jueves, 2 de abril de 2015

PASEANDO

                        Foto sugerida Mª P.



Paseando

Quedamos al pie de un monumento, conocido por un topónimo popular, que no tiene nada que ve con el suyo oficial.

Son las cosas que mantienen viva a una ciudad, las denominaciones de las cosas, no siguen los parámetros de los que cortan la cinta.

Tras abrazos, besos, preguntas por familiares directos y demás parafernalia en un encuentro amistoso, iniciamos paso a paso, un recorrido no previsto hacia el centro.

A través de una avenida muy concurrida, de amplias aceras, con edificios curiosamente salvados de la piqueta, a pesar de su belleza intrínseca.

La conversación toma derroteros que nada tienen que ver, con la rectilínea calle por la que se mueven, pues en círculos concéntricos va asfixiando lenta pero inexorablemente aquello ajeno que no les es grato.

La bajada al centro implica irse encontrando cada vez con más gente, todos moviéndose hacia un mismo destino aunque no sea universal.

Qué pueden llegar a decirse dos personas,, mientras andan no buscando nada, pues todo aquello que les motiva y satisface.

Adentrados por lo que en tiempo fue la principal arteria de la ciudad, se unen a la riada ya convertida en marea humana, que se desparrama por las calles adyacentes, con múltiples establecimientos ofreciendo sus mercancías.

Sin aflojar el paso ni dejarse tentar por dichos ofrecimientos, quedan al fin detenidos ante la catedral, no por sus encantos, sino por un saxo acompañando una bella melodía, entonada por un cantante callejero, que no desmerece la de una voz acostumbrada al interior acogedor de un bello escenario.

Sentados en la escalinata, disfrutan de un descanso merecido por esos andares apalabrados, mientras escuchan con atención devota, por el lugar de la música ofrecida.

En su reinicio, las piernas les llevan, sin orden alguna por un claustro abarrotado, donde nadie se fija en las lápidas que yacen a sus pies.

Pasando por calles, en las que los antiguos y venerados negocios inician la retirada ante la llegada de las franquicias tan del gusto de nuestros visitantes.

Allí donde se amplía un poco el espacio, otros grupos ofrecen sus actuaciones, cada uno con su corrillo.

Llegamos, recordando lo que aquellas calles nos ofrecieron en nuestro pasado personal, ante la basílica, entre cuyas piedras, mil notas nos ofrecieron el paso del tiempo.

Sin ser desconsiderados con los héroes de tiempos pasados, pero tampoco fieles acólitos de presentes inciertos, nos dirigimos hambrientos a un local que ofrece la pitanza de una forma gallarda.


Puedes en ese lapso de tiempo, decírtelo todo, Evidentemente no.


  
                     Foto de Mº P. G. B.

6 comentarios:

  1. Un paseo para repetir, en una ciudad Condal que nunca duerme para quien busca rincones donde habitar las miradas inquietas.

    Un beso

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    1. Una Barcelona, que sigue esperando tus pasos por sus calles, y tus palabras entre sus ruidos.
      Un beso.

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  2. Un paseo tranquilo y en buena compañía es siempre agradable y si además te reporta buenos momentos vividos en el pasado entonces mucho mejor.
    Alfred me encantó pasear y disfruté mucho con la compañía.
    Besos
    Puri

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    1. Es una conjunción de todo ello, cada recorrido te reporta nuevas experiencias que sumas a las anteriores, con compañías nuevas con las recuerdas a las anteriores. Gracias.
      Besos.

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  3. El transeúnte se deja llevar y ambientar por una transcurrida y singular Barcelona, llena de vida y turismo. Lo difícil es explicar la historia y vivencias que nos han dejado huella, cosa que un buen cicerone, consigue hacer.

    Buena Semana Santa.

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    1. Una ciudad viva y por ello cambiante, en cosas que no siempre nos gusta, pero que bien acompañado, nos permite disfrutar de un paseo enriquecedor.
      Feliz Pascua!

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