domingo, 2 de agosto de 2015

MAESTRO



                        Imagen obtenida de Internet

MAESTRO CABEZUELAS

Agarrado a su bastón de cerezo, cual bastón de mando ante sus tropas, se comportaba como un centurión enfrentado a unos legionarios poco dados a entender sus explicaciones, en la formación de las tácticas de combate.

Cuando la señal acústica indicaba ese recreo, parte vital de nuestras vidas, única que nos permitía no caer en el desespero de la rutina disciplinaria.Le pasaba la pelota, símbolo de nuestra recuperación momentánea de una cierta libertad.

Allí estaba él, quieto, estático, con la mirada alta, desafiante, ante un orden establecido, en el que gozaba de cierta benevolencia por parte del viejo profesor, quizás por saber situar las tropas en el lugar correspondiente.

Abandonado por los dioses, se sentía igual de importante que ellos, aunque no fuera así para sus compañeros.

Nos  reíamos de sus ínfulas de personaje, genio incomprendido decía él, importante e imprescindible para el desarrollo de nuestras pequeñas vidas.

Sentado en su silla, como trono de un reino a su medida, arbitraba el lance entre compañeros, sin decantarse por nadie, en señal de sana justicia.

Aferrados a la pelota, transcurrían sus horas en partidos inacabables, en los que era imposible que nadie ganase, con unas porterías cambiantes.

Las reglas del juego se pactaban antes de iniciar la competición, que no era tal pues nada se jugaban, salvo el honor que daba el triunfo.

Los equipos también improvisados ante cada contienda, podía hacer de un defensa amigo, futuro delantero letal en el siguiente enfrentamiento.

Cuando notábamos la presencia de las chicas, tras las vallas arriba en el terraplén que nos separaba de la civilización, hacíamos lo indecible para retener más tiempo la pelota y con ella su atención, llevándonos al fracaso la mayoría de veces en nuestro intento de gol inapelable.

Finalizado el encuentro, cualquiera de los contendientes acudía hasta él, a quién entregaba la pelota de cuero con raspaduras nuevas, en señal de acatamiento a su autoridad y le ayudaba a salir del campo, empujando su silla.

Una vez en clase, el maestro le recogía la pelota para guardarla en el viejo armario de roble con puertas de cristal biselado, tras las que se escondían infinidad de tesoros, que poco a poco iríamos descubriendo a través del curso.

Tras pasarle la mano por la cabeza, agitándole el pelo y despeinando la engominada obra de su madre, le invitaba a tomar sitio en un pupitre sin banco al lado de su tarima.

Se sacaba el silbato que llevaba colgado al cuello, cual medalla protectora ante cualquier mal augurio y dejándola en el cajón, bajo la superficie manchada de tinta, proclamaba en voz bien alta:

-Mañana os vais a enterar. ¡No os pienso dejar pasar ni una!

Oyéndose un murmullo de risas, que el maestro no reprimía, como toda respuesta.

18 comentarios:

  1. Lindo homenaje a los partidos sin más reglas que las ganas de jugar. Perfecto recuerdo de seres entrañables, y extrañables en alguna tarde de madurez

    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Partidos jugados sin colores, sólo con la propia afición, recordados con la lente amplificadora del tiempo.
      Un beso.

      Eliminar
  2. Maduro, anciano profesor, duro en sus formas pero justo y en el fondo, una tierna persona. ¡Que tiempos aquellos!, pero sin maestro cabezuelas!

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ciertamente eran otros tiempos, es un retazo de vida colegial.
      Un abrazo.

      Eliminar
  3. Me has hecho volver a mi infancia.... que partidos, que peleas, cuánta vida por delante nos esperaba...

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hay que ir hacia atrás solo para coger carrerilla, Toro!
      Saludos.

      Eliminar
  4. Lindos recuerdos.....yo también jugaba soccer en el recreo....y gritábamos "Gol de Pelé!" jaja

    saludos =)))

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Guau!!!! y de Pelé nada menos.
      Gracias por tu visita y comentario.
      Saludos:D

      Eliminar
  5. porque será que en algún momento, vaya uno a saber el disparador, aparecen estos recuerdos de infancia. Hermoso

    un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, todas las recreaciones son válidas, las infantiles suelen tocar más nuestro interior.
      Un abrazo.

      Eliminar
  6. Respuestas
    1. Muchas gracias, visitas así son las que animan.
      Un saludo.

      Eliminar
  7. Es una suerte tener hermosos recuerdos de nuestra infancia y poder compartirlo. Me ha encantado!! Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Echando el cubo en el pozo de los recuerdos siempre encuentras algo mitad recuerdo mitad imaginado.
      Un abrazo!

      Eliminar
  8. El disfrutar de los recuerdos gracias a otros que compartieron esos momentos a tu lado es muy de agradecer.
    Una historia del pasado que ayuda al presente.
    Beso Alfred.
    Puri

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Narrar una situación de lo más humano, centrada en el comportamiento de unos muchachos respecto a un compañero y su profesor.
      Un beso Puri.

      Eliminar
  9. Recuerdo haber jugado a la pelota adentro del salón (en los recreos, claro), usando un borrador de madera como esférico. Genial, ja (y cómo disfrutábamos esos partidos).
    Muy bueno, Alfred.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro te gustara t recordaras bellos momentos.
      Muchas gracias.
      Un saludo.

      Eliminar