Foto de I.C.C.
Al día siguiente
de que me haya ido,
el Sol saldrá tranquilo,
cómo tiene por costumbre.
Los pájaros al verlo
lo saludarán con sus trinos,
agradeciéndole su calor.
Las casas vecinales
abrirán las ventanas
para permitir su buena
ventilación interior.
Simultáneamente
empezaran a salir
por sus puertas,
todos aquellos
que con prisas
se dirigen al trabajo.
Mientras,
habré dejado un cuerpo
ajado, viejo y tronado,
sin suspiro para más.
Una línea plana
indicará mi partida,
no lloraré por ella,
vosotros tampoco.
Quedaré varado
cual barca vieja
y sin uso alguno
en la playa eterna.
Sin sentir brisa
en el cuerpo,
olas en la quilla,
ni amantes caricias
en la popa.
Mis saladas lágrimas
se habrán quedado
junto a ese cadáver
inútil y marchito
con la bomba parada.
Me da tristeza
tener que molestar,
apenando vidas ajenas
con un disgusto
que no ha de ser tal.
Pues la partida
siempre está anunciada,
independientemente
de su puntualidad.
Barcelona, Diciembre 2019
He recuperado este texto, por considerarlo adecuado para estas fechas de neurosis colectiva y así poder despedirme si fuera el caso.
Barcelona, 12 Marzo 2020
Vistos los comentarios, os aclaro que no me pasa nada y es una simple elucubración sobre un hecho que forma parte de nuestra existencia: qué es su final.
Vistos los comentarios, os aclaro que no me pasa nada y es una simple elucubración sobre un hecho que forma parte de nuestra existencia: qué es su final.


