sábado, 12 de diciembre de 2015

Una tarde tranquila





Las llamas se alzan con un virtuosismo conmovedor, por encima de un fuego preciosista.

Los troncos han sido puestos de forma piramidal, creando una base perfecta para una lumbre visualmente perfecta.

Su movimiento me hipnotiza, distrayendo mi atención, al desviar mi visión de la tele por ellas.

Un documental que dan sobre la vida animal en la sábana africana, queda como una voz en off.

El fuego centra toda mi atención, su papel en la sala es para mi, el de protagonista absoluto.

Los acompañantes agradecen el calor que proporciona, pero siguen enfrascados en sus cosas, en sus atenciones en leer y ver la tele respectivamente.


Una piña, que en el momento de preparar el fuego estaba aún algo verde, estalla soltando alegres chispas, como estrellas fugaces en busca de su camino en una oscura noche

Observo cómo crecen las llamas, como adquieren un tono rojizo más vivo, a medida que amplían su campo de acción.

Un precioso tapiz, que reproduce el famoso cuadro del Ángelus de Millet, empieza a humear y adquiere el tono dorado que le da un acercamiento más fiel al original.

Lo que ha empezado de una forma hogareña, como forma de calentar la amplia sala y darle un toque de calidez, se está convirtiendo en una pesadilla de colores.

El fuego ha prendido en los cortinajes de los amplios ventanales, metros de tela con avidez reseca, ardiendo con esplendidez compartida con las alfombras que empiezan a empujar el fuego hacia los sillones y el sofá en el que me encuentro.

A todo esto y a pesar de nuestras reclamaciones, tocando la campanilla, el servicio sigue sin acudir, dejándonos sin el té de media tarde y sin el auxilio requerido para apagar ese fuego descontrolado.

Ante la desfachatez mostrada por ese fuego irreverente, totalmente desbocado, salido de su área de influencia, marcada en un perímetro férreo, no nos queda otra posibilidad, que renunciar a seguir en la estancia, tan calurosamente reconvertida en un horno.

Las gacelas, a todo esto, siguen bebiendo agua de una gran charca, ajenos a los leones que se acercan sigilosamente, en busca de su merienda.

Para cuando advertidas del peligro, empiezan a correr con sus espectaculares saltos, los leones ya han atrapado a una compañera, no tan rápida y de la cual dan rápidamente buena cuenta.


Al menos para cuando las llamas han llegado al aparato, hemos podido ver el final y el servicio sigue sin venir.

29 comentarios:

  1. El fuego suele consumirlo casi todo.
    Besos.

    Original relato.
    Abrazos y buen finde.

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    1. El fuego y el comportamiento imperturbable en este caso.
      Besos, buen finde para tí también!

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  2. De verdad que el servicio ya no es lo que era...
    Deberían azotarlos.

    Saludos.

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    1. Tienes razón, con un gato de siete colas, sería lo ideal.
      Saludos.

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  3. Así, como si se tratase de algo ajeno a la vez que muy particular...
    El fuego avivándose por doquier y la dejadez o la pereza o sendas cosas aferrándose a la consciente inconsciencia...
    Muy bueno, como siempre, añado.
    Besos.

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    1. La quietud de clase, correr es de mala educación, huir es de cobardes, y hacer cosas manuales es para el servicio.
      Muchas gracias.
      Besos.

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  4. Me encanta la mezcla del fuego con la dejadez...Veo un fluir en tus palabras, un dejarse llevar a través del fuego.

    Besos Alfred.

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    1. Un divertimento con la excusa de ver, a unos señores impasibles ante la invasión de una marea de llamas devorando su mansión.
      Besos Sofya.

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  5. Lo de tarde tranquila...Es un buen texto, entiendo que surrealista. Si lleva un mensaje, no lo he pillado.

    Un saludo desde una confortable llar de foc.

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    1. Digamos que puede parecer subliminal.
      Un saludo algo chamuscado.

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  6. Con lo bello que comenzaba tu relato, ese hermoso paisaje comenzaba a entusiasmarme... pero ver arder el monte, el bosque, el árbol, seres que apenas si se transforman y nos dan vida, nos acompaña para darnos sus frutos y su espíritu.
    Y ¿"señores"? impasibles ante la invasión de una marea de llamas devorando "nuestra" mansión.
    Los bosques, son, repito, son nuestro mágico. Quemar el monte es quemar la vida, así lo he sentido y así te lo dejo.

    Besos Alfred.

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    1. Nuestro mágico hogar quería decir :)

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    2. Bueno es una situación llevada a un extremo algo absurdo. Los bosques los respeto, claro que sí.
      Besos Daphne.

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  7. Cuando más relajado estás viene lo que menos esperas y se acabó el relax.
    Al fuego le hace falta poco para extenderse y si no hay nadie que lo pare se extiende rapidamente por toda la casa y lo prende todo hasta acabar con lo que se encuentra a su paso, y, como dices, si el servicio no acude, el fuego más que tranquilo continúa su labor sin nadie que lo pare.
    Gracias por tu visita y tu comentario, dices en él que la lluvia nos trae recuerdos del calor de abrazos perdidos, pero que también limpia los caminos, estoy de acuerdo con lo que dices, pero la lluvia me gusta poco, así como esta estación del año.
    Besos, feliz semana.

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    1. Gracias por tu comentario. El fuego es tremendo por poco que pueda arrasa con todo lo que pilla. En este caso un poco de lluvia siempre es bien venida, en cuanto al invierno, es cuestión de abrigarse.
      Besos y felices días.

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  8. cuanta intensidad de palabras encierran tus maravillosas letras

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  9. Las llamas devorando poco a poco lo que los documentales nos ofrecen.

    Buen texto, un abstracto preciosista. Un beso

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    1. Mientras salto tratando de evitar las llamas, te confirmo que me he quedado sin mi té y encima lo encuentro un tanto surrealista.
      Un beso.

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  10. Aplaudo tu preciosa imaginación con la que nos transportas.
    Un abrazo de anís.

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    1. Gracias Sara, saboreo el anís y te devuelvo el abrazo con todo cariño.

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  11. Alfred, tienes a las musas de tu lado, no paran de inspirarte hermosas historias, y esta es una de ellas.
    Besos
    Puri

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  12. Hazle caso a la Dulcinea, ella sabe por qué te lo dice. Es mejor tenerla que invocar a la esquiva inspiración. Saludos a ella y a ti, por supuesto.

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    1. Por supuesto que le hago caso, es una persona del que me fio mucho de su criterio. Gracias!
      Un saludo.

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  13. A mi me parece que se tienen bien ganado el incendio, por ridículos, y por la desidia que muestran al limitarse, en un momento, solo a tocar la campanilla. Ha de ser una falta de decoro mostrar algún tipo de perturbación en el ánimo. Es que salirse del protocolo es pecado para algunos.

    Buen texto, saludos.

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    1. El espíritu de clase es lo que tiene.
      Muchas gracias!
      Saludos.

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  14. Desbordas imaginación ALfred con este relato, muy bueno, no le falta detalle a pesar de ser una historia tan compleja.
    Besos
    Puri

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    1. Gracias Puri, digamos que me ha gustado ambientarla.
      Besos.
      Alfred

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