viernes, 16 de mayo de 2014

La Ceniza








                                      imagén de internet


Era un día de invierno, en el que fuimos a pasar el último fin de semana al viejo caserón de la familia, que tras largas negociaciones, habíamos vendido a una sociedad filial del ayuntamiento para montar una  residencia de ancianos.

Mientras recorríamos las salas, subíamos a los pisos, nos movíamos por las estancias, en busca de algún objeto que quisieramos recuperar, decidimos quedarnos a pasar la noche, para ello había que calentar un poco aquel ambiente tan gélido.

Bajamos una vieja cómoda del desván, no tenía el mármol de encima y estaba totalmente carcomida.

Decidimos usarla para encender el fuego de la señorial chimenea, que presidía el salón comedor.

Pues el frío arreciaba de forma penetrante en aquel viejo caserón;
Donde la vida se había dejado de practicar hacía muchos años.

Mientras contemplábamos los trozos en los que la habíamos convertido,  tras pasar por nuestras manos armadas, con una vieja y contundente hacha.

Hicimos bromas,  imaginando las mil cosas que se habían guardado en esos cajones. Antiguas enaguas de seda, corpiños de ballenas, pañuelos perfumados con agua de lavanda.

Lástima no haber descubierto ningún lugar secreto donde guardar un mapa del tesoro o algo por el estilo.

Al cabo de un rato de ir poniendo, trozos del viejo mueble al fuego, éste empezó a chisporrotear alegremente, parecíase a una cantinela, una vieja tarantela, oída en nuestra infancia y que resaltaba ahora con una fuerza evocadora impresionante.

Al mismo tiempo, se desprendían unas llamas azuladas, cómo dedos, de una mano invisible que empezaban a formar unas palabras, escritas  en el denso humo ascendente.

Era como si las viejas virutas  ascendentes quisieran contarnos algo acaecido hacía  ya muchos años.

Llega la oscuridad, los cuerpos se acercan, las lechuzas hacen sonidos....

Siguen chisporroteando los brasas, quedan las cenizas de una historia de cartas transoceánicas, que perduraron a la carcoma del olvido.

Observamos los viejos cajones hechos añicos, vacios de contenido, llenos de recuerdos,  ardiendo.

Solo tu presencia me haría sentir cómo una brisa de mar acariciar mi rostro….

En uno de ellos un doble fondo muestra un revoltijo de papeles ardiendo, una cinta roja los mantenía bien unidos, en un hatillo.

La pasión por estar a tu lado, me da fuerzas para continuar esperando un encuentro, que intuyo cercano

De ahí salen las palabras, que se forman como escritas con una tiza blanca, sobre una oscura pizarra de color hollín.

Bailemos en un abrazo eterno, que el día no nos separe

   Esas que perdurarán por siempre, ya que tantas veces como pintan las paredes, tantas otras luchan por revivir el amor imposible.
   
    ...Cuando nos reencontremos, nada ni nadie, me separara…
    
   De un época donde las cartas tardaban meses, en hacer regresar los besos enviados, quedando en el aire flotando, la niebla de un beso de cemento sobre el océano.
 
    …este tormento de tu ausencia, tiene que parar, antes de qué

Hacen rato qué nos hemos levantado de los viejos orejeros tapizados de cretona floreada, y observamos atónitos las apasionadas frases escritas con el ardor juvenil de nuestros bisabuelos.

...Mis labios se cierren sellando los tuyos, para sorber todas las palabras...

 O eso creemos.





6 comentarios:

  1. Mientras el fuego aviva la temperatura del invierno presente, las frases de amor pasional epistolar dando al pasado la opción de demostrar que las distancias se salvan si el amor se mantiene.

    Un abrazo.

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    1. Mantener la llama de la pasión encendida a pesar de la separación.
      Un abrazo.

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  2. Está muy bien ambientado. Me hubiera gustado estar presente, pero esto ya sería otro escrito.
    La narración, infunde respeto.

    Un saludo, escritor.

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    1. Gracias! Limitemonos a contemplar cómo el fuego va consumiendo o avivando, una pasión desconocida.
      Saludos.

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  3. Maravilloso texto donde nos levas de las manos a tu mente de escritor poeta

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    1. Gracias por tan sensible comentario.
      Un saludo.

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