jueves, 29 de noviembre de 2018

UNA PALMERA







Foto facilitada por I.C.C.


Una palmera


S- ¡Buenos días!
P- ¡Buen día!
S- Luces hermosa aquí ante el mar.
P-  Gracias por el cumplido, pero algo despeinada estoy, con este viento…ya se sabe.
S- Me gusta ese aspecto salvaje.
P-  ¡Ya! Pero una no se arregla, para estar inhiesta como una guía para navegantes, con aspecto alocado.
S- No sabía que hacías de faro, sin luz pero con  la melena bien visible.
P- No lo soy, pero me imagino  que a bañistas, paseantes, pescadores y regatistas, les gusta admirarme. Soy así de coqueta.
S- Está bien eso de ponerse bien de buena mañana y alegrar a la gente con la propia hermosura.
P- Estas muy saleroso de buena mañana. ¿Te ha salpicado el mar?
S- ¡Qué va! Ya me gustaría a mí, con este calor que sufro, pero no llega hasta aquí su frescura.
P- Bueno yo tampoco puedo meterme en las aguas, estoy siempre aquí, enterrada en la arena, viendo a la gente corretear, a los perros mojándome y al viento despeinarme.
S- Todos tenemos nuestras contrariedades. A mí me critican por quemar a la gente y calentar en exceso al planeta, cuando la culpa no es mía, yo estaba antes que los humanos.
P- Yo no, me pusieron ellos para adornar el paseo frente el mar. Cosa que les agradezco. Peor sería estar en un desierto.
S- Veo que  estas  agradecida, eso es bueno. No todos lo hacen, teniendo a veces más de un motivo. A mi antes me adoraban como a un dios y ahora ni caso.
P- ¡Sí! Cada vez son más engreídos. Tanto que se creen que pueden con todo, mientras se cargan su entorno, pensando que ya más tarde, alguien dará  con la solución.
S- ¡Pues van listos!
P- Mira el mar que no dice ni mu, de lo asqueado que está, con tanto plástico.
S- ¡No me hables! Desde aquí lo veo todo. Hay una isla que pronto será un continente.
P- ¡Pues eso!
S- Me retiro, te dejo con la Luna.
P- ¡Vale! ¡Hasta mañana!



Barcelona, 29 Noviembre 2018


lunes, 19 de noviembre de 2018

EL BARBERO




Foto del autor




EL BARBERO                                                                                                                                  Figaro
(Con todo el cariño para Albada Dos)


Cosas de las modas, tras desaparecer una tras otra todas las barberías de barrio, esas con su cilindro dando vueltas indefinidamente por efecto óptico, ahora el estilo “vintage” las recupera y actualiza de nuevo. Con sus sillones blancos, sus suelos dameros, sus peluqueros barbudos, mucho cuero y mucha madera.

Antes era un oficio que pasaba de una generación a otra, padres a hijos por supuesto, en el que era impensable encontrarse con una mujer atendiendo, en su interior. Bueno en algunos de lujo había una mozuela haciendo manicuras, aunque eso era visto en plan  algo afeminado.

Como mucho, una madre autoritaria, le explicaba/imponía, sus gustos y criterio, de como tenía que quedar de pelado su nene, al pobre peluquero que le había caído en turno atenderla.

Como todo vuelve, ahora nos encontramos, con el mismo tipo de establecimientos, algunos recuperados, otros nuevos de trinca, pero con ese aire de olor a Floïd, imprescindible para darle autenticidad, en todos ellos.

La lástima, es que el sonido inconfundible de una tijera desmadrada, o la maquinilla subiendo por la nuca, ha dejado paso, a las eléctricas, esas que cortan de forma uniforme y desmadejada. Ni siquiera hay el riesgo de que pille un pelo ensortijado y produzca un tirón, con la consiguiente mueca de sufrimiento por parte del cliente.

También vuelven los paños calientes sobre la cara, preparando el terreno para el suave deslizar de la hoja de afeitar por cuello y mejillas.

Pasando cerca de esa nuez que en su vaivén, indica el grado de temor de la víctima sentada y dispuesta a la libre mano que afeita su rostro.

Antes lo suyo era escuchar la perorata del barbero sobre la actuación en el último partido de liga del equipo local, o la valentía o su ausencia, mostrada en la plaza de toros, por el matador de moda, en caso de ser ciudad con ella.

Más tarde se apunto la radio, como elemento de distracción, con gran alegría por parte de los clientes que sólo querían un poco de tranquilidad, y ante la radio no tenían que molestarse en contestar, ni siquiera con monosílabos.

Ahora, suelen poner música del gusto de la cadena de turno, con parámetros de valoración en función de agradar al mayor número de clientes. Con lo cual te pierdes, por ejemplo el ir a parar a una barbería en la que el dueño era un amante del bel canto y era capaz de entonar sin rubor alguno un aria entera de Puccini.

Todo esto viene a cuenta por que a una buena amiga le ha dado por recuperar un viejo texto, los post envejecen rápidamente hoy en día, donde la actuación de un profesional de la navaja, con sueños de lo más intrigantes, me ha puesto en antecedentes de que todo vuelve.

