BOMBAY






Bombay, ciudad de contrastes.





                                            http://youtu.be/RwUnwEzAEdI
                                           De Anna Casals y Chema Garcia



Un documental donde nos ponen en situación, por decirlo de una forma actual, de la problemática de una ciudad, mediante entrevistas e imágenes, totalmente sinceras, sin filtros.

Excelente trabajo, con este documental nos muestran la realidad de una ciudad súper poblada, donde las diversas oleadas de inmigrantes, se asientan como pueden, en el escaso terreno accesible.

Aparte del color de los taxis, algunas cosas me recuerdan a nuestra querida ciudad Olímpica, cuando la llamaban Condal en documentales un poco más antiguos.

Las nuevas generaciones, suben con intereses más globales, pues el mundo avanza en esa dirección, y los problemas son ahora mundiales.

Todos estamos implicados, lo que ocurre en la otra punta del planeta, de alguna manera nos afecta y no podemos hacer oídos sordos, ni bajar la vista.

De una manera sencilla, dejando a los entrevistados hablar con toda tranquilidad, sin cortar su expresividad, simplemente escuchando con la cámara.

Nos van mostrando, en una cadencia acompasada con el ritmo del tren, las virtudes y carencias, de una enorme ciudad, crecida en sucesivas aportaciones de gentes venidas con sus sueños por cumplir.



TACONEO



                            Imagen de internet


La cosa empezaba a ser preocupante, ya llevaba muchas noches de insomnio provocado, por el corretear de, supongo, la vecina del piso superior, moviéndose por la habitación justo sobre la mía.

Otra vez el fuerte taconeo de unos zapatos de aguja, un sonido contundente, marcando el paso por toda la habitación, Ora en un lado, ora en el otro, con prisas en sus movimientos. ¿Mostraba a sí su rechazo a algún tipo de relación?

No era normal, tanto ir y venir por el cuarto, a veces parecían nerviosos, a veces más felinos y seductores, a veces incluso musicales, por el ritmo que marcaban.

¿Podían ser unos pasos de baile, en la soledad de la noche, con una pareja sólo contemplativa?

Era curioso que los oyera siempre, pasada la media noche, o cuando llevaba un buen rato dormido., por tarde que me acostara, 

Durante el reto del día, el silencio sepulcral del piso superior era impoluto, no se me mostraba ninguna señal de vida.

Es más, cuando alguna vez nuestras miradas se habían cruzado, viéndonos a través del patio interior donde tendíamos la ropa, saludaba silenciosamente con una ligera inclinación de cabeza.

Por eso me extrañaban tanto esas excursiones nocturnas, procedentes de un lugar, donde a priori, no se podía esperar ese tipo de comportamiento.

Podía ser que por las noches se transformará, dejando de ser una ama de casa convencional, y se pusiera sus mejores galas para sobreactuar ante un magnifico espejo.

Costaba de creer, pero todo es relativamente posible, aunque la imagen que guardaba
de ella, las dos únicas veces que coincidimos en el ascensor, era las de una mujer menuda, callada y con zapatillas de suela de goma.

Incluso me ruboricé en su presencia, sólo imaginármela, con una peluca alocada, unos labios rojo pasión, una larga falda con un corte lateral mostrando con esplendidez, una hermosa pantorrilla, envuelta en una finas medias de seda con su lineal costura impecable. Subida a unos vertiginosos zapatos, desde los cuales miraba mi mezquina pequeñez, por no saber comprender su doble vida.

LA MUJER DEL HELADO







Me lo he pasado estupendamente, las atracciones eran de lo más impresionante que podía imaginarme, las instalaciones eran de primera y con infinidad de puestos de comida y helados.

Lástima que estaba un poco fastidiada, estos resfriados del cambio de época son un fastidio, iba estornudando y tosiendo todo el rato, incluso tuve algo de fiebre.

Por suerte las instalaciones sanitarias están muy bien y podía ir lavándome la cara y las narices bastante a menudo, pero en las colas a alguna visitante bauticé.

Me gustan mucho los helados y ahí tenían de todos los gustos y colores, con lo que iba compartiéndolos con mi compañero, para poder probar más sabores.

Los restaurantes igual, con cantidad de opciones, son temáticos, de culturas muy diferentes, mediterráneos, mexicanos, hawaianos, etc. etc.

