sábado, 19 de septiembre de 2015

RELOJ DE ARENA

                          Foto obtenida de Internet

RELOJ DE ARENA

Cuando acabaron el juego, recogieron el tablero las fichas pero no el reloj, ese viejo reloj de arena, que desde tiempo inmemorial, arbitraba el tiempo adjudicado a cada contendiente, para dar respuesta a su desafío.

Tiempo observado con impaciencia por sus rivales, para una vez transcurrido, gritar al unísono ¡Tiempo! Y poder ser ellos los que proseguir el juego, dejando al perdedor del turno, cabizbajo por no haber podido poner  todas las fichas adecuadas para  finalizar y ganar.

Normalmente el reloj lo ponían verticalmente, dentro de la caja del juego, en su lugar correspondiente y se vaciaba la esfera superior, dejando su función a la espera de ser sacado de nuevo y activado para una nueva partida.

Pero aquella tarde, recogieron con prisas, les esperaba una salida en coche y tenían que apurarse, pues amenazaba lluvia.

Cuando ya se iban, vieron el viejo reloj de arena sólo, en una esquina de la mesa, olvidado sin guardar en su caja, dada la premura por irse, una mano amiga se limitó a cogerlo e introducirlo en el cajón de la cómoda, donde guardaban los juegos de mesa.

El reloj se acomodó como pudo dentro, cayendo de lado, de tal forma que las dos esferas, retuvieron la misma cantidad exacta de arena, ni un grano más, en una que en otra.

Por circunstancias extrañas que la física no puede revelarnos, esa casual circunstancia, produjo un efecto inusitado, el tiempo se quedó estático, parado.
Como un efecto de congelación ultra rápida, todos los actos quedaron detenidos en un segundo eterno.

Evidentemente no llovió, tampoco fueron al coche, las motas de polvo no llegaron a caer sobre la mesa, el tipo de la tele se quedo con su sonrisa dentífrica puesta, los números del  ruter  no avanzaron y su mano seguía en al cajón, sin llegar a cerrarlo del todo.

La sensación era la de pertenecer a un cuadro híper realista, todo bien definido, bien mostrado, una viva imagen familiar, con los elementos  precisos para juzgarla, como una buena estampa hogareña. “Salida de casa”.

Lo único bueno de aquella situación tan extraña, era que su amor era eterno, tenía su enjundia, pero al fin lo habían conseguido.

Lucas rompió el encanto, aquel travieso ratón, indultado por el peque de la familia, de ser ejecutado por un fuerte y seco escobazo, gracias a unos lloros desconsoladores, se coló por la ranura aun abierta que permitía observar su interior.

Qué podía buscar dentro, nadie nunca lo sabrá, porque no le afecto la falta de tiempo tampoco, si notar  sus consecuencias; en su chafardería empujo con su hocico al viejo reloj de arena, observaba su interior como una  posible fuente de sabrosas migas,  sacándolo así de su horizontalidad.

Un grano se decantó y la mano acabó de cerrar el cajón, dejando en su interior al pobre Lucas, sólo, a oscuras y sin migas.

La televisión se quedo sin su presentador estrella, el display enloqueció saltando números y las motas de polvo fueron depositándose suavemente sobre la mesa.

Las ansiosas gotas de una lluvia incipiente, cayeron con el apremio propio de un otoño por llegar, aun no tenían hojas que amortiguaran su caída, siendo absorbidas por una tierra sedienta.

Aquella tarde, les pareció que oscurecía antes, al estar nublado no lo notaron  raro, corrieron para evitar el agua que les caía encima, riendo sin más.

Pero si les sorprendió el ver la poca gente, que un viernes por la noche,  había en la pizzería y que muchos de sus platos preferidos, se hubieran acabado.



14 comentarios:

  1. Es muy bueno, Alfred,, me ha encantado

    Un beso

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    1. Muchísimas gracias por tu entusiasmado comentario.
      Un beso!

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  2. Un misterio de la física, muy bien descrito.

    Un saludo, congelado en el tiempo.

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    1. Horror se me ha quedado la mano congelada al estrechar la tuya, al saludarte.

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  3. Entre la vida y la muerte. El punto exacto donde la muerte no se decide a dar el último golpe. Muy bien.

    Un abrazo

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  4. Precioso...Los relojes de arena tienen un encanto especial.

    Un beso Alfred!

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    1. Los mismos minutos, parecen correr más lentos en su deslizar por el tiempo.
      Un beso Sofya!

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  5. Buscando a la física para respaldar a la imaginación. Interesante relato.
    Saludos.

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