domingo, 15 de diciembre de 2013

Vacas



       Imagen obtenida de internet




En  un ascendente prado asomado al mar, en un acantilado respetable, con una valla protectora en la parte que linda con el abismo, apoyando su testuz en ella, que le impide caer al agua, se encuentra una pensativa vaca. Contempla con asombro, un inmenso disco blanco iluminando el agua.

Esa Luna puntual que la visita cada mes, le intriga lo suficiente como para hacerle ir a descansar, más tarde que sus compañeras.

Claro que ella tiene un plus de autoridad que le permite hacer ciertas cosas de forma diferente, las demás se limitan a seguir su cencerro.

Al estar cerca de un centro universitario de verano, en sus paseos por el campo, los asistentes solían discutir puntos de vista  divergentes, con respeto y argumentos de lo más variado, mientras las veían pacer tranquilamente.

Cosa de la cual ella se había beneficiado, allí plantada, con toda su magnificencia y una cara de profunda meditación, asistiendo así, a clases magistrales particulares.

Muchas veces las disquisiciones de los humanos,  le parecían un tanto absurdas, siendo cuestiones que afectaban a hechos históricos acaecidos hacía muchísimo tiempo.

Pero en cualquier caso, aprendía cosas y hechos muy interesantes, lo cual le permitía estar distraída, en el día a día.

Con lo aprendido hasta entonces, se daba cuenta de la cantidad de veces que los seres humanos, se enfrentaban a las mismas cuestiones, cómo los problemas se enquistaban y eran cuestiones recurrentes, generación tras generación.

Cuando se ponían a discutir de política y de sistemas de gobierno, ponía cara de asombro, y pensaba cómo podían estar todavía dándole vueltas a lo mismo.

Lo tenía muy claro, y le gustaba que le respetaran por ser la de más edad y la que se preocupaba por las demás compañeras, pero tenía muy asumido, que eso no le permitía imponer su voluntad, intentando siempre consensuar con las demás todo aquello que les atañía.

En sus reflexiones, sentía que a veces, sus congéneres sólo se preocupaban de comer la mayor cantidad de pasto posible, y en moverse poco, a partir de ahí, su vida podía completarse, ocupándose un poco de criar sus terneros, que siempre se los quitaban antes de verlos crecer y hacerse unos buenos toros.

Aún recordaba cuando conoció a uno adulto, mucho mayor que ella, y el festival que montaron los ganaderos, para que cumpliera con aquella jovencita, que por entonces no sabía de qué iba la cosa, aunque ahora tampoco se acordaba mucho, pero mejor que la mano del veterinario si le parecía.

Así que seguía escuchando y tratando de sacar sus propias conclusiones, más por distracción personal que por promocionarse en su entorno.





6 comentarios:

  1. Los humanos, a veces somos esa vaca tuya.
    Escuchamos, vivimos o algo parecido, y acabamos en los prados, verdes y al sol.

    No diferenciamos en que no usamos el rabo para apartar las moscas, pero, a veces, hasta nos gustaría que esos insectos desaparecieran de nuestro entorno, por seguir divagando, tranquilamente.

    Un abrazo y Felices Fiestas, Alfred

    ResponderEliminar
  2. mmmmmm!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    Un abrazo y felices fiestas, Albada2

    ResponderEliminar
  3. Una vaca simpática, reflexiva e intelectual, si me permites la expresión.
    Desde luego, la vaca debe de pensar que los humanos somos tontos, ya que tropezamos varias veces en una misma piedra. A ellas no les ocurrre.

    Estoy seguro de que la protagonista, debe de flipar, al pensar en el ser humano.

    Muy bien, me ha gustado.

    Un saludo navideño.

    ResponderEliminar
  4. Gracias, por tus amables palabras, son un bálsamo en esta esta sociedad tan estresada.
    Saludo navideño de vuelta,

    ResponderEliminar
  5. me encantó la analogía que hiciste con esta vaca y los humanos. Original e impecable, cada frase, cada palabra

    un beso, Alfred

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Un placer tu grata visita, con esas palabras tan elogiosas, que ruborizan a una vaca tan pacifica.
      Un beso, Laura.

      Eliminar