jueves, 31 de diciembre de 2015

Fiesta de fin de año

                                    Imagen obtenida de Internet




Fin de año

La fiesta estaba preparada con todo detalle, se esperaba una buena presencia, era el día más esperado del año.

Se revisaba todo convenientemente, los camareros con sus uniformes de gala, impecables, corrían presurosos a las órdenes que les impartía el jefe de sala, según indicaciones del maestro de ceremonias.

Los músicos ensayaban una y otra vez, las melodías escogidas por un director, con sonrisa de oreja a oreja, estaba operado, y con un foulard blanco impoluto, en el que resaltaba una aguja de brillantes, coronada por una perla suavemente rosa. 

Evidentemente lo que más sonaba eran valses para el baile y unas polcas para animar a los invitados si estos desfallecían, victimas del ágape y los licores.

La noche se presentaba espléndida, aquel año los astros estaban a favor de que la luna luciera en todo su esplendor a pesar de lo tardía de la fecha.

El clima, debido a una teoría aciaga, de los que ven el vaso medio vacío, se preveía suave, no acorde con la época estacional del hemisferio.

Pero todo ello en vez de desanimar a los organizadores, los acicateaba a poner mesas en el jardín, esperando más afluencia de la prevista en un principio.
Los camerinos para las grandes estrellas del evento estaban totalmente decorados con ramos de flores de todos los colores del arco iris, la cubeta de hielo y el champagne más exquisito.

Las cortinas relucían almidonadas, con sus puntillas preparadas para dejar ver, las parejas que intentasen esconderse en rincones discretos.

Las lámparas de cristal, con sus lágrimas brillando en todo su esplendor, refulgían para competir con los decorados cuellos de las damas.

El reloj puesto ex profeso sobre una aterciopelada tarima roja, lucía con su lema “Tempus Fugit”, esperando el momento de con sus campanadas, obligar a todos los participantes a levantar sus copas en un brindis multitudinario, dando entrada al recién nacido nuevo año.

Mientras en el transcurso de la fiesta, un desolado año viejo, sería despedido con los honores debidos al fin de un reinado, intenso pero no del gusto de todos.

Se harían menciones a sus logros y  recuerdos de su paso por la vida de todos los presentes, con una exposición de imágenes retrospectivas.

Y luego desaparecería tras el telón de la vida, dando paso a la esperada e ilusionante llegada de un Año Nuevo, que tenía todas las expectativas de ser espectacular.

En un intento de tenerlo todo controlado hasta el último detalle, el maestro de ceremonias acudió al camerino para visualizar el impecable estado  de los protagonistas.

Aterrado, salió al pasillo, pálido como un muerto, desolado y sin fuerzas para hacer salir palabras inteligibles de su boca.

El año viejo se mostraba impúdico, colgado de una lámpara, de esas con ventilador incorporado, girando rítmicamente, mostrando  su palidez y sacando la lengua, con la nula intención de asistir a su funeral, anticipando los tiempos en su despedida.

Enterado de la noticia, un bebe mocoso y altanero, se negaba a salir al espectáculo, si no era el rey del mismo, teniendo por contrato de protagonista que ser el último en actuar, en el festejo.

P.D.

¡Feliz fin de año y venturoso Año Nuevo!




viernes, 25 de diciembre de 2015

UNA VENTANA




                          Foto del autor

La Ventana

Estaba cerrada, los últimos suspiros había emigrado a la ciudad, junto con los trinos tardíos que anunciaban el fin del estío.

Muchas miradas a través de ella, habían cerciorado el estado del tiempo, la naturaleza embravecida, las visitas intempestivas, la admiración del paisaje, la luna misteriosa o el salir del sol majestuoso.

El susurro de la mies al brotar, apaga los pasos que la formación de hormigas, siempre disciplinadas, ejecutan con la marcialidad a la que están acostumbradas.

Pero tras ella, todo eso no importa, tal como está, prescinde de los sonidos del campo, aísla de las inclemencias y no presta atención a las tormentas, incluso es ajena a los cantos de los niños, persiguiendo patos.

Cuando la tormenta de piedra aporreo su madera, se forma una música que inunda la pared de un tintineo  sordo que los pájaros ausentes hubieran aleteado.

