martes, 10 de abril de 2012

LUPITA



                                                    Imagen obtenida de Internet



Al principio tuvo miedo, a más del nerviosismo propio de presentarse ante su primer trabajo, a pesar de ir recomendada por el colegio de monjas donde hizo sus estudios de secretariado con idiomas, evaluados con excelentes notas, sabía que el dueño de la empresa era un señor muy severo, con una gran rectitud en todos los aspectos de la vida.

En seguida se dio cuenta de que no era tan fiero el león, aunque el temblor de piernas de la primera entrevista, lo recordó durante bastante tiempo.

Al ser tan joven, sus nuevas compañeras en la oficina  de don Venancio, la acogieron como su mascota, y le fueron ayudando en todo, para que no metiera la pata.

Lupita se fijaba mucho, y enseguida le dieron más tareas para realizar, aparte del aburrido archivar diario.

Cuando la llamaron para dictarle unas cartas, sabía taquigrafía y la secretaria estaba ausente, supero con prontitud el desafío, y don Venancio quedo encantado, también ayudo que era de una visión mucho más agradable que su secretaria habitual.

Era, ya lo hemos dicho, muy joven, y como tal se comportaba y vestía, lo cual era grato para sus compañeros de trabajo, que le lanzaban todo tipo de piropos, para envidia del resto de sus compañeras. Pero se lo tomaban a bien, era la peque, su protegida, y no permitían ninguna salida de tono.

Con el tiempo siempre se encargó ella de atender los requerimientos del jefe, despachando con él no menos de media hora cada día.

Lupita empezó a cambiar al cabo de un tiempo, se la veía más lozana, y empezó a engordar, lo cual disimulaba llevando prendas más amplias.

Fue por entonces que se empezó a hablar de la mecanización de la empresa, poner un ordenador para llevar todo el tema de administración, facturación y control de stocks. Siendo ella la elegida para asistir a unos cursos de iniciación a las nuevas tecnologías.

Mientras no estuvo, a don Venancio se le vio más cascarrabias de lo habitual, pero todos lo achacaron al cambio de sistema de trabajo que se estaba preparando.

Cuando al fin Lupita regresó, lo hizo como una persona más madura, ya no era la chiquilla de todos, se había convertido en toda una mujer, y tenía su carácter.

Se habilitó una sala en el despacho para la instalación de un inmenso mamotreto, que era la unidad central, con control de temperatura y humedad especifico.

Para el resto de los oficinistas, secretarias y contables, se les redujo el espacio vital, puesto que fueron despedidos algunos, por no ser necesarios, con el nuevo equipamiento.

De todo ello se ocupó Lupita, perdón, Doña Lupe.

sábado, 7 de abril de 2012

POBLET

                                                    Foto del autor


Viernes Santo, pensamos inocentemente, que es un buen día para visitar el Reial Monestir de Santa María de Poblet.

Sera por la historia que destilan sus piedras, por la amplitud del recinto, la serenidad que se respira en su ambiente, su noble entrada, los viñedos que la circundan, las tumbas de los nobles de la realeza, la ausencia de beatería, o de parafernalia nacionalista.

Es un lugar en el qué te sientes copartícipe de una identidad, tiene algo que te hace volver cada cierto tiempo, para redescubrirlo y meditar entre sus paredes.

Te invade una sensación de bienestar cultural, y paz espiritual a la vez, qué física, cuando te encuentras, ya sea entre sus muros como fuera, pero en su entorno.

La verdad es que ha sido un desplazamiento difícil, en un día climatológicamente triste, hemos llegado envueltos en un torbellino de piedra, siguiendo una senda de roderas marcadas sobre una carretera blanca totalmente, bautizada por el granizo, qué la había hecho suya, haciendo desistir a muchos conductores de su uso.

La vista del monasterio, con su patio de entrada vacío, impresiona más, se ve solemne y muy grande.
Quietos, con los paraguas enhiestos, desafiando las inclemencias del tiempo, observamos con humildad la magnificencia de las piedras que forman el conjunto arquitectónico, desarrollado en etapas sucesivas. Marcados por un denominador común, la humildad.

jueves, 5 de abril de 2012

Francisco de Goya, "Luces y Sombras" en Caixa Forum






Excelsa muestra de una gran cantidad de obras del insigne pintor, del cual, prácticamente todos, tenemos un juicio hecho.

Goya es el intento de introducir la modernidad en la piel de toro, es querer abrazar las ideas francesas de la ilustración y sufrir su desprecio por el pueblo ignorante, qué sufre las consecuencias de la guerra.

Cada obra suya es cómo una editorial, intentando sortear la inquisición y a la retrógrada nobleza que rodea al poder. Mostrando una crítica de los usos y costumbres de un país atrasado.

Su colección de grabados, nos muestra el abuso de las tropas invasoras, contra el pueblo llano, que es quien sufre las consecuencias de la guerra, y también del poder oligarca.

Goya es un ciudadano lúcido y trágico, muestra lo que ve, y lo qué quisiera ver, aunque fueran sueños extraños, grandes pesadillas.

Una muestra digna de ver, para comprender el genio.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Pedro Madueño (Retratos 1977-2012)





Exposición de una cincuentena de retratos periodísticos del conocido fotógrafo, colaborador de La Vanguardia.

Mostradas en un entorno aséptico, con un marco neutro, para remarcar la frialdad de la fotografía y centrarse en la persona retratada.