Pero no sé, si conseguirán revivir esa atmósfera, ese ambiente que se creaba, cómo de lugar sagrado, con sacrificios incluidos, en el que se oficiaba un símil de culto, donde el barbero era el oficiante y el cliente la víctima propiciatoria.

Realmente no había previsto la posibilidad desempolvar mi vieja navaja y afilarla con el cariño que se merece una buena nuez.


Barcelona, 15 Noviembre 2018


jueves, 15 de noviembre de 2018

AGUA DEL CIELO





Foto del autor  







Cielo plomizo
gris perdido,
amenazando lluvia
como días pasados.


La predicción se cumple,
el agua cae desmedida,
sólo la paciencia
 nos retiene sin remedio.


Nubes cargadas,
cielo entristecido,
dicen que el agua
es bienvenida,
cómo fuente de vida
que es.



Pero el ambiente
está triste,
demasiada lluvia
nos fastidia,
perjudica,
Y nos malhumora.


Los muertos
han perdido sus ropajes
y su desnudez,
pero no se quejan.


Nadie les escucha,
por mucha fiesta
organizada para ellos.


No hay tratos,
sólo tristeza
humedad
y silencio.


El agua del cielo,
limpia  lápidas,
pero desluce  flores.



Barcelona, 15 Noviembre 2018



viernes, 9 de noviembre de 2018

AMOR Y MAR




Foto de I.C.C. 


Palabras de amor y mar



Ante el mar,
siento,
de forma especial,
todo aquello
que nos une,
e incluso
lo que nos separaría,
en un hipotético
futuro incierto.


Contemplando
esa inmensidad,
escuchando el bramar
de olas juguetonas,
soportando con pesar
la ingrata compañía
de chillonas gaviotas,
que no me evitan,
pensar en el amor.


Me quedo quieto,
maravillado,
embobado,
perdido,
 en reflexiones,
que de fatuas,
 tienen más,
que de sesudos
 planteamientos metafísicos.


Anestesiado,
 por el vaivén
de las aguas,
 ahora calmosas,
contemplo absorto
 esa inmensidad
ante la cual,
mi pequeñez
me es confirmada.


Olas que me hablan
de principios básicos,
y me sumergen
en mis propios
pensamientos,


Los que me veo
incapaz de analizar
asimilar
comunicar,
explicar,
pero están ahí.


Esos que me
definen y desnudan,
 ante la compañía,
con quién comparto todo,
dudas incluidas.


Barcelona, 9 Noviembre 2018



miércoles, 31 de octubre de 2018

LA CASTAÑADA



Foto del autor




Noche de castañas


Tradicionalmente la noche del treinta y uno de octubre, es muy usual reunirse con amigos para celebrar la castañada.

Con la excusa de la llegada del frío y la fecha dedicada a los muertos, se busca la buena compañía, para comer castañas asadas, dulces de mazapán (por aquí, los famosos panallets) y buenos tragos de vino o lo que se tercie, para animar y calentar el cuerpo.

Los de aquel grupo no iban a ser menos, y atendiendo a que uno de ellos, disponía de una casa en la montaña, se pensó que era el sitio ideal para celebrar la castañada.

Eran tiempos en que la influencia anglosajona no estaba tan afianzada.

Se pusieron de acuerdo en quién  llevaría el qué, para celebrarlo adecuadamente y que no faltara de nada.

Tampoco eran tiempos de móviles y la logística era un poco más rudimentaria.

Se repartieron unas hojas con la ruta a seguir, indicando bien los cruces, para que nadie se perdiera, pues el lugar estaba a una distancia considerable, según la pericia de cada uno, no menos de dos horas.

Cuando empezaron a llegar los invitados, la casa ya empezaba a estar algo caldeada, gracias a que el anfitrión había podido llegar con la antelación suficiente para hacerla más habitable.

Al ser un caserón de dimensiones importantes, habían decidido quedarse por donde estaba la cocina, con su hogar encendido, y utilizar una sala contigua como habitación comunal, pues el frío era notable.

A medida que el personal iba  llegando, toda la gente mostraba sus aportaciones, con lo que las salvas de aplausos se sucedían.

Poniendo las viandas sobre una mesa, de esas de madera rústica con generaciones de comilonas en su haber, ahí quedaba el queso, jamón, tortillas de patatas, boniatos, las imprescindibles castañas, vino, los golosos panallets, moscatel, aguardiente, en fin todo tipo de bebidas y provisiones.

Como es normal entre la preparación y puesta en la mesa y su posterior consumo, la conversación no cesó un instante, con más chanzas que seriedad en su transcurrir.

En el devenir de la cena, se fue la luz presumiblemente gracias a la tormenta que se había desatado en el lugar, con gran presencia de aparato eléctrico.

Como no podía estar de menos, en una noche tan señalada, se habló de la muerte y de los espíritus; cada cual miraba de ver quién soltaba la historia más truculenta,  llegando a decir el anfitrión que en aquella casa habitaban, unos fantasmas de los antiguos propietarios, muertos en una revuelta en épocas carlistas.