Pero la ventana está sorda, no oye a los pobres diablos, que a sus pies se posan, a pedir un poco de cobijo, perdidos por caminos enfangados, intentan llegar a la salvación de una casa, que les proteja.

No hay nadie para escuchar peticiones de ayuda, y si lo hubiera, la ventana está cerrada.

Una pareja joven, ansía la protección que tras una ventana pueda haber, para el hijo que esperan. 

Pero no tienen una paloma que les hable, una estrella que les guíe ni unos pastores que les alimenten.

La ventana está cerrada.   


martes, 22 de diciembre de 2015

QUIERO


                      Imagen de Internet


Quiero.

¿Quizás?

Una silueta perdida en un horizonte desierto.

Un lunar encontrado en una piel querida.

Un brindis entusiasta en una noche loca.

Todos los colores de un arco iris encontrado,
para pintar un cielo que te guste.

Y lejos, allá distante, una cumbre nevada,
qué nos recuerde, donde está el invierno.

Vendrán lluvias que borren los colores del cielo,
fundan las nieves de las montañas.
disuelvan la alegría de nuestros brindis,
y se sequen al llegar al desierto.

Pero tu silueta y tu sonrisa,
prendidas de una nube, 
brillaran en nuestro cielo,
cual lunar luminoso.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Cena de empresa



                                          Foto gentileza de Internet



Cena de empresa

Como cada año por estas fechas, viene la consabida cena de compañeros de trabajo, esas en las que celebramos el hecho de amargarnos la vida diaria en equipo.

Vienen fiestas de guardar y de buena voluntad y hemos de estar todos disponibles, para compartir estos momentos en lo que nos sentimos más solidarios de lo normal y no nos importa compartir un plato con nuestro enemigo más preciado, el jefe de recursos humanos.

A medida que la crisis se fue afianzando en el mundo global de las empresas, las atenciones para con el personal fueron menguando, empezando por los lotes navideños, en que con unos turrones, cavas y otras chucherías gastronómicas, se contentaba al empleado, antes del reparto de aguinaldos entre los elegidos más fieles a la cúpula de decisión empresarial.

Más tarde, las llamadas cenas de empresa, en las que el jefe rodeado de sus empleados súbditos, obligados a reírle  las gracias, permitían ver la autentica forma de ser, del envarado señor que a última hora de la tarde, siempre necesitaba un dato que era incapaz de buscar y que ahora se reía a carcajadas de su incapacidad de llenar un vaso. 

También desaparecieron, al menos en su formato inicial, quedando algunas como un acto de compañerismo, en que los mismos empleados se las organizan y disfrutan. ¡Sin jefes claro!

Ahora todas estas cenas de compañeros de trabajo, se han convertido en eventos sociales de compañerismo de empresa, en la que se entrelazan sinergias entre los diferentes departamentos, para mejorar la conectividad y la idea de trabajo en equipo, tan deportiva ella.

Incluso algunas han recuperado el manto protector de la gerencia y con ello se ha profesionalizado a nivel de buscar lugares específicos, en donde se realizan diversos tipos de entretenimiento, para mantener al personal distraído y jocoso, incluso motivado para ser exprimido un par de vueltas más.

Es el día en el que la gorda de administración se siente reina de la fiesta cuando la sacan a bailar un cha cha cha, el animador de turno, previa propina de los compañeros guasones, para ver como se le mueven los refajos.

O incluso la gritona animadora, con el micro en ristre, persigue al tímido administrativo, que solo tenía ojos para la rubia de compras, para que salga a mover el esqueleto aguantándose el peluquín con la mano izquierda, mientras la derecha sigue las instrucciones de la presentadora, intentando acertar en la diana de la suerte, mientras baila.

Y no digamos la gracia de los almaceneros rimbombantes, formando una piña, subidos unos a otros intentando hacer una canasta imposible a cuatro manos.

Como siempre el paso del tiempo, hace que el aspecto culinario de la cena, pierda importancia, ante el avance de la influencia alcohólica, que derrumba las barreras del conformismo y del comportamiento controlado.

Luego llega el momento de las deserciones, por impepinable orden de edad, los mayores suelen retirarse antes, con el beneplácito del jefe.

Los comerciales, hombres de mundo en sus múltiples facetas, tiran del carro marchoso, en la mayoría de ocasiones, siendo capaces de contar chistes, bailar un tango con la morenaza de facturación y reírle los chistes al director comercial, que ni está ni se le espera, por coma etílico agudo.

