El regreso
En casa de Don Pedro, parece que ha pasado una tormenta, en la que el vendaval se ha llevado las cortinas y la lluvia ha limpiado a fondo los suelos hasta cambiarles el color.
Para los que no estaban avezados en el tema, parecía un desastre, pero su fiel ama de llaves, con años de experiencia, acompañada en estos días por un par de auxiliares o ayudantes para todo, estaba ya mentalizada, para cada final de la temporada navideña, incluyendo evidentemente superar la jornada real, se procedía a una limpieza general de toda la casa, incluyendo alfombras, cortinajes, librerías, cuadros, lámparas...en fin todo.
Era una costumbre mantenida en la casa desde los inicios como vivienda familiar y se continuó igual con el matrimonio de Don Pedro con Doña Águeda. (Q.E.P.D) Se consideraba que con tanta gente pasando por la casa, estaría cargada de bacilos y miasmas varias. Eran costumbres adquiridas por culpa de la famosa gripe, mal llamada española, posterior a la Gran Guerra.
En ese caos, don Pedro, parecía estar como ausente, o más bien como si no le afectara, eran ya muchos años con ello a cuestas y tampoco se iba a inmutar, por un pequeño alboroto casero.
Además, existía esa sensación de haber acabado con unos días que le hartaban bastante, con tanto adornito, felicitación, brindis, bueno eso no, no estaba tan mal, nadie se quejaba de que él usara su malta de cabecera, enviado desde origen directamente, comprado por cajas, por eso de la exclusividad y de evitar la alteración del producto, con tantos viajes, entre destilería, exportador, mayorista, almacén, importador y el distribuidor.
Era como una penitencia para él, soportar las visitas familiares, las comidas con celebraciones, y todas esas cosas de decorar la casa para la ocasión, con un frondoso árbol navideño y el montaje de un belén, con unas figuras preciosas del siglo XIX.
Particularmente estaba contento, aparte de por el final de la temporada navideña, en la que su querido hijo mayor, se limitó a comportarse con su estilo pomposo, pero educado y no dio la nota en sus famosos brindis por los antepasados, por el aviso de que Pedrito ya estaba de vuelta, se había escaqueado a base de bien, con su escapada a las pistas de esquí. Era con el que mejor se entendía.
En cuanto a José Carlos, en los diversos cruces de miradas que tuvieron, en ninguno asomó sombra de sospecha, es más su hijo primogénito, no hizo ninguna referencia al robot, cosa que sí hicieron algunos de los muchos miembros de las familias que sucesivamente iban pasando por la casa, sobrinos y políticos incluidos.
Tomás, tenía que estar ya, en su puesto de trabajo, con el rigor y presencia, que su cargo de conserje exige, en un edificio como aquel.
Don pedro estaba intrigado y tenía ganas de saber, sobre todo, por cómo había ido la operación Arturo para poder irse de viaje.
Eso solo, daría para una novela, que no es el caso, pues alargaría innecesariamente, el poder saber de los personajes en su situación actual.
Mientras todo esto del ajetreo en el piso de Don Pedro estaba en su cenit, en casa de su vecina, reinaba una paz excelsa, sonaba una pieza de jazz de inconfundible sabor clásico, con un saxo dominador, que no podía ser otro que John Coltrane, mientras en sala, concentrados ante un tablero de 8x8 casillas, una batalla entre blanco y negros, tenía visos de llegar hasta el final, cayera quien cayera en el combate, con tal de poder salvaguardar cada uno a su rey.
Mientras Ofelia se desesperaba, Arturo hacia como si la cosa no fuera con él y aprovechaba sus esperar para mover, haciendo un breve recuento de peripecias, de su viaje a las Maldivas.
Desde dicho viaje, le había quedado impuesto, el ir vestido con camisa y pantalón.
De las maldivas, volvió con la impresión de que sus habitantes, no tendría que bajarse de la cama, para poder remojar los pies en el mar.
Tomás, por otro lado, tenía un aspecto, como algo más orondo, el problema de sus navidades, culinariamente hablando, era que, a las costumbres propias de su familia al respecto, se le habían incorporado las de su nueva nacionalidad, lo cual, dadas las fechas, no era moco de pavo, precisamente.