lunes, 7 de noviembre de 2016

LOS VERSOS

Foto gentileza de I. C. C. 

Los Versos


Los versos más tristes
son los que se quedan
escritos en el corazón.

Los que a duras penas
asoman por el dintel,
de nuestro interior.

Atrapados en el silencio
de nuestra alma,
sollozan lo perdido
como batalla ganada.

Saben que no volverá
lo que feliz les hizo.

Caerán finas lluvias,
apagarán rescoldos
yacientes de aquello
que con tanto esfuerzo
fuimos quemando
noche tras noche.

Tal vez no sientas
que representa para mí
el vacío de tu ausencia.

Levantarse y caminar,
cuesta demasiado
cuando no sabes meta,
destino, ni camino.

Pero lo haré,
claro que lo haré,
pues bien cierto sé
qué es lo que quieres;
verme caminar.
Simplemente existir.

Dejar el triste semblante,
arrebolar sonrisas,
y empujar otra vez
para conseguir vivir
una vida distinta.




Sarria, 7 noviembre 2016.





viernes, 4 de noviembre de 2016

VIERNES


foto del autor




Tomás se sentía desconcertado, tras sus rutinas diarias, centradas principalmente en su trabajo, concretamente en el desarrollo eficiente del mismo a plena satisfacción de sus superiores, en especial de Don Leandro, su jefe de sección, él que hacía llegar a los despachos superiores los informes de valoración para ver a quién expulsaban en la próxima regulación de personal.

Llegaba el viernes y su mundo se desmoronaba, a todos sus  compañeros les entraban las prisas por acabar los preliminares de esos estudios en ciernes que siempre acababa finiquitando él ante su superior.

Todos y cada uno de ellos, con la sonrisa cómplice puesta, se presentaban ante él y le decían sin rubor alguno, como no te importa quedarte y yo tengo prisa que me esperan para salir, preséntame esto arriba sólo le faltan un par de  detalles. Cinco hojas por lo bajo, tras una laboriosa lectura de investigación previa. Al menos luego le traían tabaco.

Con las chicas lo llevaba peor, descaradamente se le aproximaban en tono sonriente con las puntillas del sostén bien visibles, para qué mientras sus ojos se distraían con lo imposible, le iban dejando carpetas amontonadas, con poca esperanza de tener nada muy definido. Eso si le prometían unos besos que nunca llegaban. Mientras salían corriendo tras el último novio que esperaba ansioso sus besos, de los de verdad.

A Tomás todo aquello, con el tiempo,  le parecía normal.

Todos disfrutaban de su reconquistada libertad, saliendo a toda prisa de aquella oficina siniestra, pues no dejaba de ser para ellos un trabajo monótono, en el que ir acumulando años para conseguir pagar hipotecas.

Lástima que la crisis había puesto un velo de incertidumbre en sus miradas confiadas en un trabajo para toda la vida y sin problemas aparentes.

Así que soportando atropelladamente la avalancha de solicitudes de sus buenos compañeros, nuestro buen Tomás se hacía cargo de todos los retrasos en los informes, acabados por él y presentados con firmas ajenas.

En la soledad de la estancia, en que sólo un conserje le ponía prisa para irse, se acomodaba la corbata, siempre impecable en su atuendo, recogiendo esa gabardina regalo de su madre, que le acompañaba en todo momento, por qué nunca sabes que puede pasar.

Cuando una vez recogida su mesa, andando hacia la salida, se preguntaba que haría todo un fin de semana para él sólo.


No podía sospechar que tras haber acabado su colección de sellos del Bután, las mil versiones comentadas y traducidas del Ulises de Joyce, ordenar por actores todos los DVD de películas del Oeste, que cubrían las paredes de su estudio que fue despacho de su padre, antes que su buena madre se lo cediera, justo ahora no tendría más remedio, que presentarle a Amalia su compañera de ascensor en los últimos cinco años.

lunes, 31 de octubre de 2016

VELEROS

Foto cedida por I.C.C.


Haikus


Velero blanco
siempre surcando lento
las locas olas.

Canta la arena,
silbada por el viento,
al mar eterno.

Acunaremos
nuestra alma, pura, triste,
prendida al sol.

Está perdida
buscándote así siempre
sola, mas trágica.

Flamean velas,
alegran calabazas
en tu recuerdo

Sobre la arena
húmeda pero limpia
escriben claro.

Alimentamos
con cenizas de ayer,
nobles futuros.

El sol impone
con fuerte voluntad
su gran imperio.

