domingo, 12 de febrero de 2012

La calle

Volví paseando por aquellas estrechas calles, llenas de turistas curiosos, despistados y desconfiados, el frio invernal y la humedad congénita de la ciudad, no les había hecho desistir, de destripar un poco de historia de la parte vieja de la ciudad.
El sol, apenas se vislumbraba por la estrechez de las calles, inclinadas, recoletas, inimaginables, con aquellas porterías inmensas, de palacetes reconvertidos en museos, hoteles, restaurantes, donde la nobleza generaciones hacía que no se resguardaba.
Encontré, sin buscar, la calle donde puse mi caballete, mi lienzo y mis pinturas, y ante otros turistas despistados y autóctonos presurosos, inicie un cuadro imposible, donde plasmar el paso del tiempo por un calle, en la qué aún resuenan, cientos de palabras de muchas conversaciones inacabadas.
Me venían a la memoria, los comentarios vertidos sobre mi obra, despiadados unos, considerados otros, indiferentes los más, despreciativos algunos, elogiosos pocos.
Ahora no llevaba ni lienzo, ni caballete, ni pinturas, sólo una cámara con la que pude captar, la luz, los colores, tu sonrisa, pero no las palabras que rebotan entre las paredes de la calle.

2 comentarios:

  1. La luz de los callejones, los olores de los barrios antiguos de las ciudades, permiten recuperar fragmentos del ayer. Las palabras que rebotan entre las paredes no calan los huesos como un pincel, sea de hoy o de un tiempo pasado.
    Un abrazo

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    1. Nuestros oídos solo captan el sonido de algunas de las palabras que el pincel dejo de plasmar y que nosotros nos empeñamos en recordar por ser de un tiempo remoto pero grato. Un abrazo

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