lunes, 25 de septiembre de 2017

Tercer Aniversario



Foto de MªC. G. F.



Va pasando el tiempo,
ya lo contamos por años,
y tú presencia en mí,
en nosotros,
no se diluye, 
sigue bien presente.

Se  supera el dolor
o se adormecen los sentidos.
ya se sabe,
el tiempo todo lo cura.

Cualquier excusa,
nos es válida
para seguir viviendo
sin tu compañía.

Se habla de superarlo,
de pasar el duelo,
de seguir la propia vida,
asumiendo tu pérdida.

Ahora, de otra forma,
estás presente.
en los recuerdos,
los buenos,
los que están bien guardados.
los que nos permites vivir,
sonriendo siempre.

Y así lo hago,
sigo, sin desfallecer,
en el camino, 
del que la muerte,
prematuramente te apartó.

Estoy tal como querrías verme,
bien seguro, paso tras paso.
creándolo  nuevo.

Acuarela de M.J.G.F.



Sarrià, 26 Septiembre 2017



miércoles, 20 de septiembre de 2017

Poema perdido




Foto del autor

Poema Perdido


 ¡Hay madre!
No te asomes al balcón,
que ya vienen, ya están aquí,
las fuerzas de la guardia civil.

¿Hijo que pasa?
¿Qué está ocurriendo?

Nada has de temer madre,
todo lo hago por tu pensión.

¿Hijo has robado?
¿Cogiste lo que no debías?
Angustiada me tienes.

¡No madre! Son ellos.
con su avaricia y mal hacer,
al pueblo han arruinado.
ya no nos dejan ni ser.

¿Quiénes son ellos?
¿La guardia civil?

¡No madre! ¡Ellos no son!
Obedecen, como siempre,
a sus señoritos,
que no dan la cara.
solo mandan con decretos.

Pero hijo, ¿Qué nos va a pasar?

Nada madre, somos muchos,
todos juntos en la calle,
defendiendo nuestros derechos.

Hijo no me digas eso,
me recuerdas otras épocas.
que mandaban los fascistas.
y no se podía votar.

Es lo qué quieren,
no dejarnos votar.

¿Pero cómo puede ser?

Es que no llegaron,
a irse del todo.
¡Madre!



Barcelona, 20 Septiembre 2017


martes, 19 de septiembre de 2017

Orejero de Cretona

Imagen obtenida del prolífico Internet


El sillón


Don Florencio se quedó demudado, sin saber qué hacer, se quedó como un autómata, sin ver como se salía el café, desbordando la taza, el plato, el soporte de la cafetera y ya puestos la encimera, buscando nuevos horizontes por el suelo de la cocina.

En su ya largo recorrido, ahogó caprichosamente a cinco hormigas que pasaban por ahí, en una cadena alimentaria, procedente de debajo del cajón del pan, donde unas migas recientes, eran fielmente transportadas al hogar común.

El ronroneo de la cafetera al quedarse sin agua, pareció despertar a nuestro decadente héroe, que se limitó a desconectarla.

Con el plato en la mano, goteando café aguado por su recorrido, se dirigió a la mesa de la cocina, donde solía desayunar, en estos últimos años, de su ya prolongada jubilación.

Se sentó en la silla, y siguió con la mirada extraviada, sin poder dejar de mirar, más allá de la entrada de la cocina, en la sala, al lado de la chimenea, en la qué, en esos días más crudos del invierno, encendía una estufita imitando unas llamas.

Era el rincón preferido de Tomasa, donde espatarrada en un orejero floreado, al que se le había incorporado un cojín para mejorar su comodidad, dado el pequeño tamaño de la usuaria, veía pasar las horas de su existencia, en un sinfín de pensamientos encadenados, de los que no daba cuenta a nadie.

Pero para nuestro pobre Florencio, la visión de ella, estirada en toda su corta longitud, fruto de su último estertor, era mucho más de lo que su delicada salud de hierro, podía soportar.

Recogida de la calle, en una noche de borrachera triste y llorosa, ahí bajo la lluvia, se apiadó de ella, mientras  se frotaba entre sus piernas, dejándole con los pantalones más mojados de lo que ya estaban.

A partir de ahí, empezó una convivencia, de la que no se tomó la molestia de celebrar aniversarios.

Compartían noches de frío, ante una televisión inmunda, calentados por un fuego falso.

Cuando venía el cambio de clima, se limitaban a ver refritos de programas anteriores y escuchar de fondo, el runrún del aparato de aire acondicionado, al que este año sí, le cambiaremos el filtro.

