domingo, 18 de enero de 2015

PERFUME MUY PERSONAL II



Opium (Parte II)

Subía decidida por la carretera, a primera hora de la mañana, aún no estaban todos los aficionados al  esquí, llevaba puestas unas gotas de su esencia vital y con nerviosismo a cuestas, a la búsqueda de su perfume, como si fuera la del santo grial.

Llegó a unos famosos almacenes que tenían de todo y que muy amablemente  la desviaron a una casa especializada, más acorde a sus necesidades.

Ahí le dijeron que lo más seguro era buscar en centros pequeños que aún les quedara alguna partida antigua por vender.

Ella comentó lo de un viejo, dedicado en tiempos al contrabando, pero la respuesta obtenida fue de oídos sordos a tamaña propuesta, estaba claro que les molestaba cualquier referencia a ciertas actividades,  que pudieran menospreciar la legalidad del pequeño país.

Así pues se dispuso a patearse todos los rincones, donde se pudiera comprar colonias, fragancias y perfumes. Y de paso preguntar por el abuelo contrabandista.

Evidentemente en todas partes le intentaban colar la colonia actual, como la más novedosa y segura, totalmente irrechazable por el olfato masculino, que caería rendido a sus encantos, solo con olfatear un momento tamaña fragancia.

Y en todas las referencias al viejo contrabandista, le sonreían con educación, diciéndole que eran cosas de épocas muy pretéritas, ningún anciano tenía en secreto, guardado un alijo de botellas de perfume.

La cosa se le iba poniendo cada vez más complicada, se reducía el campo de búsqueda y las posibilidades  de triunfar se reducían.

Hasta que, en un viejo comercio, con estanterías atestadas de todo tipo de objetos inútiles, actuales y antiguos, una vieja desdentada, con una mirada sonriente, de quién se lo había pasado en grande y no se arrepentía, le susurro:
“Regarde le vieux Ceferin, aux L’Escaldes”
Se lo agradeció comprando una botella de colonia para su querido Alejandro, que era incapaz de ponerse algo sugerente.

Salió con toda presteza hacia el pueblo indicado, sin pararse a comer, que hubiera sido lo adecuado, dada la hora del mediodía en la que estaba.

En esto se encontró con un antiguo cliente y compañero de carrera, ya no lo era, pues tuvo que dejar todas sus actividades conocidas, al ser descubierto, un pequeño asunto de desvío de fondos, procedentes de las subvenciones de la CC.EE.

En realidad fue él, quien la reconoció, iba a salir de una tienda, de esas que tienen de todo, cuando se apartó para dejarla entrar, sin reparar mucho en ella, hasta que el aroma que desprendía le situó en tiempos pasados, un despacho de mullida moqueta, sofá extra grande, champagne a su justa temperatura, y cierre de acuerdo con una firma un tanto peculiar, entre ellos dos.
Nada comprometido, solo una relación adulta, consentida y disfrutada por los dos, sin solución de continuidad, pero la fragancia si le quedó, fijada en el subconsciente.

-         ¡Marta!
-         ¡Hola! Masmiquel
Se abrazaron y besaron como viejos conocidos, contentos de reencontrarse.

-Tiempo sin verte
-         Bueno ya sabes cómo acabo todo, por suerte tenía unos ahorrillos aquí y        puedo ir tirando.
-         Hicimos todo lo que pudimos, pero perdiste la bula, ya sabes.
-         Si lo sé, pague el pato, por novato, pero no me fue mal, pude salirme con      un buen acuerdo.
-         Y tú, ¿De trabajo o de finde?
-         Nada, de búsqueda y captura, un capricho.
-         ¡Ah!
-         Si chico, no hay forma de encontrar mi perfume en Barcelona y me                dijeron que quizás aquí podría encontrar ayuda.
-         Me sigues embriagando con tu perfume.
-         No seas tonto, aquello pasó y acabó, bien lo sabes.
-         Sí, pero el perfume me sigue despertando los sentidos, jajaja!!!
-         En serio, ¿Tú has oído hablar de un viejo contrabandista, que podría              ayudarme en este tema? Creo que me han dicho que se llama Ceferino.
-         ¡Claro! El “Espetec”, puedo intentar contactar con él, no hace muchos          años me hizo un trabajillo.
-         ¡Bien!
-         ¿Dónde te alojas?
-         No tengo nada, vine al albur, casi que me vaya al Roc.
-         Bien, pasaré a recogerte a la hora de cenar, a ver si ya tengo algo para ti.
-         Ok, gracias, nos vemos.

Se sintió más reconfortada, era la única noticia buena de todo el día, además era un tipo muy divertido, un poco golfo, se sacó la carrera con los apuntes que le iban dejando.

La noche se presentaba bien, se fue hacia el hotel, con ganas de meterse en el jacuzzi y relajarse a tope.


8 comentarios:

  1. Tiene interés la señora en el perfume, pero ahora que ya lo tiene que va a pasar? me imagino que habrá continuación?
    Yo no veo como vas a desentrañar el final de esta historia. Esperaremos...
    Besos
    Puri

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  2. No que va, aún no lo tiene, solo una posibilidad de encuentro con el viejo contrabandista, que quizás pueda darle pistas.
    Besos.

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  3. Me parece que vas sumando susurros evocadores, no sólo de perfumes del pasado, sino proyectos de presente, en esta búsqueda detectivesca en busca de un aroma persona e intransferible, según veo!

    Sigue, porque me estás intrigando! Un beso

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  4. Estamos en ello, siguiendo los dictados de mi musa, voy pertrechando la búsqueda.
    Un beso.

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  5. Opium1 y 2, mantienen un enigma, un misterio, muy bien llevado, que no he acabado de esclarecer. Cuando dices llevaba puestas unas gotas de su esencia vital, ¿ A que te refieres?

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  6. Todo se resolverá, a su debido tiempo. Son las gotas del envase de muestra, vitales por que son las últimas y las necesita para sentirse a gusto consigo misma.
    Un saludo.

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  7. Se suman intrigas y la historia atrapa. ¿Y ese Espetec?
    Seguiré.
    Un abrazo.
    HD

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    Respuestas
    1. Atrapado quedas entre las lineas de la narración.
      Un abrazo.

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