sábado, 28 de junio de 2014

El Armario





Era un armario ropero precioso, estilo modernista, hecho en madera de caoba, con una luna hermosísima, en la cual verse de cuerpo entero.

Fue lo primero que capto mi atención cuando me enseñaron el cuarto, dije que si, acepte las condiciones y le di una cantidad en efectivo sin comprometerme en cuestión de fechas, la verdad es que no sabía cuántos día pensaba estar.

El resto de la habitación estaba en consonancia, me hizo gracia instalarme en una habitación, que podía perfectamente ser de mis abuelos.

La cama, una pieza también digna de un museo, era de un tamaño que permitía, el descanso y la holganza, con una buena compañía.

Le di las gracias a Carmina, la hija del hostelero, por ayudarme con el equipaje, note como le aparecía un cierto rubor mientras me enseñaba la habitación y yo hice broma respecto a la cama.

Así que me callé y me dispuse a instalarme, coloque mis cosas en el baño adyacente, deshice la maleta llenando el armario y puse mi portátil, encima de una mesita que hacía las veces de escritorio,  mientras hacía todo esto, paso el tiempo necesario para bajar a cenar.

Cuando abrí el armario, me pareció oír una musiquita, pero no la relacioné en el momento, dando por descontado, que vendría de los salones de la planta baja.

Antes de bajar a cenar, abrí el balcón, me gusta estar en sitios aireados y con frescor natural. Era de dimensiones reducidas pero permitía la ubicación de una mesa y un par de sillas.

El comedor era un salón, no excesivamente amplio, condicionado por una mesa larga en medio, lo que hacía estar las demás, demasiado juntas entre sí, lo que hacía participar de cualquier conversación.

Cuando acabé de cenar, ligero pero apetitoso, una buena ensalada con productos del propio huerto de la casa y unos salmonetes, en su punto exacto de fritura, en un buen aceite de oliva.

Acompañados por un fiel y seguro vino Monopole blanco, reservado convenientemente en su cubeta con hielo, todo el menú fue una delicia.

Me trasladé al bar, donde tras dar un vistazo a las diversas marcas expuestas, sin interesarme ninguna, le pregunté al dueño si no tenía algo más para ofrecer, raudo y presto, me puso delante una botella de Talisker, que enseguida tuvo todas mis bendiciones.

Tras leerme la prensa local, mientras una tele, de inmenso tamaño, copaba la atención de todos los presentes, por la retrasmisión de un partido de futbol, opté por retirarme.

Una vez en la habitación, intente escribir en el ordenador, pero sea por el calor, el cansancio del viaje, la falta de una idea clara, el texto no acababa de salirme.

Me estiré encima de la cama, cogiendo un libro, para casos desesperados y al cabo de un rato, no sé cuánto, me encontré sumamente aturdido, tras despertar por el sonido, que de una manera insistente, se propagaba por el cuarto, descubrí que salía del armario.

Tras buscar las gafas, que estaban en el suelo, y ver que eran las tres de la madrugada, bebí un trago de agua de la botella que había subido.

Me quede observando el armario, lo abrí un poco estúpidamente, pensando lo ridículo que estaba, allí contemplando mi ropa colgada  de unas perchas.

Hasta que la volví a oír, esa suave tonadilla, que parecía salir del fondo, acabe forzando el ridículo del todo, metiéndome dentro y pegando la oreja en fondo del armario.

Entonces ocurrió lo imprevisto, se cerró la pesada puerta con espejo, del armario de principios del siglo XX, con incrustaciones de marquetería, tras de mí, dejándome en su interior a oscuras, con una camisa por gorra y un pantalón por chal. 

Intenté en vano salir, empujando la puerta con las plantas de los pies, pues estaba de rodillas, pero no hubo manera.

Tendría guasa que estuviera pasada la llave, por el fantasma de aquel caserón, con más de trescientos años, pero ni mis bromas me causaban gracia.

En esto, la musiquilla fue a más, convirtiéndose en una melodía, qué empezó a envolverme, hasta distraerme de mi situación, que empezaba a ser angustiosa, llevándome a una especie de trance, o eso es lo que me parece, ahora al recordarlo.



Continuará ( si mis estimados lectores lo consideran oportuno )


  



6 comentarios:

  1. De momento me ha gustado.Espero con impaciencia, la continuación.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Te dedico una continuación expresamente escrita para tí, espero te guste.
      Un saludo.

      Eliminar
  2. La musiquilla no sé si esas alturas era un consuelo o un desconsuelo añadido a sentirse preso en un armario, pro si puedes...continúa!!!

    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Dado que lo pides, lo continuo, con una especial relevancia, pues te dedico una continuación.
      Un beso.

      Eliminar
  3. El armario, muy interesante lectura. Lo bueno del caso es que yo tengo un armario exactamente igual al que se describe. Si está interesado en él, envíeme un correo apardoslozano@gmail.com
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Curiosa coincidencia, dadas las incidencias, no considero oportuna la decisión, de hacerme con uno de ellos. Mis hijos se perderían y esas cosas.
      Gracias por todo, un saludo.

      Eliminar