Ahora, tendrá que enfrentarse sólo, a las inclemencias históricas, sin su sabia gata.



Barcelona, 19 Septiembre 2017

lunes, 4 de septiembre de 2017

Luna reinante

Foto del autor



Me asomo a la terraza,
estás ahí espléndida,
fiel a la cita,
inmensamente hermosa.

Sola, con todo el cielo,
bien despejado
para que luzcas más.

Plenamente dominas
este  nuevo atardecer,
cuando aun suenan
campanas de vísperas.

El día aun no se ha retirado,
pero antes de que llegue la noche,
ya estás presta para mandar.

Tienes ese algo especial
que subyuga y domina,
atrae y embelesa,
roba voluntades,
adormece los sentidos.

Ante tu presencia
nada importa,
estás ahí, en lo alto,
rigiendo nuestros destinos.
¡Como una señora!
.
Esta noche, soñaré seguro,
contigo como testigo.

Tendría que decirte:
¡Huye Luna, Luna, Luna!
Pero no soy poeta,
sólo  admirador.


Sarrià, 4 Septiembre 2017



jueves, 31 de agosto de 2017

Descansando sobre la arena




Fotos de I.C.C.



Recostadas sobre la arena,
varadas en la playa,
somnolientas al amanecer,
abrigadas contra la marinada,
esperan tranquilas
la próxima salida al mar.

Nada saben de lo que les espera,
entre sus cálidas aguas,
pueden encontrarse con cualquier cosa,
desde una pesca grata
hasta un rescate accidentado.

Un paseo bajo la luna,
intentando una seducción,
o bajo un sol implacable
capturando sardinas.

Descansan sobre la arena
siempre a la espera
de que la próxima salida,
nunca será la última.

La venidera aventura
puede ser la definitiva,
aquella en que se encuentren
una bella sirena o
un desabrido rey tritón.

Con permiso de Poseidón
navegarán por las aguas,
en pos de aquello
que siempre se busca.

Vivir





Sarrià, 31 Agosto 2017


Un Paseo Diferente



Foto del autor



Recorro el lugar con la mirada, mientras mis pasos siguen fielmente las órdenes de esperar, antes de caminar por un lugar que parece de obligado silencio.

La gente, observa absorta las ofrendas por los damnificados, apartándose cuando se acerca alguien con cara apenada y deja una vela, un poema, un peluche o una flor.

Un reportero de tv, espera le den señal de estar en antena, mientras se lo mira todo con un cierto distanciamiento profesional, sólo es una noticia.

Aun flota, en el ambiente de una calle muy transitada, el olor cargado de tragedia, el ruido de los gritos, el clamor de los lamentos, la estupefacción por lo que no podía ser,  que aquello nos ocurriera a nosotros, líderes de la multiculturalidad.

Podía haber estado ahí, en la fecha del atentado como no, qué es lo que ocurrió. Y a pesar de ello, no siento nada especial, forma parte del juego, por pasar por zonas muy concurridas, en una ciudad de  gran importancia a nivel turístico.

Pero lo que sentí de verdad fue una total indiferencia. A nadie le gusta morir o sufrir heridas de consideración o cualquier otro problema, por culpa de unos cretinos.

Pero somos conscientes que en cualquier momento puede caer la bota sobre nosotros, como cuando pisamos una hormiga y nunca más se sabe de ella. El hoy estamos, mañana ya veremos, está presente en nuestra mente.

Corroborado tras las conversaciones mantenidas estos días con amigos, conocidos, familiares, saludados y vecinos todos.

No me van a cambiar mis rutinas, seguiré pasando por el mismo lugar, sin valentía de ninguna clase, es difícil que vuelvan a atentar en el mismo lugar, aunque todo es posible.

Sé que ahora lo haré con un cierto respeto, a pesar de que han retirado el memorial improvisado por los paseantes. Pero hay otro, en el inicio del fatal camino de destrucción, más discreto, en el que respetarán las aportaciones de pésame y cariño por las víctimas, que ciudadanos de todo el mundo van dejando cada día.  

Retirarán y guardarán las ofrendas durante un corto tiempo, hasta promover un memorial fijo en otro lugar.

Ahora está tronando, chispea un poco de agua y se avecinan las lluvias de ese Septiembre que está al caer, que limpiarán, todas nuestras angustias, desconsuelos y desconfianzas. 

Nos miraremos los unos a los otros como si nada hubiera pasado.

Hay que seguir.



