lunes, 27 de julio de 2015

DESENCUENTROS




                         Foto obtenida de internet


DESENCUENTROS

Habían quedado en verse para ir a un concierto de música, de estos que en tiempo estival, proliferan por toda ciudad que se precie y quiera mostrar sus encantos arquitectónicos, al turismo dicho de calidad y al autóctono despistado.

Tras un largo tiempo de relación virtual, con muchos me gusta compartidos, alguna aportación mostrada, rápidamente ensalzada y puesta en circulación entre el grupo de amigos y un inicio modesto de conversación privada, decidieron conocerse en vivo y en directo.

Ella era más lanzada y le invito al evento musical, Concierto de  cámara con obras de Bach, creyendo que a él, por los gustos mostrados en la red social, podría agradarle.

Él, tímido y retraído, como cualquier persona escondida tras una pantalla, un poco ausente de lo que solemos llamar en lenguaje coloquial, vida real. No supo decir que no, puesto que su natural forma de ser le obligaba a decir que sí siempre, a todo lo que se le requería.

Tardo un poco en contestar, cosa que a ella no le extraño, pensando en lo muy ocupado que siempre parecía estar, Aunque en realidad se limitaba a procesar la oferta presentada por ella.

Concierto: Buen orden y disposición de las cosas. / Ajuste o convenio entre dos o más personas, entidades o sociedades sobre algo. / Función de música en la que se ejecutan piezas sueltas.

Le hizo gracia su forma de responder y se prestó a seguirle el juego, como siempre solía hacer con aquel tipo tan rarito, le indicó la opción tercera.

A lo que le contestó, tras una pausa con posibilidades de tomarse un café. Cámara: Múltiples acepciones, necesito precisar más.

Ella estuvo al quite y tras tomarse el café, le respondió.

Música de cámara: la formada por un pequeño número de intérpretes, preferentemente con instrumentos de cuerda.

Bach J.S.: Compositor alemán del barroco. ¿Si?

Llena de gozo por la rapidez en la contestación le dijo un sí, reiterativo, esto es: 
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

A lo que él contestó con un lacónico: No puedo leer este código de barras.

Tras troncharse de risa por su grata ocurrencia, decidió darle el lugar, fecha y la hora del encuentro, indicándole también su aspecto para poder ser reconocida.

Tras recibir el OK de rigor, quedaron emplazados para desde el lugar de encuentro trasladarse a la capilla donde se realizaba tan magno acto musical.

Como era un conocido paseo de la ciudad, muy concurrido a cualquier hora, ya sea por turistas, carteristas, borrachos, jóvenes de marcha, esculturas ambulantes, o vendedores de mercadeo rápido, en función de los paseos de los agentes urbanos, que nunca, nunca ven nada. No hubo problema para saber ubicar el sitio. A la puerta de un conocido edificio de carácter oficial.

Ella insistió en su indumentaria, para ser reconocida fácilmente.

Iré con un poncho rojo, jazmines en el pelo y rosas en la cara, y también una Pamela fucsia.

Como era un tipo educado y bien programado, se limito a contestar, que iría con las gafas con ojos y las orejas puestas para aguantarlas.

Aunque no entendió por qué le decía que llevase también una trompetilla, lo cual archivó como si fuera una broma, cosa que solía hacer, cuando no entendía algo, añadirlo a su diccionario.

Se dieron los besos de rigor y quedaron emplazados, para tan magno acontecimiento. Conocerse y compartir un acto de elevado tono cultural.

El día en cuestión, salió del garaje un poco más pronto de lo que tenía por costumbre para recoger el periódico de su amo.

Se encamino, vía navegador, al lugar de encuentro, donde una vez llegado, nadie se extrañó mucho de su curioso aspecto, pues era normal todo tipo de disfraces, vestimentas y camuflajes.

Los hombres estatua, se iban poniendo en su sitio en el paseo central a medida que llegaban, tras acabar de arreglar sus indumentarias.

En ningún momento analizó el hecho de que las siete de la mañana, no es precisamente una buena hora para acudir a un evento artístico de suficiente enjundia.

Incluso hubo una bailarina que hasta le ofreció un poco de agua, invitación que declino con una sonrisa metálica.

