miércoles, 17 de mayo de 2017

La Araña




Foto del autor



La Araña

El sol ya cuela sus rayos a través de las persianas, una pareja yace sobre la cama, ella encima en parte, sus cuerpos desnudos, sólo ligeramente tapados por una sábana, indican tiempo cálido.

-           ¿Qué quería Juan?
-           Tendríamos que ponernos de acuerdo en que conciertos    escogemos para la próxima temporada, por lo del abono.
-          ¡Ah vale!

Él se queda silenciosos con la mirada fija en un punto de la pared, de tal forma que ella no tiene más remedio que preguntarle extrañada. Mientras gira la cabeza, buscando el punto en que parecía estar esa mirada perdida, en vano pues sin gafas le costaba definir bien las cosas pequeñas a media distancia.

-           ¿Qué ocurre? ¿Qué has visto?
-            Una araña
-             Debe de ser muy pequeña, no la veo. Vaya tontería, menuda  cara has puesto por una araña.
-             Déjate estar, me dan repelús, además seguro que crece.
-            Estás paranoico.
-             No. Me la imagino creciendo, paseando con sus patas    peludas, columpiándose en su tela, descendiendo sobre mi  cabeza en plena noche. ¡Qué asco!
-              Tonterías. Anda levanta y vete a la ducha, te tienes que ir,     voy a airear y no pienso matar esa araña, tengo muchas  cosas   que hacer.
-                  Te arrepentirás.
-                   Tonto, vete.

Se mordisquean los labios, mientras hace un amago de levantarse, que queda en un intercambio de posiciones. Al fin se levanta y sale de la habitación.

Ya duchado y vestido se despiden con cariño.

-                    Te enviaré un correo con los más destacados a mi gusto, a    ver si coincidimos.
-                    Vale, me lo miro y decidimos.
-                    Adiós
-                   Nos vemos.

Se vuelve a la cama para apurar unos minutos más de ese día de descanso.

La araña, sale de su escondite, tras un radiador de calefacción.

Observa detenidamente a su presa, las piezas grandes son las que cuestan más de dominar, pero su aprovechamiento da para meses.

Tendrá que hacer un buen acopio de saliva venenosa para poder inmovilizarla.

Desde que vino de Sudamérica en una maleta, ha estado paseando por su nuevo hábitat sin probar bocado, vaya mierda de país.

Espera paciente a qué su víctima se relaje, ha estado estudiando durante días su comportamiento, esos resoplidos arrítmicos, suelen ser una buena señal, para poder acercarse sin peligro.

Espera que la ligera brisa que entra por el balcón semi abierto, le facilite un vuelo sin escalas hasta la cama.

Una vez allí, sin entretenerse contemplando  su bella desnudez, se dirige hacia el cuello para poder morder y soltar una buena dosis de su eficaz veneno que la deje inmovilizada.

Tras darse cuenta de ir sin el móvil, justo antes de bajar las escaleras del metro. ¡Qué suerte! Desanda el camino para recuperarlo.

Llama una y otra vez, al timbre de la vieja puerta acristalada, la aporrea con las manos, sabe que la habitación de ella está lejos de la puerta, al otro lado de aquella vieja casa, justo dando al patio ajardinado, donde los jazmines perfuman el ambiente.

Está seguro que se habrá vuelto a la cama, va muy cansada con ese trabajo con horarios extenuantes, pero necesita su teléfono, sin el está desnudo.

No oye ningún sonido, nada de ruido, duda entre esperar o marcharse, decide esperar un poco y sigue llamando.

Dentro un cuerpo inerte, escucha el timbre pero no puede moverse, ni tan siquiera hacerse oír, unas lágrimas de angustia se escurren de sus ojos.

No sabe que le está pasando, ha notado una ligera picadura, malditos mosquitos, pero parece ser cosa de un ictus cerebral.

Hace esfuerzos sobrehumanos para intentar llegar al móvil, cada vez se siente más pesada, pero la mano izquierda parece tener algo de sensibilidad, consigue agarrar el aparato y pulsar llamada al número más utilizado, con pavor escucha como suena otro aparato, en la mesita de noche, del otro lado.


