martes, 20 de mayo de 2014

Revisión médica













Revisión médica

Normalmente no suelo hablar de mis asuntos personales, pero como éste en concreto, me ha perturbado en sobremanera y  me ha afectado de una forma directa, sinceramente desconcertante, tengo ganas de comentarlo, para sacarme las malas vibraciones de encima.

Ha resulta ser, que tenia revisión médica, periódicamente me toman unas muestras para analítica y al cabo de pocos días, paso por la enfermera y después por la médico, donde me comentan los resultados de los análisis y mi estado general, para ver si conviene algún cambio en la medicación recetada, o en mis hábitos cotidianos.

Habitualmente me recomiendan una bajada de peso, hacer unas comidas más saludables, de menos cantidad pero más numerosas  y un aumento de ejercicio que ayude también a bajar peso.

Poco a poco nos vamos volviendo más sedentarios y la ingesta de comida, es igual o mayor para una menor actividad física, lo cual no ayuda mucho a la conservación del peso ideal.

Todo ello se resuelve en una visita en la que soy tratado con total corrección en un ambiente muy cordial y donde las regañinas, por mi falta de colaboración, son de buen recibir.

Paso a relatar la entrevista, tal como la recuerdo ahora que todavía es relativamente reciente, antes de que el tiempo suavice los recuerdos y los transforme, en una vulgar y rutinaria visita médica.

-         Buenos días.

-         Buenos días.

-         Su nombre.

-         Alfredo…

-          Muy bien Alfredo, ya puede pasar, deje sus cosas en la silla.

-         Gracias.

-         Veamos cómo está esto, bien los triglicéridos, bueno el azúcar ha subido un poco, vamos a pesarnos, creo que le sobran unos kilillos.

-         Pues he dejado de picar, tomo menos cervezas y nada de embutidos.

-         Ya bueno, pues según la última anotación, pesa cinco kg más. Tendremos que ponernos a dieta.

-         Vaya, qué ilusión.

-         Bueno ahora cuando vaya con la doctora, le recomendará lo que tiene que hacer.

-         Bien.

-         Ahora miramos la tensión, bien correcta, espere que hago otra lectura, perfecto.

-         He traído lecturas hechas en la farmacia, de seguimiento durante tres meses.
-         Estupendo, si muy bien, la baja podría mejorar, pero está correcto.

-         Le daré hora para hacer un electro y así tendremos el historial completo.

-         Bueno

-         ¿Cuando le iría bien?

-         Cuanto antes mejor.

-         Y si se lo hago ahora total es un momento y así lo dejamos listo.
-         Por mi perfecto, pero tengo visita con la doctora.

-         Nada, no pasa nada, es un momento. Túmbese en la camilla, ahora vengo.
Después de quitarme la camisa, el reloj, el teléfono y las gafas, me instalo en la camilla.

Contemplo el techo de la estancia,  espero su regreso, oigo ruidos y aparece la enfermera con el aparato, para hacerme el electrocardiograma.

Lo deja al lado y saca un montón de cables. Con su sonrisa puesta, me va poniendo los electrodos en las extremidades, muñecas t tobillos y en el pecho, me pregunta si noto molestias y evidentemente digo que no , para nada, sólo es una cosa heladita, puesta en mi cuerpo, y la verdad mientras prueba, pone, quita y vuelve a poner, sobre el vello pectoral, risa no te da.

Veo de reojo, que se pelea con el aparato, parece como si lo desconectara y lo volviera a conectar, lo que hacemos con el ordenador cuando no sabemos qué hacer y no va.

- Parece que no da lectura.

- ¿Cómo dice?

- No sé, parece que hay algún problema.

- Maravillas de la técnica moderna.

- Espere, pruebo otra vez. Nada, el aparato está bien pero no le detecta.

-Se refiere a mí, no me detecta es que no…

-Eso parece (dice ensimismada sin apenas mirarme).

- ¿Estoy sin ritmo cardiaco?

- Mmmmm! Si eso es lo que parece.

- Quiere decir que estoy….

- No quiero adelantarle nada….llamaré a una compañera. No se preocupe.

Oigo como se comunica por un interfono, asombrado y un tanto cohibido.

-Marta ¿Estás libre? ¿Puedes venir? Si, ahora mismo. Si por favor.

A todo esto, con el fresquito ambiente y la noticia recibida, hacen que mi aspecto se amorate un poco.

Mientras, contemplo la luz blanca del techo, pero no parece que note nada extraña en ella, aunque si me siento un poco ausente.

Aparece la susodicha Marta, súper alta, súper delgada, súper eficiente, súper seria.

Recoloca los electrodos superiores y dice que es mejor ponerlo más arriba, que a ella es cómo le va bien.

Parece que sí, empiezan a imprimir, el ritmo sabrosón de mi corazón, da alegría a mi aspecto, sonrosando mi piel a niveles de bebe hermoso y rollizo.

La enfermera se deshace en excusas, la súper se despide con un escueto adiós y nos deja con la alegría, sobre todo a mí, de oír el tam-tam en mi pecho.










8 comentarios:

  1. Has sabido trasladarnos la angustia a nosotros mismos. Yo he mirado el techo y me he puesto morado como el protagonista con la enfermera. Incluso me has engañado pues de verdad creí que te hiciste una revisión médica. Y, por último, la pincelada de realismo mágico ha sido la puntilla para el ataque al corazón.

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    1. Me alegra que te haya gustado, lamento lo del ataque al corazón, no te lo tomes tan en serio.
      Un saludo.

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  2. Los latidos a lo lejos, resonando en la selva de la noche africana. Vaya canguelis ante la presunción de estar sin estar. Bravo por la colocación de los electrodos. Bravo por el ritmo sabroso de tu latir.

    Un abrazo, resucitado :-)

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    1. El tam-tam rítmico, que nos anuncia nuestra innegable voluntad de ser y estar, a pesar de los dictados de las máquinas.
      Un abrazo.

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  3. Primero, felicidades por estar bien.
    Lo explicas tan bien, que después de saber el resultado, a uno le dan ganas de reir.
    Es una manera muy cómica, de saber lo que te ha pasado, digna de un buen escritor.

    Sin dejar de sonreir, un saludo.

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  4. Antes con sólo respirar, existíamos, ahora dependemos de un electrodo que nos escuche para que nos de existencia legal a aquello que en nuestro respirar sabemos... si hay aliento es que hay un alma que nos habita... me encantó. Un abrazo y que bueno que todo fue un aparato con alzheimer...

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    1. Las modernidades nos traen estas sorpresas, las máquinas dan fe de nuestra existencia y si no nos detectan, estamos perdidos.
      Un abrazo.

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