Se quedo en la puerta, mientras veía como todo tipo de gente desfilaba por delante de él y algunos le echaban monedas a los pies.

Pasado el cuarto de hora de cortesía, empezó a intranquilizarse, pues no sabía que más tenía que hacer. Al cabo de una hora, con la cabeza cubierta por un panamá de una chica que se quiso hacer una foto con él y que se lo dejo de recuerdo, empezó a plantearse la retirada, la cual consumó una hora más tarde. Tras pedir permiso al corro que se había formado a su alrededor, mientras silbaba el concierto nº 1 para cello, de J.S. Bach, tal como había aprendido, tras interiorizar una grabación del maestro Casals.

Se  fue ciudad arriba, para retirarse a su lugar habitual de estancia, esperando entender, tras consultar al ordenador principal, que es lo qué podía haber fallado en su interpretación de los hechos.

Encontrarse en un concurrido domingo por la tarde, con una pinta harto curiosa para los  numeroso paseantes, con ganas de asimilar todo lo que aquella fabulosa ciudad de los prodigios, en voz de un reputado autor literario bautizada, pudiera ofrecer.

Le empezó a poner de los nervios, acudir a una cita, con puntualidad británica y verse despechada a la grosera falta de tacto nacional, le empezó a mosquear. Su interlocutor más habitual, no parecía ese tipo de personas, displicente con sus  congéneres.

Es más lo tenía por un tipo sumamente educado y refinado, jamás le había visto pronunciar un taco o una palabra mal sonante, ni criticar o hablar mal de alguien.

A punto de que se le hiciera tarde para acudir al concierto y tras varias llamadas desesperadas a un supuesto teléfono de contacto al que no contestaba nadie, optó con la Pamela bien puesta, por acudir sola y despechada, inquieta y desasosegada, por no saber si su partenaire podía haber sido víctima de un atropello, que le impidiese acudir a tan magna cita, o un cruel despiste del destino.

Tras disfrutar de un discreto acto musical, en un caluroso recinto, decidió no pensar más en lo ocurrido, esperando noticias en días venideros.

Cuando el robot llegó a su casa, el dueño lo desconectó para que no se volviera a escapar, y avisó al servicio técnico.






sábado, 25 de julio de 2015

SUEÑO DE UN NINOT DE NEU



                                                Autoretrato



Calor, mucho calor, exagerado calor el que me acucia, me atosiga, me exaspera, me posee y hace de mí una esponja goteante.

A medida que pierdo liquido, dejando un rastro sobre el suelo, de mi transformación en nada, intuyo que no saldré del parque donde me  hallo.

Puestos a perecer, mejor hacerlo de una forma ecológica, convirtiéndome en un bonito y sucio charco.

Del cual puedan abrevar las palomas  ratoniles y los papagayos inmigrantes, nuevos dueños del espacio aéreo, desde la atalaya de las palmeras enfermas, con su penacho guerrero en horas bajas.

Si dura lo suficiente, igual engendra un renacuajo con posibilidades de ser una rana que a su vez, gracias a un grácil beso, obsequio de una egoísta y ambiciosa princesa, con ganas de mejorar su triste situación de soledad, leyendo libros de horas y demás misales lejos de los best seller  del momento, con y sin sombras engendrados, se convierta en un príncipe que tendrá que enfrentarse a los enemigos de su señora.

Un dragón malicioso, con un aliento braseado, impecable recaudador de impuestos, injustos como todos y además en beneficio propio, sin dejar peaje alguno por su recorrido por tierras  principescas.

La leyenda dice que la brillantez de la testuz del nuevo príncipe es debido a su enfrentamiento contra el susodicho monstruo capitalino, el cual con un golpe de mal aliento, le dejo desprovisto de su manto capilar en un momento.

Más las crónicas no están de acuerdo, pues es evidente que de cualquier historia pueda haber más de una versión, según la pluma que la escriba y de quién la remunera.

En estas tesituras lo mejor es reunir al coro, para poder con una buena aclamación manifestar el sentir del pueblo llano, que en esto de mostrarse festivalero siempre está presto y mejor si es en verano, que el calor levanta el ánimo.

Aunque evaluar a los valientes desafiantes  de la canícula, enrevesado es, por no parase quietos mientras los cuentan, e ir vestidos con los mismos colores para dificultar más la visión de los observadores asombrados desde lo más alto de la meseta, de tanta gente sin hacer nada.

