martes, 13 de agosto de 2024

CELEBRANDO XXXII

 

Sa Riera (Begur) 

Foto de A.C.P.


 Qualsevol nit pot sortir el sol  

 Jaume Sisa 

 

 

Celebrando XXXII 

 

Al final llegó el atardecer, y después la ansiada noche y con ella la celebración de la verbena, para que se vieran bien los fuegos artificiales, la estela de los cohetes, las cascadas de las bengalas y el fuego de los petardos, nada mejor la oscuridad nocturna. Aunque el verano tiene la costumbre de que el día se retira tarde, y encima con la bendita costumbre de alterar el horario, mucho más. 

Pero ahí estaban todos expectantes, para celebrar el santo de Don Pedro, le hiciera más o menos gracia al homenajeado, por las ganas de ver el espectáculo por parte de parientes y vecinos. 

Ahí estaba todo dispuesto, en una mesa hecha con un buen y generoso tablón sobre caballetes, forrado de un mantel de papel, comprado a metros, sobre el que estaban dispuestos, vasos, copas, platos y servilletas, todo ello de vida efímera, o sea, de usar y tirar. 

En unos cubos de diámetro generoso, llenos de agua con hielo, estaban latas de refrescos varios, para la parte más joven de los asistentes, y cervezas para los más mayores. También el espumoso para brindar por la salud de Don Pedro, que no le falte, pues el que paga la fiesta. 

La ciudad, ajena a las ganas de verbena, de los asistentes a la fiesta, sigue con su ritmo habitual, de ignorar que la tarde declina y ya es hora de celebración. 

Se hacen corrillos en la azotea, por afinidades vecinales, edades y relación para con el anfitrión. 

Pedrito está atento a que le den la señal para iniciar el petardeo, mientras tanto con el portátil que se ha traído, hace sonar una selección de música escogida pensando en el tipo de público asistente, bailables sobre todo pensando en la generación paterna que era la predominante y algo más bulliciosa, para los jovenzuelos, todavía atados a la disciplina paternal.  

Los bafles hace rato que ya van caldeando el ambiente y las niñas, son las encargadas, como siempre, de poner el punto de espectáculo danzante, con los últimos pasos aprendidos con los videos de sus admiradasinfluencersesos seres que acaparan y marcan sus preferencias musicales, de moda y de gestualidad social. 

La vecina del ático, se contonea suavemente, al ritmo que suena, con esa carencia que su estático marido, a su lado, es incapaz de apreciar, mientras Tomás, sí que lo hace, e incluso la anima con la mirada y una cómplice sonrisa. 

Don Pedro se deja felicitar y agasajar por todos los presentes, menos los jovenzuelos que solo van a lo suyo y no sienten obligación alguna de quedar bien con él. Lo cual le importa poco al anfitrión, todo hay que decirlo. 

Don Pedro, con la copa en la mano agradece, a los que le felicitan e invita a los asistentes, a que al ritmo de la música se acerquen ala fastuosa mesa y platos en ristre, vayan degustando las ofertas presentadas. A la espera del momento adecuado para empezar el petardeo. 

José Carlos, está en plan acechante, para controlar a todos los presentes, que por el hecho de estar, son sus posibles enemigos, mientras su mujer intenta hacerle ver, que la vida bailando es más divertida. 

Arturo se había quedado en casa de Ofelia, intentando verle la gracia a una novela muy famosa de un irlandés tuerto. 

Ofelia por su parte, dejó su parche negro, cambiándolo por uno más festivalero, acorde con la noche que se presentaba, de color turquesa, haciendo juego con el vestido, con un toque como de purpurina en el cordón, al igual que en las sandalias. Al final optó por acudir a la invitación, en un acto de buena vecindad e incluso un poco en plan de estudio sociológico. 

Ernesto, nada más verla aparecer, salió presto hacia ella, antes de que nadie se le adelantase, para hacerle los honores y explicarle de que iba todo. Era todo un caballero a la antigua y como tal se comportaba. La verdad es que a Ofelia le hicieron mucha gracias todas sus ocurrencias, tal como le iba explicando lo que representaba ese tipo de fiesta. 

Teniendo en cuenta que estaba todo pensado para celebrar la cena familiar después, el acto de la verbena en sí, que incluía a los vecinos, se adelantaba a lo que era habitual en este tipo de festejos, teniendo un carácter más familiar y con los críos como más protagonistas, las correrías por la azotea con los chicos jugando eran de lo más divertido, sobre todo para las madres, en un intento infructuoso de evitar alborotos, cosa que no parecía importunar a los padres, muy enfrascados en discutir que este año tampoco se iba a ganar la liga, con un equipo tan joven e inexperto. 

Al final llegó la hora de inicio de los fuegos, una serie de cohetes salieron disparados con precisión militar, hacía la captura del espacio, haciendo unas maravillosas figuras al estallar por encima de sus cabezas, círculos de varios colores, que se rompían y caían en uniforme desfile, al son de la música escogida para la ocasión. Los críos se perseguían tirándose cebolletas a los pies, las víctimas más escogidas, eran las niñas, por que solían chillar más y mejor. 

Todos los presentes, copas en mano, alababan las figuras que se iban formando ante ellos, diciendo que cada año se superaban, los nuevos ponían cara de circunstancias, pues no tenían historial comparativo. 