Las chicas, todas y cada una de ellas, vestidas para impresionar, a los compañeros, los jefes, la competencia en el local y sobre todo para berrinche de las otras compañeras, que no se han puesto tan monas.

Como es de rigor, toda cena concluye con unas vueltas al ritmo de la conga, en que los más lanzados requieren la unión, de los que aun están sentados, comentando el próximo plan quinquenal de ventas imposibles, así todos juntos inician la escapada buscando la salida, para dirigirse a otros locales fuera de la disciplina del jefe de turno.

Acabar a las tantas de la madrugada, confesándose los múltiples sueños, a los que una vida disipada han ido haciendo añicos, para desespero de familiares hartos de aguantarles confidencias que no conducen a ningún sitio conocido.

Así hasta el año que viene, en que los novatos tomaran el relevo a los que se han marchado o han sido invitados a irse, para que puedan desarrollar su gran capacidad creadora en otro lugar.






sábado, 19 de diciembre de 2015

Regalo de Navidad


                     Infancia rota, exposición Centro de Arte Sta. Mónica 
                                                     (Foto del autor)




Regalo de Navidad


El tiempo se me echaba encima y aun no tenía los regalos de navidad comprados, sin querer había ido dejando postergada la decisión, de qué correspondía a cada quién.

Triste final para una noche que era considerada mágica en mi familia, presentarme sin los regalos adecuados para cada uno, esos muy pensados para satisfacer a cada miembro, sorprendiéndole con un obsequio que aparte de estar a la altura de las expectativas que tuviera, le dejara desconcertado por la novedad y el buen gusto, acreditado en la elección.

Eso me llevaba más tiempo del que solía tener disponible; el trabajo no me faltaba y era más del que podía atender, pero no podía prescindir de ningún cliente, pues daría alas a mis competidores, no estando los tiempos para regalar oportunidades no merecidas.

Y así estaba ahora, con la mente en blanco ante el reto de buscar el regalo más adecuado para mi padrino, que tras muchos años lejos de casa, regresaba a la vieja mansión familiar para reanudar la vieja tradición de juntarnos todos los miembros, alrededor de una mesa y festejar la noche buena, con una cena pantagruélica, que nos dejaba sin fuerzas para llegar arrastrándonos después, a la misa de medianoche, para honrar al recién nacido con el canto de villancicos a capela.

Recordaba las noches pasadas en compañía de mi padrino, amante de las artes y la gimnasia, era un atleta de tomo y lomo, siempre sudando la camiseta, pero no de trabajar, en ese aspecto lo había dejado todo en manos de su hermano, mi padre, el varón menor, que era quién llevaba las riendas de las finanzas familiares.

Le gustaba ver como subía la pértiga, saltaba el potro, recorría la escalera y daba volteretas sobre la colchoneta, para acabar en sus brazos.

A veces se nos unía la prima Victoria, un año mayor, a la que le iba más el ballet, con lo que el padrino, se inventaba una coreografías muy rebuscadas, que siempre nos hacían acabar a los dos, sobre una inmensa cama con dosel, en posturas incomprensibles para dos chicos de nuestra edad.

El padrino también era muy aficionado a la fotografía, con lo que en todas estas actividades, aprovechaba nuestra presencia para usarnos de modelos y así pasar a la posteridad, decía él riéndose como un insensato.

Como siempre estábamos sudados, nos hacía quitarnos la ropa, para que no se nos enganchara con la humedad, que quedaba fatal en las fotos; con esas marcas en las camisas  ya puestos, nos lo hacía quitar todo, para tener un mejor sentido artístico.

A veces nos hacía ensayar juegos con él, en los que sólo se lo pasaba bien él, donde todo el protagonismo era para él, incluso lo filmaba con una cámara de vídeo puesta en un trípode, pero curiosamente no se le veía a él, bueno si pero nunca la cara.

Creo que su larga ausencia tenía algo que ver con esas películas, pues en uno de sus entretenimientos, Verónica se desmayó y salí corriendo en busca de ayuda, lo cual no le hizo ninguna gracia.

