domingo, 23 de octubre de 2016

COSTURAS ANTES DE ACOSTARSE

Costuras antes de acostarse
Dibujo gentileza de rita_rr



Remendando
el alma,
cada noche.

Luna tras luna.
¿Y cuándo no está?
¡También!

Cosiendo  salidas
de un corazón  generoso.

Entregado como si,
 dejando el alma,
conquistase  su mundo.

Qué penoso es
ponerlo a sitio
cada noche.

Luna tras luna.
¿Y cuándo no está?
¡También!

Siempre cree
¡Esta vez sí!
¡Es amor!
Pero no.

Una vez tras otra
su entrega apasionada
es contestada con desdén.

Luna tras luna.
¿Y cuándo no está?
¡También!

Pasó la pasión
le robaron la ilusión.
Puntada tras puntada

Pregunta a la luna.
¿Esta vez sí?
Y ella se esconde
sin contestar.

Nuevas cicatrices
hablarán en la noche,
que nadie verá.
Pues no están, las heridas,
para ser enseñadas.
Solo la noche sabe
qué guarda el corazón.

Luna tras luna.
¿Y cuándo no está?
¡También!



Sarria, 23 octubre, 2016



viernes, 21 de octubre de 2016

ESTABAN MUY UNIDOS

                               Foto gentileza de I. C. C.


Estaban muy unidos, faltos de madre desde su más tierna infancia, los hermanos habían desarrollado un mecanismo de autodefensa conjunta, contra el hostil mundo que les rodeaba.

Aparte de los momentos del colegio en que estaban separados cada uno en su curso, el resto del día lo pasaban juntos jugando en total complicidad.

Cecilia ponía toda su sensibilidad en escoger los personajes y decorados del pequeño teatro de cartón, en que las tardes de mal tiempo otoñal les impedía salir afuera, al jardín que ya no tenía flores desde la ausencia maternal.

Pedro, en cambio, mezclaba sus soldados de caballería
americana  con las figuras del pequeño escenario, montando un Rey Lear de lo más moderno.

A medida que iban creciendo, a pesar  de sus evidentes cambios físicos, seguían manteniendo su unidad, propiciada por la poca presencia paterna, haciendo su necesidad de cariño más dependiente el uno de  la otra.

Se llevaban poco más del año y a pesar de la mayor edad de Pedro, Cecilia más decidida, era casi siempre la voz cantante.

Como era una casa amplia, sin padres dictatoriales que impusieran rígidas normas y los abuelos a penas les ponían cortapisas a sus voluntades, la casa era centro de operaciones de más de un encuentro juvenil, que empezó a dar pie a las primeras fiestas bailongas, con farolillos de colores, discos de música pop, cubatas generosos y mareantes cigarrillos rubios.

En esto apareció Ernesto, primo de unos de sus mejores amigos, los hermanos Vila, como ellos, pero a la inversa Carlos era el pequeño y Julia la mayor y con padres siempre presentes.

Ernesto venía a estudiar  a la ciudad, en la escuela de teatro. Y se instalaría a vivir durante el curso en casa de la familia.

Al ser un poco mayor que ellos y con la actividad que se proponía ejercer, los sedujo enseguida; encima les declamó con mucha intensidad los monólogos de Hamlet.

Perdidamente enamorados del recién llegado, los hermanos se separaron, por primera vez en su vida, con cierta desazón ante algo irreversible que no podían controlar. Ernesto había escogido a Pedro como pareja.


sábado, 15 de octubre de 2016

BARCAS

Foto gentileza de I.C.


Tras la tormenta,
barcas acostadas
sobre húmeda arena,
reciben un sol otoñal.

Tras días ausente
venir a vernos decide.

Las nubes se resisten,
cortinas pudorosas,
dejarle ver un mar
aun embravecido.

Calmaran sus momentos
las horas calurosas.

Lo cotidiano se recupera
tras unos temporales
en donde la lluvia
ha sido única compañía.

Dicen que tras la tormenta
viene la calma,
esa tranquilidad
que regresa
tras el apremio de luchas,
cualquiera que tengamos
contra  todos, contra algo.

Cosa constante en la vida,
asoma el sol un día más.



Barcelona, 14 Octubre 2016.


miércoles, 12 de octubre de 2016

EL DESCUBRIMIENTO

Imagen de Internet




Doce de Octubre
la efemérides.

Cuando llegaron
nadie les esperaba.

Cruzando el océano
tras una estrella
desconocida,
encontraron
un nuevo mundo.

