jueves, 12 de marzo de 2020

LA PARTIDA

Foto de I.C.C. 



Al día siguiente 
 de que me haya ido, 
el Sol saldrá tranquilo,  
cómo tiene por costumbre. 
  
Los pájaros al verlo 
lo saludarán con sus trinos, 
agradeciéndole su calor. 
  
Las casas vecinales 
abrirán las ventanas 
para permitir su buena 
ventilación interior. 
  
Simultáneamente 
 empezaran a salir 
por sus puertas, 
 todos aquellos  
que con prisas 
 se dirigen al trabajo. 
  
Mientras, 
 habré dejado un cuerpo 
 ajado, viejo y tronado, 
sin suspiro para más.  
  
Una línea plana 
 indicará mi partida,  
no lloraré por ella, 
vosotros tampoco. 

 Quedaré varado 
cual barca vieja 
 y sin uso alguno  
en la playa eterna. 

 Sin sentir brisa 
en el cuerpo, 
olas en la quilla, 
ni amantes caricias 
en la popa. 
  
 Mis saladas lágrimas 
 se habrán quedado  
 junto a ese cadáver 
inútil y marchito 
 con la bomba parada. 
  
Me da tristeza 
  tener que molestar, 
  apenando vidas ajenas 
 con un disgusto  
que no ha de ser tal. 
  
 Pues la partida 
 siempre está anunciada, 
independientemente 
 de su puntualidad. 
  
  
Barcelona, Diciembre 2019 







He recuperado este texto, por considerarlo adecuado para estas fechas de neurosis colectiva y así poder despedirme si fuera el caso. 
  
Barcelona, 12 Marzo 2020 

Vistos los comentarios, os aclaro que no me pasa nada y es una simple elucubración sobre un hecho que forma parte de nuestra existencia: qué es su final.



domingo, 8 de marzo de 2020

MUJER & MUJER


Foto de I.C.C. 









Muchas veces despreciada 
Unas veces admirada 
Jodida siempre por todo 
Esperando la justicia 
Raras veces concedida 
  
                & 

Mil veces te llamaremos 
Una noche tras otra más 
Juntando labios y lengua 
En nuestro mirar altivo 
Rezando para que vuelvas. 








Barcelona, 8 Marzo 2020 




miércoles, 4 de marzo de 2020

UNA CRUZ




Todavía recuerdo la imagen, que sigue viva en mi mente, de la primera vez que vi una de ellas en plan recordatorio.
  
Me impresionó mucho siendo yo un niño, en aquel ambiente de tranquilidad absoluta, en un remanso de paz, en la orilla de un río, tener tal testimonio de una tragedia.

Hecha en madera, de aspecto rústico e improvisado, sin muchas ganas de llamar la atención, pero en recuerdo de un hecho luctuoso que le había supuesto al autor una pérdida irreparable.

Luego con los años fui viendo más y en sitios más visibles, sobre todo en carreteras. Algunas veces acompañadas de algún ramo de flores.
  
Se prodigan por todas partes, pero la cantidad y mi edad, hace que no tengan la fuerza necesaria para poder impresionarme del mismo modo. 

Aun así trato de imaginar cómo sería el aspecto sí pudiera ver cientos de cruces puestas en todos aquellos lugares donde ha muerto una mujer en manos de su supuesta pareja sentimental.

Eso poniéndonos en el peor de los casos, pues llevamos varios años en que la cifra de acciones violentas contra las mujeres en vez de disminuir crece.

Y tocando el peor de los temas en que la mujer sale perdiendo con respecto al hombre.
  
Pues hay mucho trabajo todavía pendiente, para que se vean sus derechos totalmente reconocidos a todos los niveles.

Pero estamos ante otro 8 de marzo, en donde se harán bonitos discursos, totalmente vacíos de voluntad de cambio, pero con capacidad de llenar los medios de buenas intenciones totalmente guardables en un cajón hasta el próximo año en que se necesite tirar mano de ellos.

Y seguiré pensando que un símbolo es sólo eso, pero sirve para recordar dónde hubo una desgracia, que se llevó una vida por delante y que alteró la vida de su entorno.

Mientras no se eduque en la verdadera igualdad y respeto por el prójimo, sea del género que sea y tenga el comportamiento sexual que quiera, no avanzaremos mucho en erradicar esos comportamientos que parecen gozar de la permisividad de los estamentos que deciden como han de regirse las normas en nuestra sociedad.



Barcelona, antes de otro 8 de marzo.