lunes, 28 de septiembre de 2015

RUNNING CALLEJERO






Running

Era noche cerrada, la oscuridad en la calle no me permitía ver más allá de la farola que me acompañaba.

Con el rollo de la contaminación lumínica y el descenso en el consumo de energía, tenemos la suerte de tener unas farolas sólo aptas para invidentes.

A lo que iba, en estando agarrado a mi farola, la misma que me proporciona sustentación en mis tenebrosas noches de falta de sueño o insomnio indeseado.

La vi pasar con sus bambas con colores fluorescentes, tanto en el tejido como en los cordones de las mismas.

Era tal su luminosidad, que a punto estuve en buscar mis gafas de sol, esas que no suelo llevar en mis paseos nocturnos por falta de sueño.

Sin dejar de agarrarme a la farola, pero estirando el cuello, todo lo que daba de sí, me fije en su estilizada silueta, que unos digamos pantalones, de esos de hacer deporte que tienen un nombre impronunciable para un hombre de bien como yo, que a altas horas de la noche tiene la necesidad de salir a dar una vuelta para mejorar su estado de ánimo, compartiéndolo con una farola, que no cumple bien su función pero que es la que me sustenta.

Decía que en viendo a la gallarda moza en su ágil caminar, y tras recuperar mi cabeza su horizontalidad, tras ver sus luminosas bambas para correr sobre el duro asfalto ciudadano, seguir por sus estilizadas pantorrillas, mostradas en su total conjunto con un trasero rotundo, me encontré con otro fogonazo de color, que era la camiseta.

Aquí sí que no tuvieron mis ojos defensa posible, ni cerrándolos de inmediato; el fogonazo de un fucsia llamativo y resplandeciente, dio con mis pocas fuerzas, cediendo al peso de mi cuerpo rollizo de no salir a correr por las calles de mi barrio, contra el suelo.

Encima se rompió la botella de ron añejo, que daba forma a mis sueños,  de tener una noche mejor; al estirar mis brazos hacia su figura, dejándome de bruces en un charco oloroso.

Sentí como mi visión se alejaba, sin girarse a saber de mi desacuerdo al dejar mi vieja conocida farola por un descubrir esa moda tan vistosa.

Mientras su luminosidad se apagaba, mi olorosa derrota me urgía a levantarme de una ridícula situación motivo de chanza ajena.







Imágenes de internet

16 comentarios:

  1. Hola. Eso es lo que pasa con los ueños que cuando estás en lo mejor te despiertas.
    Un texto maravillosamente escrito. Me gustó mucho.
    te invito a visitar el blog de josefa.
    un abrazo.

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    1. Muchas gracias! Me paso por ahí ahora mismo.
      Un abrazo.

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  2. Hola, Alfred:

    Lo siento por el ron añejo, vendría bien un trago para el frío mañanero.

    Un abrazo,

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    1. Se quedó en el suelo para disfrute de las hormigas.
      Un abrazo.

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  3. jejeje bueno, menos mal que el ron sirve para algo, no?

    (he aprendido una palabra nueva, bambas!)

    buenas tardes =)))

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    1. Hola Liliana! Sí eso parece. Me alegro de haberte servido para algo positivo :D
      Buenas noches!

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  4. Pobre hombre. A lo mejor era lo mejor que había visto en todo el día. A veces un toque de flipamiento, es algo maravilloso.

    Desde la farola, un saludo.

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    1. Jajaja!!! Digamos que su estado de flipamiento era excesivo.
      Quedémonos a la luz de la farola.
      Saludos!

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  5. me encantó la historia, por sobre todo me gustó el lugar y la forma en que te "paraste" para contarla.

    que a veces no es fácil ni para el señor del cuento ni para ningún señor, resistirse a salir corriendo detras y ver que solamente pueden seguirla pero con la mirada

    un beso Alfred

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    1. Pobre hombre, ya ves que no estaba en condiciones de nada válido.
      Un beso Laura!

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  6. Qué buen relato, y muy agradable el sorpresivo giro para cerrar.
    Un abrazo de anís estrella.

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  7. Habrá otras botellas de ron, y otras mujeres lumínicas, o luminosas, que también, para emprender carreras por el asfalto.

    Esperando que las farolas puedan algún día cumplir su misión, me calzo mis bambas blancas, sin nada que ilumine la noche, y te mando un beso antes de salir a hacer running por la avenida de las mañanas.

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    1. Agradeciendo a la mañana, el no necesitar la farola para su supuesto servicio, levanto mi derrotado físico, para acompañar el paso de otras bambas, ni que sea sin ron pero con besos.

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  8. Me encanta la imagen de contraste entre la noche y la penumbra de la farola y el impacto de la ropa fosforita.
    Por cierto, hay quien dice que la diferencia entre un corredor y un runner son 300 euros en ropa fosforita! Guille

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    1. Gracias por tu sutil observación, con la farola tan tenue apenas distinguía nada.
      Se ve que era una prota con posibles.
      Saludos.

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