viernes, 26 de mayo de 2017

TORTILLAS



Tortilla Campera (Foto del autor)


Para escuchar mientras se degusta el producto
(aprovechado de por https://elcollardehampstead.blogspot.com.es/2017/05/pavo-real.html



Se sentía un maestro de las tortillas, las hacía de diversas maneras, texturas, ingredientes.

Les dedicaba toda la atención del mundo y se sentía del todo realizado cuando acababa su obra y les sacaba una foto para dejar constancia de ese trabajo tan bien hecho, todavía humeante.

Daba igual que fuera la típica española, de patatas fritas sin cebolla, o de calabacín, alcachofas, pisto, camarones, judías etc. etc.

Tras su finalización sacaba la cámara y zas, foto que te crío, quedando así plasmada para la posteridad.

Con el rollo del colesterol, su productividad había descendido considerablemente; desde que le diagnosticaron y medicaron, se limitaba a hacerlas muy de tarde en tarde, pero con el mismo entusiasmo de siempre.

Siempre con huevos de gallinas camperas, de las que estaban catalogadas como sueltas y paseantes, disfrutando de un buen entorno y espacio amplio para corretear, nada de jaulas estresantes, donde acabar desquiciadas.

Era de los que se miraba los productos en los comercios, varias veces, llevando siempre las gafas de ver, colgadas de un cordoncillo, para poder leer todas las etiquetas, donde estuvieran bien puesto la trazabilidad del producto y su centros de manipulación, cuantos menos mejor.

Lo que se dice, buscar artículos de proximidad geográfica, al ladito mismo del consumidor, y con poco gasto en transporte.

No hay nada como animales autóctonos, a los que se les puede llamar de tú y te entienden en tu mismo idioma.

Solía trocear los ingredientes con mucho mimo, poniéndolos en su justo tiempo de fritura, para que homogeneizaran a la perfección con los huevos frescos, batidos en su justo punto para darle esponjosidad a la tortilla y así evitar esos mazacotes tan vistos, en las que suelen presentar en muchos sitios.

La verdad es que nunca había tenido una crítica negativa a lo que consideraba su buen hacer en el tema.

Tampoco es que recibiera a nadie para ofrecérsela, pero bueno seguro que gustarían mucho.

Cualquier día se atrevería a probarlas, después de hacerles la foto y antes de tirarlas sin saber qué hacer con ellas.



Sarríà, 26 Mayo 2017

Dedicado a un amigo, que le preocupan mis estados de ánimo literarios.




miércoles, 17 de mayo de 2017

La Araña




Foto del autor



La Araña

El sol ya cuela sus rayos a través de las persianas, una pareja yace sobre la cama, ella encima en parte, sus cuerpos desnudos, sólo ligeramente tapados por una sábana, indican tiempo cálido.

-           ¿Qué quería Juan?
-           Tendríamos que ponernos de acuerdo en que conciertos    escogemos para la próxima temporada, por lo del abono.
-          ¡Ah vale!

Él se queda silenciosos con la mirada fija en un punto de la pared, de tal forma que ella no tiene más remedio que preguntarle extrañada. Mientras gira la cabeza, buscando el punto en que parecía estar esa mirada perdida, en vano pues sin gafas le costaba definir bien las cosas pequeñas a media distancia.

-           ¿Qué ocurre? ¿Qué has visto?
-            Una araña
-             Debe de ser muy pequeña, no la veo. Vaya tontería, menuda  cara has puesto por una araña.
-             Déjate estar, me dan repelús, además seguro que crece.
-            Estás paranoico.
-             No. Me la imagino creciendo, paseando con sus patas    peludas, columpiándose en su tela, descendiendo sobre mi  cabeza en plena noche. ¡Qué asco!
-              Tonterías. Anda levanta y vete a la ducha, te tienes que ir,     voy a airear y no pienso matar esa araña, tengo muchas  cosas   que hacer.
-                  Te arrepentirás.
-                   Tonto, vete.

Se mordisquean los labios, mientras hace un amago de levantarse, que queda en un intercambio de posiciones. Al fin se levanta y sale de la habitación.

Ya duchado y vestido se despiden con cariño.

-                    Te enviaré un correo con los más destacados a mi gusto, a    ver si coincidimos.
-                    Vale, me lo miro y decidimos.
-                    Adiós
-                   Nos vemos.

Se vuelve a la cama para apurar unos minutos más de ese día de descanso.

La araña, sale de su escondite, tras un radiador de calefacción.

Observa detenidamente a su presa, las piezas grandes son las que cuestan más de dominar, pero su aprovechamiento da para meses.

Tendrá que hacer un buen acopio de saliva venenosa para poder inmovilizarla.

Desde que vino de Sudamérica en una maleta, ha estado paseando por su nuevo hábitat sin probar bocado, vaya mierda de país.

Espera paciente a qué su víctima se relaje, ha estado estudiando durante días su comportamiento, esos resoplidos arrítmicos, suelen ser una buena señal, para poder acercarse sin peligro.

Espera que la ligera brisa que entra por el balcón semi abierto, le facilite un vuelo sin escalas hasta la cama.