Barcelona, 17 Mayo 2017


jueves, 11 de mayo de 2017

Tras la tormenta





Foto del autor 


Tras la tormenta


Toda aquella lluvia no podía ser normal, vale que estábamos en mayo, plena primavera, época de lluvias y tiempo inestable, con alternancias de frío y calor sin venir a cuento; pero tantos días seguidos empezaba a molestar, por mucho que se estuvieran llenando los pantanos.

Eso cambia el carácter ya de por sí inestable de ciertas personas, las más propensas a dejarse influir por circunstancias externas, a su de por si débil personalidad.

Tener que enfrentarse a la dura realidad, en estas circunstancias, se le hacía especialmente duro a nuestro hombre.

Se había concienciado en sobre manera, todos a su alrededor, alardeaban de que esta vez sí, iban a echar toda esa escoria, venida desde ves a saber dónde y así acabarían con todos los problemas del barrio, antes tan decente, con sus arbolillos y parterres siempre arreglados.

No como ahora, con críos jugando con la pelota, a todas horas en la calle,  estropeándolo todo y gritando sin venir a cuento.

Habría trabajo para ellos, los de casa, los que se lo habían ganado, por estar sindicados y acudir como un clavo a todas las concentraciones y huelgas convocadas.

Pero él no lo veía tan claro, esa gente tenía derecho a sobrevivir, lo habían tenido muy difícil y trabajaban como el que más.

Tenía muy dentro metido, lo de ser tierra de acogida y de las oportunidades para todos, sin tener en cuenta raza, origen, religión, Una república abierta en todos los sentidos.

A todos nos gusta ser dueños de nuestra historia, convocar las grandes gestas del pasado para dar ánimos en momentos de penuria. Pero los tiempos cambian, la unión entre estados es más provechosa que la eterna división con peleas vecinales.

Nadie a su alrededor parecía tener todo eso en cuenta, sólo veían que los suyos, los de toda la vida, se habían vendido al capital y su grandeza estaba en manos de una fuerza nueva, con ganas de acabar con el estatus imperante.

Pero haría caso a los viejos maestros, a esos exiliados que supieron enseñarle unos principios que aunque perdidos, siempre serían válidos.

No podía ser que la barbarie se impusiera a lo razonable, por apestoso que se presentara en su nueva vestimenta, eran tiempos de dudas convulsas, pero había que levantarse y afrontar el mal tiempo, un voto siempre es importante.

Con el paraguas, que siempre es inútil si el viento sopla más fuerte de lo mínimamente aceptable, con el cuello de la gabardina subido, la papeleta escogida desde casa, para que nadie se fije en ella, se dirigió, principios abandonados de por medio, hacia el colegio donde ondeaban banderas que no suelen indicar lo mismo para todos.

Pasada la tormenta, felices y contentos, sin entender nada pero liberados de la angustia ante el abismo, los de siempre brindan con champagne; el sistema está a salvo.


Sarrià, 10 Mayo 2017


domingo, 7 de mayo de 2017

ESPERANDO





Imagen obtenida de Internet





Para amenizar la lectura



Toda la casa, era un silencio permanente, donde el único movimiento con sonido, que sólo los oídos muy entrenados podían percibir, era el descenso del polvo sobre los muebles, antaño tan brillantes tras innumerables pasadas de cera.

En aquel habitáculo, parecía estar el tiempo congelado, los pesados cortinajes escondían tras ellos, puertas y balcones, pues todas las aberturas de la casa estaban abrigadas.

Un breve pero intenso rayo de  sol, que había osado introducir algo de luz en una de las estancias, nos permitía ver, esa danza del polvo en el aire antes de depositarse sumisamente en la primera superficie hábil.

A pesar de estar toda la vivienda cerrada a las influencias externas, ocasionalmente se oía un chasquido, fruto de las contracciones de algún mueble más sensible a los sutiles cambios climáticos en el interior de aquella residencia.

Los muebles de mayor valor, en apreciación de los señores de la casa en su momento, yacían como fantasmas sin cadenas, soportando unas sábanas viejas, cómo hábitos religiosos o mortajas para unas piezas fuera de uso.

