Entiendo por tu silencio que lo aceptas así.
Simplemente yo estoy muy encima en la escala alimentaria y tú eres un vulgar producto de la tierra, fruto de la constancia y dedicación de otro de los míos.
Sigues sin decir nada, aunque tu fin se aproxima.
Sí no fuera por estos tiempos que corren seguramente no te habría tenido en cuenta, pero dado que hemos convivido unos días, juntos en este encierro aquí en casa, tú en la nevera y yo en el resto de la casa, pues como que hay una cierta afinidad e incluso un cariño.
Me acuerdo de cuando te decía buenos días por las mañanas cuando me iba a preparar mi desayuno.
Tú, quieto y estático, no decías ni pío ni siquiera pestañeabas tampoco movías el rabo, pero no me importaba mucho, conozco la timidez de la que gozáis.
Para que veas la importancia que te voy a dar, te incorporaré a uno de mis platos preferidos: un buen arroz con sepia.
¿Qué te parece? ¡A que ya mola más!
Sí es que sois todos iguales, os hacéis agua si os damos un poco de importancia.
En momentos críticos como este, hay que saber compartir y dar lo mejor de nosotros mismos, tú aderezando la comida con tu sabor y yo intentando orquestarte con los demás ingredientes.
Todo sea por un buen resultado digno de paladear con gusto.





