viernes, 30 de octubre de 2020

Feliz Halloween

 


Foto obsequio de I.C.C.




Un poco de música 


 

¡Feliz Halloween! 

 

 

Era al atardecer, tenía que esperar el tren durante un buen rato y me fui a pasear por los alrededores de la estación.

 

Era un bonito pueblo costero, más animado durante el verano en que llega a triplicar su población, pero así y todo en pleno otoño también tenía su encanto y mucha más tranquilidad.

 

Mientras paseaba contemplando el rítmico movimiento de las olas me senté en un banco para poder concentrarme algo más en mis cosas.

 

Fue entonces cuando lo vi, un cuaderno de esos para apuntar notas, con tapas negras y un lapicero cogido a una de sus tapas.

 

Me olvide de mis cuitas personales y me dedique a chafardear en las anotaciones de la libreta, era una especie de dietario, pues estaban puestas las anotaciones por fechas, era todo de carácter comercial, seguramente el propietario sería un corredor de comercio anotando sus visitas.

 

Cuando iba a guardarla en el bolsillo para entregarla en la estación por si alguien la reclamaba, se me ocurrió leer las anotaciones del día por si era mejor darla en otro sitio.

 

  • 31 de octubre 2020 

Menudo año más mierdoso que llevo, estoy harto de pasear inútilmente, no se vende un clavo. Diez visitas y un día perdido, sí al menos ligara con una buena moza. Esa de ahí, tiene buena pinta, además las que contemplan el mar suelen ser más románticas.

 

¡Vaya pájaro! Aquí venía una descripción pormenorizada de todos los atributos de la susodicha. No se dejaba nada en el tintero y la fémina en cuestión parecía que estaba francamente bien. Pero la cosa acababa ahí, sin poner como le había ido en sus planes de conquista. 


Estaba claro que ese día, no había sido su día, pues ni ventas ni ligues. Fin de la historia.

 

En esto se me acerca una mujer de edad indefinida, pero de evidente buen ver, maquillada lo justo y con cierta clase en el vestir, nada de usos pueblerinos.

 

Directamente se me dirige y me pregunta con toda su frescura qué hago ahí tan solo y a esas horas.

 

La verdad es que me sorprende, pues no tiene nada de raro estar frente al mar al atardecer y no veo que sea algo que deba preocupar a nadie. Pero bueno la mujer en cuestión  empezó a intentar averiguar en mis cuestiones personales, si era del pueblo, si me esperaban en alguna casa, si estaba casado, sí...

 

En esto se fijó en la libreta que tenía en mis manos y sus ojos cambiaron de color y de tamaño, pasaron a oscurecerse hasta el negro, así como a achicarse como vulgares canicas.


Además, su cara palidecía de forma considerable hasta darle un aspecto cadavérico.

 

En esto vi que ya era la hora de que llegara el tren y no era cosa de perderlo. Con educación y muchas prisas me despedí de ella, sin darle opción a que se enrollara conmigo.

 

Empecé a notar un fuerte dolor en el pecho, que se me iba pasando al brazo, me vino un ataque de tos mientras andaba apresurado hacia la estación, me sentía débil, me vi algo pálido en el reflejo de la puerta de cristal, pero no le di mucha importancia. Tengo que hacer más ejercicio y rebajar peso. Me dije.

 

Una vez sentado en el interior del tren camino de casa, me sentí mucho mejor e incluso no me importó haber perdido la libreta. Se me pasaron ciertas manías que empezaban a rondarme por la cabeza.

 

Lo bueno del caso es que al día siguiente dieron una noticia por la radio, a la hora de despertarse; de que habían encontrado un hombre de mediana edad, muerto frente a la playa, sin muestras de violencia, aparentemente fallecido de forma natural, todo pendiente de la consabida autopsia para confirmarlo. 


El finado no llevaba documentación alguna, únicamente una libreta con anotaciones diversas sobre comercios del pueblo y cosas de carácter más privado. Eso era todo lo que ponía la gacetilla del corresponsal.

 

Me entró un sudor frío y me arrimé algo más a mi pareja.


 

 

Barcelona, 30 octubre 2020 

 

  


lunes, 26 de octubre de 2020

Ser Escritor

 

Foto del autor 


Un poco de música 


 

Ser Escritor 

 

¿Soy escritor por qué escribo o por qué me leen?

 

Podría estar contemplando una calavera para mis reflexiones personales, pero tras rebuscar por casa de forma infructuosa he aceptado una manzana como animal de compañía, esos que escuchan en silencio y afirman con la mirada lo que le plantees, siempre que tengan su comida a punto.

 

En eso son como cualquier juez que se precie y quiera hacer una buena carrera a la sombra del padrino de turno.

 

Así que, contemplando el brillante verdor otoñal de una supuesta jugosa y exquisita manzana, dejo corretear esa loca imaginación de la que soy usuario en exclusiva, envidia de la Cariátides que vi aguantando el cielo ayudadas por unos barrotes de hierro para que no cedieran en su empeño. 


Pero los años no transcurren en balde y la imaginación se fue y volvió tantas veces como consideró oportuno.

 

Dando pie a que a veces escribiera y otras muchas no, las más de las veces diría. Es lo que suele ocurrir en todos los casos. 


Más un buen día, liberado de los compromisos laborales, la santa excusa que impide la realización personal para todo aquello que decimos que nos gusta, me encontré con tiempo de sobra para dedicarme en cuerpo y alma a la pasión de escribir. Momento oportuno para que se extinguiera esa imperiosa necesidad de dejar constancia escrita de todas las vicisitudes habidas y por haber.

 

Es por ello que la mejor manera de retomar los buenos hábitos, sea dedicarme más con toda mi alma, a los proyectos largos y tediosos, esos que exigen la concentración de un ermitaño.

 

No vaya a ser que cumpla años de posts sin un mal libro propio que llevarme a los ojos.

 

 

Barcelona, 26 octubre 2020