Nos hicimos amigos de otra pareja y así pude compartir más cosas, es estupendo encontrar gente maja, sin manías.

A veces me recriminaban con la mirada, el hecho de no taparme la boca, a tiempo al estornudar o toser, pero es que no me daba tiempo de sacar un pañuelo de papel, y claro, los mocos en los dedos, daban un poco de asco.

Pero por deformación profesional, suelo lavármelas muy a menudo, y estuve creo que en todos los aseos de las instalaciones.

Suerte que en algún baño tenían toallas de esas enrolladas y podía secarme las manos mejor que con papel o con aire caliente, que no acabas nunca.

Después de unos días de intenso trabajo me concedieron unas vacaciones que tenía pendientes, pero que nunca me permitían disfrutarlas.

La verdad es qué los últimos días habían sido atroces, con aquel enfermo traído del continente africano, que tenía que estar aislado.

Para atenderlo, me hacían poner un traje de plástico superllamativo, supongo para que vieran que estábamos con un grave infectado.

Así que cuando se acabó, recogieron la especie de urna en la que estaba y nuestros trajes especiales, y nos dieron unos días libres.

Tenía pendiente visitar otra vez el parque ese, que me quedó algo por ver, ese en plan americano, con muchas atracciones, de esos para gente joven, adolescentes y críos, sobre todo.

Pero como nunca había estado y no tenía hijos como coartada, tuve que ir sola arrastrando a mi pareja, poco amante de este tipo de exploraciones.

La lástima es que la fiebre haya ido a más y estoy que no me tengo, con lo que he regresado a casa antes de tiempo.

SORPRESA CALLEJERA







Circulaba con el coche, por una céntrica calle de mi olímpica ciudad, subiendo  en dirección a la parte alta.

Me paré ante  un semáforo, esperando que se me pusiera en verde para cruzar una de las avenidas principales.

En una zona muy concurrida, pero en un hora de poca afluencia de tráfico, cruzaron varios peatones por delante mío.

El último de ellos, con paso normal, sin apresurarse, pero de caminar decidido, se detiene a mirar una de las papeleras que hay justo al lado del paso de peatones.

Sin disimulo alguno, hurga en su interior y extrae una bolsa de plástico transparente, dentro hay un papel encerado, de los típicos que utilizan en las charcuterías, lo saca y con la sorpresa, se le ilumina la cara, con sus dedos recoge la grasas de jamón que su anterior propietario ha desechado y se la come con fruición.

Está claro que para él ha sido todo un manjar, apura todos lo hilillos de jamón impregnados en el papel y tira la bolsa otra vez al interior de la papelera.

No va mal vestido, ni sucio, ni andrajoso, un poco desaliñado, pero porque me he fijado más y he querido ver un similitud a los que van arrastrando un carro viejo con ruedas de esos que se utilizan en los súper, gente que va con un gancho hurgando en los contenedores buscando algo aprovechable.

Oh también los que van metiéndose en los contenedores de papel y los van vaciando, para ser ellos los que aprovechen el valor de los cartones y periódicos viejos.

Los que meten las manos en el recogedor de monedas en las cabinas telefónica, por si ha quedado alguna atascada.

Me viene a la mente, la cantidad de gente que ha entrado a formar parte de ese club de desheredaos, que deambulan por la ciudad, sin destino fijo, se acercan a los cubos de deshechos en los mercados, para coger alguna cosa con que alimentarse,

Suena el claxon del vehículo de detrás y me saca de mi ensimismamiento, pongo primera arranco y me olvido del personaje.

RECICLANDO










Reciclando


Fue fruto de una discusión idiota, empezamos hablando de nuestras cosas, para ponernos al día, de nuestras vidas respectivas.

Luego nos pusimos a comentar sobre cosas más intimas, como nuestras creencias o su ausencia, en materia religiosa.

La cosa se fue complicando cuando la conversación cada vez menos plácida, se adentro en el tema de la concienciación política.

Pero cuando nos pusimos a hablar de literatura y autores literarios, las chispas empezaron a saltar, provocando el gran incendio de la sin razón.

Hay cosas que no estoy dispuesto a tolerar y menos en mi casa, por muy amiga que fuera, con derecho a roce y todas esas tonterías.