Evidentemente se tomó a chanza por el resto del personal, llegando a pedir realizar una visita nocturna por las estancias de la casa en su búsqueda, para darles un poco de aguardiente del bueno y así calentarles su frío espíritu.

Dicho y hecho, se levantaron y con los animosos grititos de las chicas, nadie se quiso quedar atrás en la búsqueda de los consabidos habitantes misteriosos del caserón.

Con linternas, luces de  gas, e incluso una improvisada antorcha hecha con un tronco al que le habían puesto un paño empapado en aceite.

El anfitrión se puso delante para indicar el camino e ir abriendo las innumerables puertas que tenía la casa, subieron hasta las golfas, para luego bajar al sótano, todo ello al ritmo de la conga haciendo un trenecillo ruidoso y luminoso.

Para cuando estaban en la inmensidad del sótano, donde había desde antiguas caballerizas hasta las tinas donde se hacía el vino, el anfitrión había desaparecido.

Por más que lo llamaron  y exploraron durante horas por toda la casa, recorriendo otra vez todas las estancias, no hubo manera de dar con él.

Al final cansados de buscar y estando al clarear del día, se optó por regresar a la ciudad, considerando el hecho una broma de mal gusto por su parte.

Los espíritus los vieron partir, con la satisfacción de quién se saca una visita desagradable de encima.

Aquel grupo de amigos, con el paso de los años y a medida que las responsabilidades familiares y laborales aumentaban, se fueron distanciando entre ellos.

Llegando a olvidar o al menos  no mencionar, nunca más la desaparición de su amigo, del cual no volvieron a saber nada más.

Pero creo que todos ellos, cuando vienen estas fechas me recuerdan un poco.


Barcelona, 31 Octubre 2018



miércoles, 24 de octubre de 2018

¡LLUEVE!




Foto del autor




¡Llueve! 


El cielo negro
se descarga a gusto.
Toda su agua es poca.

¡Llueve!

Las nubes olvidan
nuestras querencias,
vacíándose enteras.

¡Llueve!

Los paisajes se anegan
cómo ojos
de viudas marchitas.

¡Llueve!

Animales perdidos,
se ahogan,
en ríos desbordados.

¡Llueve!
Un niño  no vuelve a casa.
Su búsqueda será en vano,
el barro le hace mortaja.

¡Llueve!

El mar pierde su color,
el lodo lo invade todo,
los peces quedan ciegos.


¡Llueve!
Una vaca contempla,
tras el desastre,
su desolado prado.


¡Sale el sol!

El cielo no llora,
Los mortales sí.




Barcelona, 21Octubre 2018


martes, 9 de octubre de 2018

LISAS




Foto cortesia de I.C.C.



Lisas



El sordo ruido del caer de un bulto indefinido a las aguas del puerto en este atardecer otoñal, sólo atrae la sorda atención de las lisas del puerto.

Siempre prestas a beneficiarse, de todo aquello que les lanzan  esos seres tan curiosos y numerosos, que deambulan por el muelle.

Pero a esa hora en que la penumbra se va cerniendo sobre el muelle, hace rato que se han ausentado turistas y paseantes autóctonos con ganas de serlo, pero que se conforman con parecerlo en su propia ciudad.

Si no, de qué se iban a estar por aquella zona, tan masificada durante el día.

Respirando cien olores diferentes, de los numerosos puestos de artículos más o menos comestibles, siempre en oferta.

Pero a esta hora, ya no hay nada de ese bullicio, ni de olores, ni siquiera queda personal de los que recogen los tenderetes de artesanías multiculturales procedentes todas ellas de la misma frontera.

Acostumbradas a comer cualquier cosa, a las lisas no les importa mordisquear las orejas de aquel ser, recién introducido en las frescas aguas portuarias.

El sonido del entrechocar  cabos con los palos, de los innumerables yates que se hacinan como bancos de sardinas, apenas amortigua ese sonido característico del caer de un cuerpo inerte en el agua.

Pero ahí está él, donde no debe, para ver lo que no le conviene.

Si se hubiera podido acercar al bañista accidental, su cara no le hubiera pasado desapercibida, hay banqueros casi tan famosos como los roqueros más afamados.

Este había salido últimamente mucho más de lo estrictamente oportuno, en los telediarios durante todo un mes de un proceso, nada satisfactorio para los factótums, que gobiernan en la sombra.

Ya no era uno de ellos y el hablar demasiado conlleva la frialdad de un baño nocturno con exceso de peso en el equipaje.

Nuestro hombre sólo vio el alboroto de las lisas acudiendo prestas al reclamo de un posible alimento. Y sintió con mucho más dolor el hecho de su curiosidad fuera de tiempo.

Al siguiente chapoteo en las tranquilas aguas portuarias, ninguno de los habitantes instalados en los yates, (ya se sabe que el precio de los pisos,  ha promocionado su uso cómo vivienda), osa siquiera asomarse por  la borda.



Barcelona, 9 Octubre 2018