miércoles, 20 de septiembre de 2017

Poema perdido




Foto del autor

Poema Perdido


 ¡Hay madre!
No te asomes al balcón,
que ya vienen, ya están aquí,
las fuerzas de la guardia civil.

¿Hijo que pasa?
¿Qué está ocurriendo?

Nada has de temer madre,
todo lo hago por tu pensión.

¿Hijo has robado?
¿Cogiste lo que no debías?
Angustiada me tienes.

¡No madre! Son ellos.
con su avaricia y mal hacer,
al pueblo han arruinado.
ya no nos dejan ni ser.

¿Quiénes son ellos?
¿La guardia civil?

¡No madre! ¡Ellos no son!
Obedecen, como siempre,
a sus señoritos,
que no dan la cara.
solo mandan con decretos.

Pero hijo, ¿Qué nos va a pasar?

Nada madre, somos muchos,
todos juntos en la calle,
defendiendo nuestros derechos.

Hijo no me digas eso,
me recuerdas otras épocas.
que mandaban los fascistas.
y no se podía votar.

Es lo qué quieren,
no dejarnos votar.

¿Pero cómo puede ser?

Es que no llegaron,
a irse del todo.
¡Madre!



Barcelona, 20 Septiembre 2017


martes, 19 de septiembre de 2017

Orejero de Cretona

Imagen obtenida del prolífico Internet


El sillón


Don Florencio se quedó demudado, sin saber qué hacer, se quedó como un autómata, sin ver como se salía el café, desbordando la taza, el plato, el soporte de la cafetera y ya puestos la encimera, buscando nuevos horizontes por el suelo de la cocina.

En su ya largo recorrido, ahogó caprichosamente a cinco hormigas que pasaban por ahí, en una cadena alimentaria, procedente de debajo del cajón del pan, donde unas migas recientes, eran fielmente transportadas al hogar común.

El ronroneo de la cafetera al quedarse sin agua, pareció despertar a nuestro decadente héroe, que se limitó a desconectarla.

Con el plato en la mano, goteando café aguado por su recorrido, se dirigió a la mesa de la cocina, donde solía desayunar, en estos últimos años, de su ya prolongada jubilación.

Se sentó en la silla, y siguió con la mirada extraviada, sin poder dejar de mirar, más allá de la entrada de la cocina, en la sala, al lado de la chimenea, en la qué, en esos días más crudos del invierno, encendía una estufita imitando unas llamas.

Era el rincón preferido de Tomasa, donde espatarrada en un orejero floreado, al que se le había incorporado un cojín para mejorar su comodidad, dado el pequeño tamaño de la usuaria, veía pasar las horas de su existencia, en un sinfín de pensamientos encadenados, de los que no daba cuenta a nadie.

Pero para nuestro pobre Florencio, la visión de ella, estirada en toda su corta longitud, fruto de su último estertor, era mucho más de lo que su delicada salud de hierro, podía soportar.

Recogida de la calle, en una noche de borrachera triste y llorosa, ahí bajo la lluvia, se apiadó de ella, mientras  se frotaba entre sus piernas, dejándole con los pantalones más mojados de lo que ya estaban.

A partir de ahí, empezó una convivencia, de la que no se tomó la molestia de celebrar aniversarios.

Compartían noches de frío, ante una televisión inmunda, calentados por un fuego falso.

Cuando venía el cambio de clima, se limitaban a ver refritos de programas anteriores y escuchar de fondo, el runrún del aparato de aire acondicionado, al que este año sí, le cambiaremos el filtro.

Ahora, tendrá que enfrentarse sólo, a las inclemencias históricas, sin su sabia gata.



Barcelona, 19 Septiembre 2017

lunes, 4 de septiembre de 2017

Luna reinante

Foto del autor



Me asomo a la terraza,
estás ahí espléndida,
fiel a la cita,
inmensamente hermosa.

