La Alhambra tiene algo que enamora,
será por sus cantares, sus flores o sus palacios.
Ahora nos queda esa otra mirada, la nuestra,
la que nos permite entrever sus gracias,
esquivando esos miles de visitantes
que no cesan en copar todos sus rincones.
Asombrarse con esas barandillas,
por donde el agua circula libremente.
Con sus muchos paseantes
todos embelesados ante tanta belleza
que no se esconde ni duerme.
Asomarse por unos arcos
para dejarse acariciar por el sol.
Esos edificios de espacios abiertos
con patios a la sombra donde canta el agua.
Cuesta asimilar lo que debió ser
en sus tiempos de máximo esplendor,
estar entre sus muros, vivir en semejante lugar.
Es de esos lugares que entristece abandonar
y continúas admirándolo en la distancia,
mientras te alejas esperando el regreso.
Octubre 2021













