sábado, 12 de junio de 2021

ESPERANZADO

 

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ESPERANZADO 
 
Quiso asegurarse de tener todas las palabras precisas para decirle todo lo que por ella sentía.

 

Se hizo un hartón de leer todo aquello que un hombre de bien, tiene que decir y plantear en el momento escogido.

 

No le fue sencillo, había mucha literatura publicada que además iba en aumento, quizás sí hubiera empezado por los clásicos, hubiera evitado mirar mucha copia inútil.

 

Encima había que añadir todos los consejos de amistades y familiares de consulta obligada, que más bien desbarataban sus ansias de conquista.

 

Todo ello no fue nada fácil y llevó su tiempo, pero al final  estuvo listo para  presentarse con la chuleta preparada, llena de las más hermosas frases que un hombre puede decir en tan maravilloso momento en que se juega su futuro sentimental.

 

Claro está que todo eso había llevado su tiempo, digamos bastante e incluso más real sería decir mucho.

 

Contar que mientras tanto no había visto a la receptora de sus desvelos, ni tan siquiera escuchado sus palabras o leído ninguna misiva. 


Pero ahora sí, que agarraría el teléfono y le diría todo lo que su ser sentía desde aquel lejano día en que sus miradas se cruzaron.

  

¡Oh cielos! Le sonrío y ante su azoramiento se dignó a pasarle una tarjeta y simplemente exclamar: 

  • - Aquí tienes mi número, cuando sepas que decirme me llamas.

  •  

Acto seguido se quedó con la sonrisa puesta, la baba resbalando, colorado como un tomate y obnubilado con su papel en la mano.

 

Pero ahora ya lo tenía muy claro, todos los poetas del mundo estában de su lado, era cuestión de acercarse a una cabina, ir con provisiones de moneda sin fin y hacer esa llamada que ella estaría esperando desde hace mucho. ¡Seguro!


 

 

Barcelona, 12 junio 2021 


martes, 8 de junio de 2021

PAREJAS

 

 Fotos del autor



Parejas

 

Desde siempre habían querido estar juntos, bueno eso es algo exagerado, digamos de cuando coincidieron en uno de los familiares baños colectivos.


Pero luego, tras estar un largo rato al sol, muy a su pesar eran separados y puestos en habitaciones distintas.

 

Como era una casa amplia y de mucha familia, eso podía implicar estar un largo tiempo sin volver a verse y en caso de hacerlo, a distancia y sin poder jugar.

 

Cada uno debía de estar con la pareja asignada para la ocasión, que alguna pero rara vez podía cambiar, pero siempre dentro del mismo orden estricto de tamaño y aspecto compatibles.

 

Es decir, el considerado buen gusto socialmente aceptado, que les impedía dar rienda suelta a sus ganas de compartir algo más que el susodicho baño familiar esporádico.

  

No siempre coincidían en hora y fecha, pero sí en lugar. Al menos ahí se entrelazaban ante la indiferencia generalizada de sus congéneres, la mayoría de un soso y aburrido que tiraba de espaldas.

 

Así iban transcurriendo sus días, viendo como el uso en el tiempo les iba desgastando en su aspecto, pero no en sus ganas de encontrarse y solazarse juntos. 


Hasta que llegó un día, de fiesta grande es de suponer y de jolgorio asegurado, en que fueron emparejados.

  

¡Sí, así como lo oyen!

 

Primero pensaron que algo en el protocolo había cambiado, mas no vieron en los otros compañeros, modificación alguna en su presentación en sociedad.

 

Luego que eran merecedores al fin, de un reconocimiento y reparación por tanto tiempo de separación forzada, pero no era el caso, visto que más bien eran motivo de chanza por parte de la mano electora.

  

Así las cosas, se dedicaron a disfrutar de aquel emparejamiento, por lo visto esporádico y alocado, pero que les permitía estar juntos y compartir un paseo en horas formales. 


 

Barcelona 8 junio 2021 

miércoles, 2 de junio de 2021

TRAS UNA VENTANA

 


Foto gentileza de Kitty







TRAS UNA VENTANA 

 

Se asomó a la vera de la ventana y su mundo había cambiado. 

Vio algo que por un tiempo había desaparecido. 

Mucha gente hablando sin hoscos ademanes. 

Niños jugando sin adultos amenazantes.  

Pocos coches rodando haciéndolo de forma silenciosa. 

Infinidad de jóvenes mochila a la espalda desplazándose patín arriba patín abajo, sin atropellar a nadie.  

Ni tan siquiera peatones azarosos por la acera esquivando. 

Abrió la ventana y oyó lo mismo que cuando la tenía cerrada.

 

Desconcertado se fue al baño a mirase al espejo, como si éste pudiera darle alguna respuesta, pero la cara era la que conocía de siempre, barba incipiente, ojos legañosos, escaso pelo alborotado, mirada triste, en fin, nada especial.

 

Tras su buen cuarto de hora allí quieto, anonadado esperando vete a saber qué, se dirigió con paso firme a la cocina, abrió uno de los armarios con decisión y cogió el bote de café, para prepáraselo como hacía tiempo no había hecho. Al abrir la lata no apreció aquel aroma que le solía recordar, un despertar de los sentidos para preparar una mañana de actividad intensa. Simplemente olió un marrón ocre, tan aletargado como su vida misma. Lo volvió a cerrar, considerando la posibilidad de acercarse a una cafetería donde le dieran uno de verdad. Pero eso implicaba, según sus antiguos cánones, afeitarse, ducharse, vestirse, desplazarse y enfrentarse al agobio callejero.


Volvió a abrir el bote, olió con más fuerza y esta vez sí, obtuvo más convicción en el mismo olor, cogió la cafetera le puso el agua conveniente, añadió el polvo marrón añejo en su receptáculo, lo depositó en el fuego previamente encendido y esperó con calma enfrentarse otra vez a su mirada al exterior de la ventana. 


Lo hizo, miro con atención, todo seguía igual, incluso mirando con más detenimiento pudo observar los embozos en todos los usuarios de la vía pública, blancos, negros, coloreados, con logos empresariales, con propaganda e incluso con la sonrisa de rigor pintada. 


Giró la cabeza y se miró el aparato de televisión pensando en buscar una respuesta, pero ya sabía que los voceros del régimen andarían con sus peroratas habituales, además no recordaba dónde había tirado el mando la última vez. 


Se quedó de pie, con la taza en una mano, un vago recuerdo de que el café era otro tipo de brebaje y la sensación de que igual valía la pena salir a la calle. 



Barcelona, 02 junio 2021