Acabe la discusión de una forma contundente, soy fiel a mis principios, y agarre aquella réplica de la torre de Pisa, que me trajo como recuerdo de un viaje romántico que había hecho con su marido.

Le atice con fuerza, la que me daba la desaprobación de sus falaces argumentos, en defensa de una obra y un autor, que me sacaban de quicio.

En su caída, se desplomó sin ningún cuidado, sobre la mesa de centro, puro mármol blanco con vetas grisáceas, dándose en la nuca.

Cuando vi que su cabeza podía moverla como si fuera de una muñeca de trapo, entendí que iba a tener un problema grave.

Era una hora tardía de la noche, entre preparación de la cena, la degustación de la misma, los cafés posteriores y la discusión a la hora de las copas, el tiempo había pasado volando

Todo eso, con muy pocos arrumacos previos, verdadera razón de mi solicitud en invitarla a cenar.

Tenía, sobrantes de mi reciente traslado, unas bolsas de basura, de esas industriales, pero solo le cubrían medio cuerpo, utilizando dos me quedo totalmente envuelta.

Eran de un color butano chillón, que no sé si serían de su agrado, era muy chic vistiendo, pero creí más oportuno no fijarme en cuestiones estéticas.

Baje por el montacargas hasta el parking, y llevándola a rastras con gran dolor de mi espalda, saqué el coche de su sitio, para ponerme justo enfrente de la puerta de acceso.

Lo de la quinta puerta en los coches, siempre lo he considerado una idea muy práctica, aunque alaben la elegancia de los clásicos sedan.

Gracias a su perpetua manía en hacer régimen, mantenía un peso fácilmente portable, lo cual le agradecí en mi interior.

Salí en dirección a los contenedores que había en la plaza, pero ninguno me servía, eran uno azul para el papel, otro verde para los envases de vidrio y otro amarillo para los de plástico.

Recordé las quejas, de la señora Nieves, encargada de la portería, y que por una módica propina mensual, se encargaba de bajar y tirar las basuras.

Entonces me dirigí, ya con cierto nerviosismo, dado lo tarde de la hora y mi necesitad, por cuestiones laborales, de madrugar, a los horribles y aparatosos nuevos depósitos para desperdicios.

Cuando llegué a los contenedores marrones para basura orgánica, amarillo para plásticos, verde para vidrios, azul para papeles  y gris para el resto, no supe cual utilizar.

Los restos de Silvia, evidentemente eran orgánicos, pero iban acompañados de su vestido y sus múltiples bisuterías.

Me quedé dudando, al final opté por regresar a casa, subirla y desvestirla con todo mi cariño y respeto.

Poniendo en una bolsa de basura gris, toda su equipamiento, incluyendo  el bolso de cocodrilo, que le regalé con motivo de su cumpleaños, no estaba seguro si era de piel auténtica o un plástico muy bueno.

Regresé al montacargas, al  parking, al coche, a los contenedores y cuando me disponía a tirar a mi querida amiga en un bonito recipiente marrón, lleno a rebosar, se paró un coche patrulla de la guardia urbana, conminándome a ir a otro sitio  a tirar mi basura orgánica.

Tampoco estaba para discutir mucho con la autoridad competente, que me observaban, mientras iniciaba la consabida operación de recarga de Silvia, a través del portón trasero de mi flamante Alfa Romeo.

Las cuatro siguientes ubicaciones de contenedores orgánicos, sufrían el mismo problema de excedencia de material.

Estaba a punto de rayar el alba, sin solucionar donde depositar los restos de mi amiga, que empezaba a dejar de serlo, dada la pesadez de recolocarla.

Opte por dejarme de cumplimientos cívicos y dejarla en un contenedor gris, válido para todo, cuando la brigada de limpieza que bajaba por la calle con sus carritos de amplias ruedas, al verme dijeron que ni se me ocurriera tirar basura orgánica en dichos cubículos.

Les dije que estaban todos llenos y tenía prisa para poderme ir a trabajar, necesitaba tirar esa súper bolsa, lo antes posible.

Me aconsejaron que fuera a un punto verde y ahí me solucionarían el problema.
Les hice caso y tras poner el cuerpo cada vez menos moldeable en el maletero, partí hacia el destino indicado.