El punto final a la fiesta por parte de Don Pedro, fue una cascada, desde la cerca de seguridad entre la azotea propia y la de la casa aledaña, que maravilló a todos los presentes. Tras la cual, Don Pedro alzó la copa para brindar por enésima vez, en agradecimiento por la presencia de todos los invitados, dando paso a la desfilada hacia su casa de los invitados a la cena, mientras el resto continuaban la fiesta a su libre albedrio. 

 

 

Sa Riera, 12 agosto 2024 

martes, 30 de julio de 2024

VERBENA DE SAN PEDRO XXXI



Foto de A.C.P. 




JO PARIS 2024 - Céline Dion chante  

"L'hymne à l'amour" sur la Tour Eiffel 

 à la cérémonie d'ouverture 



Verbena de

San Pedro (XXXI) 

 

Sí algún día, le parecía superfluo para celebrarlo, a Don Pedro, ese era la Navidad y por supuesto la Nochebuena, pero por encima de esas celebraciones tipo religioso familiar, estaban las de su santo y su correspondiente verbena la noche anterior, las consideraba un dispendio exagerado, un consumo anticipado de champagne, (pues cuando era algo que le atañía directamente y con todos los respetos para con su país y a pesar de la manía que tenía a los vecinos, lo prefería, sin lugar a ningún tipo de duda, al cava). Así que viniera toda su familia, en plan cariñoso, para celebrar su santo, asaltando cocina y bodega, sin ningún tipo de escrúpulo ni mesura, le alteraba su ya de por sí agudo mal humor. Pero sus preferencias al margen, la familia se presentaba, cada año puntualmente, para festejarlo, excusándose en que eso era lo que le hacía más feliz del mundo. Y no, no era así, pero tampoco los podía echar de su casa, así a la brava, encima los muy canallas, repetían con el rollo de que era verbena, se apuntaban por la noche y al día siguiente remataban la faena. Pero claro, también era el santo de Pedrito y a esto, el Don, no podía abstenerse. Así que ahí estaba él, dispuesto para el sacrificio, esperando a toda su familia, con la corbata puesta, pues por algo, todavía era el jefe del clan. 

Ofelia, no tenía nada previsto, sabía que en aquel lugar se celebraba una verbena por San Pedro, pero no estaba ella para muchas juergas y eso que le iba el bailoteo, pero tal como tenía la vista, no le apetecía salir por ahí, buscando jolgorio.  

Tomás se había tirado toda la tarde contemplando desde su barnizado mostrador, como los vecinos se pasaban la tarde, entrando con esa especie de carpetas, estilo arquitecto, en las que en vez de planos, llevaban enormes cocas de frutas confitadas y piñones, o de chicharrones y almendras, o bien ambas, más las correspondientes botellas de espumoso para regarlo todo y brindar por el verano, por algo era una casa burguesa. 

Pedrito por su parte, sin consultarlo con el resto de la familia y menos con el abuelo, se aprovisionó convenientemente, de una buena partida de petardos, bengalas y cohetes, para celebrar la verbena como es de rigor, con mucho ruido, luz y fuego. En esto tendría la colaboración de su tío Andrés, en estas cosas se apuntaba siempre, le iba la marcha. 

A José Carlos, todo lo que fuera poder meter las narices en casa de su padre, le parecía fantástico. 

Incluso estaba de buen ánimo para colaborar en llevar algo, de lo que se ocuparía evidentemente su mujer, que aún le hacía caso en todo. 

Ernesto, invitado ya de primera hora, había tenido tiempo de hacerse con una buena pieza para llevarle algo a su primo Pedro, que fuera digno de ellos dos, pues estaba claro que él participaba en el regalo, como algo más que un donante. 

Cuando Arturo le comunicó a Ofelia, que estaba invitada a la verbena a celebrar, aprovechó para preguntar si esto le incluía a él. Ella se quedó sorprendida de estar incluida en un evento familiar de ese calibre, le dijo a Arturo que se pusiera la pajarita, que iría de acompañante, Arturo respondió con presteza, yendo a buscar una pajarita acorde con la celebración festiva, que no era ceremoniosa. Arturo era un fiel seguidor a rajatabla de los protocolos.

Cosa que no le pasaba a Ofelia, que daba preferencia a la comodidad con elegancia, se limitó a prepararse un fresco y ligero vestido de tirantes, de un sobrio negro, que siempre le quedaba fresco y elegante. Calzada con unas sandalias romanas, de esas que permiten respirar a los pies con tranquilidad, en aquellas calurosas noches veraniegas que se estaban imponiendo, dadas las fechas y el tan cacareado calentamiento global. Al menos por san Pedro, la cosa era más tranquila y no había, fogatas por los cruces de la ciudad, como por san Juan.

La noche del veintiocho de julio, a la hora convocada, se inició la fiesta, en la azotea del edificio, previamente acondicionado por Tomás y los nietos de Don Pedro, con serpentinas, bombillas de colores, globos, mesas para poner un pica pica y las cubiteras con un champagne rosado, perfecto para unos entrantes, dado que estaban muchos de los vecinos que se habían apuntado al jolgorio de los petardos, puesto que la cena sería más tarde en el piso, a la cual solo irían los invitados.

(Continuará)


Terrassa, 30 julio 2024


Te