Una vez allí, sin entretenerse contemplando  su bella desnudez, se dirige hacia el cuello para poder morder y soltar una buena dosis de su eficaz veneno que la deje inmovilizada.

Tras darse cuenta de ir sin el móvil, justo antes de bajar las escaleras del metro. ¡Qué suerte! Desanda el camino para recuperarlo.

Llama una y otra vez, al timbre de la vieja puerta acristalada, la aporrea con las manos, sabe que la habitación de ella está lejos de la puerta, al otro lado de aquella vieja casa, justo dando al patio ajardinado, donde los jazmines perfuman el ambiente.

Está seguro que se habrá vuelto a la cama, va muy cansada con ese trabajo con horarios extenuantes, pero necesita su teléfono, sin el está desnudo.

No oye ningún sonido, nada de ruido, duda entre esperar o marcharse, decide esperar un poco y sigue llamando.

Dentro un cuerpo inerte, escucha el timbre pero no puede moverse, ni tan siquiera hacerse oír, unas lágrimas de angustia se escurren de sus ojos.

No sabe que le está pasando, ha notado una ligera picadura, malditos mosquitos, pero parece ser cosa de un ictus cerebral.

Hace esfuerzos sobrehumanos para intentar llegar al móvil, cada vez se siente más pesada, pero la mano izquierda parece tener algo de sensibilidad, consigue agarrar el aparato y pulsar llamada al número más utilizado, con pavor escucha como suena otro aparato, en la mesita de noche, del otro lado.


Barcelona, 17 Mayo 2017


jueves, 11 de mayo de 2017

Tras la tormenta





Foto del autor 


Tras la tormenta


Toda aquella lluvia no podía ser normal, vale que estábamos en mayo, plena primavera, época de lluvias y tiempo inestable, con alternancias de frío y calor sin venir a cuento; pero tantos días seguidos empezaba a molestar, por mucho que se estuvieran llenando los pantanos.

Eso cambia el carácter ya de por sí inestable de ciertas personas, las más propensas a dejarse influir por circunstancias externas, a su de por si débil personalidad.

Tener que enfrentarse a la dura realidad, en estas circunstancias, se le hacía especialmente duro a nuestro hombre.

Se había concienciado en sobre manera, todos a su alrededor, alardeaban de que esta vez sí, iban a echar toda esa escoria, venida desde ves a saber dónde y así acabarían con todos los problemas del barrio, antes tan decente, con sus arbolillos y parterres siempre arreglados.

No como ahora, con críos jugando con la pelota, a todas horas en la calle,  estropeándolo todo y gritando sin venir a cuento.

Habría trabajo para ellos, los de casa, los que se lo habían ganado, por estar sindicados y acudir como un clavo a todas las concentraciones y huelgas convocadas.

Pero él no lo veía tan claro, esa gente tenía derecho a sobrevivir, lo habían tenido muy difícil y trabajaban como el que más.

Tenía muy dentro metido, lo de ser tierra de acogida y de las oportunidades para todos, sin tener en cuenta raza, origen, religión, Una república abierta en todos los sentidos.

A todos nos gusta ser dueños de nuestra historia, convocar las grandes gestas del pasado para dar ánimos en momentos de penuria. Pero los tiempos cambian, la unión entre estados es más provechosa que la eterna división con peleas vecinales.

Nadie a su alrededor parecía tener todo eso en cuenta, sólo veían que los suyos, los de toda la vida, se habían vendido al capital y su grandeza estaba en manos de una fuerza nueva, con ganas de acabar con el estatus imperante.

Pero haría caso a los viejos maestros, a esos exiliados que supieron enseñarle unos principios que aunque perdidos, siempre serían válidos.

No podía ser que la barbarie se impusiera a lo razonable, por apestoso que se presentara en su nueva vestimenta, eran tiempos de dudas convulsas, pero había que levantarse y afrontar el mal tiempo, un voto siempre es importante.

Con el paraguas, que siempre es inútil si el viento sopla más fuerte de lo mínimamente aceptable, con el cuello de la gabardina subido, la papeleta escogida desde casa, para que nadie se fije en ella, se dirigió, principios abandonados de por medio, hacia el colegio donde ondeaban banderas que no suelen indicar lo mismo para todos.

Pasada la tormenta, felices y contentos, sin entender nada pero liberados de la angustia ante el abismo, los de siempre brindan con champagne; el sistema está a salvo.


Sarrià, 10 Mayo 2017


domingo, 7 de mayo de 2017

ESPERANDO





Imagen obtenida de Internet





Para amenizar la lectura



Toda la casa, era un silencio permanente, donde el único movimiento con sonido, que sólo los oídos muy entrenados podían percibir, era el descenso del polvo sobre los muebles, antaño tan brillantes tras innumerables pasadas de cera.

En aquel habitáculo, parecía estar el tiempo congelado, los pesados cortinajes escondían tras ellos, puertas y balcones, pues todas las aberturas de la casa estaban abrigadas.

Un breve pero intenso rayo de  sol, que había osado introducir algo de luz en una de las estancias, nos permitía ver, esa danza del polvo en el aire antes de depositarse sumisamente en la primera superficie hábil.

