miércoles, 11 de abril de 2012

El punto

Era un muy metódico, puntilloso, no empezaba un libro hasta no haber acabado el qué  tenía entre manos. Por eso lo llevaba a todas partes, hojeándolo en los trayectos en bus, y en la comida, le gustaba comer solo, los compañeros de trabajo con su cháchara inconsistente, le ponían malo.
El y su libro eran inseparables, le hacían bromas al respecto, pero no le importaba, se sentía superior, no sabía en que, pero superior.
Incluso le regalaron un punto, una de esas cartulinas decoradas como recuerdo de un viaje, a partir de entonces, ya no doblaba la esquina de la hoja en la que se quedaba. Lo malo es que no había marcas de lo que había ido leyendo los días anteriores, pero era mejor no dejar señales, a veces eran libros prestados y quedaba feo. Es que era muy despistado y le costaba recordar lo anteriormente leido.
Cuando llegaba a casa, lo depositaba en el mueble de la entrada junto a las llaves y el teléfono, cosas importante, que no podía olvidarse.
Por ello, al ir a salir y encontrarse el punto en el suelo, le entró pánico, un cierto temblor en la mano le hizo que se le volviera a caer al recogerlo.
Tendría que volver a empezar el libro, y era nada menos que el Ulises de Joyce, versión comentada, por un prestigioso filólogo ingles y traducida por un importante intelectual, de esos que se exiliaron, y se repartieron por todas las universidades del mundo civilizado.
Cogió el libro, el punto, las llaves y el teléfono y salió como en trance, se quedo un rato delante del ascensor, que ya estaba en la planta, tuvo que volver a llamarlo.
En el autobús, no saludo al entrar, y se quedo quieto cogido a una barra, le daba miedo sentarse y tener que empezar el libro otra vez. ¡Desde el principio! 
  

8 comentarios:

  1. Bueno, este pobre hombre está de memoria peor que yo, jejeje. Es fácil perder la página que estábamos leyendo, a mi me ha pasado en infinidad de ocasiones, pero afortunadamente encuentro con facilidad por dónde iba. Claro que este pobre hombre como no leía en plan relajado en su casa sino más bien como se suele decir, a salto de mata, pues igual por eso olvidaba todo lo leído.

    Me gustó tu relato.

    Un abrazo.

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  2. Gracias! Celebro que te guste, un abrazo.

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  3. se me hizo que no leia, que simplemente escapaba de algo. Por eso no podía memorizar nada y al perder ese punto se sintió como que le habían soltado de la mano y estaba nuevamente a la deriva

    me gustó mucho
    un abrazo

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  4. Es como cuando has perdido algo y tienes que rehacer todo lo hecho para saber donde pudiste perderlo para así intentar encontrarlo. Es una posibilidad no? Un abrazo Laura y gracias.

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  5. Me ha gustado tu relato, describes a la perfección a una persona maniaca.
    Saludos Alfred!

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    1. Ahora uso un cordelito, cómo esos de los misales antiguos, sabes? Un beso Pilar, :)

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  6. Dímelo a mí. Cien años de soledad lo he empezado 18 veces, perdona, 19 desde hoy.
    Yo uso un punto de libro, que no es otro que el comprado en el museo de Dalí, de Figueres, con el grabado del cuadro " Muchacha en la ventana".
    Tengo la sospecha que mis amigos, cuando me despisto, me cambian de lugar el maldito punto, porque, como tu personaje, no me separo de él.
    Ahora tengo que dejarte, que tengo el libro sin mi vigilancia.

    Un abrazo.

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  7. Hola Albada, dímelo a mi que me lo leí fe un tirón, por aquella época no se estilaban los puntos de libro...Un abrazo.

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