sábado, 31 de enero de 2015

PERFUME MUY PERSONAL IV






 Opium Parte IV

Ceferino cerró la vieja puerta de madera maciza, meneando con la cabeza y con la sonrisa escéptica en el rostro.

Por suerte para él, los forasteros todavía creían que podía conseguir imposibles, gracias a sus contactos, establecidos en los años de la dictadura, que en ese pequeño país montañoso le había provocado grandes beneficios.

Tenía un conocido, que compraba excedentes y stock obsoletos, y los suministraba a vendedores ambulantes, los que van por las ferias. Seguro que o podía tenerlo, o incluso le facilitaría como conseguirlo.

Mientras regresaban hacia el hotel, Masmiquel no pudo dejar de comentar, por qué confiaba tanto en el viejo Ceferino, dado la desconfianza que apreciaba en su vieja amiga Marta.

La cual se limitaba a contemplar el paisaje, que la brillante luna permitía apreciar, con su generosa luz, dándoles vueltas al deseo del viejo.

Ante su petición desconcertante como honorarios, ella se limito e prometer que contase con ello, hubiese preferido, evidentemente pagarle una cantidad en efectivo, pero se quedó tan descolocada, que asintió sin rechistar.

Se limito a reconocer, que lo único que le importaba era conseguir su perfume, y si el viejo se lo conseguía, pues estupendo.

No quiso aceptar ninguna invitación para alargar la velada, con la excusa de tomar un café o una copa tardía.

Masmiquel se limitó a desearle buenas noches y a retirarse con la dignidad del caballero que acepta no formar parte del círculo íntimo de una amiga, por muy unidos que hubiesen estado en un pasado.

Ya en la habitación, se limitó a echar un vistazo a su móvil, para ver todos los mensajes recibidos del despacho, y las citas que tenía para el lunes, lo cual  le obligaba a regresar al día siguiente por la tarde sin falta.

De camino al chalet, en el que habitaba de forma sumamente discreta, pensaba en las circunstancias, que hacen que la vida sea siempre sorpresiva.

Su relación con Marta era cíclica, compañeros de carrera, sin mucha conexión, por ambientes sociales dispares e intereses políticos divergentes.

Un encuentro intimo, en un viaje en grupo a los Alpes  a esquiar, en el que el mal tiempo propició una estancia más prolongada en el apartamento. 

Tras diez años sin saber nada el uno del otro, aquel encuentro en el despacho, en unas negociaciones muy tensas y con muchos nervios, que al finalizar con éxito, propiciaron, una celebración con champagne y revolcón posterior.

Luego, otra vez el silencio, sabía que ella estaba casada con un galerista, bastante mayor que ella, que le permitía sus aventuras. Pero no hizo nada por reencontrarla, aunque ciertamente le gustaba, pero también tenía claro que solo fue un entretenimiento para ella.

Marta, tenía ese punto que le impedía intimar, consideraba que implicaba una cesión de su libertad y un acceso a sus interioridades, que no estaba dispuesta a compartir con nadie, Augusto era diferente, siempre estaba con sus cosas y le dejaba actuar a su aire, pocas veces reclamaba su compañía, para cosas que no fueran actos de representatividad social, pensándolo bien, nunca había entendido para que se hacía llamar Paco, pero era otra de sus rarezas, como cogerle su ropa y probársela a escondidas.

Masmiquel, todo el mundo lo conocía por el apellido, aunque era Pere para algunos amigos de juventud, no podía de dejar de pensar, más bien desear, en Marta.

Seguía estando muy atractiva, sabía cuidarse y siempre vestía con conjuntos que la realzaban, tenía clase, eso era evidente.

Cuando la conoció en la facultad, el estaba muy implicado con el Psuc y ella era una pija redomada, hija de una conocida familia, que regentaba uno de los bufetes más prestigiosos de la ciudad.

Así que no tuvieron ninguna relación, aparte del encuentro alpino, luego el fue derivando a posiciones políticas mejor remuneradas y con menos competencia.

La verdad es que no se arrepentía de nada, dejó plantada a su pareja, cuando ella, una concienciada maestra de la escuela pública, le empezó a recriminar su tibio comportamiento, en cuestiones fundamentales para ella, socialmente hablando claro.

Por suerte, él lo consideraba así, no había hijos por en medio, así que se limitaron a decirse adiós, ella se quedo con el piso y él con el chalet.  

Ahora estaba pendiente de un juicio que con un poco de suerte le pillaría demasiado mayor para recordar nada y tener que dar demasiadas explicaciones.

La vida tiene estas cosas, te cruzas con las personas, con algunas acabas formando algún tipo de relación y con otras, sólo entran y salen del círculo, el tuyo o el de ellas.

Le hizo gracia la petición del “Espatec”, eso quería decir, que la cosa la tenía en el bote, pidió únicamente que Marta lo llevara de pareja a una sesión en el Liceo, a poder ser una representación de Turandot.

En el fondo le recordó su época más gamberra.





6 comentarios:

  1. Cosas que hace la sociedad de alto copete. Continua estando bien escrito, y continua el misterio. No lo doy por acabado.

    Un seguidor.

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    1. No, no está acabado, seguiré con el tema.
      Un saludo.

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  2. Hola Alfred, difícil situación la de esta pareja tan despareja, y por lo que veo la intriga continua. Está escrito con todo lujo de detalles, eso lo hace más comprensible y de fácil entendimiento. Seguiremos esperando por el desenlace.
    Un saludo
    Puri

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    1. Estoy en ello, seguiré gasta el desenlace.
      Un abrazo.

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  3. La vida lleva y trae por caminos indecisos e imprecisos. Puede que un aroma de perfume haga reflotar un pasado perdido, para labrarse un futuro, o tal vez darse una oportunidad a dejar que sedimente lo que no llegó a haber.

    Qué intriga. Un abrazo

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    1. Por muchos vericuetos que se den, al final los círculos se entrelazan, dando respuesta a la incógnita planteada.
      Un abrazo.

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