Huellas en agua
ocultas a mis ojos
sueñan amores.

Espera vela
escribo bien paciente
un verso azul.

Puesto de modo
que confunda la mar,
es para ti.



Barcelona, 31 Octubre 2016

jueves, 27 de octubre de 2016

BRUMAS

Foto del autor




Brumas

Nos vendieron una modernidad
para qué saliera en los libros de historia.

Esa antigualla que se estudia
como complemento de las cosas importantes.

Las que quieren nuestros ilustrados conciudadanos,
esos que asisten impertérritos
aplaudiendo en la fiesta de la rosa
o en la sardinada playera popular.

Nombre que ofende al fino olfato
pero no a la degustación
del cargo público bien retribuido,
con alforjas bien llenas
y coche oficial a la puerta.

Nos vamos a entender,
para vosotros, por bien ganado,
gobierno de la nación.

Para nosotros ser vuestra conciencia
por cuatro años más.

Los demás que esperen a la puerta.
oh mejor en las plazas,

Que dios provea por todos ellos,
los cura que no hemos echado
algo harán por ellos.


A vuela pluma,
una mañana de otoño
 en Barcelona.



27 Octubre 2016

martes, 25 de octubre de 2016

LA MALETA

Imagen obtenida  de Internet





La maleta

Hacía pocos meses que se había mudado, la casa poco a poco iba cogiendo forma, bueno un poco, estaba un algo más acorde con la idea que tenía en mente, lo que pretendía, tardaría un poco más.

Pero al menos, ya no estaban paseando operarios por la casa, ni pintores, ni lampistas y todo eso que lleva actualizar una vivienda de segunda mano, por bien que esté.

Sentada en la terraza, oyendo el planear de los mosquitos, preparando sus armas de guerra para la noche que se avecinaba, se dedicaba a mirar la lista de todo lo que tenía que hacer antes de asistir al congreso.

No era gran cosa, le cabían todo, en un par de hojas tamaño folio, total era recordar cuatro cosas, la ropa para llevar y la de lucir, artículos de higiene personal, el neceser, unos dossiers, en fin todo lo normal para irse de viaje a la otra punta del país, donde suele llover día sí, día también, por estas fechas de las castañas.

Asistir a un congreso conlleva el hecho de llevar algunas cosas más, que en un viaje de puro placer vacacional. Cómo las gafas de leer por ejemplo.

Así las cosas, con la luz descendiendo en intensidad lentamente, para regocijo de los mosquitos prestos para la cena, se consoló al pensar que lo tenía todo controlado, era cuestión de meter las cosas en la maleta y ya está.

Al día siguiente, presentarse en el aeropuerto, cargando con esa especie de armario con ruedas escandalosas y a volar, con tres días por delante para ponerse al día con los compañeros de profesión.

¡La maleta!

¡Donde está la susodicha!

Estaba tan agotada, tras haber recogido los desperdicios desperdigados por una tropa de bárbaros, amigos por supuesto, que se habían presentado a cenar y a conocer su nueva vivienda que no había tenido tiempo de pensar en ella.

Lo primero mirar debajo de la  cama, lugar en el que evidentemente no estaba, con certeza pero por si acaso, sobre el armario, tampoco.
En el estudio, donde ya lo tenía casi todo organizado tampoco estaba.

Tenía miedo, pero no le quedaba otro remedio que adentrarse en el futuro cuarto de invitados, actualmente trastero a tiempo completo. 

Un sudor frío le recorrió todo el cuerpo, podía ser superior a sus fuerzas.

La puerta se resistió un poco, unas bolsas de ropa habían caído de las alturas oteantes de un sin número de cajas de cartón de origen, tamaño y procedencia, más qué desconocidos.

Con la insistencia típicamente femenina por descubrir las cosas ocultas tras las puertas, empujó y empujó hasta desplazar lo suficiente la puerta como para permitirle la entrada.

El lugar era dantesco, una profusión de cajas amontonadas, bolsas y paquetes por doquier, el tendedero , la escalera, el aspirador, cubos, fregonas, escobas, ordenador, impresora, libros, sombreros, cajas de zapatos, pero así  a simple vista, maleta no, no se veía ninguna.

Sólo se iba al día siguiente y no tenía maleta a la vista, no podía ser, las usó para traerse lo primero que tenía que ponerse en el piso nuevo.

Recordaba vagamente, haberlas dejado por ahí, si por ahí, dentro de ese cuarto grande, con un precioso balcón a la calle y un artesonado en el techo que le daba un toque de distinción.