Se asombraron,
no había controles
de inmigración
a la entrada,
pasaron sin más.

Fueron escuchados
sin problema alguno,
incluso aceptaron
sus fatuas ofrendas,
dándoles sus tesoros.

No desconfiaron  para nada
hasta que fue tarde para ellos.

Oídos sus descubrimientos
se produjo un efecto llamada.

¿Cuántos murieron
atravesando el mar?

Ya sea por aventura,
acuciados por  hambre,
huyendo de la miseria,
perseguidos por ideas.

Obligados a la fuerza,
y los más oscuros
domesticados como
 buenos esclavos.

Les impusimos por fuerza
costumbres desconocidas,
creencias diferentes.

Les llevamos enfermedades
para las que no tenían cura.

Ahora nosotros lo celebramos
y ellos, bien, gracias
algunos  siguen ahí.




Sarria, 12 octubre 2016.

lunes, 10 de octubre de 2016

CLICK-CLACK



Imagen obtenida en la red


Ahora lamento el haber dejado de usar corbata, ese complemento tan masculino adornando nuestro cuello, al que los psiquiatras le encontrarán un símbolo de ostentación sexual.

En tiempos antiguos, ya soy mayor, era símbolo de buena educación y corrección social, nadie acudía a sus labores, ni salía de encuentro mundano, sin ella puesta,

Sentías el cuello bellamente abrigado, para los tiempos cambiantes como ahora en otoño, en que un suave viento transporta nubes hacía nosotros, quitándonos las caricias del sol.

Sus combinaciones de colores y dibujos te entretenían un poco ante el espejo, hasta encontrar la que se adecuaba mejor con el tono de la camisa y del traje.

Te sentías satisfecho cuando, ya puesta, merecías la aprobación primero de la madre y más tarde de la pareja, mujeres siempre vigilantes de que luzcas bien.

Las corbatas han ido perdiendo importancia social y ahora son un elemento vintage, que encima usan las modernas.

Aun recuerdo la tranquilidad que daba acariciar una prenda de seda, resistente y hermosa, con la longitud suficiente, para llegar al cinto.
En el colmo de la elegancia, le ponías una pinza, si era de oro, pero sin pasarse en la ostentación, mejor, dando un toque suave de distinción.

Ahora voy a cuello descubierto, como un jovenzuelo más, sin darme cuenta de que perjudica esa garganta tan delicada, castigada por los ronquidos orquestales que suelo regalar en solos poco aceptados.

Pensaréis que todo esto son tonterías, que solo es una prenda más en desuso y que cualquier día superaremos los conceptos burgueses de la historia y se volverá a llevar como todo. Ya saben, la ley del péndulo, que rige la vida.

Pero es que ahora, justo ahora, me sería muy necesaria, en un acto de justicia extrema, consolaría mis castigados oídos, tras utilizarla, anudándola en su cuello, con total garantía, para acallar los insoportables click-clack, machacones y continuos que provoca esa muchachuela con sus rotuladores fosforitos, subrayando de manera desaforada e impertinente, los párrafos de su cuestionario, ahora verde, click-clack, ahora rosa, click-clack, ahora amarillo, click-clack, ahora violeta click-clack, ahora calabaza, click-clack, cada vez un  click-clack penetrante que rompe el silencio sagrado de la biblioteca en la que me siento un santo varón, dedicado a la práctica calmada y silenciosa de juntar letras, para con gratas palabras, formar elegantes frases que conformen los más bellos poemas.

Luego escribiría cómo los cambios de color de su cara, pasando del blanco puro hasta el morado reivindicativo, me recordaban esos cambios en la masa forestal que el otoño provoca.


Barcelona, 10 de Octubre del 2016.



jueves, 6 de octubre de 2016

HUELLAS



Imagen tomada de internet




A veces, en los paseos por la red, admirando los blogs amigos, te encuentras alguna cosa que te atañe directamente o te hace caer en algo que no le dabas importancia.

Así estaba ayer tranquilamente leyendo “En la suela de mis zapatos “del blog “La reina del país de los hongos” cuya autora es la genial y siempre sorprendente por lo directa en sus exposiciones, La MaLquEridA, como dice Toro, "Un corazón de sol escondido".

Entonces recordé, esa sensación pringosa en la suela de los zapatos por haber pisado un líquido viscoso, pegajoso, oscuro y seguramente maloliente, en el rellano de la escalera, compartido con otro  piso.