Barcelona, 30 Septiembre 2017

jueves, 17 de agosto de 2017

Atentado en Barcelona




Una flor en Las Ramblas de Barcelona

Se veía venir, ninguna ciudad importante del arco Mediterráneo está libre de la posibilidad de un atentado de esta especie.

Ahora sólo podemos depositar una flor por los muertos y heridos, esa gente pacífica, que disfrutaba de un paseo, en sus vacaciones, por uno de los lugares más típicos de esta ciudad.

Me pregunto cuánto odio puede haber  en la cabeza de un terrorista, para justificarse a sí mismo tal barbaridad.

Sé que no hay respuesta posible, pues es imposible meterse en la cabeza de nadie, y menos si ha sido programado para efectuar un acto de este calibre.

Nos están acostumbrando a la barbarie, al ellos y nosotros, a rechazar de entrada a todo el que es diferente. Si eres de tal origen o religión, eres un enemigo.

Es brutal, no se puede vivir así.

Sólo puedo dejar una flor en recuerdo de esas personas, que vinieron a pasear una tarde por Las Ramblas y fueron vilmente atropelladas.

El pésame más sentido por las víctimas y el deseo de una rápida recuperación para los heridos.





Barcelona, 17 Agosto 2017.

martes, 15 de agosto de 2017

El viejo ciprés



El Viejo Ciprés  (Foto del autor)


Llueve, llueve mucho, con intensidad y gran dedicación, la tierra hace rato se ahogó, ya no acepta más agua y deja que corra, buscando conocer lugares nuevos.

Un triste y asqueroso ciprés, me está mirando impávido y sin ninguna vergüenza, con la superioridad moral de los conversos, esos quienes piensan mantener el espíritu elevado y sacrificado hasta el final de sus días.

Digo todo esto, porque noto como observa mis idas y venidas, mientras reflexiono sobre el extraño hecho de estar viviendo un verano de carácter invernal.

Incluso me ha parecido ver un pingüino, paseando impertérrito por la calle colindante.

Supongo que el ciprés, lo que tiene es una envidia cochina, pues al fin de al cabo, el está ahí, aguantando todo el chaparrón, y yo aquí, a cubierto, mirándolo por la ventana, bien resguardado y en el fondo choteándome.

Parece mentida con lo mayor que es, pues me lleva un montón de años de experiencia, esté soportando estas tormentas y aun no es capaz siquiera de ponerse a buen recaudo.

Un ciprés a la puerta de una casa, es señal de bienvenida y acogida, para el caminante que ha de menester cobijo, en su cansado peregrinar, aunque éste no parece tener conciencia de su papel, por la forma en que me observa, tan fijamente que parece atravesar la ventana, tras la que observo cómo le va cayendo la lluvia encima, con cierta sorna por mi parte.

Los grados van cayendo a medida que avanza la noche y nada nos hace pensar que estamos en pleno verano.

A él, seguro que le ha despistado del todo, le tiemblan todas las ramas y algunas hojas están abandonando su lugar, cayendo pausadamente al enfangado suelo.

Está claro que el ciprés está viejo, va perdiendo frondosidad constantemente, ofreciendo ramas secas saludando displicentes.

Pero eso no se lo voy a tener en cuenta, es fruto de la edad y no hay que abusar de nuestros mayores, aunque sean tan tarugos como ese viejo árbol.

Estoy pensando en encender la chimenea, e incluso lo bien que iría esa cantidad de madera vieja, que me contempla.

Me da la impresión que mis pensamientos no le hacen ninguna gracia, supongo que con la edad también ha perdido algo de humor.

Bueno, me voy a dormir, veremos qué cara pone mañana por la mañana.


Alp, 10 Agosto 2017



sábado, 5 de agosto de 2017

LA NOTA



Fotografías del autor

La Nota

Estaba ahí, tirada en el suelo, recién huida de algún bolsillo distraído, o bien dejada caer para forzar una ignorancia del contenido no compartido.

El hombre recién levantado a quién en principio pertenecía, salió presto hacia la puerta.

En cualquier caso, llegó a mis manos,  la cogí justo cuando las puertas del tren se cerraban y el propietario y yo, nos alejábamos en sendas opuestas.

Mi intención, de devolver aquella nota perdida a su propietario, se quedó en eso, en un noble gesto.

La retuve en la mano y por alguna razón, qué no sé cuál es, me la guardé en el bolsillo.