Tras intentar colarse por los resquicios que ofrecían las torres de cajas sin demasiado éxito y con la mirada perdida en aquella multitud de objetos varios, opto visto el avance del tiempo, en ir sacando cosas al recibidor, para despejar.

Cuando no podían pasar ni los mosquitos en formación de combate por el pasillo, ella pudo hacerse una idea de todo lo que había sacado y todo lo que había depositado fuera de la habitación.

No, la maleta no estaba, evidentemente.

Sentada en un taburete de madera, observada por los mosquitos, los cuales habían cambiado de táctica, adentrándose por las pequeñas fisuras entre los bloques acartonados, en la conocida táctica de la fila india.

Decidió irse a tumbarse en la cama y al menos dormir un poco, ni que fueran un par de horas, ya pediría una maleta, aún tendría algo de tiempo.

Al ir a tomar un vaso de agua, en la cocina, allí, desafiante y en toda su plenitud, una maleta le sonreía con la picardía, de alguien que había sido pillada en falta.




Barcelona, 25 Octubre 2016


domingo, 23 de octubre de 2016

COSTURAS ANTES DE ACOSTARSE

Costuras antes de acostarse
Dibujo gentileza de rita_rr



Remendando
el alma,
cada noche.

Luna tras luna.
¿Y cuándo no está?
¡También!

Cosiendo  salidas
de un corazón  generoso.

Entregado como si,
 dejando el alma,
conquistase  su mundo.

Qué penoso es
ponerlo a sitio
cada noche.

Luna tras luna.
¿Y cuándo no está?
¡También!

Siempre cree
¡Esta vez sí!
¡Es amor!
Pero no.

Una vez tras otra
su entrega apasionada
es contestada con desdén.

Luna tras luna.
¿Y cuándo no está?
¡También!

Pasó la pasión
le robaron la ilusión.
Puntada tras puntada

Pregunta a la luna.
¿Esta vez sí?
Y ella se esconde
sin contestar.

Nuevas cicatrices
hablarán en la noche,
que nadie verá.
Pues no están, las heridas,
para ser enseñadas.
Solo la noche sabe
qué guarda el corazón.

Luna tras luna.
¿Y cuándo no está?
¡También!



Sarria, 23 octubre, 2016



viernes, 21 de octubre de 2016

ESTABAN MUY UNIDOS

                               Foto gentileza de I. C. C.


Estaban muy unidos, faltos de madre desde su más tierna infancia, los hermanos habían desarrollado un mecanismo de autodefensa conjunta, contra el hostil mundo que les rodeaba.

Aparte de los momentos del colegio en que estaban separados cada uno en su curso, el resto del día lo pasaban juntos jugando en total complicidad.

Cecilia ponía toda su sensibilidad en escoger los personajes y decorados del pequeño teatro de cartón, en que las tardes de mal tiempo otoñal les impedía salir afuera, al jardín que ya no tenía flores desde la ausencia maternal.

Pedro, en cambio, mezclaba sus soldados de caballería
americana  con las figuras del pequeño escenario, montando un Rey Lear de lo más moderno.

A medida que iban creciendo, a pesar  de sus evidentes cambios físicos, seguían manteniendo su unidad, propiciada por la poca presencia paterna, haciendo su necesidad de cariño más dependiente el uno de  la otra.

Se llevaban poco más del año y a pesar de la mayor edad de Pedro, Cecilia más decidida, era casi siempre la voz cantante.

Como era una casa amplia, sin padres dictatoriales que impusieran rígidas normas y los abuelos a penas les ponían cortapisas a sus voluntades, la casa era centro de operaciones de más de un encuentro juvenil, que empezó a dar pie a las primeras fiestas bailongas, con farolillos de colores, discos de música pop, cubatas generosos y mareantes cigarrillos rubios.

En esto apareció Ernesto, primo de unos de sus mejores amigos, los hermanos Vila, como ellos, pero a la inversa Carlos era el pequeño y Julia la mayor y con padres siempre presentes.

Ernesto venía a estudiar  a la ciudad, en la escuela de teatro. Y se instalaría a vivir durante el curso en casa de la familia.

Al ser un poco mayor que ellos y con la actividad que se proponía ejercer, los sedujo enseguida; encima les declamó con mucha intensidad los monólogos de Hamlet.

Perdidamente enamorados del recién llegado, los hermanos se separaron, por primera vez en su vida, con cierta desazón ante algo irreversible que no podían controlar. Ernesto había escogido a Pedro como pareja.