Pero cuando pasé por el puente que salvaba el río, protagonista exclusivo de la ciudad, opte por atenerme a los clásicos de la novela negra, optando por deshacerme de Silvia, por el conocido método, de dejarla caer desde el pretil al agua.

Quedó un bulto chillón, como testigo luminoso, de mi único desencuentro con mi querida amiga.



PLAZA MAYOR



 Plaza mayor (foto del autor)


Como en aquel pueblo no había grandes monumentos para encandilar a los turistas, los más jóvenes de consistorio propusieron sacar los pasos de semana santa, que eran expuestos en la iglesia románica poco antes de semana Santa.

Puestos de acuerdo el concejal de cultura con el párroco de la localidad, en el reparto de atribuciones y responsabilidades, permitieron a las cofradías montar  toda la logística del acto.

Repartieron los folletos en todos los centros de información turística de la comarca, con tiempo suficiente para que el quince de agosto, fiesta grande en casi todos los municipios, ellos consiguieran la máxima audiencia.

La iglesia iluminada, permitió realzar aún más la salida nocturna de los pasos, era una noche gris, con esos nubarrones que amenazan una fuerte tormenta de verano.

El aparato eléctrico empezó amenazando la noche, dándole un toque espectacular, a los penitentes encapuchados, que arrastraban sus cadenas con la fe de los conversos.

La entrada en la plaza mayor, fue espectacular, con un rayo iluminándola entera, cuando hacían acto de presencia el principio de la comitiva encabezada por una enorme cruz detrás de un cura con birrete y casulla morada con ribetes de oro.

Los tambores sonaban ensordecedores, marcando el ritmo a los costaleros, que en su andar, bamboleaban los pasos con grácil equilibrio, siendo la virgen de los dolores, la más fotografiada.

Los turistas estaban repartidos por el trayecto, habiendo incluso algunos instalados en unas tarimas con sillas de tijera.

Los más espabilados de los habitantes con casa en la plaza, habían alquilado los balcones, con derecho a bota de sangría.

Al final estalló, la amenaza de tormenta, se convirtió en una realidad húmeda y pegajosa, con unas gotas, que de tan gordas con sólo unas pocas ya estaba todo el mundo empapado.

La reacción natural de todos los componentes de la procesión fue irse a guarecerse bajo los soportales de la plaza.

Como se trataba de una tormenta veraniega, todos daban por supuesto que duraría poco tiempo, con lo que se insto a los tambores y trompetas a seguir, pero no fue así.

La lluvia persistía, parecía como si los de arriba, estuvieran locos o jugando a una guerra con cubos de agua.

Las calles se convirtieron en pequeños torrentes, haciendo que todo el mundo optara por ir hacia la plaza, iluminada por los flamantes rayos, que suplían la falta de luz en las farolas.

Los niños, aprovecharon las hojas de la gaceta, que estaban en las papeleras, para hacerse unos barquitos de papel, cargados de ilusiones por competir entre ellos, por ver cual llegaba antes a un destino incierto.

En esto Paquito, un chico considerado por todos un poco ido, aunque él se consideraba poeta, artista, y hacedor de eventos y performances varias, se salió del grupo.

Arrancó a bailar por en medio de la plaza, mientras la lluvia lo iba empapando, las trompetas entonaron “Singing inthe rain”, momento en que María, la chica más hermosa del pueblo, que soñaba con ser artista e irse en cuanto tuviera una oportunidad, se apunto a la danza.

Antonio, el hombre para todo del ayuntamiento, arrancó un generador, iluminando el centro de la plaza con sus bailarines en él, con un foco, permitiendo el disfrute de tamaño acontecimiento.

La pareja se entrelazaba y separaba al ritmo trepidante de la música, sus marcados pasos chapoteaban en el agua con inusitado ímpetu, la pasión que su baile desprendía, casi no necesitaba focos, para ser vista.

Como quiera qué, ella llevara un fino vestido de algodón blanco, al ir siendo empapado por el agua, permitió a sus espectadores, gozar de unas vistas que no estaban en el programa.

El espectáculo estaba servido, los danzarines acabaron contagiando al resto de acompañantes en la procesión e incluso algún turista con exceso de sangría.