Sola, con todo el cielo,
bien despejado
para que luzcas más.

Plenamente dominas
este  nuevo atardecer,
cuando aun suenan
campanas de vísperas.

El día aun no se ha retirado,
pero antes de que llegue la noche,
ya estás presta para mandar.

Tienes ese algo especial
que subyuga y domina,
atrae y embelesa,
roba voluntades,
adormece los sentidos.

Ante tu presencia
nada importa,
estás ahí, en lo alto,
rigiendo nuestros destinos.
¡Como una señora!
.
Esta noche, soñaré seguro,
contigo como testigo.

Tendría que decirte:
¡Huye Luna, Luna, Luna!
Pero no soy poeta,
sólo  admirador.


Sarrià, 4 Septiembre 2017



jueves, 31 de agosto de 2017

Descansando sobre la arena




Fotos de I.C.C.



Recostadas sobre la arena,
varadas en la playa,
somnolientas al amanecer,
abrigadas contra la marinada,
esperan tranquilas
la próxima salida al mar.

Nada saben de lo que les espera,
entre sus cálidas aguas,
pueden encontrarse con cualquier cosa,
desde una pesca grata
hasta un rescate accidentado.

Un paseo bajo la luna,
intentando una seducción,
o bajo un sol implacable
capturando sardinas.

Descansan sobre la arena
siempre a la espera
de que la próxima salida,
nunca será la última.

La venidera aventura
puede ser la definitiva,
aquella en que se encuentren
una bella sirena o
un desabrido rey tritón.

Con permiso de Poseidón
navegarán por las aguas,
en pos de aquello
que siempre se busca.

Vivir





Sarrià, 31 Agosto 2017


Un Paseo Diferente



Foto del autor



Recorro el lugar con la mirada, mientras mis pasos siguen fielmente las órdenes de esperar, antes de caminar por un lugar que parece de obligado silencio.

La gente, observa absorta las ofrendas por los damnificados, apartándose cuando se acerca alguien con cara apenada y deja una vela, un poema, un peluche o una flor.

Un reportero de tv, espera le den señal de estar en antena, mientras se lo mira todo con un cierto distanciamiento profesional, sólo es una noticia.

Aun flota, en el ambiente de una calle muy transitada, el olor cargado de tragedia, el ruido de los gritos, el clamor de los lamentos, la estupefacción por lo que no podía ser,  que aquello nos ocurriera a nosotros, líderes de la multiculturalidad.

Podía haber estado ahí, en la fecha del atentado como no, qué es lo que ocurrió. Y a pesar de ello, no siento nada especial, forma parte del juego, por pasar por zonas muy concurridas, en una ciudad de  gran importancia a nivel turístico.

Pero lo que sentí de verdad fue una total indiferencia. A nadie le gusta morir o sufrir heridas de consideración o cualquier otro problema, por culpa de unos cretinos.

Pero somos conscientes que en cualquier momento puede caer la bota sobre nosotros, como cuando pisamos una hormiga y nunca más se sabe de ella. El hoy estamos, mañana ya veremos, está presente en nuestra mente.

Corroborado tras las conversaciones mantenidas estos días con amigos, conocidos, familiares, saludados y vecinos todos.

No me van a cambiar mis rutinas, seguiré pasando por el mismo lugar, sin valentía de ninguna clase, es difícil que vuelvan a atentar en el mismo lugar, aunque todo es posible.

Sé que ahora lo haré con un cierto respeto, a pesar de que han retirado el memorial improvisado por los paseantes. Pero hay otro, en el inicio del fatal camino de destrucción, más discreto, en el que respetarán las aportaciones de pésame y cariño por las víctimas, que ciudadanos de todo el mundo van dejando cada día.  

Retirarán y guardarán las ofrendas durante un corto tiempo, hasta promover un memorial fijo en otro lugar.