Las alfombras enrolladas y bien envueltas, eran un simple bulto en un extremo de cada habitación.

Era tal la penumbra, que las sonrisas de los cuadros, donde unos campesinos bailaban en corro, buscando la mirada cómplice de sus parejas, eran imposibles de ver.

Incluso los rasgos de una virgen, encerrada en una urna sobre un manto de flores secas, eran indefinidos.

Las agujas de un viejo reloj de pared yacían marcando estáticas unas doce pasadas, sin saber si era mediodía o medianoche, las cadenas con los contrapesos colgaban inertes, sin ayudar a contar tiempo alguno.

En algunas esquinas, arriba en los techos, realzadas por los encofrados, unas telarañas daban muestras de una cierta actividad en algún pasado cercano.

Era difícil de averiguar si algún bicho era capaz de vivir en aquel ambiente abandonado, quizás alguna cucaracha impertérrita, con su traje de gala, todavía se vería capaz de sacar algo de provecho, en alguno de aquellos cuartos abandonados a su suerte.

En una de esas habitaciones, con un poco más de luz, por tener los las persianas mal cerradas, donde los rayos de sol incidían en la luna de un antiguo armario ropero, se vislumbraba un balancín conteniendo una figura supuestamente femenina, dados los ropajes que la cubrían.

A su vera, una pequeña mesa auxiliar, de fina caoba decorada con incrustaciones de marfil, donde están depositados unos guantes de fino ante, junto a una botella vacía, de vidrio con arabescos propias de los vinos olorosos, cómo si la cogieran para servirse, en una copa de noble cristal tallado.

Una maleta a los pies de ese cuerpo estático, con un paraguas cogido a sus cinturones de cierre, a la espera de una partida en breve. ¿Quizás?

Un papel de color azul, con unas tiras blancas escritas y enganchadas sobre él, dan nota de que se trata de un viejo medio de comunicación, conocido como telegrama.

-        No sufras por nada-Stop-Te recojo mañana-Stop-Tengo permiso-Stop-Viajaremos a Barcelona-Stop- Te quiere. Tte. Carvajal-Stop-Madrid. 17 Julio 1936.

Unos postigos, liberados con la insistencia de las inclemencias y el paso del tiempo, baten ignorantes de lo acontecido en el interior de la vivienda.

La hiedra sigue feliz, tomando el sol apoyada en las paredes de la vieja mansión.


Sarrià, 7 Mayo 2017



jueves, 4 de mayo de 2017

CENAS









Mejorando el producto con música




Nos hicimos mayores sin darnos cuenta; manteníamos nuestra amistad alternando  épocas con mayor o menor contacto, desde esa lejana juventud militarizada.

Con conversaciones, engranadas a través de los tiempos, dejadas y retomadas mil veces, esas de las que nos hacen saber a qué sociedad pertenecemos, y lo qué realmente nos importa.

Unidos por ese pasado tan curioso, que dio pie a una convivencia muy peculiar, con un pequeño periodo posterior más autónomo compartiendo piso, dando lugar a las múltiples anécdotas que ambas cosas provocaron.

Hay hechos que marcan, a las personas, al tiempo compartido e indican por donde irán las cosas en el futuro, aunque lo más posible es que se vayan diluyendo en el tiempo.

Mantener una amistad durante tanto tiempo, sin desfallecer, tiene su merito.

Y en esto, tengo la inmensa alegría de incluso mantener amigos del cole.

Luego, con el paso de los años, se fueron incorporando las parejas, las efímeras, las para siempre, las que ya estaban antes.

Algunos, más primerizos que otros, todo hay que decirlo, intentando descubrir el mundo, ya conocido.

En cualquier caso, y con los cambios ocasionados por circunstancias nada deseables, seguimos en la brecha con una nueva aportación al grupo, que le da una nueva vitalidad, al menos a mi seguro.

Las cenas de encuentro, donde se repasan las actividades de los hijos, para desahogo de padres responsables. Casi todos están bien encaminados, menos los que por edad aun pueden apurar un poco el golferio inherente a la juventud, que a nosotros nos pilla ya algo lejos.