A pesar de estar toda la vivienda cerrada a las influencias externas, ocasionalmente se oía un chasquido, fruto de las contracciones de algún mueble más sensible a los sutiles cambios climáticos en el interior de aquella residencia.

Los muebles de mayor valor, en apreciación de los señores de la casa en su momento, yacían como fantasmas sin cadenas, soportando unas sábanas viejas, cómo hábitos religiosos o mortajas para unas piezas fuera de uso.

Las alfombras enrolladas y bien envueltas, eran un simple bulto en un extremo de cada habitación.

Era tal la penumbra, que las sonrisas de los cuadros, donde unos campesinos bailaban en corro, buscando la mirada cómplice de sus parejas, eran imposibles de ver.

Incluso los rasgos de una virgen, encerrada en una urna sobre un manto de flores secas, eran indefinidos.

Las agujas de un viejo reloj de pared yacían marcando estáticas unas doce pasadas, sin saber si era mediodía o medianoche, las cadenas con los contrapesos colgaban inertes, sin ayudar a contar tiempo alguno.

En algunas esquinas, arriba en los techos, realzadas por los encofrados, unas telarañas daban muestras de una cierta actividad en algún pasado cercano.

Era difícil de averiguar si algún bicho era capaz de vivir en aquel ambiente abandonado, quizás alguna cucaracha impertérrita, con su traje de gala, todavía se vería capaz de sacar algo de provecho, en alguno de aquellos cuartos abandonados a su suerte.

En una de esas habitaciones, con un poco más de luz, por tener los las persianas mal cerradas, donde los rayos de sol incidían en la luna de un antiguo armario ropero, se vislumbraba un balancín conteniendo una figura supuestamente femenina, dados los ropajes que la cubrían.

A su vera, una pequeña mesa auxiliar, de fina caoba decorada con incrustaciones de marfil, donde están depositados unos guantes de fino ante, junto a una botella vacía, de vidrio con arabescos propias de los vinos olorosos, cómo si la cogieran para servirse, en una copa de noble cristal tallado.

Una maleta a los pies de ese cuerpo estático, con un paraguas cogido a sus cinturones de cierre, a la espera de una partida en breve. ¿Quizás?

Un papel de color azul, con unas tiras blancas escritas y enganchadas sobre él, dan nota de que se trata de un viejo medio de comunicación, conocido como telegrama.

-        No sufras por nada-Stop-Te recojo mañana-Stop-Tengo permiso-Stop-Viajaremos a Barcelona-Stop- Te quiere. Tte. Carvajal-Stop-Madrid. 17 Julio 1936.

Unos postigos, liberados con la insistencia de las inclemencias y el paso del tiempo, baten ignorantes de lo acontecido en el interior de la vivienda.

La hiedra sigue feliz, tomando el sol apoyada en las paredes de la vieja mansión.


Sarrià, 7 Mayo 2017



jueves, 4 de mayo de 2017

CENAS









Mejorando el producto con música




Nos hicimos mayores sin darnos cuenta; manteníamos nuestra amistad alternando  épocas con mayor o menor contacto, desde esa lejana juventud militarizada.

Con conversaciones, engranadas a través de los tiempos, dejadas y retomadas mil veces, esas de las que nos hacen saber a qué sociedad pertenecemos, y lo qué realmente nos importa.

Unidos por ese pasado tan curioso, que dio pie a una convivencia muy peculiar, con un pequeño periodo posterior más autónomo compartiendo piso, dando lugar a las múltiples anécdotas que ambas cosas provocaron.

Hay hechos que marcan, a las personas, al tiempo compartido e indican por donde irán las cosas en el futuro, aunque lo más posible es que se vayan diluyendo en el tiempo.

Mantener una amistad durante tanto tiempo, sin desfallecer, tiene su merito.

Y en esto, tengo la inmensa alegría de incluso mantener amigos del cole.

Luego, con el paso de los años, se fueron incorporando las parejas, las efímeras, las para siempre, las que ya estaban antes.

Algunos, más primerizos que otros, todo hay que decirlo, intentando descubrir el mundo, ya conocido.

En cualquier caso, y con los cambios ocasionados por circunstancias nada deseables, seguimos en la brecha con una nueva aportación al grupo, que le da una nueva vitalidad, al menos a mi seguro.

Las cenas de encuentro, donde se repasan las actividades de los hijos, para desahogo de padres responsables. Casi todos están bien encaminados, menos los que por edad aun pueden apurar un poco el golferio inherente a la juventud, que a nosotros nos pilla ya algo lejos.

Siendo diferentes, podemos entablar cualquier tipo de conversación, en la que haremos oídos sordos a todo aquello que desaprobamos, pero con la sonrisa puesta de quien no se deja engañar y tampoco lo pretende con el interlocutor.

Ya sabemos de qué pie calzamos cada uno y donde está el callo a pisar, pero sin caer en ataque furibundos, que el buen humor no pueda cauterizar.

Siempre acabamos comiendo más de lo a priori previsto, una forma de alargar el acto de unas cenas, imprescindibles para gozar juntos con los beneficios de una buena amistad.


Barcelona, 4 Mayo 2017