sábado, 9 de noviembre de 2013

Dama de noche

                                                                         Studebaker



A veces al salir de noche, para ir al cine o a cenar con los amigos, lo veía aparcado frente a la casa, era un coche imponente, antiguo pero en impecable estado, brillante, sin ni una mota de polvo, con su chófer esperando, ante la puerta trasera para abrirla, en cuanto el vecino a quién venía a recoger, apareciese saliendo por el portal.

Aveces, no siempre, una bella señorita, preciosamente ataviada y evidentemente de muy buen ver, esperaba dentro del coche la presencia del susodicho señor.

Este hacía su aparición, siempre impecable, con su sombrero de fieltro y su foulard a juego, efectuaba una ligera inclinación de cabeza, en señal de agradecimiento, cuando le habrían la puerta de coche y se introducía en su interior, aprobando también la compañía del interior.

Creo recordar, que ésta, no solía ser nunca la misma, en estas acciones, solía ser la única variable del terceto, muy tradicional por lo demás.

Parecía como si solo a mi le curioseara, y para los demás, vecinos y familiares, lo dieran por algo de lo más normal.

Quizás mi extrema juventud, contra la senectud del protagonista de aquellas noches, ne hacía dar al hecho una importancia, que en si no tenía.

Pero siempre aprecie en las señoritas en cuestión una mirada triste muy poco acorde con el hecho de ir a una posible fiesta.

En alguna ocasión habíamos coincidido al regreso de nuestras salidas nocturnas, de diferente índole cada una, los dos solos, dedicándonos un discreto, buenas noches, mientras subíamos en el ascensor, detectaba una sutil mezcla de perfume femenino maridado con su varonil colonia, hasta la misma planta.

Ni que decir tiene, que cuando el ímprobo prohombre de la burguesía, qué el domingo por la mañana, repetía la acción de ser recogido, esta vez para ir a la iglesia, a misa de doce, no le acompañaba nadie.

4 comentarios:

  1. Ni qué decir tiene, que en la salida a misa de doce, una mujer hacía como que no recordaba las salidas nocturnas, contigo, algún viernes de su juventud.

    Un abrazo.

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    1. Las misas de doce, servían para reconfortarse en sociedad.
      Un abrazo

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  2. Pobre burguesía, todo un mundillo.... unas apariencias....
    Pero bueno, así ha sido y así será. No va a cambiar.
    No todo es malo dentro del mundillo de la burguesía.

    Un cordial saludo.

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    1. No todo es malo, bien lo sabes.
      Un saludo cordial

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