domingo, 17 de agosto de 2014

Columpiándose en una tela de araña


                               Enigma ( óleo de Modesto Trigo )


Hacía tiempo que vivía en aquel apartamento deshabitado, se instaló en cuando vio aquel baño tan espléndido, todo blanco impoluto con una cenefa azul marino.

La alcachofa de la ducha le recordó tierras extrañas, donde su madre había habitado antes, antes de coger el barco, que le trajo a aquel extraño lugar, donde estaban tan mal vistas.

No tenía ni idea, pero lo que estaba haciendo, era vivir de okupa, su madre apenas le enseño cuatro trucos, para saber  realizar una buena tela, y así poder  cazar bichos incautos.

Aunque la verdad sea dicha, por aquel apartamento no había mucha vida y si mucho polvo, que tenía que sacudir de sus múltiples patas, lo cual era un engorro.

Hasta que descubrió aquella fantástica alcachofa, que dispensaba agua a voluntad, de un grifo mal cerrado, pero esto, creo que no lo tenía muy asumido.

La tranquilidad se acabó el día que se presentó, uno de aquellos seres enormes, que se creen dueños del mundo y solo hacen que destrozarlo todo.

Eso era otra de las pocas cosas que le enseñó su madre, antes esos seres, lo mejor era salir corriendo, mataban por cualquier cosa y no apreciaban su arte de tejer.

Estaba columpiándose en la ducha, tan ricamente, al compás de la caída de las gotas de agua, intentando acertar en las patorras.

Cuando entró, sin avisar, y al verla soltó un alarido gutural, de tal alcance decibélico, que temblaron los cristales de la ventana y se agrietó la hermosa luna que había sobre el lavabo.

Salíó corriendo, dejándose deslizar por una  de sus cuerdas, antes de que intentaran acabar con ella, pues tal cosa era lo que indicaba la expresión de la cara, de la intrusa.

Sabía que de aquellos animales, los del sexo femenino, eran realmente los más peligrosos, arrasaban con todo, les molestaba todo animal que campara libre, por lo que consideraban su territorio, que solía ser muy amplio.

Pero este, parecía tener una fobia especial por su especie, no era normal una reacción tan agresiva.

 Le lanzó un cucurucho que llevaba en la mano, quedándose en la tela, un buen puñado de helado de nata, que las gotas de agua de la ducha, empezaron a disolver.



4 comentarios:

  1. Ser araña okupa me ha parecido una experiencia casi religiosa...Muy divertido.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Las pobrecillas, no están ascritas, a ningún sindicato coservacionista y así les va.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. El título me ha gustado mucho y el texto también. Muy original.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. A mi me ha gustado más el cuadro de presentación.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar