domingo, 22 de julio de 2018

MESIDOR




Foto de I.C.C.

Cristóbal & Raquel


Cristóbal era un hombre metódico, muy arraigado en sus costumbres y rutinas diarias.

Trabajaba de cajero en una entidad de ahorros preponderante  en el territorio.

Con lo cual era muy conocido por todo el barrio, pues quién más quién menos, pasaba alguna vez por su oficina.

Salía de su casa a las 7.45  de la mañana, entraba en uno de esos negocios que son panadería, bar, casa de comidas e incluso súper pequeño y se tomaba unas tostadas con mantequilla acompañadas con un café expreso con sacarina.

A las 8 en punto ya estaba en su puesto de trabajo, dónde Rogelio le tenía preparado el dinero para atender a los clientes y el estadillo correspondiente.

Uno de sus privilegios como veterano en la casa era que no tenía que hacer preparativos, llegaba y ya directamente se ponía a atender a la cola de ancianos que venían a pasar la mañana.

De todas formas, su plácida y ordenada vida laboral, pronto iba a cambiar.

El director les había comunicado el futuro cierre de la oficina, para convertirla en una especie de sala de estar, para gente con ganas de comprar las tonterías que les serían ofrecidas por dos jóvenes economistas, con su correspondiente máster.

Todos ellos, los fieles empleados que llevaban ahí, desde su pubertad y el director de la oficina, pasarían a engrosar las filas de desocupados o prejubilados; no tenían que sufrir por ello.

El jefe se abstuvo de decir, que gracias a sacarlos sin conflicto, él se llevaba un plus en el bolsillo en su despedida. Al haber evitada la visita del consabido hombre de negro, claro está.

Cristóbal, no sufrió extremadamente por ello, tampoco lo había hecho cuando murió su madre, apenas hacía unos meses. ¿Cuánto hacía?…Unos seis ya, cómo pasa el tiempo.

Recordaba cómo siempre, le decía: Cristobalito hijo, tendrías que buscarte una mujer que te cuide y te quiera, pero sobre todo que te cuide, que yo ya no estoy para muchos trotes…y así cada semana, varias veces.

El apenas emitía un gruñido, mientras los dos frente al televisor, se tragaban un espeluznante encuentro de parejas, donde se explicaban sus vergüenzas para ligar.

Ella lo ponía siempre para ver si él se animaba a buscar pareja y Cristóbal se limitaba a no llevarle la contraria a su anciana madre y seguir con sus crucigramas. Era todo un experto.

Ante tanta insistencia y con un futuro incierto, empezó a fijarse con detalle en Raquel, la pizpireta dependienta que le atendía cada mañana, poniéndole el café con sus tostadas, siempre sonriente.

Le costaba imaginarse a si mismo abordando a la moza en el plan que había visto en la tele, para empezar no llevaba tatuajes ni pendientes, hablaba de usted a todo el mundo, madre incluida y nunca se había quitado la corbata de su indumentaria, desde su primera comunión.

Así que se limitó a decirle cuando le sirvió el café:

         No me ponga sacarina por favor. Con su mirada ya está     suficientemente endulzado.

Y claro ella no era de piedra.


Raquel era una mujer, que se sabía con buena predisposición para el trato personal.

Ya de muy joven le gustaba jugar con sus amigas a despachar y atender comercios de todo tipo. La cuestión era vender cualquier cosa.

No muy interesada en continuar con sus estudios, como le pedían sus padres, enseguida entró a trabajar en una mercería, pero ya vio que eso no tenía mucho futuro, además de aburrido la clientela era toda femenina y centenaria.

Luego estuvo en una pescadería  y se hartó de que todo el mundo se apartara de su lado por el hedor que desprendía.

Así qué ya llevaba unos cuantos años en este negocio, donde se lo pasaba bien, si no fuera por las insinuaciones del dueño, cuando no estaba la señora, tras la barra.

Él se limitaba a poner el pan recién hecho en las cestas de exposición y atacar, por suerte se iba enseguida.

Con sus compañeras tenía muy buena relación, a pesar de ser la encargada.

Menos agraciadas que ella, en el reparto de interés por el dueño en su personal, y dada la buena camaradería, estaban siempre prestas a defenderla, si fuera necesario.

Hacían bromas con respecto a la clientela, al cajero de la oficina vecina, le llamaban “Cara palo” y a la señora Engracia la dueña de la pastelería, con una delantera bailonga, “la Flanes”. Al farmacéutico “el Aspirino” y así sucesivamente tenían bautizados a los parroquianos.

Las chicas le hacían chanzas, por el hecho de ser una solterona militante, no quería que nadie le marcara el paso, ya había tenidos sus aventuras, que no llegaron a más, por suerte, pues al final todos eran unos plastas.

Pero ellas aun soñaban con su príncipe azul, que las sacaría de su aburrida vida, para llevarlas a un cuento de felicidad sin fin. Y se ponían a reír de sus propias tonterías.

En esto, llegó un día que “Cara palo” dijo algo más que los buenos días de costumbre.

Y entonces todas, absolutamente todas, le pagaron la apuesta.


Barcelona, 22 Julio 2018


38 comentarios:

  1. Diábola o enamorada?
    Por el bien de carapalo espero que lo segundo.
    Besitos

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  2. Hola Alfred , al final... El carapalo se quedara con ella , jajajaja muy bueno tu relato , sabes me gusta la foto que acompaña este relato.
    Ah y otra cosa , gracias por prestarme tu foto , espero que hayas disfrutado mi relato, te deseo una feliz noche besos de Flor.