La desolada plaza, se fue convirtiendo en un escenario enorme, dedicado a una escenografía dedicada a la lluvia, que seguía cayendo intemperita al ajetreo que iba aumentando.

La luz de los cirios, permitía que los componentes de la banda, interpretaran correctamente las partituras y tocaran cada uno su instrumento y no el del compañero, menos los tambores, que daba igual.

Los hostales y tabernas sitas en la plaza, viendo la afluencia de gente, necesitada de un poco de atención, sacaron inmediatamente jarras con sangría para los turistas y cervezas y chatos para el resto.

El padre Esteban, flamante párroco, no paraba de santiguarse, diciendo Virgen Santa y Dios mío, a cada momento, viendo el cariz que iba tomando, la animada plaza.

Los del consistorio, aun no viéndolo claro, empezaron a intuir que no les iba a ir tan mal el asunto, si la gente se divertía.

Dado que las túnicas y caperuzas de los penitentes eran un engorro, mojadas como estaban, se los fueron quitando y dejando amontonados en la cruz que había en el centro de la plaza, como si le hicieran una ofrenda.

A lo cual se sumaron enseguida, las alumnas del Sagrado Corazón de Jesús, que acudían a un recorrido para conocer el románico primigenio, desde Alemania, que habían dado el esquinazo a las monjas acompañantes, casi cada noche, menos aquella, en qué ellas fueron de las primeras en quitarse los hábitos.

Tengo de dejar de narrar en este punto, dado el cariz de acabó tomando la fiesta, cuando mojados y desnudos, acabaron abrazándose.

Supongo que para darse la paz.




LA PALMERA

                                        Imágenes de internet


En verano la máquina expendedora de bebidas  frescas y pequeños tentempiés, estaba mucho más solicitada, parece mentira lo apremiado que vamos los pobres currantes, carentes de tiempo para poder prepararnos algo que llevarnos a la boca.

Instalada en la zona de servicios, donde se suele tomar los refrigerios, nada más entrar, cada unos le echaba una mirada lasciva, pensando en lo que se tomaría en la hora del café.

Lo más solicitado, dentro de todo el surtido de chucherías y bollería industrial y que por lo tanto se acababa antes, eran unas enormes palmeras recubiertas de chocolate.

Parecía como si dada su puesta en escena en la exposición, sonriera a los usuarios, buscando complicidades, que evidentemente no había intento de dieta que pudiera resistir.

Pero, ya se sabe, en verano las reposiciones de productos, se alargaban en el tiempo, provocando su ausencia y escasez, sobre todo de lo más solicitado, con el consiguiente desespero de los hambrientos usuarios.

Nada más entrar y percatarse de que solo quedaba una, el encargado del almacén, intentó poner un pedazo de cinta adhesiva para bloquear los números de referencia de la susodicha.

Antonio, uno de los comerciales, asustado ante su inminente pérdida, de la pasta que quería reservar, para un poco más tarde y sin poder hacerse con ella, por carecer de monedas, desenchufó la máquina expendedora.

Eloísa la secretaría pizpireta, que nadie solía tener en cuenta, salvo para echarle miradas y palabras subidas de tono, se agenció con un rotulito, en el que puso: “Máquina fuera de servicio, disculpen las molestias”.

Uno de marketing, Roberto, todo cachas y gimnasta de pro, se aproximó a ella, mirando con disimulo, que nadie le observara, y al darse cuenta del rótulo, escondió en el bolsillo del pantalón un artilugio que se había fabricado para impedir la entrada de monedas.

Martínez, el de mantenimiento, que al principio se la miró con displicencia, pues se tría sus sabrosos bocadillos, lo pillaron con las monedas en la mano, desilusionado con el letrero.

A todo esto el gran jefe, Sr. Llano del Cerro, entró con aire decidido, y horrorizado ante una máquina nueva fuera de servicio, entró en cólera, exigiendo que avisaran inmediatamente a la compañía, y retiraran ese infame artilugio incapaz de superar la canícula estival.

Valentina, jefa administrativa, y chica para todo, se apresuró a cumplir con los deseos del mandamás, llamando con urgencia, a la empresa de vending.

Cuando el operario, cabizbajo y humillado, se llevó la máquina, todos los empleados, observaron desconsolados, como se iba la sonriente palmera recubierta de chocolate, que empezaba a fundirse como una lágrima.