Después de dejar unas huellas marcadas en mi camino hasta el ascensor, dentro de este y luego en la portería, restregué concienzudamente las suelas de los zapatos en la tierra libre de excrementos perrunos de un alcorque, lo cual no es fácil, encontrarlos vacíos, no frotar los pies en ellos.

Seguí camino hacía mis ocupaciones programadas para ese día, estoy jubilado y me importa un pito cambiarlas, pero hay que tener una agenda, es lo primero que te dicen para que no te quedes parado sin hacer nada o dando la paliza a gente que tiene muchas cosas que hacer.

El tema fue olvidado y cuando regresé a casa a última hora de la tarde, estaba todo limpio y eso hizo que no volviera a pensar en ello.

Pero las cosas son tozudas y las desagradables más, y un mes más tarde, día por día, el trece para ser más exactos, volví a encontrarme con el desagradable charco.

Esta vez lo vi a tiempo y pude rodearlo sin manchar las suelas, por eso no entendí cuando la encargada  de la limpieza de la escalera, me llamó la atención por dejarle el suelo hecho un desastre, tras salir del ascensor dejando una huellas sanguinolentas.

Lu juré y perjuré que no era cosa mía, que estaba todo el rellano sucio y que logré esquivarlo pero alguien no lo debió conseguir y seguramente había manchado el suelo del ascensor, y esto no lo había visto.

Ella con los ojos muy abiertos, donde destacaba el blanco de sus ojos, sobre el negro semblante de su cara, como en una película de cine mudo, me señaló el suelo del ascensor impoluto.

Me miré las suelas de un ligero color rojo amarronado y salí a la calle, haciendo la misma maniobra que el mes anterior, pero en otro árbol.

Al regresar a casa, tuve la suerte de coincidir con el presidente de la escalera, un personaje pequeño y nervioso, que siempre está acarreando cajas, de su casa al cuarto trastero en que se ha convertido lo que conserjería.

Le comenté el hecho de la sorpresa encontrada en el suelo y sus repercusiones en la limpieza de la escalera y mi asombro un tanto asustado esta segunda vez.

Me mió con sus pequeños ojillos, muy centrados sobre su aguileña nariz, en la que descansaban unas gafas metálicas camino de una caída libre.

Puso cara de desconcierto, diciéndome que yo tendría que saber de qué se trataba, pues era el único vecino del rellano en cuestión, dado que en el otro piso no vivía nadie, no estaba habitado desde hacía más de diez años.

Me quede pensativo y desconcertado o mejor al revés, luego recordé que nunca me había cruzado con nadie, nunca había escuchado ni voces, ni ruidos, ni música, ni nada de nada.

Le comenté que la cosa en cuestión, estaba en la otra puerta, no en la mía y qué igual había reventado una cañería o algo por el estilo. Que era cuestión de actuar con la máxima urgencia.

Subió conmigo para contemplar lo limpio y brillante que lo había dejado la encargada de la limpieza.

Miró por la parte inferior de la puerta por si había quedado algún resto e incluso se pasó a mi lado y levantó el felpudo, como un sabueso profesional visto en la tele. Ya le había dicho que de mi casa no era.

Poniéndose las gafas en su sitio, me contestó que miraría de hablar con el administrador por si tenía llaves del piso en cuestión y se podía hacer una inspección visual con carácter de urgencia, para poder esclarecer que estaba pasando.

Se despidió educadamente pero mirándome con desconfianza, poniéndose las gafas una vez más, me limite a entrar en casa y olvidarme de todo aquello, no quería que me afectara lo más mínimo. Tengo cierta facilidad para abstraerme de lo que no me gusta.

No me lo volví a encontrar, la cosa viscosa no volvió a aparecer y la limpiadora me saludaba con menos entusiasmo.

¡Ah sí! Tiempo más tarde, me enteré, por casualidad y como de pasada, que habían cambiado al presidente. Lo había detenido por abuso de confianza y prácticas delictivas; un asunto de usar un piso vacío para ciertas actividades llamadas contra natura.


Para La MaLquEridA.

Sarria, 6102016.






miércoles, 5 de octubre de 2016

CANTOS SILENCIADOS



Foto del autor



Tengo imágenes retenidas
de cuando los tiempos
eran compartidos.

Una triste imagen
me enternece el alma.

Son cosas que pasan
cuando los cantos cesan.

¡No podemos hacer nada!
Eso dicen.

Para evitarlo.

Quizás sea verdad,
pero esos cantos
siguen sonando
en mi interior.



Sarria,  05 Octubre 2016