Ofertados en ponerse en fila india ante una caja transparente, para poner su opción de color, los admirados visionarios, consideran que es mucho trabajo para tan poca información,  que a ellos no les viene a cuento.

Con sacrificar al grupo del faro andante, tienen suficiente labor, para con su hidalguía natural, poner el suficiente orden para tranquilizar a sus mesnadas.
Otras princesas vendrán que a otras ranas besaran, siendo mi destino ver desde el fondo de un antiguo charco, donde  partió en busca de un destino diferente  un renacuajo saltarín, que quiso ser príncipe en un salto de rana con beso, modalidad no olímpica, según la reglas del juego, impuestas evidentemente desde las lejanas alturas. 

Encogido de ánimo, busco un algarrobo, a fin de que en su cobijo pueda rehacerme para evitando un charco, poder ser persona que no príncipe de semejante algarabía, que la insensatez de una faz en plasma presentada promociona.



miércoles, 22 de julio de 2015

ZAPATOS



                                                                Imagen de internet



ZAPATOS


Se sentía muy a gusto en los actos sociales, le encantaban lo eventos, sobre todo los de carácter cultural, en donde acudían personajes normalmente muy educados y sobre todo  vestidos correctamente y detalle importante, bien calzados.

A estas alturas de su vida, en que las locuras juveniles quedaban muy atrás en el tiempo, para la serenidad que desprendía ahora; consideraba su digamos afición, un pecado venial.

No sabía cuando había empezado, pero si tenía un vago recuerdo, de cuando era una niña, iba de visita a casa del abuelo y se entretenía con el juego de cocinitas, por debajo de la mesa donde los adultos tomaban el té con pastas del domingo por la tarde.

Era una mesa enorme, modernista y con un reposa pies central, en donde depositaba sus cacharritos, ahí se fijaba en los zapatos, le impresionaban los botines de su abuelo, con aquellos cordones, asomando por un montón de agujeros.

Empezó a tomarle gusto a mirarlos y jugar con ellos, los desabrochaba y jugaba con los cordones, los unía entre ellos, lo que dio en alguna ocasión un buen susto al anciano propietario de ese calzado.

A  medida que fue creciendo, le fue dando más importancia y asumiendo que tenía que vestir correctamente y sobretodo, llevar los zapatos correctamente cepillados.

Tenía los consabidos zapatos de salón, los de tacones imposibles para hacerse ver y dominar al personal que admiraba su bella espalda y su final, las típicas manolitas, cómodas y ligeras, los de cordones para salir corriendo tras los traviesos hijos, en fin un armario completo, en función de las necesidades diarias, correctamente listos para revista.

Este comportamiento que fue adquiriendo y afianzando desde la infancia, pasando por la adolescencia y siguiendo por la madurez, lo tenía presente al escoger sus compañías y amistades.

Las compañeras de colegio, con un calzado desaseado, sin cepillar y con rozaduras o con manchas de cualquier tipo, no merecían compartir nada con ella.

Aunque la naturaleza manda, y su obcecación se centro en el atuendo masculino, descartando eso sí las horribles sandalias y las deportivas.

Un chico con un calzado poco apropiado y en un estado estético deplorable y poco lustroso, no tenía, cómo vulgarmente se dice, nada a pelar.

Aceptaba todo tipo de calzado, consideraba igual de varonil y atractivo, los pijos mocasines de origen americano, los recios zapatos nacionales, los selectos  punteados ingleses y los fantasiosos italianos.

Podía no recordar la cara del último ligue de fin de semana, pero no le fallaba el recuerdo de los zapatos que llevaba, muchas veces la duración de la relación dependía de su buen estado.

Ahora que ya no esperaba ser acariciada, por los pies ocupantes de los fantásticos zapatos que se cruzaban en su camino, encontró maravilloso el poder fotografiarlos con ese fabuloso móvil, que sus hijos se empeñaron en regalarle por navidad.

Armada con el aparato en la mano y haciendo cómo que marcaba y hablaba, se lo pasaba pipa, coleccionando retratos de zapatos.