Más tarde, en la fresca tranquilidad forzada de la biblioteca, al lado de un señor que dormía entre libros de botánica. ¿Quién no se duerme leyendo libros de botánica, cuyo grosor dejan en ridículo, mis recias pantorrillas? Me he acordado de la nota y la he leído, luego vistos sus múltiples pliegues, he intentado imaginar su formato primigenio.

Y he pensado que un barquito de papel era lo más adecuado o lo que se ajustaría más a la imaginación de un maquinador de las letras, sin pudor alguno por las de los demás.

Así con esta forma, ves la nota navegando e imaginando la historia que tras ella se esconde, unos ánimos no pedidos, un rechazo amoroso, un agradecimiento por animar una fiesta, un reconocimiento por las virtudes en el arte musical.

¿A saber? Es cuestión de dejar volar la imaginación, y esperar, a ver qué sucede, que me trae esa neurona loca que revolotea por mi cabeza, harta de darse porrazos en un cráneo vacío.

Al hombre de la nota, se le promete que con un espíritu fuerte, los deseos se consiguen. Ahora se me ocurre un símil, que por no herir suspicacias, socio-político-sentimentales e identitarias, no mencionaré.

Espero que lo logre, que consiga aquello que se proponga, que disfrute de lo que la firmante de la nota le promete, que ya veo que no va  a ser con ella, que con bailar y cantar ya tiene bastante y él a lo mejor tiene un corazón roto, por dedicar una canción, a quién sólo quería una tarde de diversión playera.

Sara, sólo decirte, que tu nota cayó a mis pies. Sin ánimo de inmiscuirme y tras un intento, vano de hacerla llegar otra vez a su destinatario, se me ocurrieron estas palabrejas, por haberla leído, que os pido perdón por ello, bueno tan sólo es una nota, no una carta certificada, pero ya ves que una simple nota puede dar pie a cambiar una vida.

Vino hasta mí, convertida en una vela desplegada, sin ser ya un barquito con ganas de conquistar un mar conocido.

Pues Christian, se fue, sólo, sin tu nota, sin yo saber si se le cayó, o la perdió mientras le temblaban los dedos, mientras lloraba apenado, o sí la tiró voluntariamente, herido en sus sentimientos tras sufrir el rechazo.

Está claro que la leyó, a lo mejor muchas veces, tantas como pliegues tenía al llegar a mis manos, sin llegar a entenderla.

Buscando una salida para la pobre nota, aterrizó en el suelo de un vagón de tren.

La vida es caprichosa, es efímera, nos trae y nos lleva, pero al final se nos acaba.

Todo lo que pudo ser no está en la nota, en ella sólo cabe un presente incierto y un  futuro de buenas intenciones.





Barcelona,  2 Agosto 2017

lunes, 31 de julio de 2017

Botes de cocina



Foto del autor


Para Macondo, un genio con las palabras, sus significados, definiciones y conceptos.


Estamos frente una casa antigua de campo. De las que aquí se conoce como masía, en una entrada de la vivienda que da acceso directo, a lo que es la cocina y el hogar o chimenea.

Se oyen unas risas y una niña de unos seis o siete años sale corriendo, seguida por su hermano pequeño, como una sombra.

Paredes blancas, muy gruesas,  olor ocre profundo,  fruto de muchos años de ahumado en la estancia. 

Viejas y nobles maderas, en puertas vigas y ventanas, también en  los  estantes situados estratégicamente en las paredes para acoger los trastos necesarios en una cocina. Nos referimos a todos aquellos que no tiene la categoría necesaria, o el tamaño adecuado para ser acogido en la vieja alacena, que reina solitariamente en una de las paredes, libre de cualquier otro aditamento.

El fuego crepita en la vieja chimenea. ya hemos dicho que todo es viejo. Aquí todo es muy viejo, es una masía muy antigua. En la fachada principal, una fecha gravada en el dintel, certifica que es del siglo XVIII. 

Tiene, eso sí, las evidentes evoluciones, propias de este tipo de construcciones, que se iban  ampliando en función de las necesidades y aumento de sus habitantes.

“La llar de foc” está situada justo al lado contrario de la alacena, cobijada por una cúpula que le da un aire solemne, y un banco que rodea toda la construcción, permitiendo largas conversaciones de invierno a la vera del fuego.

Así tenemos, una vez entrados en la casa: Puerta a la espalda, chimenea a la derecha, alacena a la izquierda y enfrente una pared que acoge a la derecha el fregadero, con su escurreplatos encima y los fogones de una cocina de las llamadas económicas,  esas que funcionaban con leña, piñas y carbón vegetal principalmente.