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    1. :) Muchas gracias!
      La foto es mérito ajeno.
      Lo disfruté y mi foto le añadió misterio. ¿A qué sí? :))))
      Feliz semana.
      Besos Flor

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  3. Se soltó Carapalo...
    A ver qué pasa...

    Besos.

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  4. Qué buen relato.
    Una vez más fue ella la que decidió, aunque él creyera que la decisión había sido suya.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias!
      Está claro que las decisiones siempre las toman ellas.
      Un abrazo.

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  5. Les deseamos vida feliz.
    Excelente historia :)
    Un abrazo.

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    1. Pues muy bien. Deseada está!
      Muchas gracias!
      Un abrazo.

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  6. Encantador tu relato Alfred y muy bien contado.
    Un gusto la lectura.
    Un abrazo.

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  7. Hola Alfred!
    Una historia distraída inspirada en una pequeña ciudad de hace algún tiempo, donde mucha distracción no había y la inspiración humana lo era todo. Me ha gustado.

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  8. Como dice; la mujer cuando quiere y el hombre cuando puede.
    Te dejo un abrazo, Alfred.

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  9. Hola Alfred, osea que ella esperaba que cara palo le dijese algo jeje, muy astuta, buen relato.

    Besos.

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    1. Hola Piruja! Lo único que parece cierto es que apostó por ello. :))
      Besos.

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  10. Cuando a unhola desabrido se le añade un halago similar, cualquiera se fija en el cajero cara de palo

    Muy buen texto, buena cadencia, Alfred. Un beso

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  11. Cuando nosotros vamos ellas hace mucho que han vuelto.... somos unos tontainas eh...

    Saludos.

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  12. Me ha encantado tu relato, amigo Alfred, me ha parecido entretenido y la foto es una maravilla.

    Un beso enorme.

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    1. Muchas gracias María, la foto es realmente buena, sí :)
      Un gran beso.

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  13. Muy interesante el relato y muy bella la foto.
    Veremos quien gana la apuesta y si los dos comen tostadas juntos, me ha gustado el relato.
    Un abrazo y gracias por tu visita y palabras de ánimo.
    Ambar

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    1. Muchas gracias Ambar.
      Bueno eso de momento ya está claro :)
      Te deseo todo lo mejor.
      Un abrazo.

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  14. Supongo que ellas esperan y ellos dan vueltas y tropiezan todo el rato con las mismas piedras..

    Pero hoy quiero buscarle el lado positivo a todo esto y pensar que saldrá bien, que existe algo de esa sustancia llamada esperanza.

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    1. Dicen...qué, la esperanza es lo último que se pierde.

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  15. Fantástico relato, hasta el final atrapada.
    La verdad que en muchas cosas os llevamos delantera jajajaja

    Besines

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  16. Vale, no quise ser abusona jajajajaj

    +besines

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    1. Llevo demasiado tiempo sin mi dosis habitual.
      Con ello quiero decir que siento la locura de otro modo
      Pues ella siempre está en mi, do forma más o menos sesgada pero presente al fin de al cabo.
      Quién si no, tiene un gramo de inspiración para poder ejercitarse en eso de escribir cosas y creérselas.
      Con un poco de Prozac administrado de tanto en tanto, puedo tirar indefinidamente, pero así, con una abstinencia tan prolongada, mis fuerzas menguan y mis intereses por más allá de una cornisa al mar, casi desaparecen y eso no es bueno.
      Pero como somos animales de costumbres, ya se sabe lo de tropezar en piedra ajena, insisto en intentar ver a través de una ventana, cuyo cristal cada vez está más opaco.
      Oigo el bramar de las olas al silbar del viento, gaviotas desesperadas por ser fieles al rumbo de ese barco desechando piezas, peinetas perdidas que no recogen una brizna de lágrima volátil.
      Pero tú no estás y la pantalla vacía no me ilusiona.
      También podría ser, qué tuvieras una vida más llena y un tiempo más entregado a otras causas y en eso me conformo, para volver a intentarlo más tarde.
      +Besines

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    2. Jajajajajajajajajajajaja.

      He de confesar que he sufrido de apatía verborréica, pero también espero pronto se cure.

      Se te quiere, caballero.
      Muchos+besines

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    3. :)))))
      Quiere eso decir, mi buena señora, que tendrá la gentil gracias de atender mis humildes deseos (Y de otros muchos seguidores, supongo) y poner algún escrito en su, de momento, abandonado blog?
      Querencias compartidas, excelsa dama.
      Muchos + besines

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  17. una hermosa historia de amor. Es una de esas historias con personajes nada convencionales. raros, si se quiere. Pero al fin y cabo de amor. ¿Es usted el autor? O mejor, es usted el mismo Cristóbal?

    Don Alfred, cordial saludo desde Guadalajara de Buga, Colombia.
    Gracias por pasar por mi blog y dejar su impronta de comentarios (en plural, porque espero no sea el primero ni el último de parte suya)

    Gracias y saludos desde la distacia.

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    1. Muchas gracias. Soy el autor pero no el protagonista. Son cosas de la ficción de esta manera vinieron.
      Se correspone el saludo desde Barcelona, Catalunya.
      He pasado algunas veces y no he comentado antes, pero si esta última vez y espero seguir en las próximas :)
      Un saludo desde una distancia que gracias a las nuevas tecnologias no lo es tanto.

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