Foto de A.C.P.
Un cierto silencio siempre es necesario para nuestra salud mental, incluso diría para poder funcionar mínimamente bien.
Digamos que soy partidario, de tener música puesta todo el día en muchos establecimientos, que sí son de ropa y más o menos juvenil, puede llegar a ser un sufrimiento para los oídos.
Por eso, una vez puestos en antecedentes, podéis entender mi manía, una vez dentro de mi sancta sanctorum, para poder escribir ya sea estos posts o prosiguiendo con la novela que ya está en fase de corrección y mejora, eso seguro, para poderla publicarla en un tiempo más o menos breve.
Pero la dicha y felicidad, no es fácil de conseguir, siempre hay quién a pesar de estar en un sitio, yo diría que casi sagrado, si no del todo, de absoluto silencio, indicado por todas partes, con los carteles pertinentes, pero siempre hay quien tiene esa necesidad imperiosa de hablar, que no puede esperar, el salir de la sala, ya sea al compañero sentado enfrente o atendiendo al maldito teléfono portátil que ya condiciona nuestras vidas de forma infinita y de eso yo mismo puedo dar fe, pues lo miro muchas veces sin necesidad alguna, ya es como un tic.
Como la corrección avanza lentamente y los posts se prodigan según el tiempo y hemos pasado mucha sequía, la cuestión es cualquier motivo de distracción se hace pagar, más si hay un elemento causante identificable.
Que es eso de tanta gente, bien preparando exámenes u oposiciones de distintos pelajes, armando bulla por aquí, ni que sea por la manada que representan, ante los adictos y fieles usuarios de la biblioteca, ya sea algunos para su columna periodística o para otros sus pulidos textos de flamante literatura o para los más, contar nuestras penas de forma más o menos artística.
Con lo cual y por todo ello, he puesto manos a la obra, para irme deshaciendo, poco a poco y sin llamar mucho la atención de todo ese exceso de personal, usuario del centro de forma improcedente, por cuanto rompen mi tranquilidad espiritual.
Mas que nada ha sido ir aprovechando cuando salen todos disparados, en ir añadiendo ciertas sustancias innobles, en los botellines de refrigerio que llevan.
Espero que sea mano de santo, bueno quizás mejor de algún diablillo.
Barcelona, 8 junio 2023.