Aunque ahora hay unos modernos quemadores de gas, conectados a una llamativa bombona de un color muy vistoso.

En el centro, una puerta nos lleva a una sala comedor, pero eso ahora no importa, y a la izquierda una pared con unos estantes de una horizontalidad discutible.

En uno de ellos una serie de botes de cristal, convenientemente etiquetados, muestran su interior lleno de todo tipo de viandas y hierbas aromáticas, bien cerrados para evitar el interés de los bichos por su contenido.

Las etiquetas, son aquellas tan típicas, que se ponían en los viejos cuadernos escolares, forrados con papel azul marino, cuando había enseñanza primaria, secundaria y bachillerato.

La niña y su sombra vuelven a entrar y se repite el juego, con la misma escenografía. Un adulto les hace leer las etiquetas, el pequeño apenas las balbucea, van recitando por orden de izquierda a derecha, recitando todas las etiquetas, con entonación teatral.

Arroz, azúcar, café, garbanzos, harina, hinojo, judías, lentejas, macarrones, pan rallado, pasta sopa, tallarines, tomillo, sal.

Al llegar al último,  inician una carrera loca, riendo como posesos, camino de la era.


Sarrià, 30 Julio 2017


martes, 25 de julio de 2017

La Almohada






Peces encerrados en un estanque (Foto del autor)




No me pongas la almohada encima.

No me gusta y me angustia, tras ver el resultado en otras situaciones similares, bueno de las películas más que nada, pero no me trae buenas sensaciones, creo que es mejor evitar según qué juegos.

Tú lo encuentras gracioso, pero despertarme a media noche, con ella ahogándome, es muy descorazonador.

A parte que los antecedentes que me recuerda, no son de lo más halagüeños.
Ya sé que ronco, a veces en demasía y a veces durante mucho rato, hasta que tú, con una cariñosa coz en mis costillas, consigues que me voltee, y deje de darte la tabarra durante un buen rato.

Así pasamos noches en alegre camaradería, mientras  mis costados van cogiendo un aire sacro, por su tono purpúreo.

Hasta ahora he conseguido despertarme, angustiado pero con fuerzas para retirar esa almohada asfixiante sobre mi cara, sin ver ninguna luz blanca al final de un túnel.

Pero de alguna manera siento que esto puede cambiar en un momento en cualquier noche, aquella en la que te salgas con la tuya, con eso de ponerme la almohada encima hasta que ni ronque, ni respire, ni nada de nada.

Tu insistencia no augura nada bueno, además ni siquiera disimulas.

Al menos al principio, intentabas seducirme, con puestas en escena espectaculares, juegos con esposas y antifaces, que solían acabar felizmente.

Pero ahora, casi no tienes la gentileza de esperar a que apague la luz, tras mi enésimo intento de avanzar, en la lectura de Ulises, un libro al que sabes que tengo un gran aprecio, por eso, supongo, me has regalado varias versiones de diversos traductores, e incluso ediciones comentadas, para adentrarse en el mágico mundo, que describe el autor, de su Dublín natal.

Encima en verano, es cuando este tema se me hace más recurrente, será porque es cuando hay más tiempo libre, para dedicarse a los temas esos de la cultura.

Que te voy a decir que tú ya no sepas, después de tanto tiempo de convivencia, si claro, antes no roncaba, ni me dormía a la primera de cambio, encima de ti soltando la babilla.

Pero de eso a tenerme sujeto de pies y manos, encadenado a una cama, con cinta americana sellando mi boca, esa que tanto te gustaba explorar, en tiempos no tan remotos, con tu lengua ahora viperina para mí.

Puedo seguir diciendo que estoy rendido a tus pies, pero ahora no es un recurso de conquista fácil, sino una cruda realidad, que provoca un sudor frío en mi espalda.

Esa que está reclinada sobre una cama, de la cual no puede salir, esta vez te has preocupado muy bien de que así sea.

Por suerte no sabes, que tú tampoco saldrás de esta. Temía acabar bajo la almohada, por eso puse unas gotas añadidas a tu vaso de leche nocturna, así poco a poco, con la tenacidad de las hormigas, he ido minando tus defensas.

Ahora estás derrumbada sobre mi inerte cuerpo, el esfuerzo por apretar con fuerza la almohada sobre mi cara, ha pasado la factura final.

Será un bonito cuadro para los agentes que vengan a saber que ha pasado con nosotros, cuando apestemos lo suficiente para molestar algún vecino, y tengan la visión de dos ex amantes tan juntos.



Sarrià, 25 Julio 2017