A raíz de aquellos acontecimientos, no volví a ver a mi prima y a mí me llevaron a pasar muchas tardes con un señor, que se pasaba todo el rato haciéndome preguntas y apuntando las respuestas en una libreta.

Las navidades se siguieron celebrando de la misma manera, pero con mi padre en la cabecera de la mesa.

Por suerte, al final he podido ir satisfaciendo mi búsqueda de regalos, incluido el del padrino, por casualidad he pasado delante de una armería, donde tenía expuestas armas antiguas, bayonetas de la gran guerra, ballestas y cosas así, al entrar a curiosear, un dependiente muy amable con una edad respetable, al ver mi interés por una de estas armas lanzadoras, me ha ofrecido un dardo con punta de plata para matar monstruos, me lo ha dicho en voz queda pero sonriéndome.

Solucionado el tema de los regalos, incluido el del padrino, he podido irme para casa más tranquilo, incluso me ha dado tiempo para enviarle un christmas a Verónica, al sanatorio.

Cuando nos hemos intercambiado los obsequios, en el momento de darle a mi padrino el suyo, ahora lo tengo delante pues ya no se sienta en la cabecera, le he dicho con una sonrisa, no te muevas te lo lanzo.

Su estúpida sonrisa se le ha quedado fría al recibir mi regalo, directo al corazón.


domingo, 13 de diciembre de 2015

Concierto de Clavicémbalo

                                                  Catalina Vicens, concertista



Sus dedos se mueven con la avidez de unos gorriones picoteando por el teclado del clave, las notas salen con una claridad meridiana, llenando nuestros oídos de una suavidad cercana a la que sentían en la corte de Luis XIV.

En esta música versallesca, principalmente danzas, era en las que se conocían y relacionaban, los ciudadanos de la alta sociedad monárquica de la época.

Obras de los maestros, Louis Couperin y Jean Baptiste Lully, pertenecientes a la música francesa del siglo XVII.

Embelesados con la riqueza auditiva que nos proporciona su ejecución musical, el público, reconoce su mérito con un cálido aplauso, también esperando el bis de turno, todo hay que decirlo.

Acudir a un concierto de estas características, aparte de enriquecerte culturalmente, eso siempre queda bien, te proporciona la agradable y cálida sensación, de compartir un acto especial con un puñado de afortunados.

La música crea un nexo de unión entre las personas, independientemente de sus creencias espirituales o sus convicciones políticas.

Tipos con los que no te irías de chatos, o apenas saludarías en el ascensor, son excelentes compañeros de audición y te prestan el programa, para saber que es esa maravilla que suena.

Recomiendo la asistencia a los conciertos, la música es una cosa viva, hay que verla en su ambiente y con nuestra presencia ayudamos a los jóvenes que se inician en su ejecución, aunque en este caso a pesar de su juventud, ya sea una maestra muy a tener en cuenta.


sábado, 12 de diciembre de 2015

Una tarde tranquila





Las llamas se alzan con un virtuosismo conmovedor, por encima de un fuego preciosista.

Los troncos han sido puestos de forma piramidal, creando una base perfecta para una lumbre visualmente perfecta.

Su movimiento me hipnotiza, distrayendo mi atención, al desviar mi visión de la tele por ellas.

Un documental que dan sobre la vida animal en la sábana africana, queda como una voz en off.

El fuego centra toda mi atención, su papel en la sala es para mi, el de protagonista absoluto.

Los acompañantes agradecen el calor que proporciona, pero siguen enfrascados en sus cosas, en sus atenciones en leer y ver la tele respectivamente.


Una piña, que en el momento de preparar el fuego estaba aún algo verde, estalla soltando alegres chispas, como estrellas fugaces en busca de su camino en una oscura noche

Observo cómo crecen las llamas, como adquieren un tono rojizo más vivo, a medida que amplían su campo de acción.

Un precioso tapiz, que reproduce el famoso cuadro del Ángelus de Millet, empieza a humear y adquiere el tono dorado que le da un acercamiento más fiel al original.

Lo que ha empezado de una forma hogareña, como forma de calentar la amplia sala y darle un toque de calidez, se está convirtiendo en una pesadilla de colores.

El fuego ha prendido en los cortinajes de los amplios ventanales, metros de tela con avidez reseca, ardiendo con esplendidez compartida con las alfombras que empiezan a empujar el fuego hacia los sillones y el sofá en el que me encuentro.

