Ayer fue tarde de presentación literaria, digamos la oficial, pues para amigos y familia, ya había habido un pequeño acto, más o menos íntimo, para decir que tenía un libro, pero en el cual no me planteaba que eso quería decir que ya era un autor e incluso menos decir ser un escritor.
Pero ayer la cosa cambiaba, el acto se celebraba en un centro de cultura, en una entidad centenaria, fundada en el siglo XIX, por la cual han pasado auténticos prohombres del mundo literario.
Lo que influye en el hecho de casi considerarme un elemento furtivo, intentando saborear una tarde de gloria.
Pero caramba, al fin de al cabo, tengo un libro y lo he escrito con el sudor de mi teclado, algo de mérito tiene y así lo han manifestado los que al leerlo le han encontrado ciertas gracias.
Así que hete aquí que, encaramado a una tarima, protegido por una mesa solemne y ante un micrófono, me enfrento a un público guiado por una conductora de excepción que hace de la presentación todo un arte de seducción, en una conversación que sin darme casi cuenta y sin tener en consideración el respetuoso auditorio, fluye como un río sereno sin detenerse y sorteando grácilmente los pequeños desniveles que pueda encontrase en su camino.
Estar presentando un libro propio en el Ateneu Barcelonés, era algo que no hubiera imaginado hace muy poco tiempo, pero de la misma forma que se cumplió el sueño de publicar una novela, ahora me veo en entre estas venerables librerías que forran las paredes, conversando como si fuera un verdadero escritor.
¿Y por qué no? Lo pensé, lo escribí y lo publiqué.
Ahora sale en busca del juicio que le dará un mayor o menor recorrido, por parte de sus lectores, pero eso ya no es cosa mía.
O quizás sí, es cuestión de ponerme pesado.
Nota al respecto:
Dado que realicé una reimpresión para este segundo evento, dispongo de algunos ejemplares para poder enviar a quién quiera alguno, vía paquete postal, dedicado por el autor, o sea menda.