Siendo diferentes, podemos entablar cualquier tipo de conversación, en la que haremos oídos sordos a todo aquello que desaprobamos, pero con la sonrisa puesta de quien no se deja engañar y tampoco lo pretende con el interlocutor.

Ya sabemos de qué pie calzamos cada uno y donde está el callo a pisar, pero sin caer en ataque furibundos, que el buen humor no pueda cauterizar.

Siempre acabamos comiendo más de lo a priori previsto, una forma de alargar el acto de unas cenas, imprescindibles para gozar juntos con los beneficios de una buena amistad.


Barcelona, 4 Mayo 2017




sábado, 29 de abril de 2017

Reciclar adecuadamente



Foto del autor





Acompañamiento musical


Llueve, lleva varios día haciéndolo, es lo que tiene la primavera, aquello tan dicho de “En abril aguas mil”.

Pero como soy un ciudadano concienciado me decido por ir a los contenedores de basura. No puedo esperar más, ya llevo un par de días y no me gusta dejar los desperdicios en casa y menos los orgánicos.

Hace un viento racheado, que me moja la cara y con ello las gafas, impidiendo la visión correcta, no puedo hacer nada, tengo las manos ocupadas con las bolsas de colores. Ya saben, azul, verde, amarillo, gris…Son muy monas y vistosas, sobre todo la de color butano, en esa como es más grande, pues pongo lo que me hace más bulto, claro.

Todas son reciclables, se descomponen en un tiempo relativamente breve, me daría tiempo de llegar al vertedero, si hiciera falta.

Al final he decidido repartir lo más grande en varias, llama menos la atención y es más fácil de introducir en los contenedores.

No es tan fácil lo de saber, que es lo qué va en cada contenedor con su mona tapa de color indicativo, eso sería una cosa sencilla y el Excmo. Ayuntamiento de nuestra excelsa ciudad, no está para esas tonterías, bastante ha hecho con ponerlos y pasar  a vaciarlos.

Tras una campaña de desinformación, lo que el sentido común, ya saben el más común de los sentidos, nos había hecho llegar a pensar, no vale.

La cancioncita del spot, ya se encarga de sembrar dudas allí donde no las había. Cristal sí pero sólo botellas, plástico sí pero solo envases, papeles sí…bueno el de papeles es el único que lo vacían con cierta rapidez los furgoneteros que se ocupan del reciclaje por cuenta propia.

Al final todo el mundo se va al gris y ya se lo harán.

Lo del marrón es más simple, si hace peste a ese, en una operación rápida, pues es muy desagradable cuando la sincronización de lanzamiento de bolsa, no coincide con la apertura, tras apretar con rabia en la barra para levantar la tapa.

Otra cosa que queda por los suelos y ya se…

Pero claro, uno es un profesional y hay cosas que interesa que queden a buen recaudo.

Además los autónomos nos ocupamos de todo, no estamos para delegar nada, como ahora se dice.

Así que cegato por la lluvia, con las bolsas resbalando por pesadas y mojadas, atravieso la calle camino de la plaza, donde en una de sus esquinas, se encuentran los susodichos depósitos de deshechos para casi  todo tipo de desperdicios.

Y siempre te quedas ahí enfrente, con  las  dudas propias ante la gran responsabilidad de haber acertado por una vez en tu vida, con el sencillo protocolo municipal.



Sarrià, 29 Abril 2017

miércoles, 26 de abril de 2017

Llueve sobre la ciudad



Foto del autor


                                                                    Música 


Llueve sobre la ciudad.

La melancolía invade las aceras.

Todo brilla con la patina del agua caída.

Los paraguas cual setas de colores, decoran los paseos.

La gente camina apresurada, sorteando charcos.

Los niños los pisan para desespero  materno.

Un día gris no siempre entristece el ánimo, pero atrae la nostalgia.

Te quedas mirando tras la ventana, buscando dónde están  refugiados los pájaros.

Las terrazas de los bares están vacías, a pesar de los toldos, a nadie le apetece sentarse a la intemperie.

No hace frío, sólo un ligero fresco acompaña al agua que cae, incomoda pero como fuente de vida qué es, agradeces la primavera.