A todo esto y a pesar de nuestras reclamaciones, tocando la campanilla, el servicio sigue sin acudir, dejándonos sin el té de media tarde y sin el auxilio requerido para apagar ese fuego descontrolado.

Ante la desfachatez mostrada por ese fuego irreverente, totalmente desbocado, salido de su área de influencia, marcada en un perímetro férreo, no nos queda otra posibilidad, que renunciar a seguir en la estancia, tan calurosamente reconvertida en un horno.

Las gacelas, a todo esto, siguen bebiendo agua de una gran charca, ajenos a los leones que se acercan sigilosamente, en busca de su merienda.

Para cuando advertidas del peligro, empiezan a correr con sus espectaculares saltos, los leones ya han atrapado a una compañera, no tan rápida y de la cual dan rápidamente buena cuenta.


Al menos para cuando las llamas han llegado al aparato, hemos podido ver el final y el servicio sigue sin venir.

jueves, 3 de diciembre de 2015

EL BESO

                                                El Beso obra pictórica de Klimt

El beso

En tiempo de escuelas, las sensaciones son más intensas, las convicciones son a cara o cruz y los sentimientos explotan cuando sean correspondidos o no, mostrando euforias o sollozos.

Cada vez que lo veía, cruzándose en la alameda, solos o acompañados por sus respectivas pandillas, lanzaba su mirada  con el arrobo precoz de una adolescencia vigente.

Día tras día, con las carteras a la espalda, las deportivas bailando y el mejor conjunto para lucir, se enfrentaban uno contra otro, sólo mirándose.

Aquella mañana, al salir para la el instituto, los ojos no pudieron evitar el encuentro con una intensidad superior a la habitual, los resquemores que la recorrían por dentro, alimentaban las mariposas que en todo humano anidan.

Un fresco aroma de jazmines mareaba el ambiente, su penetrante olor transportado por la brisa que el mar traía con sal de la vida, ahogaba la somnolencia matinal.

Sin saber por qué, sin predeterminación, sin tener en cuenta el entorno, si solos o con compañeros testigos del arrebato, sus miradas se cruzaron y se encendió una tormenta.

Sus labios se juntaron y sus cuerpos se abrazaron, una mezcla de fresa inocente y tabaco prohibido, les unió en su sabor compartido, que los besos tienen sabores que no siempre son miel, aunque gusten.

Una humedad invadió su más intima sensación, sin saber aun que hacer que no fuera abrazarse más intensamente, sin soltar de su boca su conquista, descubriendo una   sorprendente cualidad de su oponente, al indicarle sin soltarla de sus brazos donde le gustaría estar.


En un respiro, se dijeron ¿Cuando? Y retomando su exploración bucal, se contestaron ¡Siempre!

martes, 1 de diciembre de 2015

UNA CERVEZA







                                      Foto del autor ( Sin ánimo de lucro)


Al doblar una esquina


Nos veremos un día
al doblar cualquier esquina
pero ya no me reconocerás.

Pues el tiempo de las confidencias
caducó arrastrado por las lluvias
de  final de un verano.

Qué nos trajo un otoño
cargado de nostalgias
como siempre.

Retomaremos nuestros andares
contoneándote tú
súper seguro yo,

Nos alejaremos el uno del otro mientras
se nos borra la sonrisa
de lo que pudo ser y se quedó.

En un abrazo
un apretón de manos
Y  un hasta siempre.

Me tomaré una cerveza
mientras olvido el sabor
con qué otra boca
podría degustarla.

domingo, 29 de noviembre de 2015

TITERE

                                              Foto del autor (Centre D'Art Sª Mónica)


Títere


Observó la figura que se veía en el escaparate de enfrente, una luna inmensa y brillante, que parecía más un espejo que un lugar donde ofrecer artículos para la venta.

El tipo de cierta edad, esperaba el cambio de semáforo, mientras entre los coches que pasaban por aquella estrecha calle, seguía intrigado por el señor de la barba venerable ¿Porqué le dicen venerable cuando simplemente es canosa?  ¿Será por un cierto pudor ante la vejez?

La cuestión es que no le quitaba ojo, cuando tuvo oportunidad, pasó al otro lado, mirando de reojo al escaparate y sin hacer caso de los peatones que se cruzaban en sentido contrario.