Ahora está tronando, chispea un poco de agua y se avecinan las lluvias de ese Septiembre que está al caer, que limpiarán, todas nuestras angustias, desconsuelos y desconfianzas. 

Nos miraremos los unos a los otros como si nada hubiera pasado.

Hay que seguir.



Barcelona, 30 Septiembre 2017

jueves, 17 de agosto de 2017

Atentado en Barcelona




Una flor en Las Ramblas de Barcelona

Se veía venir, ninguna ciudad importante del arco Mediterráneo está libre de la posibilidad de un atentado de esta especie.

Ahora sólo podemos depositar una flor por los muertos y heridos, esa gente pacífica, que disfrutaba de un paseo, en sus vacaciones, por uno de los lugares más típicos de esta ciudad.

Me pregunto cuánto odio puede haber  en la cabeza de un terrorista, para justificarse a sí mismo tal barbaridad.

Sé que no hay respuesta posible, pues es imposible meterse en la cabeza de nadie, y menos si ha sido programado para efectuar un acto de este calibre.

Nos están acostumbrando a la barbarie, al ellos y nosotros, a rechazar de entrada a todo el que es diferente. Si eres de tal origen o religión, eres un enemigo.

Es brutal, no se puede vivir así.

Sólo puedo dejar una flor en recuerdo de esas personas, que vinieron a pasear una tarde por Las Ramblas y fueron vilmente atropelladas.

El pésame más sentido por las víctimas y el deseo de una rápida recuperación para los heridos.





Barcelona, 17 Agosto 2017.

martes, 15 de agosto de 2017

El viejo ciprés



El Viejo Ciprés  (Foto del autor)


Llueve, llueve mucho, con intensidad y gran dedicación, la tierra hace rato se ahogó, ya no acepta más agua y deja que corra, buscando conocer lugares nuevos.

Un triste y asqueroso ciprés, me está mirando impávido y sin ninguna vergüenza, con la superioridad moral de los conversos, esos quienes piensan mantener el espíritu elevado y sacrificado hasta el final de sus días.

Digo todo esto, porque noto como observa mis idas y venidas, mientras reflexiono sobre el extraño hecho de estar viviendo un verano de carácter invernal.

Incluso me ha parecido ver un pingüino, paseando impertérrito por la calle colindante.

Supongo que el ciprés, lo que tiene es una envidia cochina, pues al fin de al cabo, el está ahí, aguantando todo el chaparrón, y yo aquí, a cubierto, mirándolo por la ventana, bien resguardado y en el fondo choteándome.

Parece mentida con lo mayor que es, pues me lleva un montón de años de experiencia, esté soportando estas tormentas y aun no es capaz siquiera de ponerse a buen recaudo.

Un ciprés a la puerta de una casa, es señal de bienvenida y acogida, para el caminante que ha de menester cobijo, en su cansado peregrinar, aunque éste no parece tener conciencia de su papel, por la forma en que me observa, tan fijamente que parece atravesar la ventana, tras la que observo cómo le va cayendo la lluvia encima, con cierta sorna por mi parte.

Los grados van cayendo a medida que avanza la noche y nada nos hace pensar que estamos en pleno verano.

A él, seguro que le ha despistado del todo, le tiemblan todas las ramas y algunas hojas están abandonando su lugar, cayendo pausadamente al enfangado suelo.

Está claro que el ciprés está viejo, va perdiendo frondosidad constantemente, ofreciendo ramas secas saludando displicentes.

Pero eso no se lo voy a tener en cuenta, es fruto de la edad y no hay que abusar de nuestros mayores, aunque sean tan tarugos como ese viejo árbol.

Estoy pensando en encender la chimenea, e incluso lo bien que iría esa cantidad de madera vieja, que me contempla.

Me da la impresión que mis pensamientos no le hacen ninguna gracia, supongo que con la edad también ha perdido algo de humor.

Bueno, me voy a dormir, veremos qué cara pone mañana por la mañana.


Alp, 10 Agosto 2017