Vendrán días soleados, en los cuales añoraremos esa lluvia purificadora, que ahora juguetona y libre,
impregna todas las zonas donde la tierra aun es visible.

El resto corre por las calles, compitiendo con el tráfico rodado, por llegar cuanto antes a destino.

Tras sacudir el paraguas, los peatones entran apresurados a sus diversos lugares de refugio.

La lluvia no perdona, continua cayendo, variando en intensidad pero sin dejar de descargar esa agua que se adueña del pulso ciudadano, convirtiéndose en protagonista absoluta, de conversaciones vecinales e intercambios amables de palabras ascensoriles.

El viejo castillo, visto a lo lejos, luce sus piedras limpias, ante el embate del agua que no borra sus posibles culpas, cometidas no hace tanto como para ser perdonado.

La lluvia disimula las lágrimas de la última abuela con el corazón roto, siguen los desahucios, hijos sin empleo, nietos con hambre.

También, no todo va a ser tragedia, acompaña las lágrimas de felicidad, por la última prueba superada, la oposición que se resistía, la operación perfecta.

La lluvia nos envuelve a todos, nos acorrala y persigue, pero la necesitamos, sin ella no somos nada, no somos nadie.

Pero cuando salga el sol sonreiremos más.




Sarrià, 26 Abril 2017

lunes, 24 de abril de 2017

Camas Modernas

Cama articulada (Imagen de Internet) 



Doña Filomena, Filo para los más allegados, incluida familia, amigas varias y el párroco, era una mujer pragmática hasta la médula.

Cuando se murió su querido y soportado Amancio, decidió, visto lo visto, que a partir de ese momento ella decidía en todo lo concerniente a su vida y hacienda.

Dándose el gusto de cambiar la vieja cama de matrimonio por una de esas modernas, que te dan incluso masaje, suben y bajan a voluntad, ponen  pies y cabeza a desnivel y no te cantan nanas, por qué al de marketing no se le ha ocurrido preguntar en el estudio de mercado, por las necesidades reales de los usuarios.

Como era mujer ya entrada en años y por tanto también en carnes, optó por seguir con una cama de tamaño regio, con lo cual era dos plazas con mandos independientes, para que los ocupantes, pudieran estar a su antojo sin molestarse, es decir uno con la cabeza plana y los pies en alto, por aquello de la circulación y el compañero de cama al revés, pies abajo y cabeza bien erguida, para poder leer por ejemplo.

A Filo le parecía un invento fabuloso y disfrutaba jugando con el mando, ahora subo ahora bajo y ahora me masajeo.

Ni que decir tiene, que no había aprendido nada de la experiencia, con su difunto mediante, del uso y abuso de un colchón de agua, lo más de lo más en sus tiempos de alocados arrebatos juveniles, cuando tuvieron un buen reventón, que dio como resultado, una forzada renovación del suelo enmoquetado de su flamante habitación suite con baño incorporado.

Claro que había un pero, cómo no, todo en la vida lo tiene, sus compañeros ocasionales de cama, haberlos los había, pues a la vejez tampoco hay que ponerle más tristeza de la necesaria, se encontraban un tanto desubicados con tanta modernidad, y eso que alguno era más joven que ella.

Era capaz de poner música marchosa y darle al aparato, para que la cama, inteligente ella, los pusiera a tono, con unos cuantos meneos de irresistible dependencia.

Una pasada con la qué,  conseguía mantenerlos entregados a su voluntad, babeando como cachorrillos despertando a una nueva realidad festiva.

Cuando daba por finalizado el tratamiento personal, se limitaba  a poner todo plano y quieto, esperando que se dieran por aludidos, cuando con un toque perverso los descabalgaba de la horizontal postura, indicando que la fiesta había finalizado y era hora de recoger e irse por donde habían venido.

Siempre había el tipo cariñoso que buscaba darle un beso de buenas noches dándose de cara con la otra parte de la cama levantada. Quedando como una cosa muy ridícula para darle un ósculo.

El más patoso de todos era Rogelio, el carpintero que le había renovado la cocina, y había hecho grandes elogios de su lencería con puntillas tendida en el patio, que resulto ser una cortina del cuarto de invitados.

