viernes, 5 de febrero de 2016

Bajo un volcán




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Llevamos mucho rato caminando, tanto que ya no tengo conciencia de cuando fue la última vez que estuve sentado, descansando a la sombra de un árbol viendo pasar el viento, si nada que escuchar a parte de su sonido al mover los resecos troncos que se agitan a su paso.

El agua se nos esta acabando, el sol empieza a desollarnos, nuestra piel expuesta empieza a estar tensa y su tirantez duele, no podemos taparnos y necesitamos la poca agua que nos queda para intentar evitar deshidratados.

No lamentamos nuestra suerte porque estamos vivos y mientras hay vida hay esperanza, ni que sea para seguí caminando en una pista arenosa, cubierta de ceniza, que le da un aspecto fantasmal y tétrico.

Nuestros pies se hunden, dificultando nuestro caminar haciéndolo más pesado, levantamos mucha polvareda y tenemos los zapatos con un cargamento extra de gravilla gris.

Sólo la inclinación del sol nos indica el paso del tiempo, el paisaje ha sido siempre prácticamente el mismo, teniendo el volcán por encima de nuestras cabezas como gran referente geográfico.

Ya no humea, hace tiempo dejó de hacerlo y de lanzar sus bombas, que sembraron el camino por el que seguimos caminando, como creyentes enforverizados tras su destino.

Ni en mis mejores momentos me hubiera imaginado ese caminar sin pausa y sin destino cierto, sabemos que hay un final porque siempre lo hay, para todo lo hay, ni que sea nuestro final.

Cruzamos fondos de arroyos resecos, con restos de árboles requemado,  que en su momento dieron cobijo a cualquier tipo de pájaros que allí habitaran y que ahora al no oírlos dudamos de su existencia.

Nosotros seguimos en nuestra insistencia en seguir caminando, no hablamos tenemos claro que sólo nos vale seguir y seguir,caminar y aguantar,que es la vida sino un caminar en busca de metas no siempre conocidas.

Y en eso estamos, en un avanzar lento por lo dificultoso y por la merma que en nuestras fuerzas representa un esfuerzo prolongado en condiciones poco apropiadas.
Somos víctimas de nuestros propios deseos, la conquista de un lugar privilegiado para tener un dominio más preferente para nuestras expectativas creadas al inició, cuando nos veíamos capaces de conseguir nuestro propósito.

Pero ahora sólo nos queda el caminar, el caminar sin pausa, el caminar sin descanso, el caminar en todo momento y en toda hora bajo el volcán, siempre vigilante, siempre estático, siempre acechante.

12 comentarios:

  1. La metáfora es perfecta. Ese deseo que nos alumbra cual faro, con el camino no calculado. Los esfuerzos mal previstos, y la fe en que la fuerza interna no nos puede abandonar

    Un beso

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    1. Gracias! Lo has captado mejor que yo :)
      Un beso.

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  2. Hala, que ya queda menos. Un último esfuerzo.

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  3. Y caminar y caminar...

    Que belleza de metáfora.
    Besos.

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  4. Y teniendo presente que sin importar lo largo del camino.... todo camino comienza con un paso..... pues adelante con el otro paso no???
    Saludos

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    1. Todo comienza con un paso ciertamente, al que no sabemos cuantos sucederán, depende de lo lejos que hayamos puesto nuestra meta.
      Saludos.

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  5. *si en caminar está principio
    porque de eso se nos informó,
    tomemos sin atajo toda la senda...
    ¡que el tiempo (también de esto se nos informó) no descansa
    y urge!

    abrazo

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    1. Toda la senda interesa puede en el caminar esta la vivencia.
      Abrazo.

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