En la última conferencia a la que había acudido se hizo con un buen modelo italiano, de esa fantasía elegante, que se atreven a llevar los hombres entrados en la fatídica tercera edad, pero que se mantienen en toda su coquetería.

Aunque no podía olvidar, los zapatos de ante ingleses, vistos en una cena de presentación europeísta, que le daban ese acto de inconformismo, tan británico.


domingo, 19 de julio de 2015

ENCUENTROS


                                    Foto del autor


ENCUENTROS

Cada cierto tiempo se necesitaban el uno al otro, por eso provocaban encuentros que sin ser furtivos si eran fortuitos, en función de sus múltiples quehaceres donde su cotidianidad mataba la creatividad.

Como lo hacían, ni ellos lo sabían, sin más un envío, una respuesta  y el encuentro se producía.

Mil palabras después y alguna idea compartida, les satisfacía hasta el siguiente encuentro, al cual cada vez se citaban con más premura.

Los rincones que formaban las más emblemáticas plazas les eran propicias, allí donde estaban las más bellas piedras, las que formaron una ciudad sin saberlo.

Donde multitud de olores eran cómplices de un sinnúmero de citas, quedando en el aire la mezcla de los perfumes.

Allí donde un saxo sonaba al atardecer, notas que lloraban alegría de vivir, componiendo un momento musical, al cual se le añadía un texto para explicarse.

La desnudez de sus almas, les permitía compartir los más bellos deseos, sueños hechos de ilusión y versos al ocaso del día.

No siempre los cuentos a relatarse eran alegrías dignas de ser contadas, pero si les servían de catarsis ante sus miedos, sacándose así los demonios anidados en su interior, abierto de par en par al aire fresco del interlocutor.

El toque de queda les cogía siempre con la palabra en la boca y con todo por decir, pues nunca había tiempo suficiente para volcar en un momento una vida creativa.

Sus besos de despedida, confirmación de una derrota, les aplazaba a una próxima vez, en la que está sí, tendrían tiempo suficiente para poner aquello, que les emocionaba de verdad.


Santo y seña de su identidad, esculpían momentos inolvidables, barridos por el viento del conformismo, esa piedra lastrada que nos limita volar con la imaginación. 

jueves, 16 de julio de 2015

FIESTA DEL CARMEN







ESTOY BIEN, ¡GRACIAS!

Hay fechas, en que los amigos, conocidos, parientes y saludados, saben que por su importancia en nuestras vidas, se me harán más difíciles de llevar.

Esos momentos en los que por su celebración, marcaban hitos en el deambular de la convivencia.

Aún estando marcados por el calendario de la cultura en la que nos movemos, los hacemos nuestros, hasta el punto de que hoy era el gran día del verano en nuestras vidas.

Se van sucediendo este tipo de fechas, marcadas por celebraciones que ya no realizamos, pero si recordamos muy en nuestro interior, con una sensación de vacío, que no se puede llenar.

Son días que intento esquivar, pero están tan interiorizados y enraizados, que es imposible y en el fondo no quiero prescindir de ellos, pues así, tu recuerdo es más fuerte si cabe.

Agradezco las muestras de cariño, de quienes pensando en ti, se acuerdan de mí, haciendo bueno el dicho, Nadie muere mientras esté vivo en nuestra memoria,


Consolándome de esta forma. Ante tu ausencia.



martes, 7 de julio de 2015

SAN FERMIN



                                                    Foto de internet



SAN FERMIN

Una retransmisión impresionante, la cobertura que hace TVE, del acontecimiento del año en Pamplona, el primer encierro de los toros, por las fiestas del santo patrono.

Un evento seguido por una multitud ingente, de todo tipo de personal, venida de todas partes y de etnias muy diversas.

El espectáculo  apenas dura dos minutos, en los cuales se sueltan a unos toros bravos, acompañados por otros mansos, llamados cabestros, por una calle en bajada hacia la plaza de toros, donde se encierra a los toros en los chiqueros.

En el trayecto, todo tipo de gente se agolpa por la calle para verlos pasar, mientras otros intentan acompañar a los toros en su recorrido o en parte de él.

Los balcones, ventanas y cualquier tipo de plataforma que permita la observación del fenómeno, está ocupada por ojos ansiosos de ver el acontecimiento, pagando por ello cantidades a todas luces desorbitadas.