Pero la picardía hizo fortuna y fue perdonada tras un trasiego por la cocina, sala y habitación principal, con un final apoteósico, en el que a punto estuvo de perder su hombría, en un juego de sube y baja, del infernal aparato para descansar.

Eso no le evitó, pasar por la humillación de una despedida acorde con las costumbres de la maestresa, muy puesta en su lugar a la hora de indicar su poderío.



Sarrià, 23 Abril 2017.


viernes, 21 de abril de 2017

El relevo


Foto del autor



Empieza a caer el sol, el atardecer quita  luz y cambia perspectivas, lo que vemos no es lo que pasa.

A medida que las sombras ganan espacio, quedando las manchas de luz señaladas por las farolas, las diferencias parecen menores, las distancias se acortan.

La referencia que marca el primero de la serie, condiciona, guía y anima, a los perseguidores.

La adaptación al cambio de luz, no cae igual de bien a todos, hay quién se adapta mejor y sabe sacar partido de la falta de percepción, por parte del contrario, de donde están los límites de la pista.

Siempre he considerado más peligroso el cambio contrario, pasar de la noche al clarear del día, también el cansancio hace más mella y las distracciones son más recurrentes.

El ritmo de paso ha descendido, nada preocupante, entra dentro de lo normal, dadas las condiciones ambientales.

El OK reina en la pizarra, donde marcamos los tiempos realizados, de momento no nos preocupa las diferencias y sólo ponemos posición y tiempo consumido por vuelta.

Una ligera inclinación de cabeza, nos indica la conformidad  por parte del piloto de que sí, realmente todo esta OK.

Va pasando el tiempo, cuantificado en horas, minutos, segundos, décimas. La oscuridad ambiental es total, las motos dejan una estela coloreada al ser retratadas por los ávidos objetivos, deseosos de la foto original.

Los plataneros, farolas, bordillos, se esconden tras unas balas de paja, en los sitios más problemáticos, esos en los que una caída, puede ser muy peligrosa.

Eso se sabe, pero nadie piensa en ello en voz alta, vemos como se hunde la horquilla en la frenada y pensamos en que acelere rápido.

A pesar de que todos saben lo que han de hacer, siguen mi mirada por si hay algún cambio. Vienen momentos de tensión, en poco tiempo se producirá un aprovisionamiento, una carga de gasolina a la máxima presión, para reducir al mínimo la pérdida de tiempo en la parada, con cambio de pilotos incluido.

Ya han avisado del relevo, el piloto se acerca y mira los tiempos que tengo anotados y la posición en la que estamos. Le comento cuatro obviedades necesarias para tranquilizarlo.

Sabe que correrá de noche cerrada y hay que estar atentos a los despistes de los novatos, sobre todo en el cambio de rasante y en la bajada del Grec.

En un momento, la parte delantera del box, está saturada, mecánicos prestos para cualquier eventualidad, la gasolina es muy volátil y caprichosa.

Ya han dado aviso en pista, para entrar en la próxima vuelta. Todos expectantes a verlo aparecer y que vea bien la pizarra con las indicaciones pertinentes.

Asiente, inclina la cabeza dos veces, una mueca de satisfacción por el próximo descanso se dibuja en su cara.

En menos de dos minutos, el mundo, nuestro mundo, se volverá loco, entrará la maquina humeante, parará en el box, se bajará el piloto para dejar sitio a su relevo, pondrán combustible a tope, comprobaran desgaste de ruedas, tensado de cadena, limpiaran óptica y cúpula, estarán atentos a todos los sonidos procedentes del motor y luego, en menos de lo que  aquí se explica, saldrá a la pista para una nueva tanda de vueltas, una hora y media por delante, de incógnitas por desarrollar.

Los pilotos han tenido un brevísimo intercambio de palabras para advertirse del estado de la pista y desearse suerte. Se contagian el optimismo por estar bien situados en la tabla, la noche es larga y puede deparar muchas sorpresas. 

Veremos.

Los comisarios dan conformidad a la corrección de toda la operación.

El autor, 
en sus años mozos, 
crono en mano.



Barcelona, 21 Abril 2017.