo mirando, mientras el albornoz que se había puesto durante su espera, le resbalaba por el cuerpo hasta abandonarla del todo, sin que a ella le importara mucho.


Así mostrada la vio y, al momento se adelantó para descorrer sus cortinas, ofreciéndose ambos, cómo sus deseos  sentían.

CEREZAS




                                                           Imagen obtenida de Google




En una cena con amigos, se desarrollan conversaciones de lo más variopinto, desde interesarse por las familias respectivas, loar las acciones de los vástagos, actualizar la devastación fruto de la crisis, darle vara por ello al político de turno, meterse con la actuación económica gubernamental o especular sobre donde esconden el dinero los banqueros con chistera y puro.
Todo entrecruzado y amenizado por un toque de humor satírico, o sarcástico, ante nuestra estimable clase dirigente.
Indudablemente, las muestras del más común de los sentidos se imponen en nuestros juicios de valor, tanto desde el punto de vista empresarial, como legal o simplemente ciudadano.
No todas las cenas son iguales, y los comensales los mismos, ni los protagonistas coinciden en su ideología, formación académica, o estatus social.
Pero sí en sinceridad a la hora de exponer sus juicios de valor sobre los diversos temas planteados, con algún toque de provocación, dispensado como acicate para elevar el tono de la discusión.
Tanto da el tema mostrado, ponemos pasión en la defensa del propio criterio, de nuestro equipo o deportista más celebrado, o poniendo nuestras filias y fobias en los periodistas con los que desayunamos.
Intercambiamos sensaciones ante el último libro leído, película vista, concierto escuchado y sí, también  televisión soportada.
Pero lo mejor, es la sensación que queda, tras el corro de despedida y promesas de nuevos encuentros, con la menor demora posible.
Tras todo ello,  un plato de excelentes cerezas autóctonas, puede sintetizar el sabor que nos queda en la boca, como colofón  de un buen resumen, a una pequeña crónica ciudadana.
Tras todo ello,  un plato de excelentes cerezas autóctonas, puede sintetizar el sabor que nos queda en la boca, como colofón  de un buen resumen, a una pequeña crónica ciudadana.


ARLÉS

                                         Las arenas, (Arlés, Francia). Fotografía del autor.

Paseo mi mirada por las nobles piedras del circo, soporto el mismo sol abrasador, sacudo mis pies para desprender las mismas piedrecillas de mis sandalias. Imagino a un mando romano, antes de arengar a sus tropas.

Cómo los rudos hombres están preparados, expectantes ante lo que les tenga que decir su centurión, cada misión es un riesgo, ya lo saben, pero también una buena fuente de ingresos.

Le seguirán a donde él diga, tiene ganada su confianza, ahora hay que ir con Julio César y, ganarán la apuesta contra Pompeyo apoyado por la ciudad de Marsella.

El majestuoso río pasa manso a mis pies, respiro su humedad para refrescarme. No está para las cuitas de los hombres, sólo cuando se enfada, crece lo suficiente para llevarse un puente mal construido.

Regreso en el tiempo y me encuentro contemplando la plaza, espectacularmente retratada por Vincent van Gogh, con sus vistosas  flores cortejadas por las abejas, como bellas jóvenes intentando captar la admiración de los hombres con su colorida vestimenta.

El mismo sol, produciendo la misma luz, inundándolo todo con una claridad deslumbrante, realzando los colores, haciéndolos más vistosos, produciendo una emoción, que sólo el  gran pintor pudo plasmar.

Grupos de personas, se pasean por esa misma plaza, que hollaron sus pies, donde sus manos trasladaron a un lienzo memorable. Contemplando mil y un recuerdos de sus obras, hechos cómo chucherías para contentar a los salvajes, en su paseo bajo las arcadas.

Por las carreteras de la zona se agradece la sombra acogedora de los suntuosos plataneros que acariciados por la brisa se mueven despidiéndose de nosotros.



                    Foto del autor, placa conmemorativa  V. v. G.

COCCINELLAS

                                                                  Fotografía tomada de Google



Cada tarde, al declinar el sol en el horizonte, salían fuera, a pasear, respirando todos los aromas que atesoraba la tierra y que la frescura de la hora hacía emanar con más intensidad.

Aquel día en concreto, el sol desapareció antes, tras unas nubes, grises, fuertes y cargadas, que amenazaban con tormenta, la cual se desató, justo cuando estaban llegando cerca del río, en su paseo diario en busca de algo fresco, cómo tras una larga jornada de trabajo.

Llueve, las gotas de agua fría, juegan con mi barba, enriqueciendo su volumen, antes de dejar sitio a sus compañeras que van llegando apresuradas.

Empapan mis ropas, y bajan con prontitud, hacia el suelo, donde, empujadas entre ellas, forman una corriente, deslizándose, empujando hojas, piedrecillas, insectos y ramas.

A medida que crece su volumen, su fuerza es mayor, y puede empujar con más fuerza, desafiando lo que pueda impedir su avance.

Quieto, disfruto de las caricias del agua, que en el atardecer bochornoso, calma las primeras calores que anuncian la proximidad del verano.

Los observo en su andar por la tierra, antes polvorienta, luego lodazal y ahora caudal desbocado, que se los lleva por delante, agarrados a una hoja de plátano, cuál balsa salvavidas.

Su destino es el río, a no ser que en su viaje tropiecen con una barrera de maleza y queden prendidos en ella como botones coloridos.

Los observo, en su avance hacia un destino previsible, sabiendo qué son solo unas motas de color, en un verde paisaje.

Solo, en el bosque de mis pasos perdidos, con la espalda mojada, oigo risas de niños, contemplando el correr de agua, donde ponen sus cortezas, como barcas para hormigas, camino del mar.