La gracia está en correr lo más cerca de los toros, durante el mayor tiempo posible, sin sufrir ningún percance en el intento, para llegar hasta la plaza.

Lo cual no suele ocurrir, los toros en su alocada carrera, asustados por verse siempre rodeados de gente vociferante, apestando parte de ella al alcohol excesivamente ingerido, con los cencerros de sus compañeros mansos resonando continuamente, corren hacia adelante, atropellando y corneando a lo que se les ponga por delante.

Los corredores, la mayoría mozos aunque poco a poco, a esta locura también se van incorporando ellas, con un periódico enrollado en la mano, a modo de bastón de mando, intentan situarse delante para darles en la testuz, máxima gozada, o en los flancos, para decir que lo han tocado y dirigido hacía su destino.

Supongo que sin la literatura del señor Ernest Hemingway con su libro Fiesta, no habría coartada cultural para este acontecimiento impropio del siglo XXI.

Una vez finalizado el corto espectáculo, toca dar el parte de incidencias, con recuento de heridos y gravedad de los mismos.

Para ello la televisión pública, la que ha de velar por la veracidad y equidad de su información, nos muestra a través de varias repeticiones, desde cámaras estratégicamente situadas y desde planos cenitales, todos y cada uno de los incidentes ocurridos, si hace falta ralentizando la toma, para poder observar en toda su plenitud, como rasga la ropa de la víctima y se introduce en su cuerpo, una asta española.

Luego una pizpereta presentadora, irá deleitándonos con las colaboraciones de los expertos en el acto, comentando como han ido las jugadas.

Y las entrevistas con los famosos de turno que puedan estar por ahí viendo el espectáculo.

Todo ello en un vivo y en directo, real como la vida misma, para gozo de todos los telespectadores.


Esto es cultura, dicen.    

domingo, 5 de julio de 2015

EL PALO







EL PALO

El hombre, la mujer también, se supone, pero utilizaba la palabra para abarcar a toda la humanidad, sin distinción por sexo o razas, se ha ayudado de un palo para diversas funciones en su evolución.

Una forma de prolongar sus manos, para poder desarrollar mejor algunas actividades, como cazar al hacerle una punta afilada,  o simplemente apoyarse para poder desplazarse.

He leído en la prensa, que en el torneo de tenis sobre hierba, más prestigioso del mundo, requisan los palos que los espectadores llevan para auto fotografiarse.
Deben de considerar que el palo en cuestión, puede representar un arma peligrosa, en malas manos.

Ahora estamos en una época, en la que gracias a los artilugios tan completos, que usamos para comunicarnos, nos hacemos una foto con la que poder mostrar en todo momento, en que evento estamos, con quién y muy importante, hacerlo saber al instante.

No tenemos tiempo ni de pedir a alguna de las personas que nos rodean, que nos hagan la foto de marras, esa que antes pedías con rubor y agradecías con una sonrisa.

Podemos comunicarnos en la distancia, hacer llegar nuestra felicidad, por estar con alguien en concreto en un sitio determinado, pero somos incapaces de intercambiar unas palabras, ni siquiera protocolarias con el vecino.

Estés en un concierto, un acto deportivo, un local de moda, una playa salvaje, un mirador impresionante, sino lo haces saber enseguida, parece que sea como una flor mustia, no puedes esperar el regreso al hogar.

Lejos quedan los tiempos, en que se aprovechaba una reunión familiar o una cena de amigos, para encasquetarles las diapositivas del último viaje, el vídeo del último partido del hijo o peor aún, la película de la boda.

Te jugabas el quedarte hablando sólo, en la sala de tu casa, en la que ni siquiera tu fiel pareja, se quedaba  haciéndote compañía, con la excusa de que tenía que recoger.

Con el tiempo aprendías, que como mínimo, servía para deshacerte de invitados gorrones, que no respetaban ni una sola de las botellas, que con tantos cariños íbamos coleccionando en el mueble bar.

Pero ahora, todo se basa en poner un me gusta, en la cantidad ingente de auto fotos, de amigos, conocidos, parientes, saludados, seguidores y a todo aquel que se precie de tener contacto en la red social.

Cosas del avance de la civilización, se supone claro, no podemos dar la espalda a las nuevas costumbres… ¿Oh Sí?