La muestra se compone de personajes diversos; actores, bailarines, artistas, fotógrafos, cocineros, escritores, directores de cine....y políticos.

Son primeros planos intimidadores, o instantáneas, tomadas en un momento de relajación del personaje.

En cualquier caso, Madueño ha captado la interiorización de la personalidad del modelo.

Es un muestreo de personalidades, que nos ofrecen una primera lectura asociativa a un rasgo, a un adjetivo, predeterminado por nosotros.

En este paseo, nos relacionamos con un Pomés vanidoso, la serenidad de Broggi, la vejez de Fernán Gómez, la tenacidad de Adriá, las dudas de Marsillach, la tozudez de López Raimundo, ante la mirada curiosa de Sergi Pamies, con un Nazario ofreciéndose cuál maja desnuda, contemplado por un Pixot con el agua al cuello, la tenacidad de Mas ante el autoritarismo de Pujol, un contemplativo González ante el jardín después de encantar serpientes. Un José Tomás aparecido de un cartel de La Naranja Mecánica, Gelabert autocontemplativo, la sombra del Rey y su poder, el compromiso de Pérez de Rozas, la autenticidad de Catalá Roca, un Chillida en descomposición, un Monzó narcisista, Tàpies o el engaño de la cultureta, y así una serie de retratos en los que las pocas mujeres que nos muestra parecen ser las más auténticas en lo que se refiere a sí mismas.

Es una apreciación personal y, en primera instancia, ante el impacto visual de unas excelentes fotografías.

lunes, 19 de marzo de 2012

AMANECER BUCÓLICO

                                                                                   Foto del autor









Amanecer bucólico

El día amanece temprano, cantando los pájaros al nuevo despuntar del sol, como sabiendo que está al llegar la primavera.

Aún no se ve nadie entre los campos, en los que la cebada cubre, con un manto verde suave, grandes extensiones de terreno.

En el linde, conservado a través de los tiempos, por sucesivas generaciones, un silo romano asoma cómo esperando ser llenado de nuevo.

En el viejo caserón, los primerizos rayos solares, hacen destacar su majestuosidad, haciendo ver su torre de defensa, solemne y presta, para amparo de sus habitantes y vecinos, cómo en tiempos antiguos.

El pueblo, coqueto y reducido, aún no muestra señal de vida alguna, pero está ahí, latente, en espera de afrontar los retos diarios.

Alguna nube dispersa sirve para contrastar la brillantez de un cielo azul intenso, en su paseo haciéndose rogar, para que descargue su preciado contenido sobre la tierra sedienta.

El son de las campanas, en su tañer cotidiano, nos recuerda la hora de oraciones para unos y el paso del tiempo para todos.

Ya asoman por sus bocas; de las casas que abren sus ojos al nuevo día, habitantes deseosos de darse un festín, de la paz que lo envuelve todo.








viernes, 16 de marzo de 2012

PASOS






Van por la calle con el paso apresurado, por llegar al trabajo, a la cita con el cliente, a la consulta. Todos los pasos de primera hora son nerviosos sin concesión a la distracción.

El día avanza, todavía se ven pasos nerviosos, solo que si se paran ante algún escaparate, aún no están acostumbrados a la carencia de no ir a ningún sitio.

Hay pasos lentos, muy pausados, se distraen en las obras y en cualquier cambio en la sucesión de reclamos de todo tipo. Saben que no les esperan en lugar alguno.

Los femeninos no tienen distinción, siempre van a tiro hecho, se para lo justo ante lo que las motiva, seduce o interesa. Si son invisibles no cambian el ritmo por nada, si son jóvenes, se dejan querer, ralentizando el paso.

Los deportivos se suceden en grandes zancadas, sin pedir permiso por invadir el territorio ajeno, con el que se cruzan, se quedan dando saltitos  ante el semáforo, y luego se pierden en la lejanía.

Los pasitos intentan acomodarse a las prisas adultas, pero no pueden y a veces se rinden, ante lo cual los llevan en volandas.

Los hay irregulares, no saben por dónde van, o no están convencidos de ir, tienen dudas y lo reflejan parando y acelerando a la vez, causando molestias tras ellos.

Los serenos, pausados, tienen poder y lo muestran, no tienen prisa porque les esperaran el tiempo necesario, no se paran, pero se les nota no perder detalle.

jueves, 15 de marzo de 2012

TELÓN


La Sonámbula (Foto de A.C.P.)


Telón

El haz de luz seguía sus pasos por el escenario, con una declamación excelente, audible perfectamente para sus amigos del gallinero.

Siempre enmarcado por el foco, provocando una sombra sin gorra, se desplazaba, siguiendo las instrucciones del técnico, en un solemne caminar.

Se integraba en la atmósfera creada por los decorados, destacando su figura como un componente más de la ficción.

Hizo una excelsa representación, finalizada la cual, sonaron unos aplausos, en los cuales se envolvió, inclinándose una y otra vez mientras subía y bajaba el telón.

Ante la invasión de flores imaginarias en el entarimado, en una de sus reclinaciones cogió una, brindándosela al mismo público que le reconocía tan cariñosamente.

Cuando finalizaron los aplausos de los electricistas, tramoyistas y profesionales del sonido, se regresó a la locura colectiva.

Se hizo el silencio en su interior, recuperó sus instrumentos de limpieza, e hizo mutis por el foro.