Con algunos incluso vio similitudes con personajes conocidos, le gustaba jugar con la gente, imaginando que esos seres anónimos eran en realidad conocidos personajes, famosos por sus actividades.

La sensibilidad que tenía en ello, le permitía casar los modelos con auténticos prohombres de la ciudad, ya fueran políticos, financieros, mecenas, actores, autores e incluso religiosos.

El boato de todos ellos en sus comparecencias públicas, eran fuente inagotable para crear situaciones de lo mas rocambolescas y divertidas, lo que le hacía sonreír para sí mismo.

Ven a un señor mayor, orondo con barba blanca, cruzándose con la gente, pausadamente y sonriendo, ellos que van nerviosos y con prisas, para cumplir con su calendario de arruinarse lo antes posible, haciendo sus compras para la celebración de las fiestas, se lo miran con sorna, pensando por lo bajo, mira el abuelo feliz, no tiene que correr.

Con el último invento comercial importado de los EE.UU., la ciudad está en su apogeo de ocupación peatonal, parece que sea hoy o nunca.

Ríos de gente entran por los centros comerciales, se reparten por sus plantas, ocupan sus tiendas y reponen fuerzas en sus cafeterías.

Por debajo, los vehículos esperan pacientemente en una cola súper larga, que se vaya vaciando el parking para poder entrar.

En otros almacenes más convencionales, atraen a la gente con grandes rótulos y pizarras, indicando los suculentos descuentos para el día mágico.

Nadie se libra de la histeria colectiva que nos inunda estos días de culto al consumo, si no compras eres un infeliz egoísta que no velas ni haces nada por el bien de la sociedad. Ese es el lema, que sonriente nos indica el títere.


viernes, 27 de noviembre de 2015

LATIDOS


                              Foto de Mª.P.G.B


Latidos.

A pesar del tiempo que llevaban juntos: cinco años, cuatro meses, dos semanas, cinco días, 6 horas, dieciocho minutos, veinte segundos y dos décimas, siempre estaba dudando,

Le preguntaba una y otra vez si la quería, con la excusa de que le gustaba oírlo.

Repetía una y otra vez en que estaba pensando, a pesar de que la respuesta siempre era la misma: En nada, para seguir enfrascado en la resolución del sudoku que venía en el diario.

Aprovechaba la excusa de que quería cepillarle la chaqueta para revisar lo que llevaba en los bolsillos.

Controlaba las llamadas y contactos de su móvil, en los momentos de sus estancias en el baño.

Analizaba sus estados de ánimo, observando con detenimiento cualquier cambio en su mirada por imperceptible que fuera.

Le disgustaba su obsesión por practicar deporte con la sana intención de mantenerse en forma y con un buen aspecto jovial.

¿Jovial para quién? A ella le gustaba con sus michelines, era señal de que le gustaban sus platos.

Pero su obsesión iba creciendo y cualquier detalle por nimio que fuera le ponía en guardia.

Hasta que encontró, esa carta, en realidad una nota, impresa en Arial 12, en una hoja tamaño folio, blanca.

Era un apasionado y encendido relato amoroso, incluido un posible toque erótico en su desarrollo.

Se estuvo la tarde entera llorando, sin creer para nada, que fuera un ejercicio literario cómo, al verla en ese estado de depresión profunda, le dijo sin avergonzarse para nada.

Entonces sus delirios de que iba a ser abandonada, le impedían dormir, resintiéndose su salud y con ella su raciocinio,

Llegando a pensar que tenía que averiguar la verdad. Qué había de ella en su corazón, o si ya estaba ocupada por una rival.

Sólo había una forma de averiguarlo, verlo físicamente, tenerlo en sus manos y comprobar que tenía en él.

Ahora, en las frías noches de invierno, sola al calor de la chimenea, mientras hacía una funda de ganchillo para la urna de cristal donde tenía, el corazón de su amado, únicamente para ella,

Con toda la seguridad, limpio de cualquier posibilidad de contagio, en un lugar preferente de la sala, a su entera disposición y sin rechistarle nada, sólo para ella.


Se veía envejecer junto a él y había tomado las medidas para que cuando el ser supremo la llamara, se depositara también su corazón en la misma solución de formol, en el mismo envase de cristal y en un lugar con vistas al mar.